sábado, 4 de febrero de 2023

Más cacao

 

El Chimborazo desde mi balcón

El Chimborazo, lleno de nieve, se deja ver el último día, cuando ya camino de Guayaquil, empiezo a dejar la sierra atrás. De la sierra me voy con la frase en la mente que les dijo un dirigente indígena a los estudiantes: aquí pueden volver cuando quieran, aquí no tienen que tener miedo, aquí nadie les va a robar, aquí tenemos la justicia indígena y al delincuente se la aplicamos.

En el recorrido con el bus paso por grandes desfiladeros con una vegetación lujuriosa, mientras vamos bajando metros y la temperatura se vuelve más tropical.

Guayaquil es una ciudad que está a la par de Quito en cuanto habitantes, pero por desgracia la supera en cuanto a índices de violencia. Me hospedo en un hotel a pie del Malecón porque por lo que he leído es uno de los lugares más seguros. El Malecón discurre en una zona bien, a lo largo del río Guayas por un par de kilómetros. Tiene varias atracciones, lugares para comer y zonas de juego para los niños. Por un lado, está el río y por el otro una verja que tiene puertas cada 100 metros más o menos. La policía patrulla por el malecón y según me han dicho, la alcaldesa de la ciudad dijo fuera de la verja, no respondemos.

En Guayaquil disfruto del Museo del Cacao, un edificio colonial con mucha información que no me da casi tiempo de leer y que fotografío para digerirla más tarde.

Zona del Malecón, con un mural al fondo de Guayaquil en la época del cacao

Durante toda la semana uno de los temas estrella que me ocupa será el de la seguridad, si han matado a alguien, si ha habido secuestros, si se puede caminar por la calle cuando se hace de noche. Un indicador es ver si hay policía. Como más turístico y rico sea el barrio, más policías hay. Por si acaso me mantengo dentro de la verja y me doy un paseo por el río Guayas en un barco de 2 pisos que con un poco de imaginación parece que esté navegando por el río Misisipi.

En Guayaquil tengo un contacto con el coordinador de una Fundación que me acompañará durante toda la semana. Hace unos meses, lo secuestraron durante varias horas, le robaron la camioneta de la Fundación y le quitaron el dinero que llevaba y además les tuvo que dar la clave de sus tarjetas y el teléfono móvil. A pesar de ello, sigue haciendo más o menos su vida normal, ahora con un poco más de cuidado, no viajando de noche, por ejemplo. Me ha concertado una entrevista con uno de los investigadores más renombrados de cacao en Ecuador, a la que me acompaña. También tengo la oportunidad de visitar la planta de la Fundación donde se recibe el cacao que les llega de varias partes del país. Aquí se acaba de limpiar y preparar para enviar a los diferentes destinos, sobre todo a Indonesia y Malasia. Una pequeña parte se queda para elaborar chocolate en la planta que tienen, para intentar ganarle valor agregado al producto, aunque el consumo nacional es muy bajo comparado con el de los países europeos, lo cual me parece una paradoja en uno de los países de los que es originario el cacao.

El río Guayas, con el teleférico que lo cruza, que lleva a la gente del centro a sus barriadas

La gente que se lo puede permitir vive en condominios con guardias de seguridad privados, con altas vallas que rodean todo el perímetro y con entrada de vehículos controlada. Los que no pueden, tienen que vivir donde en los barrios y están expuestos a los robos y a la violencia que al final se acaba dando entre pobres, porque no se pueden permitir la protección.

Al día siguiente nos vamos, con mi ya amigo, hacia Portoviejo, donde ya estuve hace 30 años. Allí la Fundación tiene una planta que también compra cacao, lo fermenta, lo seca y lo prepara para enviar a Guayaquil donde tras hacerles las últimas pruebas de calidad, se destinarán a la exportación y podrán acceder a precios especiales. Hay que remarcar que Portoviejo pertenece a la provincia de Manabí y su cacao es reconocido como uno de los mejores de Ecuador, descendiente de los primeros cacaos que salieron de la cuenca amazónica y que los indígenas fueron diseminando a lo largo de los ríos. Por eso a ese cacao se le llama cacao Arriba, porque procede de la parte alta del río, de río arriba, de donde los indígenas lo fueron bajando y diseminando por todo el país.

La labor que realiza esta Fundación abarca tanto lo social, como lo económico y lo agronómico. Busca que las personas a las que apoya, mejoren sus ingresos económicos a través de lo que aquí se llaman emprendimientos, que mejoren sus condiciones de vida a través de, por ejemplo, sencillos modelos de depuración de aguas residuales y promueven la mejora de sus cultivos y del cuidado medioambiental a través de la agroecología.

Sistema de depuración de aguas en una finca de cacao y otras 22 especies de frutales en Portoviejo

Para conseguir parte de esto, en el caso del cacao, tienen que competir con las grandes multinacionales. Para nombrar solo a dos de estos gigantes, Nestlé y Olam, los que están presentes en el país y que tienen toda una red de captadores de cacao, que van hasta el último rincón a comprar el producto a los agricultores, llegando a acuerdos entre ellos para fijar los precios que les convienen. Su cadena de intermediarios y captadores de cacao utilizan todos los trucos habidos y por haber, igual que hacen sus pares en África, para conseguir bajar más el precio del cacao y aumentar sus ganancias cuando lo libran a las multinacionales.

Aprovecho mi estancia allí para irme con Fabricio, en el camión a comprar 2 toneladas de cacao a un gran propietario. Una particularidad que todo el tiempo me llama la atención aquí es que a diferencia de África la mayoría de los productores ni fermenta ni seca el cacao. Lo venden en “baba” o sea recién cosechado y sacado de la mazorca. Esto lo hacen cuando tienen mucha producción para ahorrarse la mano de obra de realizar todo este trabajo, ya que esta cada vez escasea más y porque en el proceso que puede durar en total de 8 a 10 días, una parte del cacao desaparecerá, robado por los propios trabajadores o quien sabe quién.

La Fundación

De Portoviejo me voy a Santo Domingo, ya camino de la costa, en un viaje interminable de casi 6 horas, en un taxi compartido, adonde llego al anochecer y donde me recomiendan no salir a la calle. Acabo cenando en la habitación del hotel, oyendo la música que sale de innumerables tugurios que hay cerca, sintiéndome prisionero en un país con tanto que ofrecer.

Al día siguiente me viene a buscar Manuel, quien estuvo en Tenerife en octubre y que me acompañara durante la siguiente semana en la provincia de Esmeraldas. Para mostrarme la belleza de la zona me lleva por la carretera de la costa, con una vegetación exuberante. Cuando le pregunto si esta zona es un corredor ecológico me dice que no, que es un corredor de narcotráfico, ya que al ser esta carretera menos transitada que la carretera estatal, permite estos menesteres, aparte de que la policía ni asoma, probablemente porque ha sido advertida y recompensada por ello.

En el alguno de los trayectos realizados en los días anteriores pasé por inmensas bananeras, alguna con su propia pista privada de aterrizaje para las avionetas que fumigan el banano. Esto ha creado algún problema, no sólo porque desde hace años fumigan con potentes agroquímicos a la población que vive cerca y dentro de las bananeras, sino porque en algunas ocasiones los narcos cierran la carretera y hacen aterrizar una de sus avionetas que viene a buscar mercancía. Todo esto me parece una locura. El otro día un amigo me decía: ¿me pregunto por qué he venido? Y yo también a veces me hago la pregunta, pero luego se me olvida.

