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sábado, 7 de febrero de 2026

Historietas (Travesía del lago de Malaui)

 

El ferry MV Ilala

En octubre de 2010, en mi viaje alrededor del mundo viajé a Tanzania. Quería atravesar el país en tren, llegar a Malaui y de ahí pasar a Mozambique para encontrarme con una amiga que estaba trabajando en Cabo Delgado, un sitio al que ahora mismo no es recomendable ir por el conflicto que hay en esa zona. Cuando llegué a Nkhata Bay, ya en Malawi, estuve esperando dos días el ferry MV Ilala que me iba a permitir atravesar el lago Malaui durante 3 días. El ferry de 52 m de largo fue construido en 1949 en Escocia y llevado desmontado en barco a Mozambique y de allí, por tren, a Malaui.

Cuando por fin llegó el ferry por la mañana, con unas cuantas horas de retraso, me puse en la caótica cola de unas 300 personas que se formó, con empujones y un calor que te dejaba sudando y exhausto. En realidad, no hacía falta hacer cola, pero en sitios que no conoces haces lo que ves. Finalmente, el barco salió por la tarde.

Había 4 clases en el barco; económica, segunda clase, primera clase (First Class Deck) y 2 camarotes. Menos en los camarotes uno se buscaba la vida para dormir, en el suelo y como podía. Los precios para todo el trayecto hasta Monkey Bay era de 7 € para la clase económica, de 14 € para los de 2ª clase, 58 € para los de 1ª (lo que yo pagué) y de 100 € para los camarotes.

La cubierta para dormir en 1ª clase

Los pasajeros se hacinaban en las dos clases inferiores que iban atestadas de enormes sacos con pescado seco que iban a vender a otras partes del país. En 1ª clase éramos muy pocos y tocaba dormir en cubierta, en el suelo. Por la tarde pasaba un marinero y si querías te alquilaba una colchoneta por 2 dólares la noche. Yo la cogí porque el suelo estaba muy duro. En los camarotes sólo había un alemán, Peter, que desde el primer día me llamó la atención porque tenía la nariz muy roja. Había una cocina en la parte baja y otra para las dos clases de arriba. En ambas había que pedir por adelantado si uno quería comida. Como yo trataba de viajar de forma económica me saltaba la comida del mediodía lo que extrañaba mucho al camarero que pasaba a preguntar quienes iban a comer. A la hora de la cena yo era el primero en estar allí por el hambre acumulada.

Zona de clase económica

Ese año parece que fue extraordinario en cuanto a la pesca de unos pescaditos (pertenecientes a los cíclidos) endémicos del lago Malaui. Una vez secos, son la base principal de proteínas para la población. Toda esta carga de pescado la transporta el barco de costa a costa, para luego ser llevada y vendida en la capital o incluso en Zimbabue. Viendo el trajín en el barco y el hacinamiento en la parte baja me alegré de ser tan privilegiado de ir en la cubierta.

Pescado seco en venta en el puerto

Todo este trajín hacía que el barco fuera acumulando más y más retraso. Tanto en Chizimula como en la isla de Likoma no había un puerto para que el barco atracase, por lo que todo el trasvase de personas y mercancías se tenía que hacer por medio de 2 barcas auxiliares y de los botes de los pescadores. El desorden era total. En alguno de estos sitios había tanta gente que algunos de los que esperaban, estaban tan desesperadas por subirse que intentaban llegar nadando.

Personas esperando para embarcar en Metangula (Mozambique)

Debido al enrome retraso acumulado, Peter que tenía su vuelo de vuelta al día siguiente, decidió no esperar hasta el último lugar donde tenía previsto desembarcar, sino hacerlo en un puerto antes, para así llegar al aeropuerto a tiempo por tierra. Cuando se iba, me dijo que como había pagado el camarote para todo el viaje me dejaba la llave y así yo podría dormir allí la última noche. En el camarote había una botella de whisky vacía de litro y medio, así que entendí lo de su nariz roja.


