domingo, 19 de junio de 2022

To go (Kuma Konda - Atakpamé - Kara)

 

Kuma Konda tiene varios artistas que plasman su arte también en los muros de las casas del pueblo


No pude evitar ir a Kuma Konda, un lugar donde se respira una paz especial y donde además puedes hablar castellano con José Ramón, que cada vez pasa más tiempo aquí que en España. En Kuma Konda nadie tiene agua corriente en la casa y el pueblo se abastece de unas fuentes de donde, por tuberías, conducen el agua hasta un par de puntos en el pueblo donde los pobladores van a buscar el agua. Hace poco José Ramón contrató una empresa que se dedica a hacer pozos y en el patio de la casa perforaron hasta 80 metros, profundidad a la que encontraron agua. Con una bomba sumergida bombean el agua a un tanque con el que se abastece toda la casa. El coste total fue de 5000 €. Por esa misma cantidad el ayuntamiento del pueblo podría construir un pozo que abasteciera directamente las casas mejorando la salubridad y el tiempo que la gente pasa yendo a buscar agua. Pero incluso esa cantidad es mucho para este pueblo, aparte del coste que tienen luego las redes de distribución y la instalación en cada casa. Un largo camino todavía por recorrer.

Atakpamé

A veces en los viajes las cosas funcionan bien y otras no tanto. Después de dormir en Atakpamé, una ciudad algo caótica, que sirve de paso de camiones del norte al sur y viceversa, por la mañana intenté averiguar de donde salían los autobuses hasta Kara y me fue imposible. A cada uno que le preguntaba me decía una cosa diferente y cuando cogí una moto para que me llevara a la estación de taxis me llevó a una que no era. Finalmente cogí un taxi compartido, que a unos 70 km de mi destino me vendió a otro taxista, del que dijo que era su hermano pequeño, lo cual significa que como máximo son del mismo pueblo. Este nos llevó a una velocidad de vértigo a Kara, con lo que la primera parte de esta pequeña aventura se acababa de completar.

Los camiones que van a Burkina Faso o vienen de allá, pasan por Atakpamé cargados hasta él cielo, para aprovechar al máximo el viaje

En unos controles de carretera, de los que suele haber a la entrada o salida de alguna de las ciudades, los taxistas deben pagar una pequeña mordida (unos 30 céntimos) a los policías que están allí, realizando controles. Para evitar que alguien pueda fotografiar o filmar la entrega cuando llega el taxi al control el policía le dice “a tierra”, lo que significa que debe dejar caer las monedas al suelo para luego, cuando no haya nadie, poder recogerlas. Esto se repitió varias veces en los diferentes controles y cuando hay algún taxi parado significa que quizás se le olvidó aportar la pequeña contribución.

Kara ( Kutammakou - País Tamberma)

La takienta es casa y fortaleza a la vez, donde se resguarda la familia y los animales, donde los granos quedan almacenados y defendidos por sus moradores, mientras fuera las ofrendas les conceden favores y también les protegen de sus enemigos

Cuando vine a Trabajar a Togo y sólo llevaba 3 meses aquí, se organizó un viaje a Kara, al norte del país, para una feria agrícola anual que se celebra en este país, y a la que yo tenía la oportunidad de asistir junto con toda la delegación de la GIZ. Por un problema de visado en ese momento al final no pude ir, lo que me fastidió bastante, no sólo porque me perdía algo que me iba a ayudar a conocer mejor el mundo agrícola togolés en su conjunto, sino porque esta es una de las regiones que tiene un interés especial por algunas de las etnias que viven aquí. Así que ahora con este viaje me he quitado esa espinita ya que he podido ver algo de la agricultura que practican en esta zona y he visitado el país Tamberma, donde todavía conservan algunas de sus costumbres ancestrales y que ha sido declarado Patrimonio de la Unesco.

Allí me pregunto cómo puede uno entender un pueblo que lleva siglos modulando su forma de vida, sus costumbres, sus creencias, en el rato que pasas haciendo fotos y comprándoles algunas artesanías con las que intentan ganar algo de dinero. Pues eso, no se puede. En un rato te cuentan la historia de este pueblo que considera a todos los hombres iguales, por lo que rechazan el poder, por eso cada casa, cada takienta es una fortaleza en si misma, porque cada familia es responsable de su propio destino.


Los baobabs están en todo el territorio, dando sombra, frutos y aportando a través de sus hojas los minerales que absorbe del subsuelo. Dicen que fueron los primeros lugares que habitaron, en las oquedades de estos enormes árboles, hasta que aprendieron a modular la tierra, construyendo sus casas.

Pais Tamberma – Kotammakou, el país de los Batammariba, los que modelan la tierra. Como se ve al fondo, poco a poco los techos se van sustituyendo por otros de zinc, menos frescos, pero más fáciles de reponer


Al día siguiente me fui a hacer una excursión por una zona agrícola al este de Kara, junto con un guía, donde hay un proyecto comunitario. Estuvimos un par de hora caminando bajo un sol abrasador viendo como cultivan en lo que ellos llaman terrazas, aunque consiste en realidad en alinear las piedras abundantes a lo largo de líneas en el terreno pendiente. La densidad de plantas es muy baja y los rendimientos ni me los quiero imaginar. Aunque en la época de lluvias hay un curso de agua que fluye, no lo aprovechan por falta de medios para hacer un pequeño embalse y comprar tuberías que la conduzcan a sus terrenos. Algunos usan abonos químicos, cuando tienen medios económicos para comprarlos, sobre todo para el maíz, aunque el resto intenta aportar todo lo que tienen de materia orgánica, que es casi nada.