Secadero de cacao

ESMERALDAS

La otra vez que estuve en Ecuador se me quedó el nombre de Esmeraldas en el oído. Hay nombres que me atraen, como Puerto Limón en Costa Rica, Bluefields en Nicaragua o el de Esmeraldas, que luego, cuando vas, a veces no se corresponden con la imagen que te habías hecho. Es el caso de Esmeraldas y por la ciudad sólo he pasado deprisa y en coche ya que tiene fama de ser una de las más peligrosas del país, pero si he recorrido la provincia, hasta casi llegar a la frontera con Colombia. Uno de los lugares que más me ha impresionado ha sido la comunidad de Playa de Oro (pertenece a la parroquia Luis Vargas Torres). Hemos ido en coche, Manuel y yo, aunque también se puede ir en lancha. Es una comunidad antigua, que existe desde hace más de 400 años y que todavía conservan una buena cantidad de tierras comunales. Sus habitantes dicen que sus ancestros fueron caminando a Quito a pagar con oro y plata el valor de las tierras a los indígenas que eran sus propietarios. El gran problema que enfrenta esta comunidad es que como su nombre indica, parece que hay oro y las empresas legales e ilegales están por todas partes. Compran o arriendan las tierras a su propietarios cuando saben que pueden encontrar oro y con grandes máquinas excavadoras revuelven el terreno y lo dejan inservible para cualquier fin. Sacan el material, lo lavan, utilizan químicos para separar el oro y los restos vuelven a parar al río, contaminándolo. Aunque los de la comunidad afroamericana de Playa de Oro dicen orgullosos que no han dejado entrar la minería, lo que veo parece demostrar lo contrario. Preguntamos por la gente joven del pueblo y un hombre nos dice que están playando, o sea buscando oro de forma artesanal en las riberas del río.

Hablando con la gente de Playas de oro, con el río al fondo

Seguimos viaje y vamos a visitar una asociación, ASPROCA que compra y procesa el cacao de sus socios, realizando todo el proceso de fermentación y secado. Enfrente de la asociación se está celebrando la vela por un muerto. Me cuentan la historia. Era un chico joven, de menos de 30 años, hijo único. Su madre le dio una tierra donde había sembrados cocos, lo que aquí llaman cocal y el la trabajaba. Un día la policía lo pillo en la ciudad cuando entre los cocos que llevaba en un saco había un kilo de droga. Probablemente fue un chivatazo al usarlo como chivo expiatorio para que la policía se apuntara un tanto mientras un cargamento mayor pasaba por otro lado. Lo metieron en la cárcel de Esmeraldas, una de las más violentas del país. Allí le propusieron formar parte de una de las bandas de la cárcel a lo que al parecer se negó. Unos días más tarde apareció ahorcado en su celda junto con otro preso que corrió la misma suerte.

La fábrica de chocolate: sólo el olor ya alimenta

Una de las experiencias que más me ha gustado ha sido el de un grupo de 26 mujeres de Timbiré. Aparte de que tienen ya una historia de 15 años desde que se unieron para defender sus derechos, han conseguido con ayuda de la cooperación española establecer su propia fabricación de chocolate con su propia marca. Son mujeres innovadoras, que utilizan todos los subproductos del cacao, elaborando un chocolate de calidad y además, lo que me parece más importante, vendiéndolo a un precio asequible para la población local, a mitad de precio de lo que lo venden otras diversas marcas que hay en el país.

De Esmeraldas, en mi último día allí, salen 2 camiones cargados con cacao destino a la planta que tienen en Guayaquil. Todo el mundo está nervioso, preparan los GPS que irán en los camiones y que todo el grupo puede monitorear desde una aplicación, uno de sus vehículos va con uno de los técnicos a un par de kilómetros por detrás para detectar cualquier problema y poder avisar inmediatamente a la policía. Al día siguiente de madrugada, llegan a Guayaquil sin incidentes. Por la noche nos enteramos que un camión de otra organización cargado de cacao ha sido robado en la misma ruta unas horas más tarde.

Me he pasado todo el tiempo que llevo aquí viendo plantaciones de cacao y hablando de chocolate. Espero poder plasmar todas esas experiencias en el libro que estoy escribiendo. Aunque la delincuencia y la violencia que se oye que existe en este país es algo que no me deja sentirme cómodo, toda la gente que me he encontrado en esta región ha sido muy amable conmigo y me han hecho sentirme a gusto.

Ariel Preciado, promotor, en su finca de cacao en Timbiré


Próxima parada: Amazonía ecuatoriana


viernes, 20 de enero de 2023

Cuando está despejado, es bien bonito

 

Gente en la plaza Grande de Quito, en la escalinata de la catedral

Me ha sorprendido el cambio tan brusco, de pasar del carácter alegre caribeño, al más sombrío andino, de la cantidad de gente que hay vendiendo cualquier cosa por las calles, de que la gente desaparece cuando cae la noche y sólo quedan los coches circulando, de la cantidad de policía en el centro histórico y en el financiero, las innumerables plazas y parques, tomados por vendedores y predicadores de cualquier confesión. El tráfico inmenso, la cantidad de taxis y coches, los buses azules ruidosos y amenazantes, de la dolarización del país como si fuera lo más normal del mundo, de la cantidad de tiendas de celulares que hay.

Aviso: Cuidado con Aeroméxico. Si tienes cualquier problema como que la maleta no te llegue, te van a martirizar, no te darán nada, te ignorarán y tendrás que suplicar para conseguir algo. ¡Nunca mais! con esta compañía!

En Quito no hago nada de lo que tenía previsto. La falta de maleta, la falta de ropa, el frío, el ruido, la falta de aire al caminar, el tener que estar en constante contacto con la línea aérea, el tener que ir a comprar una chaqueta para el frío y unos zapatos para la lluvia me toman todo el tiempo. Y además la altura me afecta sobre todo en las cuestas, donde la boca no me da para aspirar todo el aire que necesito. Todo y así consigo arrastrarme hasta algunos sitios y me quedo impresionado de la cultura del cacao que hay aquí. Hay marcas como la República del Cacao, con tiendas propias en varios sitios que vende su chocolate a 9 € la tableta de chocolate y al parecer, la gente lo compra. Yo también lo hice y debo reconocer que está realmente bueno. Pero en este caso no he visto nada que indique que el valor añadido le llegue al productor y eso es lo que me interesa, así que hasta que no sepa más va a ser la última que les compre.

En unas tiendas en la zona llamada La Mariscal (luego me enteraré que se considera una zona peligrosa en Quito) también encuentro una tienda que tiene toda una serie de chocolates de calidad de marcas locales, con comercio justo, de la Amazonía, de proyectos sociales, entre ellos las de la famosa empresa Pacari que ha revolucionado el mercado del cacao ecuatoriano en el país y fuera. Compro dos tabletas de 50 gr por 5 €. Más tarde me entero de que todo lo que no esté detrás de un muro o con protección policial es peligroso en Ecuador, sobre todo por la noche y a veces por el día.