Desembarco de Peter y otros pasajeros en el bote auxiliar con cajas de pescado 

El último día de viaje llegamos de noche y me quedé completamente sólo en el barco, por lo menos en lo que respecta a la primera clase. Eso me permitió deambular por todas partes y hacerme una idea de cómo había sido el viaje cuando estaba lleno de gente y de bultos. Poco antes de atracar el capitán me dijo que como era ya de noche me podía quedar a dormir en el barco. ¡Todo un detalle que no me esperaba! Y uno piensa en esos momentos en la diferencia de trato que les damos a esta gente en nuestro país y el que recibimos de forma tan natural aquí. Por la mañana, temprano, me puse de nuevo en movimiento. El barco estaba completamente desierto siendo yo el único que durmió allí. En la caseta de entrada del puerto entrego la llave del camarote y me encamino hacia la estación de buses para seguir mi camino.

Ya no había sitio para más


viernes, 23 de enero de 2026

miércoles, 14 de enero de 2026

Costa de Marfil (Historietas)

 Sin visado

Mural en el Palm Club Hotel de Abiyán, donde nos hospedábamos

Era el año 2019, trabajaba en Togo, y me tocó ir a una conferencia organizada por la cooperación alemana (GIZ) en Costa de Marfil. Se reunían representantes de 5 países productores de cacao de África del Oeste, y la GIZ buscaba que se elaborara una estrategia común para fomentar la sostenibilidad y la cooperación en innovaciones tecnológicas entre estos países, con el rimbombante nombre de “Plataforma africana de cacao”. Algo claramente destinado al fracaso cuando se conoce un poco la idiosincrasia africana y la competencia entre estos países ya que se pretendía poner a compartir conocimientos a gigantes del cacao como Costa de Marfil y Ghana con enanitos como Togo y Sao Tomé. Una quimera que tampoco funcionaría en Europa, pero cuando hay que gastar dinero, cualquier excusa es buena.

Informe de la Conferencia

Pero esta no es la historieta. Por alguna razón que desconozco, a la hora de viajar me fui al aeropuerto sin haber mirado que es lo que me hacía falta para entrar en Costa de Marfil, simplemente con el pasaporte. Supongo que me confié porque llevaba el pasaporte alemán que tenía por el tiempo que estaba en Togo y que te daba cierta seguridad en caso de conflicto, pero que no sirve para entrar sin visado en determinados países. Al hacer el check-in me preguntaron si no necesitaba visado y les dije con toda seguridad que no, por lo que quizás al ser la chica muy joven y probablemente nueva en el puesto, se lo creyó. Cuando fui a la sala de espera, empecé a pensar que porqué me había preguntado lo del visado la chica y empecé a mirar en internet y vi que efectivamente necesitaba un visado. Después del consiguiente sudor frío que me entró pensé que ya no había solución. Era tarde para pedirlo sobre la marcha, el billete de avión estaba pagado, el hotel reservado y lo peor que me podía pasar era que me regresaran en el mismo avión y la vergüenza de reconocer mi error. Ya en Abiyán, llegué al control de pasaportes y obviamente lo primero que me preguntaron fue por mi visado y les dije que por un error no lo había podido tramitar. El oficial de turno automáticamente me hizo acompañar por un policía a un despacho donde dos policías estaban intentando hablar con un alemán que parecía tener un problema parecido al mío. Ni el oficial al mando ni su segunda, una mujer, hablaban alemán, y el alemán no hablaba francés. Enseguida me ofrecí a hacer de interprete y me pareció que la mujer me miraba con mejores ojos y que eso me iba a ayudar. Pero al oficial al mando yo le seguía haciendo la misma gracia que al principio, o sea, ninguna. Le expliqué que iba a una conferencia internacional, importantísima para el futuro del cacao a nivel mundial y cuando ya pensaba que iba a decir que me llevaran al avión de vuelta, me dijo que llamara a un representante de la GIZ para que confirmara mi historia. Por suerte pude localizar al que manejaba el cotarro y le debió dar suficientes explicaciones, para que el oficial, de mala gana, me dijera que se quedaba con mi pasaporte y que al día siguiente debía ir a recuperarlo a la oficina central de inmigración, previo pago del visado. Le hice varias genuflexiones y me fui, contento, pero todavía preocupado por si en ese caminar de mi pasaporte no se perdería por algún pasillo del inmenso edificio adonde iría a parar.

