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miércoles, 14 de enero de 2026

Costa de Marfil (Historietas)

 Sin visado

Mural en el Palm Club Hotel de Abiyán, donde nos hospedábamos

Era el año 2019, trabajaba en Togo, y me tocó ir a una conferencia organizada por la cooperación alemana (GIZ) en Costa de Marfil. Se reunían representantes de 5 países productores de cacao de África del Oeste, y la GIZ buscaba que se elaborara una estrategia común para fomentar la sostenibilidad y la cooperación en innovaciones tecnológicas entre estos países, con el rimbombante nombre de “Plataforma africana de cacao”. Algo claramente destinado al fracaso cuando se conoce un poco la idiosincrasia africana y la competencia entre estos países ya que se pretendía poner a compartir conocimientos a gigantes del cacao como Costa de Marfil y Ghana con enanitos como Togo y Sao Tomé. Una quimera que tampoco funcionaría en Europa, pero cuando hay que gastar dinero, cualquier excusa es buena.

Informe de la Conferencia

Pero esta no es la historieta. Por alguna razón que desconozco, a la hora de viajar me fui al aeropuerto sin haber mirado que es lo que me hacía falta para entrar en Costa de Marfil, simplemente con el pasaporte. Supongo que me confié porque llevaba el pasaporte alemán que tenía por el tiempo que estaba en Togo y que te daba cierta seguridad en caso de conflicto, pero que no sirve para entrar sin visado en determinados países. Al hacer el check-in me preguntaron si no necesitaba visado y les dije con toda seguridad que no, por lo que quizás al ser la chica muy joven y probablemente nueva en el puesto, se lo creyó. Cuando fui a la sala de espera, empecé a pensar que porqué me había preguntado lo del visado la chica y empecé a mirar en internet y vi que efectivamente necesitaba un visado. Después del consiguiente sudor frío que me entró pensé que ya no había solución. Era tarde para pedirlo sobre la marcha, el billete de avión estaba pagado, el hotel reservado y lo peor que me podía pasar era que me regresaran en el mismo avión y la vergüenza de reconocer mi error. Ya en Abiyán, llegué al control de pasaportes y obviamente lo primero que me preguntaron fue por mi visado y les dije que por un error no lo había podido tramitar. El oficial de turno automáticamente me hizo acompañar por un policía a un despacho donde dos policías estaban intentando hablar con un alemán que parecía tener un problema parecido al mío. Ni el oficial al mando ni su segunda, una mujer, hablaban alemán, y el alemán no hablaba francés. Enseguida me ofrecí a hacer de interprete y me pareció que la mujer me miraba con mejores ojos y que eso me iba a ayudar. Pero al oficial al mando yo le seguía haciendo la misma gracia que al principio, o sea, ninguna. Le expliqué que iba a una conferencia internacional, importantísima para el futuro del cacao a nivel mundial y cuando ya pensaba que iba a decir que me llevaran al avión de vuelta, me dijo que llamara a un representante de la GIZ para que confirmara mi historia. Por suerte pude localizar al que manejaba el cotarro y le debió dar suficientes explicaciones, para que el oficial, de mala gana, me dijera que se quedaba con mi pasaporte y que al día siguiente debía ir a recuperarlo a la oficina central de inmigración, previo pago del visado. Le hice varias genuflexiones y me fui, contento, pero todavía preocupado por si en ese caminar de mi pasaporte no se perdería por algún pasillo del inmenso edificio adonde iría a parar.

Mis colegas de la delegación de Togo

Al día siguiente, a media mañana me fui hacia el imponente edificio, lleno de pasillos e innumerables oficinas.  Me tocó esperar como una hora y finalmente me hicieron pasar ante una funcionaria de inmigración, que después de revisar mi pasaporte me dijo que me expediría un visado y que había tenido suerte de que me hubieran dejado entrar al país, lo que le volví a agradecer como si hubiera sido ella la que me lo hubiera permitido. En ese momento ya de buen rollo, me dijo que le diera las fotos para el visado y le dije: Ah, ¿pero había que traer fotos? Su mirada me delató lo que pensaba de mi y después de suspirar y pensar los pros y los contras de mandarme a por las fotos, que por lo que me pareció debía ser no tan fácil de conseguir en un rato, sin decirme nada estampó un sello en el pasaporte y me dijo que me fuera. Aunque no me lo dijo, interpreté que además se aguantó de decirme “y no vuelvas más”.

Por esa vez me libré y desde entonces reviso siempre todos los requerimientos antes de viajar. ¡No hay que tentar a la suerte!

P.S. Efectivamente el encuentro no sirvió para casi nada, quizás solo para que un montón de gente que ya se conocía de otras reuniones se reencontrara, para gastar mucho dinero en viajes, hotel, comidas y dietas. Un par de años más tarde oí que el programa se había cancelado.

Con mi "hermano mayor" en otro viaje a un Congreso sobre cacao en Daloa (Costa de Marfil) en 2023.