En Quito veo enormes colas en algunos Bancos. No me entero si es porque han quebrado o porque es día de pago. Pero las colas son mucho más largas aquí que en Cuba. Así que no es oro todo lo que reluce.

No importa donde vayas, todos te dicen que no salgas de noche, que es muy peligroso. No se si será verdad, pero no lo voy a comprobar. Después de 3 días en Quito, pendiente de la maleta que parece que todavía está en México y sin nada especial que hacer, cenando a las 6 de la tarde para no tener que salir de noche, decido irme a Riobamba, que en principio es una ciudad más tranquila y donde está Raúl, uno de los técnicos de la Fundación Maquita que junto con Manuel hace poco estuvieron en Tenerife y a los que acompañé en su recorrido por fincas ecológicas durante una semana.

Ya en Riobamba me contactaron 2 profesores, Sebastián y Danilo de la facultad de Recursos Naturales de la ESPOCH (Escuela Superior Politécnica de Chimborazo) que quieren ver la forma de tener algún intercambio con la Universidad de La Laguna. Hay dos temas que les interesan especialmente, los bancos de semillas y el manejo del agua como parte de un ecosistema. En la provincia tienen 350 000 ha de tierras de cultivo, de las que sólo 50 000 cuentan con riego. Quedamos para el día siguiente en que me dieron la oportunidad de conocer las instalaciones y las experiencias que transmiten a los campesinos de la zona, que en la mayoría de los casos sólo tienen parcelas de 2500 m2.

Aprendo de cosas que no había visto, como el cultivo de fresas en sustrato inerte con riego por goteo y fertilizadas con productos ecológicos, de las que aprovechando el drenaje del agua cultivan una serie de plantas en el suelo, que contribuyen a la seguridad alimentaria de la familia, a la biodiversidad del invernadero y que, aunque aún no han sistematizado la experiencia, ha contribuido a reducir las plagas, sobre todo de mosca blanca.

En esta Facultad, igual que pasa en la Escuela de Agrícolas de La Laguna, la mayoría de profesores están anticuados, no han avanzado con los tiempos actuales y están anclados a los conocimientos que adquirieron en el siglo pasado, a los que no están dispuestos a renunciar. Aquí y allá, el camino a recorrer para crear un mundo sin agroquímicos es arduo y difícil, así que sólo queda seguir insistiendo y aportando conocimiento.


También me muestran los invernaderos enterrados, llamados Wallipini (nombre Aymara) que para una zona tan fría como esta contribuye a mantener una temperatura que permite cultivar plantas que de otra forma no se darían a estas alturas de entre los 3000 y 4000 msnm. Son una experiencia que trajeron de los altiplanos de Bolivia. Y es que la cooperación tiene que ser sur-sur. ¡Que les vamos a enseñar nosotros de qué hacer a 4000 m si no sabemos lo que eso!


Durante el día vamos hacia el páramo Igualata donde desde hace 20 años, los campesinos, asociados de forma natural y sin más ayuda que de algunas ONG’s como la española Ayuda en acción han protegido la captación de agua del páramo en alturas superiores a los 4000 m que abastece de agua potable y de riego a 1200 familias en 13 comunidades. Constituidos en Junta de Agua el precio del agua que cobran para cubrir el mantenimiento es de 2 euros al mes para un suministro de 13 m3, lo que les permite también disponer de agua para regar las parcelas aledañas a la casa. Estas comunidades, olvidadas del estado y de los gobiernos municipales han tenido que organizarse y sólo reciben una pequeña subvención estatal por mantener el páramo, productor de agua para todos.


En una parcela, ya en el páramo, tienen algunas alpacas y vacas, con las que estudiantes se hacen fotos mientras estas corren asustadas. Por cierto, las alpacas no escupen, son las llamas.


El frío es tal, que a los terneros les ponen unos sacos de plástico para evitar que les afecten las fuertes heladas que se producen por la noche cuando se acuestan con el pelaje mojado.


Después de caminar con los estudiantes y los responsables de la Junta del Agua a 4000 msnm, donde la respiración en las cuestas se vuelve a hacer difícil, por fin pudimos entrever el Tungurahua de 5023 m. A ratos también vemos el volcán extinto El Altar de 5319 m, con nieve en sus cumbres. El Chimborazo todavía no se ha dejado ver con sus 6263 m, pero se siente su presencia.

Finalmente acabamos tomando algo en la parroquia (municipio) de Santa Fe de Galán, en una pequeña venta en la plaza del pueblo, y uno se pregunta como se puede vivir aquí.


De vuelta a Riobamba, al día siguiente hay desfiles en las calles y parece que no haya nadie en sus casas, todo el mundo sentado viendo a las agrupaciones pasar. Al estar entre la gente pillo alguna conversación. La que más me llamó la atención fue de una mujer indígena diciéndole a quien parecía ser su marido: usted es mi marido y tiene que comprarme todo lo que necesito, desde el calzado hasta el calzón. Que romántico!



 

jueves, 12 de enero de 2023

Será el calor

 

El Capitolio y Gran Teatro de La Habana “Alicia Alonso”

Me voy de La Habana, de Cuba, y no tengo ningunas ganas. He pedido un taxi de los ilegales, más baratos que los normales. Uno está continuamente confrontando si lo que hace está bien, que es lo que sería mejor, si contribuir o no al trapicheo…. El que me viene a buscar es un amigo del que llamé y a su vez trae a alguien en el coche al que presenta como su hermano de Camagüey. Eso sí, me pregunta si me importa que el vaya también al aeropuerto y le digo que claro que no, no estoy de humor así que todo me da igual. Así como en los demás viajes con los taxistas me pasaba el rato hablando, con estos, como hablan entre ellos, no digo nada y sólo voy pillando retazos de su conversación mientras la tristeza por irme me invade y siento algo raro en el estómago, a pesar de que mi estómago es a prueba de amebas y amores. Los cubanos al hablar no se cortan un pelo, hablan alto como si no hubiera nadie alrededor, y el “hermano” de Camagüey le empieza a contar al que conduce con un montón de sentimiento lo que quiere a la negra esa y que el se quiere ir a vivir con ella, que esa mujer la he llegado hasta el fondo, todo con una pasión que me deja anonadado. A mi Cuba también me ha llegado al fondo, no sé en realidad como explicarlo, así que lo voy a dejar. Mientras más me alejo, más pienso en ello. Y empiezo a pensar en Ecuador, donde en Quito me esperan 9ºC y lloviendo y como averiguaré al llegar, una maleta que se ha quedado en México. Para rematarlo.

A todos les he dicho que volveré a Cuba, en diciembre. Ahora ya estoy pensando a adelantarlo a noviembre, ya solo faltan 10 meses. Además me lo dijo la bibliotecaria amable, yo sé que usted volverá.

A lo largo de este mes pasado en Cuba he intentado hacer un balance de las cosas que me han parecido más positivas del país y las que no. Y es verdad que este país no hay quien lo entienda y que en este corto tiempo ya hay cosas que he escrito que ya han cambiado. Por ejemplo, todo el tiempo he hablado del cambio oficial a 25 CUP, pues lo han subido a final de año a 124 CUP para equipararlo lo más posible al mercado negro. Me dejo muchas cosas e impresiones en el tintero, pero al final esto sólo es un blog de viajes, no un ensayo sobre Cuba.