Mis colegas de la delegación de Togo

Al día siguiente, a media mañana me fui hacia el imponente edificio, lleno de pasillos e innumerables oficinas.  Me tocó esperar como una hora y finalmente me hicieron pasar ante una funcionaria de inmigración, que después de revisar mi pasaporte me dijo que me expediría un visado y que había tenido suerte de que me hubieran dejado entrar al país, lo que le volví a agradecer como si hubiera sido ella la que me lo hubiera permitido. En ese momento ya de buen rollo, me dijo que le diera las fotos para el visado y le dije: Ah, ¿pero había que traer fotos? Su mirada me delató lo que pensaba de mi y después de suspirar y pensar los pros y los contras de mandarme a por las fotos, que por lo que me pareció debía ser no tan fácil de conseguir en un rato, sin decirme nada estampó un sello en el pasaporte y me dijo que me fuera. Aunque no me lo dijo, interpreté que además se aguantó de decirme “y no vuelvas más”.

Por esa vez me libré y desde entonces reviso siempre todos los requerimientos antes de viajar. ¡No hay que tentar a la suerte!

P.S. Efectivamente el encuentro no sirvió para casi nada, quizás solo para que un montón de gente que ya se conocía de otras reuniones se reencontrara, para gastar mucho dinero en viajes, hotel, comidas y dietas. Un par de años más tarde oí que el programa se había cancelado.

Con mi "hermano mayor" en otro viaje a un Congreso sobre cacao en Daloa (Costa de Marfil) en 2023.

domingo, 21 de diciembre de 2025

Sierra Leona (fin)

 

Niña en Bandajuma, en una plantación de cacao

Me llevo un montón de impresiones de Sierra Leona, que seguramente todavía me llevará algún tiempo procesar. Escribir el blog me sirve para reflexionar. No es lo mismo pensar para uno mismo, o contar a alguien lo que has vivido, muchas veces de una forma espontánea, según va saliendo, que escribirlo y darle vueltas a lo largo de los días, afinando y refinando tus impresiones. Me parece que todo queda más asentado, mas apegado a la realidad y relacionado con lo que has vivido en esos días.

Para ello tengo un par de días en Banana Island, mi última etapa antes de ir a Freetown para coger el barco que me llevara al aeropuerto (¿a que parece un contrasentido?) para volar toda la noche del domingo y llegar el lunes 22 por la noche a Tenerife.

Después de haber mirado las opciones que había en la isla, me decido por Dalton’’s Banana Guesthouse, un sitio que cuesta diez veces menos que el carísimo The Place y que me gusta diez veces más. Y es que cuando te quedas en un sitio que no es de tu nivel, creo que se nota, tanto si es por arriba como si es por abajo.

Dalton's Guesthouse, en Banana Island

La isla, antes de Navidad es de una tranquilidad absoluta. Coincido el primer día con 3 miembros de Médicos sin Fronteras (MSF), una chica rusa, un enfermero brasileño y un psicólogo holandés. También hay una pareja de franceses que vienen desde Francia en bicicleta y que van camino de Sudáfrica (uno de mis sueños que ya va a ser difícil poder realizar).