La mezcla de ceniza y estiércol de ovejas es la materia orgánica que va a ayudar a que los cultivos, como este de maní, puedan dar algo en los suelos agotados


Después de dar la vuelta a una montaña e ir viendo cultivos llegamos a un pequeño pueblo donde había mercado. Como era sábado casi todo el mundo estaba dedicado al deporte nacional de beber “tchoukoutou” o también llamado “Sioulim”. Se trata de una bebida basada en el sorgo, que se prepara poniendo los granos en agua durante 8 horas, para pasarlos después a un colador y dejar escurrir el agua. A partir de ese momento el sorgo empieza a germinar. Se lava de nuevo y se pone a la sombra. Tres días después se lleva al molino, donde se muele, se mezcla con agua y se deja reposar durante una hora

A través de un tamiz, se recupera el agua que se pone de lado para utilizarlo más tarde. La masa se pone al fuego al menos unas 4 horas para que se ponga espeso y se va añadiendo agua según se evapora. Se vuelve a tamizar para recuperar el agua y se guarda hasta el día siguiente para que tome su color definitivo y que fermente, para luego volverlo a hervir.

Se deja enfriar todo el día y ya se puede beber, aunque será dulce y no fermentado. Es al añadir los líquidos que se habían dejado de lado con lo que se obtiene la bebida fermentada y con contenido alcohólico.

Yo probé un poco para no hacerles el feo pero no me bebí todo el bol que me ofrecían. Mi guía se bebió entre este primer lugar y otro que visitamos al menos 4 boles después de lo cual me pareció que empezaba a decir tonterías. Para que se le pasara empecé a apretar el paso ya que nos quedaba media hora de camino y aunque al principio le costó cogerme, al final me adelantó. Y es que un guía debe ir siempre delante.


Los cultivos en terrazas, a pesar de la variedad -pimientos, gombo, tomates, maní, sorgo, curcuma – con su estacionalidad ligada a las lluvias, apenas da para el consumo familiar


La mejor manera de conocer una ciudad es patearla, que es lo que he hecho en mi último día en Kara. En todos los recorridos empezando por el museo de Art Kara, donde he visto una interesante colección de máscaras de África del Oeste, no me he encontrado a ningún blanco por la calle. Habré hecho unos 10 ó 12 km y cuando veo la miseria por todas partes, la pobreza y que el 50% de los hombres que veo me parecen más fuertes que yo (el otro 50% son niños y ancianos), no entiendo porque no me atacan y me roban lo que llevo encima, Yo no me lo tomaría como algo personal, sino que pensaría que recuperan algo de lo que en su momento les quitaron nuestros antepasados. En realidad, son buena gente y nos siguen teniendo miedo. La historia les ha enseñado que con el blanco siempre van a perder al final.

Había máscaras para todos los gustos, para funerales, para ritos de fertilidad, para festividades…


jueves, 9 de junio de 2022

To go (Lomé-Kpalimé)

 

Cuando llueve, lo hace con ganas

Me he levantado esta mañana y he oído que llovía. Es época de lluvia y es lo que toca pero como pensaba coger una moto para ir a la estación de los taxis colectivos que me llevarían a Kpalimé me fastidiaba. Así que me levanté rápido y sin desayunar me fui, antes de que lloviera más fuerte. Y todo eso, para ahorrarme quizás 3 euros y un rato de discusión. Uno que es así. En la parada de taxis, como casi siempre, me tocó el taxi más cutre. Por fuera tenía mal aspecto y por dentro peor. Me pedí los dos asientos de delante y así voy más cómodo, aunque me cuesta el doble. Aquí si pagué casi 5 euros de más con gusto. Una vez en marcha, en la nueva autopista todavía en construcción, pero ya casi terminada a la salida de Lomé, todo iba sobre ruedas. Más adelante empezaron los baches y a sufrir el coche y yo también. De pronto se oyó un ruido metálico como si cayeran unas monedas al asfalto y el chofer aminoró la velocidad, miró por el retrovisor y continuó la marcha. En el primer pueblo que pasamos paró en un taller del que parece ser cliente habitual ya que nos atendieron al momento. Quitaron la rueda delantera y el mecánico se puso a recortar unas gomitas que encajó en los frenos que eran de todo menos nuevos. La operación no duró más de 10 minutos y ya la rueda estaba de nuevo montada gracias a los jóvenes aprendices. A la hora de pagar, el mecánico le pidió tres euros al chofer y este sólo le dio un euro y medio, pero no discutieron mucho, solo un breve cruce de palabras en una lengua que no entiendo y al irnos parecía que seguían siendo amigos.

Dos gomitas y a correr

La carretera, en las partes donde están trabajando y está cortada, se desvía hacia caminos de tierra que cuando llueva de verdad se pondrán impracticables. Por suerte hoy sólo habían sido unas gotas, de esas que se dicen que son para más calor. Cuando vi el Monte Agou, con sus 986 msnm fue para mí la señal de que ya queda muy poco para llegar a Kpalimé. Es la montaña más alta del país, aunque algunos de mis antiguos colegas aseguraban que hacia el norte, las había más altas todavía. Cosas de la magia africana.

El Monte Agou

Los últimos kilómetros la carretera ya es más ancha y está asfaltada recientemente, así que el chofer puso el trasto a todo lo que daba. Aunque en el salpicadero no funcionaba nada yo pensé que debíamos ir a algo más de 100 km/h. Como nadie llevaba cinturón de seguridad yo también me lo quité ya que pensé que si reventaba la rueda y nos salíamos de la carretera no quería ser el único superviviente. Como se puede ver por este escrito, la cosa acabó bien.