Fin de año en La Habana con amigos 

Lo positivo

Los productos más básicos para la población local parece que están asegurados, aunque escasean actualmente al parecer los huevos, la leche y los pañales, entre otros. Tener un niño aquí no debe ser nada fácil pero los hay. Tampoco se encuentran papas y el otro día las compré de escondidas, en una esquina, como si fuera a comprar marihuana.

La seguridad que siento aquí es algo impagable, al no estar pensando todo el rato que te van a robar o asaltar, o peor, matar, comparado con cualquier país de Centroamérica y de las otras américas cercanas. Esto es algo que el cubano conoce pero que no aprecia al conocer poco esas otras realidades. Muchos días he estado pensando cuanto estaría yo dispuesto a pagar por tener en Ecuador o en Colombia la misma seguridad que respiro aquí, de poder andar por cualquier calle de día y de noche sin voltearme cuando oiga pasos, poder subirme al primer taxi que pase, o consultar sin problemas a cada rato el móvil para ubicarme cuando me pierdo por La Habana Vieja. Como me gusta ponerles cifras a las cosas, le he puesto un precio de 30 € por día, o sea 900 Euros en un mes que pagaría a gusto por sentirme seguro. ¡Y en Cuba es gratis!. Cuba siempre ha sido segura, por el control que hay, tanto a nivel policial, como de los CDR (Comités de defensa de la Revolución) pero es que además todos los que eran o pensaban ser delincuentes creo que ya están en Miami.

Las tiendas en dólares o euros (llamadas aquí MLB – moneda libremente convertible) permiten a todos los que tienen FE (Familia en el extranjero, término reflejado en el último libro de Leonardo Padura) y que acceden a esta moneda, comprar lo que no se obtiene normalmente en el país. Además, hay empresas españolas, entre otras, que les suministran todo tipo de productos, también a las embajadas y hoteles, por lo que, teniendo dinero, uno encuentra aquí casi lo mismo que en España, aunque más caro. He ido un par de veces a una tienda, Assukar, que tiene cualquier tipo de embutido, café molido, pan, dulces, sin nada que envidiar a cualquier tienda gourmet en España.

La resistencia de Cuba al embargo norteamericano es algo épico, que ningún otro país ha sabido aguantar, sin bajar la cabeza. Mientras el embargo no desaparezca no hay argumentos suficientes para criticar al gobierno y al pueblo cubano.

La famosa heladería Coppelia, en Cienfuegos

El teléfono fijo en las casas es gratis mientras el móvil hay que pagarlo. Por las calles todavía hay cabinas telefónicas, que por lo que he visto funcionan. Eso es lo que se llama ofrecer un servicio público mientras en nuestros países nos parece lo más normal del mundo que hayan desparecido. Además, no hay varias compañías telefónicas bombardeándote con ofertas y promociones engañosas. Aquí sólo hay una empresa estatal y funciona.


Ni en la televisión ni en la calle hay anuncios de las grandes multinacionales intentando meterte por los ojos cualquier producto, lo necesites o no. He visto estrategias de marketing aberrantes en países de Latinoamérica creando necesidades que la gente no tiene. Aquí lo que hay es lo que hay.

Cuba es país de ciclones y cada año, con más o menos intensidad, la visitan. Es raro que alguien muera dado el nivel de organización que tienen y la capacidad de prevención frente a desastres que han desarrollado. Ningún otro país del área puede decir lo mismo, ni los EEUU.

Es de admirar la gran inventiva de los cubanos, desde innovaciones tecnológicas haciendo que caminen autos de los años 50, adaptándoles todo tipo de artilugios, hasta por ejemplo cortar por la mitad un rollo de papel que se usa para la cocina y hacer con ello 2 rollos de WC, un producto que ahora no se encuentra. Papel es papel.

Hasta ahora nadie se ha cortado en mi presencia en criticar al régimen cubano y contarte todos los problemas que ven en el país. Lo hacen abiertamente, supongo que sobre todo con extranjeros y con los cubanos que no son muy fieles al régimen, pero también lo he visto hacer delante de gente del partido. Y es que ya están muy hartos.

Aquí he podido huir de la basura navideña y de la fiebre consumista que llena nuestras calles. Esto no existe aquí, aunque probablemente sea por la falta de todo. Quizás una de cada 10 casas tenía algún pequeño adorno navideño. No existe esa exagerada proliferación de luces, de adornos kitsch y de ridículos papás Noel descolgándose de los edificios. Será por el calor.

La falta de inversión mantiene al país en su mayor parte en un estado natural inimaginable en la España costera destrozada por la especulación del turismo. Cuando uno se aleja de las ciudades las costas están en un estado virgen, algo difícil de ver en un país que permite la depredación urbanística como el nuestro.

A pesar de todas las dificultades se puede decir que la ciudad de La Habana está relativamente limpia. Hay operarios limpiando las calles y los camiones de basura pasan regularmente.  Los contenedores están en su mayoría rotos por lo que la basura acaba en el suelo y el camión a veces trae una pequeña pala mecánica que la recoge y la sube al camión. En la única otra ciudad que he visto, Cienfuegos, la limpieza todavía resalta más y es un motivo de orgullo de su población.

Viviendas sociales en La Habana Vieja

En la Habana Vieja, obviamente llama la atención la miseria de su calles y casas imposibles. Cuesta mucho más el ver las viviendas sociales que construyen, normalmente con ayuda internacional, en la propia Habana Vieja, así como casas para personas de la tercera edad, y viviendas provisionales que se fabrican para los que viven en edificios que amenazan ruina, hasta que estos se rehabilitan o se construyen nuevos.

Arte y casas en ruina en el Malecón

Lo menos positivo

La corrupción y sus corruptelas, que, como un cáncer, va desarrollando todos sus tentáculos llegando a prácticamente todas las capas de la sociedad. Este es el país del trapicheo no productivo. Las cosas se compran, se venden y luego se revenden, las veces que haga falta. En todos estos pasos alguien gana, aunque sea un poco de dinero, pero nadie ha producido nada, más que vergüenza y engaño.

Las colas para conseguir los productos básicos. No sé qué porcentaje de su tiempo emplea la gente en hacer colas, pero creo que debe ser muy alto. Este es sólo un ejemplo del sistema tan ineficaz que se tiene en Cuba en que como en una cadena, se va reproduciendo en un círculo sin fin.

Colas sin fin

Muchos de los sistemas cubanos parecen anclados en el pasado, con burocracias y procedimientos administrativos, alejados de la realidad virtual que impera en el mundo y que desgraciadamente parece la herencia del pasado colonial que les dejamos.

La falta de transporte, con miles de personas rifándose cada día para conseguir desplazarse de un lugar a otro, perdiendo innumerables horas y las ganas. La gente está cansada, se quiere ir, está harta de promesas de que todo va ir mejor, cuando ven como día a día todo va a peor. La mayoría de la gente con la que hablo han nacido con la revolución y hablan con odio de estos comunistas que están en el poder. No sé si los dirigentes comunistas salen a la calle y oyen estos mensajes.

