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jueves, 5 de septiembre de 2019

Sao Tome a pie y en vehículo



Praia Jale
Aunque la predicción del tiempo en mi teléfono decía que iba a llover no le hice caso ya que hacía sol, así que me alquile una moto en la capital que, curiosamente, valía lo mismo que la bici. Eso sí, mientras la bicicleta era nueva, la moto era un poco desastre y en realidad no es una moto de alquiler, sino que la agencia llama a algún conocido y le pide la moto y se reparten de alguna manera las ganancias. Al final del día llegue a mi destino, pero medio empapado. Aunque ya habían pasado 2 días de mi excursión en la bici todavía tenía agujetas, aunque es un dolor agradable, de sentirse bien.
Con la moto me recorro las playas del sur, a cual más bonita, a las que llego más fácil que si fuera en coche ya que las pistas están llenas de piedras y baches.

Praia piscina
Como mi teléfono me vuelve a decir que lloverá algo los próximos días, esta vez le hago caso y cuando toca devolver la moto después de dos días, la cambio por un jeep Suzuki, que vale 40 Euros. La verdad es que no se en que se basan para poner los precios ya que no le veo mucho sentido.
Como la predicción fue de verdad, el coche me permitió moverme, aunque lloviera, ya que así podía apuntar hacia donde escampaba.
Los 2 últimos días en Sao Tome me quede en una Roça que es como les llaman a las haciendas que tenían los portugueses. Ahí coincidí de nuevo con Daniel el gaditano y una pareja de franceses simpáticos.

El gaditano enseñando a tocar las palmas a los niños. Me decía que pillan el ritmo enseguida
Desde allí me recorría en coche la parte oeste de la isla o me iba por la tarde a pasear a pie, sobre todo a otra Roça que se llama La Generosa, subiendo un repecho y donde había un bar, fuera del cual me sentaba a tomar algo, a escuchar su música africana y a ver pasar la vida.



Recorriendo la isla me fijo en todo lo que puedo como por ejemplo en las escuelas que están en mejor estado que en Togo, ya que por lo menos tienen puertas y ventanas con cristales.

Escuela cerca de Madalena
La pesca que se realiza desde la costa es muy artesanal, con pequeños botes a los que cuando hay viento le ponen unas velas a base de sacos.  No sé si la pesca puede ser uno de los intereses de los chinos en su presencia en la isla o también de empresas españolas. En internet leí sobre denuncias de corrupción ligadas a empresas de nuestro país. En cuanto a los chinos, con decir que tienen una enorme embajada en un país tan chiquito como Sao Tome creo que lo dice todo. En la capital conocí a un chico que había estado en Guinea Ecuatorial y que por eso hablaba muy bien español. Me dijo que trabajaba con una empresa china que no hacía nada más que esperar a que saliera algún contrato de obras de su país para ejecutarla.


Las playas, como más alejadas de los pueblos y ciudades, más bonitas y desiertas son. Esta llamada la piscina es de una belleza especial, aunque la marea alta y el oleaje no me dejaron meterme muy adentro. El gaditano me invito a ir a dar una vuelta con una barca de un pescador para ir a ver ballenas. Cuando vi la barca, al pescador y el estado de la mar, le dije amablemente que no, gracias, que no tenía ganas de mojarme. ¿O será que me estoy haciendo mayor?



La palma africana se acerca al pico Cão Grande como si fuera un monstruo que se arrastra con vida propia y no fuera una empresa con propaganda de agricultura tropical sostenible quien lo hace avanzar. Esta sea posiblemente ambientalmente una de las mayores sombras de Sao Tome.

El pico y el monstruo
Algunas casas, aunque sencillas y en madera, destacan con sus colores vistosos y las vistas que tienen. En general recorriendo la isla por los caminos en los que solo podía viajar con la bicicleta, vi que la mayoría de las casas tienen más un estilo europeizado que africano y, por lo tanto, al menos desde fuera no dan esa impresión de desaliñadas y apedazadas como en Togo.

Casa cerca de Ribeira Afonso
Pero si algo también hacen en Sao Tome es cosechar el vino de la palma o mejor dicho ordeñar la palmera para que el jugo resultante, después de destilarlo les dé un licor con el que les gusta emborracharse, como este hombre en lo alto de la palmera. Yo me contentaba con emborracharme de estos bosques lujuriosos.


Las haciendas que tenían los portugueses también se hicieron en sitios privilegiados, muchas veces con vistas impresionantes al mar y en terreno volcánicos fértiles para el cultivo de café y cacao, como esta en que me quede los dos últimos días y disfrute como un enano de ir a la playa, caminar por caminos y veredas e irme hasta el fin de la carretera con el coche y empacharme de cacaoteros.

Hotel Roça Monte Forte, donde se cultiva cacao biológico al lado del mar (y entonces que hago yo en Togo en vez de estar aqui ?)
Estoy listo para volver¡!



Y el que quiera ver las restantes 200 fotos que tengo, o que venga a verme, o mejor, que se vaya a Sao Tome.

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