Kpalimé

Lo bueno de llegar a un sitio que conoces y donde has vivido es que no tienes que preguntar nada y sabes exactamente adonde quieres ir. Lo primero que he hecho ha sido coger una moto e irme al Hotel Geyser, que tiene una piscina, no muy grande, pero piscina al fin y al cabo. Aunque Kpalimé tiene fama de ser un lugar fresco la temperatura al mediodía es de 30 ºC, un par de grados menos que en Lomé, lo que se agradece, aunque en realidad ni se nota.

He ido caminando hasta mi antiguo lugar de trabajo para así ir saboreando los pequeños cambios que iba viendo a lo largo de la carretera. Como era mediodía el calor apretaba y cuando ya cerca, me senté en un pequeño restaurante a comer algo, lo primero que hice fue beberme una botella de un litro y medio de agua fresca de una tirada. En caso de tener una piedra en el riñón estoy seguro de que se habrá ahogado

El reencuentro con Ruth, mi antigua ayudante, ha sido estupendo. Ver a una mujer que empezó a trabajar conmigo después de haberla seleccionado entre varios candidatos, a la que recomendé para este puesto por sus cualidades cuando me fui y ver como se ha convertido en una mujer que transpira confianza y seguridad, seriedad y buen hacer, me enorgullece. Se lo he dicho; lo mejor no es que yo tuviera razón o que ella esté ganando un sueldo, sino el servicio que está dando a su país y a su gente. Antes de que ella llegara me fui a ver a los chóferes, todos de la época en que yo estaba y aunque sabían que vendría todos han hecho ver que se sorprendían.


Ruth con las tabletas y la tarrina de Chocolate Artesano Isabel, que le llevé para que lo diera 
a probar a las mujeres con las que trabaja (https://chocolatesartesanosisabel.com)

Al volver he querido hacerlo de nuevo andando ya que había caído un buen palo de agua y había refrescado. Pero sólo era una avanzadilla. A mitad de camino ha vuelto a llover de nuevo y me he tenido que refugiar en una tienda hasta que en una pequeña tregua de la lluvia he parado una moto y me he venido al hotel a escribir.

Hay momentos en que siento unas ganas locas de volver y trabajar de nuevo aquí. Después pienso que no, que igual que ellos, creo que aquí no hay futuro ni hay nada que hacer. Mientras sigan existiendo los sistemas desiguales basados en una relación de poder injusta, producto de la descolonización, aquí no hay nada que hacer y es en nuestro país donde hay que batallar para dar a conocer esta realidad y cambiar las cosas.

Por la mañana me fui con Ruth a ver lo que se había construido en una plantación de cacao desde que yo me había ido. Su trabajo consistió, entre otras cosas, en dar seguimiento a la construcción de una unidad de fermentación y varias superficies de secado, en una de las cooperativas que yo había recomendado y siguiendo algunos de los esquemas que yo había dejado. Aunque fue una visita corta me quedó claro el esfuerzo que había sido construir eso en ese lugar y en esas condiciones y ver que habían hecho algunas modificaciones que mejoraban el diseño original.

Unidad de fermentación y camas de secado

Caminando por la carretera me encontré a Tana, mi antiguo guardián y jardinero. Venía en una bici que primero no reconocí. Yo me la había comprado nada más llegar y cuando ya se estropeó un par de veces la deseché y se la regalé. Él la ha arreglado y dice que funciona muy bien.

A Dovi lo conozco hace tiempo y varias veces me había parado a comprarle alguna artesanía. Su nombre significa que es el segundo que nació de un parto gemelo. Ha trabajado siempre como maestro hasta que un derrame cerebral lo dejó paralizado de un lado. Para ayudarse con su exigua paga de jubilado tiene en su casa este puesto de venta de artesanía y siempre me ha vendido las cosas a un precio razonable y yo nunca le he regateado. Hoy me contó la historia del elefante de madera del que siempre estuve enamorado. El nunca ha visto un elefante de verdad, sólo una vez, hace muchos años, cuando mataron un elefante en una zona boscosa y lo cargaron muerto en un camión y lo pasearon por los pueblos donde iba pasando camino de la capital, para que la gente lo viera. Pero volviendo al elefante de madera, me contó que en un bosque cercano se cayó una rama de un enorme árbol. La cortaron en tablones y de un trozo que sobraba, un artista talló el elefante. Luego lo cargaron en un triciclo e hicieron falta 6 hombres para cargarlo y descargarlo. Ahora lo ha comprado un togolés, dueño de un hotel en Lomé, para ponerlo en la entrada y le queda solo otro, más pequeño, que ya lo tiene apalabrado el hotelero. Es un objeto decorativo que no te roban fácilmente.


Los nombres en Togo pueden seguir el santoral o no. Una costumbre arraigada es ponerles a los niños el nombre del día que nacieron.

Dia

Niño

Niña

Lunes

Kodjo o Kouadjo

Adjo o Adjowa

Martes

Komlan

Abla

Miércoles

Kokou o Kouakou

Akou

Jueves

Ayao

Ayawa

Viernes

Koffi

Afi

Sábado

Komi o Kouami o Kouame

Amele

Domingo

Kossi o Kouassi o Kossiwa

Kossiba

 También puede influir el orden de nacimiento: para los niños el primero se llamará Anani, seguido de Anoumou y luego vienen Messan o Mensah. Las niñas serán Dede, la siguiente Kokoe y la tercera sería Mablé.