Farmacias sin medicamentos

Para salir del país hay que seguir procedimientos bastante complicados, tanto por parte del gobierno cubano como para conseguir el visado del país de destino. No ha habido casi ninguna persona menor de 80 años que no me haya dicho que quiere irse, que se quiere nacionalizar (por ejemplo los que tienen antecedentes españoles en segundo grado) y que este país se va para el carajo. Un taxista me decía que estaba sacando los papeles para ir a España a trabajar en Uber y que además tiene el oficio de barbero.

Los cuadros medios y altos del gobierno revolucionario tienen una serie de ventajas en productos básicos, vehículo asignado, combustible, que no son bien vistos por la población que no goza de estos privilegios, más cuando se sabe que esta gente también se beneficia de otras corruptelas o a veces son quienes introducen estos productos en el mercado negro. Un aspecto criticado es la inversión millonaria en la construcción de mega hoteles en el país, en una apuesta por el turismo, mientras el país sufre a menudo apagones y los alimentos no llegan ni en cantidad ni en calidad. Un día alguien me hablaba de que podría haber una piñata en el país como la que hubo en Nicaragua en 1990.

Los cubano/as están orgullosos de que todos tienen una educación básica y muchos, superior. Por el contrario, desmontan el mito de que la educación sea gratuita. Claro que no tienen que pagar mientras estudian, pero cuando terminan una carrera, los primeros 3 años que trabajan les reducen su salario para recuperar lo invertido. Dicen que la gente joven no quiere estudiar y quien lo hace, muchas veces está pensando en luego poder irse y con esa titulación, convalidarla en el nuevo país y ponerse a ganar dinero de verdad.

Antiguos palacetes como este son reconvertidos a oficinas estatales 

Las infraestructuras son obsoletas y de difícil reposición. Un país que tenía hasta 1959 productos de procedencia en su mayoría norteamericana pasó después de la Revolución y del criminal embargo norteamericano a importar productos de países amigos, normalmente del bloque socialista y últimamente con muchos productos provenientes de China. Así que el que tiene algo y se rompe, no lo tira, lo repara y apedaza como puede porque seguramente nunca encontrará su recambio (a excepción quizás de los coches Lada y los tractores Belarus, que siguen existiendo y son incombustibles).

Hay un racismo latente de los blancos hacia los negros y quizás no se ha hecho suficiente por parte del gobierno por cambiarlo.

Cuando veo los paisajes, bosques, edificios, casas, playas en este país pienso que cuando esto se vire, los que vengan se lo cargarán todo. Cuando esto se vire habrá que ver que quedó del poso ideológico revolucionario.


Palacio reconvertido a Casa de la Cultura Popular en la zona norte de La Habana




 

viernes, 6 de enero de 2023

Entre corales

 

Playa de Rancho Luna

Por fin he vuelto a estar entre corales, entre peces de colores y en una mar turquesa. En la bahía de Rancho Luna, cerca de Cienfuegos, hay unos grandes promontorios en el agua, cubiertos de corales con pasadizos entre ellos. Hay que nadar bastante hacia fuera para llegar hasta allí. Me voy asomando para ver si veo algún tiburón despistado, pero no. La gente de aquí dicen que no hay muchos peces, que también se han ido del país. El humor cubano.

Finalmente veo una gran morena verde, de algo más de 2 m de largo serpenteando en el fondo y desapareciendo en uno de los muchos recovecos que hay. En un sitio cercano tienen delfines amaestrados de los que dicen que en cautividad viven hasta 15 años más que en el mar. Están en una bahía natural, con manglares y una reja les separa de mar abierto. No me puedo resistir y a pesar de la Ley de Protección Animal, como estoy fuera de España, voy y nado con ellos, bailo, me dejo que me den besos y hacemos toda clase de tonterías en el agua y me siento como un ballenato a su lado.


No lo puedo hacer todo, nadar, caminar, hablar con la gente, volver a nadar y escribir. Así que lo que más ha sufrido en estos días ha sido la escritura. Son demasiadas sensaciones para encerrarme a escribir y cualquier excusa me sirve para hacer cualquier otra cosa. Lo que más me gusta aquí, aparte de nadar entre los corales, es sentarme a hablar con Colina (José Luis), encargado de un restaurante estatal cerrado por falta de agua, Alberto, el chófer que me ha traído aquí y Ay mi madre, del que no se su nombre, pero es lo que repite constantemente y es el que se encarga de cobrarle a los escasos coches que llegan al parking que hay a la entrada de Rancho Luna. Colina me guardó la mochila el primer día en que vine desde Cienfuegos para ver si esto me gustaba. Me dejó unas aletas, pequeñas, pero que me van bien y me ayudan a la hora de nadar. Cuando he venido a quedarme un par de días y le he dicho que se las alquilo, no ha habido manera, él dice que me las ha prestado y que desde el primer día me dijo que me las prestaba y que, si le pago, entonces no es un préstamo y no ha habido forma de convencerle de lo contrario. Este hombre me recuerda al título del último libro del cubano Leonardo Padura, Personas decentes (a los que quieran saber más sobre Cuba y sus sentires, les recomiendo leer las novelas de este autor, que, al decir de algunos cubanos, los hace sentirse reflejados en sus escritos).

Algo grande lo mordió, o sea que haberlos, haylos

En el par de días en que he hablado varios ratos con esta gente, a medida que vas entrando en confianza, ellos me preguntan, yo les pregunto, me cuentan y les cuento, y en una de estas me preguntan en que trabajo y para no darle muchas vueltas, les digo que me dedico a escribir, lo que ahora mismo, en gran parte, es verdad. Esto les parece bastante interesante y lo siguiente que me dicen es que escriba sobre Cuba y a partir de entonces me parece que se esmeran más en contarme cosas.

Calle de Cienfuegos en los pórticos

La corrupción

Una vez leí un análisis sobre México que decía que erradicar la corrupción en ese país sólo se podía conseguir al cabo de al menos 3 generaciones. En Cuba posiblemente sea el mismo caso, aunque aquí es una corrupción de otra clase, de pura necesidad. No importa con quien hable, siempre hay quien te cuenta sobre algún trapicheo. Por ejemplo, el estado permite a personas particulares tener un taxi de forma legal que se dedique a llevar extranjeros y que cobra en euros. Le da combustible subvencionado a 16 CUP el litro, pero según el taxista que me llevó a Cienfuegos, con los impuestos que le cobran, en realidad le sale a 40 CUP (25 céntimos de euro). La manera de controlar y cobrar los impuestos es a través de los recibos del combustible estatal que el taxista pone al vehículo. Entonces, el taxista lo que hace es comprar combustible en el mercado negro a 25 CUP y así no paga impuestos de esa cantidad. La otra pregunta es de donde sale ese combustible del mercado negro, ya que supuestamente está controlado por el estado. Todo es una trampa que todos conocen y que va ahondado la corrupción generalizada. El taxista me dice que gana limpios unos 1000 euros al mes lo que para Cuba es un muy buen salario. Eso sí, dice que trabaja todos los días de la semana y del mes, sin descanso, para así no perder clientes. He sacado las cuentas. El viaje de 250 km de La Habana a Cienfuegos, en taxi compartido vale 30 € y este taxista puede llevar 7 plazas ya que es un taxi con dos filas de asientos detrás. El taxi no es de él y tiene que pagarle un fijo al mes al propietario. He sacado cuentas y el bruto que saca trabajando todos los días del mes, es entre 7000 euros si va con la mitad de pasajeros y 14000 si va lleno todos los días. De ahí descontando el combustible, el pago al dueño, neumáticos, reparaciones y demás parece que le quedan los 1000 que dice. Posiblemente el que más gane sea el dueño.