En todo este tiempo en Sierra Leona me ha tocado corregir la maquetación de mi libro sobre el cacao que la verdad es que no me dio muchos problemas más que las de conectarme de vez en cuando a internet, lo que no siempre era fácil. También he acabado de darle el ok a la cubierta estando en la isla. Ahora sólo falta que impriman el libro y que lo manden. Si no falla nada estará a mediados de enero, ya que la primera presentación está anunciada para el 31 de ese mes.


Uno de estos días me visitó una araña por la noche a la habitación. Al parecer es pariente de la tarántula y hubo división de opiniones sobre si es peligrosa o no. La chica del restaurante decía que no, que es una araña de campo y el dueño del hotel decía que si te pica, sólo duele un poco. En todo caso no la maté y la empujé hacia fuera para que volviera a su hábitat.


En la isla no hay mucho que hacer. Bañarse en el mar, hacer un poco de snorkeling, pasear por el pueblo que tiene sólo unas 50 casas y donde se puede ver algunas de un standard medio y la mayoría auténticas chabolas. También se puede ir a un pequeño puerto flanqueado por dos impresionantes ceibas. Allí los barcos y los marineros sestean, esperando el momento de salir a pescar. No parece que el negocio les vaya demasiado bien.

Otro día me voy caminando de punta a punta de la isla, hasta llegar a la siguiente (Ricketts), donde hay otro pequeño pueblo. En todo el camino en el que tardé una hora en un sentido, no me encontré absolutamente a nadie y a veces el camino se perdía. En algunos casos ayudaba ver donde había algún plástico en el suelo, lo que indicaba que ese era el camino correcto.


Ricketts island

Quizás influenciado por lo que escribí en mi libro, me he estado fijando en el trabajo infantil. Lo he visto en muchas partes y de muchas maneras. Niños vendiendo en las calles, niñas recogiendo botellas de plástico en las playas, otros acarreando recipientes con agua sobre sus cabezas, los niños trabajadores en la arena del río, quizás el trabajo más duro que les he visto hacer. En cambio, no he visto a ningún niño en los campos agrícolas por los que he pasado.


En el bar del pueblo de Banana Island, hay un mural que les recuerda de dónde vienen.



Paso el último día en Freetown aunque tranquilamente me podía haber quedado un día mas en la isla, pero no quiero apurar demasiado el último día antes de viajar por cualquier contratiempo que pueda surgir.

De regreso a tierra firme

Desde Kent se tarda casi 2 horas en llegar al extremo norte de Freetown, donde me quedo y que está cerca de las playas y del puerto donde sale el barco al aeropuerto. La ciudad está en efervescencia constructora, en parte por las remesas que mandan los que viven y trabajan fuera del país y que quieren tener un lugar donde vivir cuando regresen a sus orígenes, una vez retirados.

Camino de Freetown

Aprovecho por la noche para ver un poco del ambiente nocturno de la capital en la playa de Lumley, donde parece que todo el mundo se ha reunido para hacer botellón, ir a los bares e incluso para casarse.

Y hasta aquí llega mi periplo por Sierra Leona, ¡de momento!



 

 

Kenema 2

 


Aunque el nombre del país es muy sugerente, parece que nunca ha habido, ni hay en la actualidad, leones en el país. Su nombre le viene al parecer del navegante portugués Pedro da Cintra en 1462 que al ver desde el mar las montañas de la costa le recordó a un león o leona.

El líder abolicionista británico Granville Sharp compró a los jefes de distintas etnias un territorio de unos 250 km2 e instaló en él una sociedad de agricultores, que pronto se transformó en una empresa colonizadora británica. Los esclavos liberados fundaron la capital del país, Freetown, en 1791 que en 1808 pasó a ser una colonia de la Corona británica. En 1821, Sierra Leona se fusionó con Gambia y Costa de Oro (la hoy llamada Ghana) para crear el África Occidental Británica. Durante los siguientes cincuenta años, la marina británica desembarcó 70 000 esclavos liberados en Freetown y su población siguió aumentando rápidamente con la migración desde el interior.