También hay nombres que vienen de la religión, como Edem que significa “Dios me ha liberado”, Dela que significa “salvador”, Hola que es el “redemptor”. Las niñas también pueden llevar el nombre Hola, y también el nombre Kekeli, que significa “la luz” y Akofa que significa “aquella que alivia“

 

Antes de continuar el viaje hay que coger fuerzas. En este "guachinche" togolés te hacen una tortilla de 1 huevo por 30 céntimos




domingo, 5 de junio de 2022

To go

 

A pesar de lo que digan los políticos en Canarias, cuando uno quiere ir al sur, tiene que ir primero al norte. Así que doce horas después de haber salido de Tenerife estoy en Casablanca, yendo hacia el sur, pero todavía al norte. Si en Madrid en la zona de embarque de los vuelos africanos ya había colorido, en Casablanca el color lo ponen las gentes de diversas procedencias con sus ropajes y lo exótico aquí es el blanco. Hay gente que va a los destinos más variopintos, vestidos de forma que no los consigo adscribir a ningún país, sólo unos pocos.

Llego a Lomé según el horario previsto, tanto yo como mi maleta. Al ser las 4 de la mañana hay poco movimiento y paso todos los controles y la aduana sin mayores contratiempos, eso sí, zumbado como una maraca. Salgo fuera y la oficina de cambio de divisas está cerrada, así que negocio con un taxista que me aborda y quedamos en que me lleve a mi hotel por diez euros. Estoy en Togo, la anteriormente llamada La perla de África, sin contratiempos, viendo que todo está más o menos como lo dejé y que me alegro de estar aquí.

El hotel Galion tiene también un restaurante, ampliado ahora incluso a pizzería, y está justo enfrente de la casa donde yo me quedaba con mis amigos Lisa y Andrés cuando venía a Lomé. Muchas veces vine aquí a desayunar, a comer y a quedar con los amigos por la noche para cenar. No me podía imaginar un mejor sitio adonde venir para empezar mi periplo por Togo.

Cuando llego a algún lugar lejano hay dos cosas que me gustan especialmente. Una es que me vengan a buscar al aeropuerto, algo que casi nunca ocurre y la otra es encontrarme a alguien conocido por la calle. Hoy me he encontrado con mi taxista de confianza que era el que me llevaba por Lomé cuando yo vivía aquí. En realidad, fue el quien me reconoció y gritó mi nombre cundo yo ya pasaba de largo y me alegré de verle.

Por la tarde me fui a tomar una cerveza a la playa, muy cerca de la frontera con Ghana. Este último tramo de playa de Togo tiene fama de peligrosa, sobre todo por la noche, aunque he ido varias veces, pero de día, y nunca he visto nada raro. Es un lugar que me gusta porque ves las barcas, el mar, los barcos anclados a lo lejos, los niños bailando al son de la música de los bares. Aunque, siempre hay un pero, ya que no soy capaz de beberme las cervezas de 750 ml que te sirven y además nunca tienen cambio. Al final he conseguido que me vendieran una Heineken pequeña que cuesta un euro y medio y nada más traérmela le he pagado con un billete de 15 euros, por lo que la camarera ha puesto enseguida los ojos en blanco y me ha dicho que no tiene cambio (il y a pas de la monnaie). Normalmente lo que esperan, y la gente hace, es seguir bebiendo hasta que completan la cantidad entregada o la gente trae cambio. Cuando ya me estaba achicharrando al sol le he dicho que si me podía devolver el cambio ya que me quería ir. Su respuesta, de nuevo, es que no tenía, pero que si yo le regalaba otro euro y medio podría hacer un esfuerzo. Al final lo hemos dejado en 80 céntimos de euro de propina y me ha dado el cambio diciendo que la dejaba sin nada para otros clientes.

Les haría falta un Che para empezar a deshacer injusticias

Para llegar a una playa a la salida de Lomé hay que pasar por una zona de chabolas, con baches llenos de agua de lluvia, tan grandes, que pueden engullir un coche así que estos acaban pasando por la acera y en los bordes la gente quema basura y recicla lo que puede. Aquí poco queda de la perla de África.

Cuando lo vi me pregunté si sería un futuro inmigrante

En parte he venido a Togo para saber si quisiera volver a trabajar aquí. Después de 2 días, ya sé que a veces si y a veces no.

Al mediodía, si llegas acalorado y sudado debes ducharte rápido y aprovechar los primeros litros del agua que está en las tuberías dentro de la casa, a la sombra. En cuando entra el agua de la calle, es como si pusieras el agua caliente a todo gas y ya no puedes seguir duchándote ya que te quema. ¡Una manera de ahorrar agua! Se me ocurre que con la tecnología adecuada y con voluntad política quizás ese podría ser el futuro de muchos países pobres africanos: utilizar y exportar energía producida por energía solar.

La mañana del lunes la he dedicado a visitar a mis antiguos colegas de la GIZ en Lomé. De paso les he dicho que en el Cabildo me aburro mucho y que si tienen algún trabajo para mí que me avisen. Les he traído chocolate biológico y de comercio justo para que lo prueben y vean lo que se podría hacer con el cacao desde el mismo Togo.

A veces hay pequeñas cosas que te dan grandes alegrías. Una de ellas ha sido ir a comer riz (arroz) gras, una de mis comidas favoritas, en un lugar que curiosamente se llama Big Metro y donde la camarera también se ha alegrado de verme, contenta de volver a tener uno de sus clientes habituales.