Monumento tras la independencia

Otro ejemplo: un amigo cubano de mis amigos me decía que su novia estudia en Pinar del Río, a unos 180 km de La Habana. Ella tiene que viajar una vez en semana en bus, pero nunca hay billetes porque hay gente que ha comprado por adelantado todos los pocos billetes disponibles y luego los revenden más caros. Y así en todo. Nos hemos acostumbrado a robar, me decía, yo también lo hago (el vende puros habanos a extranjeros). La verdad es que eso me impresionó.

La vida

La señora que regentaba el hospedaje donde me quedaba en la playa de Rancho Luna me dio una carta para mandar desde España ya que no se fía del correo de Cuba. Va dirigida al Juzgado de Paz de un pueblito de Galicia, de donde era su bisabuelo. Como tanta otra gente con la que he hablado, todos los que tienen la posibilidad de obtener otra nacionalidad, intentan conseguirla. La señora no tiene correo electrónico por lo que no se si esto servirá de algo. Cuando regrese veré que puedo hacer y si le puedo echar un cable y al menos explicarle el procedimiento que debería seguir, ya que seguramente hay que hacer el procedimiento digitalmente.

En estos días hablando con gente han dejado caer algunas frases que pongo aquí:

-          Respecto a la nueva ley que ha legalizado la homosexualidad en Cuba: antes la homosexualidad estaba prohibida, ahora está permitida y dentro de poco será obligatoria.

-          Yo no soy homófobo, pero a ese bar de homosexuales yo no voy, aunque la cerveza esté más barata. Si alguien me ve, que va a pensar de mí, que aquí todos me conocen.

Ya de vuelta en La Habana, he ido al peluquero, un clásico para mí en cualquier país al que voy. No solamente porque es más barato que en España, sino porque interactúas con otras personas, te cuentan cosas y pasas un buen rato. Ha sido en Habana Vieja después de haber hecho el intento en un par de sitios. En uno no había llegado el barbero me dijeron y en el otro había gente delante y no quería esperar. La barbería era bastante cutre, pero tenía algo especial con la bandera cubana y la fila de sillas sin nadie que las ocupara. En realidad, estaba buscando un sitio para ir al baño y por eso, cuando me ha ofrecido cortarme el pelo, le he preguntado si tenía baño. Me ha dicho que podía mear en un cubo que tenía en un cuartito al lado y así lo he hecho. Primera vez que me pasa algo así. Luego, una vez ya en sentado en la silla de barbero, hablando de donde soy le dije que de las islas Canarias. Me he dado cuenta de que es un mito lo de que todos los cubanos tienen algún familiar allí ya que me preguntó si yo vivía en Mallorca o en Menorca.

Yo me imagino que todos los impuestos a los privados que tienen paladares, taxis, tiendas en dólares, agro tiendas libres, casas de alquiler y demás negocios permitidos, hace que los cubanos ganen un dinero extra que otra manera no conseguirían y al estado obtener impuestos para poder cubrir las necesidades de la población en general. En la teoría, una economía mixta perfecta. Un ejemplo es el bus que sólo cuesta 2 CUP, o sea 1 céntimo de euro, aunque hasta hace poco sólo costaba 1 CUP, todo sube. El problema es que no hay buses para tanta gente.


Biblioteca

En la Biblioteca Nacional José Martí sólo se pueden consultar dos libros a la vez. Una vez leídos, no antes, se pueden consultar los siguientes dos. Mientras esperas que te los traigan, si les pides dos nuevos papeles de solicitud (con doble copia) para ir adelantando tiempo y que los tengan listos, te dicen un NO rotundo. Además, me ha parecido que la bibliotecaria me ha mirado desaprobadoramente mis zapatos deportivos, que probablemente valgan 5 salarios mensuales de ella, pero la formalidad es la formalidad. Le pensaba regalar un libro que traje y que ya leí en el avión, pero la verdad es que no me lo está poniendo fácil. Para rematar en la sala de lectura me han picado un montón de mosquitos y eran del tipo que transmite la malaria y el dengue. Eso ha hecho que me decidiese a irme antes de lo previsto además de que la bibliotecaria me ha dicho que cerraban a las 12 del mediodía, no sé por qué razón. Cuando le he dicho que ya me iba me ha dicho hasta el año que viene”” que traducido significa “espero no verte en toda una semana” ya que sólo era el 23 de diciembre. Sólo había en toda la sala, en el par de horas que he estado allí, otro “cliente” como yo, que se ha ido antes. O sea, mucho trabajo no había. Algo falla en el socialismo y al parecer nadie hace nada por remediarlo. Pasados tres días, al no tener ningún síntoma, di por descartado que los mosquitos me hubieran transmitido algo. Otra vez me salvé.


Bicicleta

Me he alquilado una bicicleta por 10 € al día lo que me hace independiente en las distancias cortas y medias ante el grave problema de transporte. He ido hacia el oeste de la Habana, buscando playas donde bañarme y para ver el mar, pero aquí no se respeta el deslinde marítimo-terrestre y las casas que dan al mar no permiten el acceso ni la vista. En el camino me he puesto durante un rato a la par de un ciclista cubano, que me ha dicho que por el problema del transporte él hace cada día 15 km de ida y lo mismo de vuelta para ir a trabajar. Cree que la bicicleta se volverá a imponer, como hace años cuando había una ensambladora de bicis china y el problema de transporte era grave como ahora, pero otros me han dicho que no y yo tampoco lo creo. Ir en bicicleta se hace por devoción y no por obligación y ahora que han probado las pequeñas motos eléctricas chinas, con una autonomía de unos 50-60 km, no van a volver atrás.

La bici me ha permitido recorrer la Habana Vieja y Centro Habana callejeando por las calles más centrales con todo su lujo y esplendor dirigido a los turistas y un par de calles más allá pasar por el contraste de la miseria más absoluta, con las colas que se repiten a cada rato y las broncas que parecen llevar aparejadas. ¿Me pregunto que cómo se puede vivir así?

Con la bici en un recodo de playa de Baracoa

Lo más lejos que he llegado ha sido a una distancia de unos 20 km de la casa de mis amigos, hasta playa Baracoa, o sea en total unos 50 km porque voy dando vueltas intentando descubrir nuevos lugares. La verdad que el calor aprieta, aunque es el mes más frío del año, pero lo llevo relativamente bien, lo peor es el viento cuando te viene de cara. Eso lo llevo algo mal.

Si quiero salir por la tarde-noche, entonces hay una aplicación que se llama La Nave, en que un vehículo te viene a buscar al lugar que marca la aplicación y por un precio para nosotros barato te lleva a tu destino. Hay coches de todo tipo, desde los Daewoo minúsculos hasta verdaderos coches antiguos en los que me he montado, como un Cadillac del 52 o un Chevrolet del 58, verdaderas obras de arte de vehículos restaurados.