La capital se encuentra a 8°29′14″N y 13°14′08″Oy el país tiene 71 740 km2 de superficie (algo menos que Andalucía) y una población de un poco más de 8 millones de habitantes (igual que Andalucía o Cataluña).

En el centro de procesado que Lizard Earth tiene en Bandajuma


Vista del patio de la casa anexa a la de Daniel donde me quedo en Kenema
 

Kenema


En Kenema, la ciudad donde vivo, estoy continuamente comparándolo todo con Togo. La casa en la que me quedo, los colores, los ruidos, incluida la mezquita que me despierta cada día a las 4,30 de la mañana con sus rezos y que se alarga hasta las 6 de mañana con sus lamentos interminables. Muchas cosas me recuerdan a mi querida ciudad de Kpalimé en Togo. La casa (justo al lado de la de Daniel), aunque está bien para los estándares locales, no tiene agua corriente y hay que usar cubos de agua que trae el vigilante del pozo al lado de la casa. La luz se va de vez en cuando, aunque tiene la alternativa de una planta de energía solar.

Responder

La cocina deja bastante que desear, pero como en los restaurantes la comida cuesta unos 5 euros incluida la bebida, pues nos vamos todos los días a comer y cenar a lugares locales. También se puede comer por 3 euros cuando sabes dónde (un montón de arroz blanco con salsa de cacahuetes con un poco de carne además de una coca cola y agua). En muchos sitios no hay cerveza porque son musulmanes (de ahí lo de la coca cola).

El primer día me muevo por Kenema yendo de paquete con un motorista para hacer un par de cosas y yendo a la finca experimental. Al volver del campo se apunta el que trabaja en la parcela y nos vamos alegremente los tres en la moto. Aquí lo normal son que vayan hasta 4 personas, por lo que ir solo tres se considera casi un lujo. Solo he visto superado este número de pasajeros en Filipinas con sus supermotos.

Otro día voy conduciendo en una de las dos Toyotas pick-up que Lizard Earth tiene, y me voy con tres trabajadores a la parcela experimental para llevar un cargamento de compost que Daniel lleva acumulando en su jardín desde hace al menos 10 años. Primero voy conduciendo a la europea vigilando de no atropellar a nadie. En el segundo viaje ya voy como si fuera sierraleonés de toda la vida, pitándole a la gente para que se aparte y pisando más el acelerador. Esto es África con reglas claras: ¡el más pequeño tiene que apartarse!


Empieza otra semana y doy una charla a los técnicos de Lizard Earth de como podar los árboles de cacao y como construir drenajes para evitar el exceso de agua en algunas de las zonas donde han sembrado. También vamos a la finca experimental para enseñarles lo que puede ser uno de los modelos de plantación que deben implementar. Me llama de nuevo la atención su bajo nivel, como por ejemplo que uno de ellos coge la tijera pequeña de podar con las dos manos para cortar una ramita.


Haciendo prácticas de poda de cacao con los técnicos

Combino esto con ratos en la oficina, haciendo planes para los trabajos que tienen que hacer los técnicos el año que viene y estableciendo criterios para seleccionar las parcelas con las que vale más la pena trabajar. Me llama la atención el bajo nivel que en general tienen los técnicos contratados, tanto en el inglés como de conocimientos técnicos, además de la poca voluntad de aprender y hacer cosas. Después me doy cuenta de que estos técnicos que tienen entre 28 y 32 años nacieron en la época de la guerra cuyas consecuencias se siguen pagando muchos años después.

Otro día me voy con Daniel al terreno de 500 ha que la empresa Lizard Earth (https://lizard-earth.org) ha arrendado por 30 años, donde están plantando cacao en las parcelas que están deforestadas y manteniendo 167 ha de bosque primario. Como en la última semana han arreglado la pista con maquinaria, tardamos media hora menos del tiempo estimado. En Dodo, se acaba la pista y vienen 2 motoristas a buscarnos para llevarnos a Neama, donde recogemos a Sewa, el encargado de la finca, para seguir yendo 3 en cada moto hasta Sokibu.