La pesca como siempre poca, y muchos a repartir

La antigua ciudad colonial alemana en Lomé se estableció al lado del mar. Lo importante es tener las casas orientadas hacia el mar con ventanas que dejan pasar el aire a través de las habitaciones. Hacia el interior de la ciudad, en barrios con casas más nuevas y donde viven los que tienen medios, las casas deben tener aire acondicionado ya que ahí la brisa del mar ya no llega. Los niños aprovechan para salir a jugar a la playa, sobre las 5 de la tarde, cuando ya el sol decae y antes de que llegue puntualmente la noche a las seis. Los mayores sacan sus esteras a la calle y estirados o sentados, saborean el frescor y se ponen a hablar con los vecinos, igual que se hace todavía en algunos pueblos de España y como yo le recuerdo de mi infancia, antes de que se inventaran las máquinas.


Por la tarde me he ido a Ver a Bilah, a quien ya había visto por la mañana para darle un pequeño cadeau que me habían dado Juan y Silvia para él, ya que había sido su guardián mientras estuvieron aquí y le tienen mucho aprecio. Aproveché para hacerle un par de fotos a los niños que pasaban muchos ratos en casa de mis amigos.



sábado, 7 de mayo de 2022

Historias de África ..… Mauritania

Sobrevolando por primera vez Nuakchot me quedé sorprendido de cuanta arena puede caber en una ciudad. Una vez puesto el pie en el suelo arenoso, la sensación era menos agobiante y a los pocos días ya todo parecía de los más normal.

Mi primer trabajo consistió en dar clases en un curso de Máster de agroecología que organizaba la ONG catalana Mon-3, junto con la Universidad de Barcelona. Durante mi estancia vivía en una casa que habían alquilado a la ONG con la condición de mantener al guarda, Mohammed, quien había perdido todos sus camellos en la sequía de los años 80 del siglo pasado. Arruinado, había vuelto a Nuakchot y el dueño de la casa lo dejaba vivir en un cuartucho en el patio a cambio de que cuidara de la propiedad.

 Mohammed, nuestro simpático guardián

Mohammed no hablaba ni papa de francés, sólo hassanía, pero le gustaba mucho decir que si y era muy simpático. Algunas veces venía alguien de la embajada y al no encontrar a ningún expatriado, le decía a Mohammed que hiciera el favor de decirnos que llamáramos a nuestro regreso. El le decía que sí y después, si te he visto no me acuerdo. Al tiempo, por quejas de la embajada de que no respondíamos a sus recados se decidió hacer algo. Con un amigo tuareg que hacía de traductor le dijimos que la próxima vez que viniera alguien de la embajada le diera una libreta para que apuntara lo que esa persona quisiera decirnos. Nos dijo que sí. La siguiente vez que vino el funcionario de la embajada, en cuanto lo vio, lo dejó pasar y cerró la puerta con llave. Le dio la libreta y prácticamente secuestrándolo, no le dejó salir hasta que el hombre escribió algo en la libreta, sin entender nada. Una vez la hoja garabateada y con el orgullo de la difícil misión cumplida, Mohammed con una gran sonrisa, lo liberó.

Las hortalizas de los huertos de Nuakchot, crecen sobre la propia arena y lo que necesitan es agua para sobrevivir a las altas temperaturas que se mantienen a lo largo del año. Hay pozos que los lugareños excavan para sacar el agua de riego, la que en muchos casos tiene un alto índice de salinidad y que también puede estar contaminada por la cercanía de los pozos sépticos de las casas. Eso hace que no sea muy recomendable comer algunas verduras, sobre todo las de ciclo corto y de hoja, como las lechugas y las que puedan entrar directamente en contacto con el agua de riego, como los tomates.

 

Huerto en Nuakchot, con un espantapájaros-cuarto

Muchos de los trabajos en los huertos los realizan esclavos o antiguos esclavos, llamados Haratin. La esclavitud se abolió en Mauritania en 1981 pero no fue declarada ilegal hasta 2007. Se cuenta que de forma informal todavía se sigue manteniendo ya que muchas familias de los antiguos esclavos siguen entregando a sus hijos para servir en las casas de gente más adinerada, a cambio de que les den un techo y comida.

 
Los Haratin son moros negros que son descendientes de esclavos, o ex esclavos. Aunque la esclavitud fue abolida formalmente en Mauritania en 1960 y nuevamente en 1981, muchos Haratin siguen subordinados a sus antiguos amos.

Mariama era con diferencia la mejor estudiante de todo el Máster de Agroecología. Ella había sacado una beca para ir a estudiar a Francia, pero su familia no la dejó ir por ser mujer. Era la que más preguntaba, la más ávida de saber, quien cada día repasaba lo que contábamos. Nos contaba que por eso se había apuntado al curso, para viajar con nosotros, con lo que contábamos y con las diapositivas que mostrábamos.

 

Mariama en uno de los huertos de Nuakchot

Paralelamente se daban algunos cursos de conservas para mejorar la seguridad alimentaria de las familias, para mejorar sus recursos alimenticios en época de escasez. Una dificultad radicaba en que, en estos cursos dirigidos a mujeres, el idioma resultaba a veces una barrera casi infranqueable, dado que muchas no hablan francés, ya que no se les enseña en la escuela. Uno de los profesores se pasó todo el curso hablándoles de lo importante que es ahorrar, guardar, conservar, dándose cuenta al final que esa parte, por los problemas del idioma, no la habían entendido.