En el Cadillac del 52, donde lo único original es el chasis

Ajedrez

Hace unos días localicé un local donde se dan clases de ajedrez a niños que ha tenido financiación de una ONG vasca. Fui un día por la mañana y estaba cerrado, fui otro por la tarde y eran las vacaciones escolares y finalmente un par de días antes de irme conseguí encontrar al profesor de ajedrez (que también se quiere ir a España). Les lleve un tablero de silicona y fichas de ajedrez, con lo que enseguida me puso a jugar con una niña que es la campeona provincial y a pesar de tener sólo 14 años ya juega con los adultos. Me ganó sin pestañear. Luego jugué con reloj con un niño de 10 años que tardó 7 minutos en ganarme. A pesar de todo, les regalé el ajedrez y quedé que volvería el año que viene y les traería es vez un reloj de ajedrez.

Y también en los últimos días, callejeando por Habana Vieja a partir de las 6 de la tarde, cuando la brisa del mar despeja el calor de la mente, la gente sale con sus tableros y se ponen a jugar en sitios como el paseo del Prado, un verdadero lugar donde ver a media Habana y jugarte la vida con los patinadores que te pasan a toda velocidad al tener el piso una superficie muy deslizante. Lo he descubierto demasiado tarde y tendré que volver para echar alguna partida callejera.

Cuando todavía pensaba que tenía alguna posibilidad



sábado, 24 de diciembre de 2022

Unas semanas en La Habana

 




Con esta entrada hago un parón en lo que llevaba escribiendo sobre el cacao, pero será para coger más fuerza en cuanto me ponga de nuevo.  

Todo lo que escribo sobre Cuba son sólo mis impresiones, dando mi opinión de lo que veo y tal como me parece a mí, en temas que seguro son controvertidos y sobre los que cada uno opinaría posiblemente de diferente manera porque además seguro que no soy imparcial. Pero como me decía el taxista que me llevo a Cienfuegos, ”ni que yo te explicara las cosas de Cuba durante un año, no las entenderías”.

Recorrer La Habana a pie, en bici, o en coche es un gusto porque hay poco tráfico. Aquí no hay colas, ni en la hora punta. Otra cosa es que haya que hacer cola o esperar para encontrar un transporte público, pero una vez conseguido, va viento en popa. Algo que llama la atención son las motos eléctricas que hay a las que muchas veces no oyes llegar hasta que las tienes encima y te llevas un buen susto. Hay también bastantes antiguos coches americanos de colores algo estridentes, que le dan a la ciudad un toque para mi gusto algo artificial.

En las autopistas de salida de La Habana, de 2 hasta 4 carriles, en los cruces hay mucha gente mostrando billetes de dinero para mostrar que están dispuestos a pagar por el pasaje a los coches que pasan. Debe ser desesperante estar horas y horas, sin saber cuándo podrás viajar. Un país que no es capaz de transportar a su gente y prioriza el combustible para el transporte de turistas, va hacia el desastre. Pero eso hace años que se dice de Cuba.

Callejeando no dejan de impresionarme las casas antiguas, coloniales, algunas de una belleza tremenda, aunque siempre hay una historia negra detrás de las imponentes fachadas. Nadie se ha hecho rico trabajando y mucho menos en los siglos pasados. Estas casas, con unos techos altísimos han sido divididas sobre todo en La Habana Vieja a lo horizontal y a lo vertical, donde se arrebujan varias familias conformando diferentes viviendas en lo que antes era una. Si el país está apedazado, las casas también lo están, muchas desconchadas y sin pintar. Otras tienen escaleras de infarto que suben del bajo al segundo piso sin descansillo, producto de esa división irracional.

Tener amigos que viven aquí desde hace 2 años, que me prestan su casa, una tarjeta de teléfono, la bicicleta, me dan acceso a internet y me explican todos los trucos para el día a día, está claro que no se puede pagar con dinero. Tendré que pensar en alguna otra cosa.

Lo que más mal me sabe en este país es ver las inmensas colas que hay por todas partes. Aunque parece que estén desorganizadas, todos saben quién es el último y el penúltimo. Sin embargo, siempre hay quien se quiere colar y ya he visto más de una bronca. Estas colas se forman normalmente en los expendios de productos subvencionados por el gobierno, única manera de que la gente con un salario de unos 20 euros al mes (al tipo de cambio del mercado negro, pero 136 € al cambio oficial) puedan acceder a estos productos básicos. También se forman colas en los hospitales y centros de salud, otro de los servicios más básicos que requiere una población. Esto no es tan diferente a lo que ya viví en la Nicaragua sandinista en el año 86 donde también me tocaba hacer colas. Parece que no he avanzado nada aunque aquí las colas que hago de pagos en divisas son mucho más cortas que las de la gente normal.

Mercado Agro libre


En los pocos días que llevo aquí, ya casi dos semanas, hay cosas que me han salido exactamente como me las había imaginado, otras ni por asomo. Por ejemplo, no he conseguido todavía jugar al ajedrez, aunque ya he empezado las clases de baile, tengo internet todo el día y ya se moverme más o menos por La Habana, porque su sistema cuadriculado y de calles numeradas me lo facilita mucho. Ficho esto, a pesar de ello me sigo perdiendo.

No recuerdo a cuanto cambié el dólar en 2015, la última vez que estuve aquí por unos pocos días (creo que a 25). Hoy no hay cambio oficial con el dólar, pero si con el euro que está a 25 CUP (peso cubano) al cambio oficial y a 173 en el mercado negro.


En estos días he ido a comprar un par de veces y en un día me he gastado, entre pan, unos pastelitos, algo de verduras y queso, el salario mensual de un cubano. Todo ello comprado obviamente en las tiendas no estatales, donde se vende el porcentaje que se permite a los agricultores poner a la venta libre.

En La Habana, como en cualquier lugar, lo primero que hay que hacer es enterarse de como moverse, donde hay que y como se consigue. De Canarias me he traído 3 paquetes con medicinas que me han dado gente de Tenerife para conocidos. En el primero después de no coincidir en un par de ocasiones, ya que la señora tiene a su hermano en el hospital y su marido venía de Mariel, a unos cuantos kilómetros de La Habana, finalmente pudimos quedar. Para el otro he necesitado 3 días para averiguar cómo mandarlo a Camagüey ya que en las oficinas de correos normales no lo reciben y tuve que ir al Ministerio de Comunicaciones que está en la plaza de la Revolución. He tenido que cambiarle el empaque y finalmente, por el módico precio de 220 céntimos he podido mandarlo. Eso sí, me han recalcado que puede tardar 2 meses en llegar. El tercero finalmente lo he entregado en Cienfuegos, a un amigo de quien lo va a recibir, para que se lo entregue en Santa Clara, una ciudad cercana (70 km).

Un agro estatal lleno de gente

En los años 80 en mis viajes de Europa a Nicaragua pasé algunas veces por Cuba para hacer escala, a veces de uno o dos días.  En diciembre de 1999 pasé aquí casi un mes de vacaciones, en la época en que se produjo el conflicto con EEUU por Elián, el niño balsero.  Luego volví en agosto de 2015 para evaluar un proyecto de cambio climático. En esa última ocasión las cosas habían mejorado de como yo las recordaba, pero ahora el país vuelve a sufrir un bache y parece que la política de desgaste de los EEUU va obteniendo resultados ya que se dice que este año se han ido más de 200 000 personas del país (que tiene alrededor de 11 millones de habitantes, por lo que es un 2% en sólo 1 año). Esto significa una sangría importante en lo que a capacidades se refiere, ya que se van sobre todo los jóvenes, pero, por el contrario, los que se quedan posiblemente tengan más recursos económicos, por las remesas de dinero que mandan los que se han ido en cuanto estabilizan su situación. La gente con la que hablo de ello me dice que si esto sigue así no saben quiénes van a trabajar en Cuba, ya que se van los jóvenes y sólo quedan los viejos.