En el poblado de Sokibu, cerca de la frontera con Liberia, antes de salir hacia los campos de cacao

Por el camino pasamos por 5 puentes hechos con simples maderas y troncos con amplias separaciones entre ellos, por lo que intento no mirar hacia abajo. Llegamos a Sokibu, hasta ahora el poblado más tradicional que he visto y me vuelvo a preguntar como se puede vivir en esas condiciones y tan alejado de todo. Vamos a pie hacia la finca y tardamos unas 5 horas en visitar varias de las parcelas. Cuando volvemos me duele todo por la caminata. Encima, al poco de comenzar, al pasar un riachuelo, de los que tuvimos que cruzar al menos 20, metí el pie izquierdo en el agua por lo que todo el tiempo voy con un pie mojado y uno seco. Regresamos a Kenema a las 7 de la tarde, ya de noche, y después de descargar los 6 sacos de cacao que hemos traído, nos vamos a cenar y a tomarnos una cerveza Star bien fría para celebrar que todo ha ido sin casi contratiempos.


Por las mañanas temprano me siento a escribir en la terraza de la casa y vienen los colibrís a verme y es que este país es conocido por su diversidad de aves. Aprovecho el sábado para darme una vuelta por Kenema al mediodía, bajo un sol apabullante. Compro un par de cosas para el desayuno, me doy una vuelta por el asfixiante mercado y me vuelvo en moto a la casa. Hoy me tomo la tarde libre.

Sewa, uno de los técnicos, en una parcela agroforestal de cacao

Motos y tiendas de compra-venta de diamantes en la calle principal de Kenema

El domingo lo pasamos con Daniel tranquilamente charlando y haciendo proyecciones de todo lo que se podría hacer. También hablamos sobre la posibilidad de que yo vuelva o no, y aplazo la decisión para dentro de un par de días. Hay varias cosas que me gustan de este proyecto, pero las condiciones un poco difíciles de la vida y el trabajo aquí son las que no me dejan decidirme. Daniel me ofrece trabajo remunerado y es que tiene muchas cosas que hacer y no puede con todo. Sé que no soy la persona indicada, pero me gustaría que encontrara a alguien dispuesto a venir aquí (becario/a?) y yo podría hacer de soporte desde Tenerife.

Por la tarde vamos al rio Moa, que se origina en las tierras altas de Guinea Conakry, formando luego parte de la frontera con Liberia hasta que entra en Sierra Leona y después de haber recorrido 425 km desemboca en el mar de Sierra Leona.


En su ribera hay una gran actividad de recogida de arena, de forma artesanal, con pequeños botes cogiendo la arena de los bancos que se han formado en el río, que traen y descargan en la playa, para que luego un montón de niños la vuelvan a cargar a los camiones que vienen a comprarla. Aquí se ve que el trabajo infantil no es solo un problema del cacao.


En el río Moa, decenas de niños trabajan en la recogida y carga de arena para la construcción, en auge en la ciudad. Niños sin futuro.  


Cuando ya llevo unos días aquí me doy cuenta de la que gente no se ríe mucho, en todo caso menos que en Togo y no se a qué se debe. ¿Será por la pobreza y sus condiciones de vida tan duras?


Uno de los técnicos se va a cagar al único baño que hay en la oficina con la puerta abierta, como si estuviera en el campo.

Cuando al atardecer vuelvo caminando a la casa veo un grupo de niños que imitan las prácticas de las sociedades secretas de los Poro de la cultura del pueblo Mende, que se encuentra al este de Sierra Leona, en la frontera con Liberia


Niños imitando las sociedades secretas adultas, que en realidad no son ninguna broma. 

Cuando estuve en Tacugama paseando por el bosque me encontré con esta escultura tallada en un árbol. ¿A que da un poco de miedo?