 

Una muestra de las conservas realizadas en el curso

Oualata es la última ciudad mauritana antes de llegar a Mali. Está más allá del final de la carretera de la Esperanza, tras la cual se deben recorrer todavía 200 km a través de pistas y desierto. El gobierno mauritano tiene mucho interés en conservar la habitabilidad de este lugar y promueve para ello algunos proyectos con donantes internacionales. Esta ciudad es un centro cultural, histórico y religioso muy importante ya que aquí se guardan algunos documentos antiguos, siendo el centro de escuelas coránicas más importante del mundo islámico.

Sus características edificaciones, de adobe rojizo, obtenido con una mezcla de mortero de barro, bosta de vaca, agua y pigmento de oligisto, le permitieron ser declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1996.

Una de las características edificaciones, restaurada

Si alguien quiere pasar calor le recomiendo venir aquí en abril y sabrá lo que es bueno. En el proyecto agrícola donde trabajamos mi amigo Carlos y yo, nuestro mayor problema era que a la hora de abrir el riego por goteo, en cada gotero había un pájaro esperando por el agua que salía y que era bombeada desde un pozo cercano. Estaban puntuales desde las 7 de la mañana y mientras esperaban que saliera el agua iban picoteando las plantas que se habían sembrado.

En un mercadillo de Mauritania, encontré un reloj muy, muy barato. El mío se había estropeado hacía unos días. Me lo compré pensando que por un precio tan barato poco podía salir mal. No recuerdo cuánto me duró, bastante tiempo creo, pero sí que la marca era Cassio, con 2 eses.

 

Cuando estás en el desierto no hay como un turbante para protegerte del sol, el viento y de las moscas.

domingo, 10 de abril de 2022

Historias de África ……. Costa de Marfil

 

Productor controlando el estado de fermentación del cacao

Ya desde muy pequeño me atrajo África con la que a veces soñaba, seguramente influenciado por las brutales imágenes de Biafra que en esa época se veían en la televisión.

Mi primer intento de atravesar el continente fracasó en Argelia, antes de que me diera tiempo a cruzar el desierto y a probablemente morir en el intento. No tenía mapas, ni dinero, ni una bicicleta adecuada para realizar la travesía. Por suerte esta se rompió antes de las etapas más largas, cuando ya estaba en El Golea. La ciudad de Tamanrasset ha quedado en mi recuerdo, suspendida en el aire, como algo inalcanzable, adonde hay que ir cuando debe ser y no cuando uno quiere.

Y el África negra, adonde quería llegar, quedó también suspendida en mis sueños. Pero ahí sí surgió la posibilidad de ir, en junio 1996, en una consultoría para hacer una prospección de las posibilidades de cultivar productos ecológicos para exportar. En esa época se casaba mi hermana pequeña, pero las ganas de ir África pudieron más que las obligaciones familiares, y además, nunca me han gustado las bodas.

Viajé por todo el país con un coche de la cooperación alemana y Osman, un chofer al que habían contratado para que me acompañara y que gracias a ello tenía trabajo, por lo que me estaba profundamente agradecido. Durante más de un mes, recorrimos gran parte del país, primero el norte, visitando cooperativas y fincas agrícolas y luego regresando por el centro.

 Osman admirando las piñas de maíz atadas y colgadas para evitar que sean dañadas por roedores e insectos (1996)

Osman, con el que yo hablaba en francés, era al mismo tiempo mi traductor ya que hablaba varias lenguas locales. Un fin de semana, en que no tenía ninguna visita programada, le propuse ir al poblado de su familia, que no quedaba lejos. Pensé que sería una manera de conocer algo que no estaba previsto, fuera de mi ruta de trabajo marcada. Cuando se lo dije me respondió con evasivas y que tenía que ir a consultarlo. Al cabo de un par de horas volvió y me dijo que había ido a ver a un oráculo que le dijo que no era un buen momento. Nunca supe si era verdad o si simplemente me había dado una excusa para no ir. Una cosa más de las muchas que no llegamos a entender en estos países.

El país era como un vergel, con cultivos por doquier, creciendo entre las casas y los graneros, con prácticas agrícolas que aquí hace años que se han perdido. Cuando les preguntaba qué insectos les afectaban más en sus cultivos, me decían que sus problemas eran los pájaros y los ratones. En algunos campos vi en una misma parcela hasta 7 cultivos diferentes, en una simbiosis difícil de alcanzar cuando se ha perdido la cultura agrícola, combinado los cultivos de hoja, raíz y fruto, de forma que todos daban sin molestarse uno a otro.

 

 Foto: Plantación de tabaco en un poblado al norte de Costa de Marfil

La deforestación en todo el país era galopante y a día de hoy, se habla que ya sólo queda un 10% de territorio cubierto por bosque. La culpa de ello, está repartida, entre lo que llamamos desarrollo, la demanda creciente de café y cacao que sólo crecen en suelos boscosos, la demanda de madera tropical, que lleva a una espiral para extraer la madera preciosa seleccionada. Me contaron que para sacar un árbol de madera preciosa, a veces hay que destruir toda una hectárea con árboles cuya madera no es comercial, que quedan tirados pudriéndose en el suelo. El siguiente paso es quemar los tocones de los árboles y todas las ramas, para después sembrar plátanos que darán ingresos en un tiempo relativamente corto. Al mismo tiempo darán sombra a los pequeños árboles de café o cacao que también se plantan y que tardarán todavía 3 o más años en dar frutos, convirtiendo en plantaciones lo que antes era selva. Es lo que aquí y allá se llama desarrollo, pero que para el país, significa erosionar los suelos, volverlos infértiles, exportar la materia prima, la cual es transformada en los países del norte (café, cacao, algodón), que se les paga a precio de miseria y así, lo que parecía desarrollo, acaba en más miseria.