Este mes de diciembre las cosas han mejorado algo, no hay cortes de luz por ejemplo, pero los cubanos ya son tan pesimistas que dicen que el gobierno está haciendo un último esfuerzo poniendo todo lo que tienen para que la gente no se rebele, pero que 2023 será un año mucho peor. Hace un mes mis amigos me habían dicho que me trajera linternas por los cortes de luz. He traído tres y no ha habido ni un solo segundo de cortes. Me preocupa que si las regalo vuelva a haber. Esperaré al último día.

En los pocos días que llevo aquí ya se me hace corto el mes que voy a pasar. Desde el egoísmo de saber que me puedo permitirme vivir sin pasar las penurias de la mayoría de sus habitantes, pienso que no me importaría estar más tiempo y seguir disfrutando de mis paseos a través de La Habana, sin cansarme de mirar a sus gentes, sus casas, el cielo.

Centro Habana

Hay días en que (casi) todo te sale bien. Así fue hace poco en que sentí que ya domino un poco el entorno. Por la mañana, cuando hace relativamente fresco, salgo a pie en dirección a la biblioteca para luego seguir a La Habana Vieja, donde inevitablemente acabo. Con los diversos giros que voy haciendo, cambiando de calle para ir conociendo más, son entre 8 y 12 kilómetros cada día. Ese día fui al Ministerio de Comunicaciones para mandar uno de los paquetes que me quedaban pendientes. No había colas y cuando ya me veía desprendiéndome de la encomienda, resulta que no lo aceptan en el formato que yo lo llevaba y tengo que meterlo en una cajita. Pero vamos avanzando. Al entrar me pareció que la señora de la limpieza, señalándome con el dedo, me pegaba (un poco) la bronca por algo que no entendí. Tardé todavía un rato en darme cuenta. De ahí me encaminé a la Biblioteca Nacional de Cuba José Martí, adonde estoy yendo a consultar documentos relacionados con el cacao. Ahí una señora muy amable en información me atendió y llamó al responsable de relaciones internacionales para que yo le pudiera entregar mi libro de Agroecología, asignatura pendiente, que traje para que también esté en esta biblioteca, ya que es un libro que habla de luchar contra el sistema establecido y no se me ocurre ningún mejor lugar para que esté. Este hombre (Juan Carlos Fernández) me dijo que en este año había recibido a varias personas de las islas Canarias que habían pasado por allí y que en la Biblioteca están interesados en recibir libros, sobre todo de Agroecología (sic). Nos hicimos una foto y todos tan contentos. Luego pasé a hacerme el carnet, en la categoría de profesional ya que no llevaba ninguna acreditación como investigador. Me lo hicieron en un momento, a mano, y tuve que pagar el precio de 6 CUP que son 3 céntimos de euro, lo que me habilita para consultar documentos en las diferentes salas que tienen. Luego pasé a otro mostrador donde una mujer muy amable me dijo que no podía entrar a la sala con la mochila de la que tengo que sacar todas las cosas de valor y llevarlas en una bolsa transparente para pasar a las salas. Luego, en voz baja, me dijo que la próxima vez no viniera en “chor”, o sea en pantalón corto, ya que podría serme denegada la entrada tal como consta en los términos del carnet que me dieron. Ahí entendí los aspavientos de la señora del Ministerio de Comunicaciones. ¡Esa es la razón de que, al hacerme la foto en la biblioteca, esta se queda a la altura del ombligo! Así que tendré que venir con pantalón largo lo que obviamente me fastidia un poco con el calor que hace y pienso que en algunos aspectos de las formas la revolución se les quedó algo corta y anclada en el pasado.


Biblioteca Nacional José Martí


La biblioteca está muy cerca de una zona de buses y taxis, donde al pasar por ahí me ofrecieron todo tipo de viajes por todo el país. Por lo menos ahora ya se los precios aproximados, que cobran en euros. De ahí, todavía me quedaba camino por recorrer, para pasar por un hostal donde a través de mis amigos quedé con un cambista que me cambió unos euros a un cambio superior al que ofrecen en la calle a los turistas de La Habana Vieja a 160 mientras él me lo cambió a 173 CUP.

De ahí seguí camino hacia la Plaza José Martí, donde me encontré en el Boulevard San Rafael con Irene, una amiga francesa con la que hice amistad en Togo y que está aquí de vacaciones con su marido cubano. También iba con su mama, una increíble mujer de 90 años, de origen español que ha venido a pasar unos días a Cuba. Ellas me dijeron que habían visto una gente jugando al ajedrez en la Plaza José Martí, así que me fui para allá. Efectivamente, había dos choferes de coches antiguos que, como ahora no hay muchos turistas, tienen que esperar varias horas hasta que les toca el turno de salir y matan el tiempo jugando al ajedrez. Enseguida nos pusimos a hablar, en el lenguaje universal que te da el ajedrez, sobre todo con algunos que estaban esperando su turno para enfrentarse al que ganara y había también un turista alemán con el que suelen jugar. Les dije que yo había traído un tablero y figuras para jugar y me contestaron que muy bien, pero que lo que necesitan es un reloj para jugar con tiempo ya que el alemán tarda mucho en cada jugada y esas partidas se alargan interminablemente. El lenguaje del ajedrez.

Para rematar el día fui al Museo del chocolate, que curiosamente está en la calle Amargura, donde me tomé un batido de chocolate frío que me costó 20 céntimos de euro, y eso que está en el mero centro de Habana Vieja. Van muchos cubanos ya que es un precio que se pueden permitir. Ya agotado después de tanto caminar me fui hacia un lugar donde sabía que por allí cerca pasaban almendrones, coches antiguos que hacen transporte compartido, que iban hacia la dirección donde yo me quedo. Le pregunté a un chico que tenía una bici taxi donde era y como estaba a 4 cuadras y yo ya estaba harto de caminar le pregunté cuanto me cobraba por llevarme y así me aseguraba de ir al punto correcto. Me cobró 1,1 euros, me dejó en una calle y me dijo que los coches no tienen parada, sino que los tienes que parar cuando pasan y decirles donde vas. Así fue, uno de los primeros que pasó iba en la dirección correcta, hacia el puente Almendares y después de 6 km compartidos con otros viajeros que subían y bajaban durante unos 20 minutos de viaje, dado el escaso tráfico, me dejó a 20 metros de mi casa y pagué el precio que todos pagaban, 60 céntimos de euro.

Almendrón

Todavía por la noche queda tiempo para salir. Un lugar cercano es la FAC -Fabrica de Arte Cubano- que está a unas pocas cuadras de la casa de mis amigos por lo que se puede ir andando. Uno de esos días actuaba el profesor de percusión de Juan y lo fuimos a ver actuando con un grupo de jazz. Un espectáculo.



Actuación de jazz en la FAC


Desde el Malecón