Zona deforestada para sacar madera preciosa y posteriormente plantar cacao

Las mujeres normalmente se asocian para tener más fuerza, para poderse ayudar y vender sus productos de forma conjunta. Los hombres les dejan cultivar sólo los cultivos de alimentación de la familia, de los que, en caso de tener excedentes, pueden vender una parte para disponer de algo de dinero. Los cultivos que llaman de renta, o sea los que dan dinero porque se exportan, como el algodón. el café y el cacao, son exclusivos de los hombres.

 

Grupo de mujeres asociadas en una cooperativa para cultivar y comercializar cacahuetes

 

 

viernes, 18 de marzo de 2022

Último Capítulo 12: ¡Abandonen el barco!

El gruñón decide tomarse 3 semanas de vacaciones yéndose a una isla donde siempre se refugia, desde hace ya varios años, cada vez que se cansa de piratear. Allí pasea por la isla, desempolvando todos los caminos que siempre llevan al mar y atisbando a la princesa del swampo, a la que solo en contadas ocasiones se puede ver, con el sol reflejándose en las gotas de agua que le resbalan sobre su cuerpo moreno, un cuerpo de esos que danzan al caminar.

En ese viaje conoció a un hombre que le contó de cuando desembarcó en un pequeño pueblo rodeado de ríos y ciénagas, no lejos del gran océano. Solo se podía llegar por barco, por una maraña de ríos tan cerca del mar que algunos se secaban con la marea baja. El hombre más rico de ese pueblo tenía 9 hijos varones, varios negocios y vastas extensiones de tierras, que como islotes se repartían entre los riachuelos. Cuando al décimo intento nació su hija nada más conocer la noticia, fue derecho a su bodega ordenando que se sirviera tanta bebida como cada habitante del pueblo quisiera durante 3 días. Dijo que si cuando se moría alguien importante se declaraban 3 días de luto, su hija se merecía 3 días de fiesta. Además, se lanzaron cohetes y fuegos artificiales toda la noche, lo que provocaba una gran algarabía porque los pájaros chillaron toda la noche y las luces que no se apagaban. Los peces nadaban medio borrachos del alcohol que se desprendía de los orines que los hombres vaciaban en cualquier esquina y que por efecto de la gravedad y la infiltración iban a parar al río. La borrachera general fue tal que todo el pueblo tardó otros 3 días en recuperarse hasta que hombres y mujeres pudieran volver al trabajo.

Mientras en el barco la vida sigue y el “Zorro” se sube a la borda con el barco en movimiento caminando de un lado a otro, y no se cae gracias a su centro de gravedad tan bajo.

Para apoyar a los pobladores de las islas por las que pasa el barco, el oficial mandó a construir unos tanques de 1000 litros supuestamente para regar el pedacito de tierra que tienen pero que en realidad no sirven para nada, más que para gastar dinero y hacer ver que se está ayudando. La gente lo recibe agradecida porque un regalo es un regalo y ya muchos están pensando en cómo adaptarlo a otras necesidades reales que tienen y de las que los del barco no saben nada. El gruñón hace unos cálculos para demostrar la inviabilidad de la medida y todos se le echan encima acusándole de ser negativo. Al final no le queda más remedio que refugiarse en la sentina del barco, donde el sudor le corre por todo el cuerpo, cosquilleándole mientras graba surcos en la mugre de su piel.

La tan anunciada misión de evaluación por fin ha llegado al barco y tras unos días en que pasan escudriñándolo todo, hablando con cada uno de los tripulantes, finalmente presentan su informe ante el comandante, el capitán, todos los oficiales y todos los representantes del archipiélago de Cambio climático. Primero presentaron los logros del barco, dijeron que parecía que iba en el rumbo correcto, aunque había costado algo encontrarlo, que ahora todos los marineros están sentados correctamente, que ya los habitantes de las islas cercanas parece que no les tiran piedras al barco cuando pasa, y que recomendaban que el barco siguiera su marcha por otros tres años más. Ya casi al final de su informe también presentaron algunas debilidades del barco, como que no habían definido una línea base, que el oficial había cambiado algunas de las propuestas que existían desde un principio y que faltaba una estrategia en el rumbo. El comandante, que estaba oyendo el informe, levantó una ceja, y preguntó que si habían dicho lo que él había oído. Y aunque el oficial intentó arreglarlo dando explicaciones inconexas sólo consiguió estropearlo todavía más. El gruñón, de pura alegría por sentir que después de casi un año de agravios, por fin alguien le daba la razón, mirando al oficial a los ojos, levantó lentamente una pierna, la derecha, y lanzó un pedo, sonoro, que es una de las expresiones de la alegría, y le dijo, ¡va por ti!. Ya después, cuando le preguntaban si esa historia fue real o inventada, ya no se acordaba, pero dice que de todas formas el gusto fue el mismo.

Mapa donde se dibuja la línea base y que muestran claramente el rumbo seguido por el barco
Mapa donde se dibuja la línea base y que muestran claramente el rumbo seguido por el barco

El día de la despedida de la misión de evaluación, en una cena que se les ofreció, el capitán, como en un olvido, no invitó al gruñón, aunque este, haciéndose el loco, llegó de todas formas, ya medio bebido, después de hablar estado tomando y hablando sobre libros, aventuras y amores con un pirata costarricense. Se sentó a la mesa, al lado de la gente que le cae mejor, se bebió unas cuantas cervezas más, hasta que, con la mirada perdida, vomitó en el plato y lo más dignamente que pudo, se levantó y se fue no sin antes mandarle una “butifarra” al capitán, más conocido como corte de mangas en los barcos de habla hispana.

En uno de los puertos en los que habitualmente recalaba, una prostituta, a la que conocía de hacía tiempo y a la que invitaba a unos tragos de vez en cuando, le contó que se había hecho puta porque en San Luis, el pueblo de dónde venía, había visto a su padre trabajar de sol a sol, en una tierra que no era suya, que arrendaba a uno de los terratenientes del pueblo. Por cada tarea de tierra que arrendaban, tenían que entregar una arroba de maíz o dos de frijol, según lo que sembraran y además dos días de trabajo para el patrón, en la faena que este decidiera. Si eran dos tareas, entonces eran cuatro días y así sucesivamente, hasta el día en que el hombre se murió de viejo, de cansancio y desesperación.

Esperó a que el hijo del patrón se hiciera hombre y que la conociera. Cada vez que la venía a ver le daba polvo seco de su menstruación disuelto en el fresco de tamarindo que tanto le gustaba y del que bebía casi un litro después de hacer el amor. Una noche en que estaba completamente borracho, lo ató a la cama. Cuando despertó, le puso una mordaza en la boca y le puso delante de su cara una foto de su padre. Poco a poco, según se aclaraba su mente empezó a recordar y a ver en esa chica a la niña que acompañaba a ese hombre viejo que trabajaba las tierras de su padre. Según le iba pasando el cuchillo filoso por la cara y el cuello le dijo que por cada año que llevaba muerto su padre le iba a hacer un corte en el cuerpo y lo iba a dejar desangrar. Mientras el intentaba recordar cuando fue que se murió el señor, ya la madera del piso se embebía de su sangre.

Mientras, el gruñón desgrana los pocos días que le quedan y escribe su carta de renuncia. Sabe de otros barcos que se acercan y ha decidido que va a abordar uno de ellos antes de que pasen dos lunas llenas. El saber que, aunque se ganen pequeñas batallas, la guerra está perdida, y viendo que finalmente nada cambia, decide que es el momento de marchar, para luchar en otros mares. A lo lejos ya ve los barcos acercarse con la banderas de al menos 3 países que puede reconocer …..

De pronto todos los acontecimientos se precipitan. Un enviado del armador pregunta al comandante sobre lo que el gruñón cuestionó, el comandante a su vez le pide cuentas al capitán y este, haciendo gala de su forma de ser despreocupada, reparte las culpas entre todos.  El que tiene las peores cartas en esta repartición de hostias es el oficial, que, además, intentando tapar uno de sus desaguisados, manipuló un documento, lo que ha sido descubierto. Esto ya se considera un hecho grave y le comunican que se le hará un consejo de guerra.

Cuando llega el comandante al barco hay una gran tensión ya que ha mandado poner una tabla sobre la borda del barco. El consejo de guerra es sólo un paripé ya que ya está decidido que lo van a lanzar por la borda, por ser el eslabón débil de la cadena al que le toca pagar los platos rotos.

El comandante pide una espada y pasea su mirada por todo el barco, viendo a los ojos de todos los que están a bordo. Finalmente llama al oficial y le dice que se presente ante él. Uno de los cocineros tira unos trozos de carne al mar para que los tiburones se vayan acercando. Así cuando el cuerpo caiga al agua, su fin será rápido y menos doloroso que estar horas esperando a que por fin un tiburón lo ataque. Le atan según la costumbre marinera una cinta alrededor de los ojos y con la espada el comandante le hace un corte en cada brazo, para que la sangre empiece a brotar y atraiga a los tiburones. Antes de que lo empujen con la punta de la espada, el oficial escupe sobre el barco y salta por sí mismo al agua.



El comandante lanza una mirada de odio, buscando al capitán y al gruñón, cada uno de los que le han causado tantos problemas, aunque de forma distinta y se va, pensando que de nuevo ha sabido salir airoso de una situación que podía haber acabado con su cuerpo como comida de los tiburones en vez del de ese desgraciado.

Un barco se debe abandonar cuando se hunde, porque está podrido o porque se está desmantelando, lo que igualmente le lleva a hundirse. El gruñón decide que se va por lo último y que es hora de abandonar el barco.

A lo lejos se ven las banderas y las velas al viento de varios barcos que se juntan en este mar para seguir a sus destinos. Siente que el viento que le da en la cara viene por la amura.

Cuando uno de los barcos pasa cerca, se sube a lo más alto del palo mayor y agarrándose de una de las vergas se da impulso y esperando el balanceo parejo de los barcos se avienta para abordar el nuevo barco. Todavía en el aire ve de refilón como la bruja Lola y el capitán consiguen clavar un alfiler en un muñeco y antes de caer desmayado en la cubierta del nuevo barco siente una fuerte punzada en la espalda.


Cuando se despierta, está aferrado a su vara de madera, la que le protege desde que un jefe indio se lo dio en las marismas de la costa colombiana, donde estuvo refugiado un tiempo recuperándose de unas heridas y que esta vez le ha vuelto a salvar la vida, aunque esté golpeado y magullado.

Mientras el barco acelera, la distancia que le separa de su anterior destino es más cada vez más grande dado que van en direcciones opuestas y siente que esta vez va lejos porque va despacio.

Y colorín colorado, este cuento se ha acabado