 

¿Escultura? que encontré en un árbol en Tacugama. La verdad es que impresiona.



sábado, 20 de diciembre de 2025

Kenema 3

 


Sewa (técnico con gorro), motorista (de rojo), Daniel (blanco) y un cazador-pescador-recolector de la zona 

Volvemos a ir al campo para ver plantaciones de cacao y las proyecciones que hay de cosecha este año. En el recorrido esta vez me mojo primero el pie derecho al pasar un riachuelo, más tarde el pie izquierdo y luego ya me meto de forma voluntaria en el agua con los dos pies. ¡Ya que más da!

En Sokibu, un poblado que está solo a un par de kilómetros de la frontera con Liberia, unos niños pequeños que al parecer nunca han visto un blanco se ponen a llorar cuando nos ven.


De viaje

Llega el momento de irme, para pasar la última semana viajando por el país. La estancia en este proyecto me ha parecido provechosa porque en este cultivo nunca se deja de aprender. Con Daniel, el alemán que fundó Lizard Earth después de cansarse de trabajar en la cooperación y ver que no se llegaba a nada, compartimos muchas ideas e ideales. Hemos pasado estas dos semanas trabajando muchas horas juntos, intercambiando conocimientos y debo reconocer que me ha proporcionado datos que normalmente ninguna empresa te daría. Su idea es establecer una forma diferente de trabajar con los productores de cacao, pero las empresas de la competencia, incluso las “ecológicas” no se lo ponen fácil, y siguen jugando con los precios, muchas veces desde una posición económica mucho más fuerte para conseguir que los agricultore les vendan a ellos. Lo que no saben los agricultores, que en su pobreza arañan cada céntimo que pueden del mejor postor, es que cuando los precios bajen, entonces las grandes empresas no tendrán piedad de ellos.

limpieza de cacao en Lizard Earth dando empleo a la gente del barrio

Como más datos conozco del país, más me quedo sorprendido de como se puede vivir con tanto poco dinero. Muchos de los técnicos que trabajan en la oficina no comen al mediodía porque no pueden gastarse 1 euro que cuesta la comida. La primera respuesta sería que porque no se les paga más, pero si se mira más en detalle y se conocen todos los datos se ve que desde el consumidor final que consume chocolate, pasando por los supermercados que lo venden, las multinacionales que procesan el cacao, las empresas que lo compran en estos países, hasta los cientos de comisionistas y agentes que recorren todo el país buscando la materia prima, todos presionan a la baja el precio y finalmente acaban esquilmando al productor y a toda cadena de valor en origen.

Cacao secándose y las linternas de energía solar cargándose, su única fuente de luz por la noche

El sistema del comercio del cacao es tan enrevesado y bien construido que cualquiera de estos eslabones de la cadena puede decir que no es su culpa que la situación sea así y achacárselo a los otros. Pero todos, incluso los que lo hacen por desconocimiento, son responsables de esta situación. No podemos seguir comiendo chocolate (y tantos productos basados en materias primas) a precios ridículos cerrando los ojos y sin querer saber que esta gente recibe sólo una mínima parte del precio final del chocolate.

Antes de irme recorro un poco el caos del mercado de Kenema y lo que primero pienso que son herramientas para la agricultura finalmente averiguo que es para la minería artesanal. Muchos sueñan con encontrar una pepita de oro o un diamante que les haga ricos para siempre, pocos o ninguno lo consiguen.

Herramientas para la minería

Tiwai Island

Emprendo el viaje cargado de billetes de 5, 10 y 20 Leones, que son los más grandes que hay y que equivalen a 19, 38 y 80 céntimos de euro respectivamente. En algunos sitios se puede pagar en dólares o con tarjeta de crédito, pero sólo en los de categoría alta a muy alta.

Cambié 3 billetes de 100 US$ por todos estos billetes

Al principio había previsto ir en transporte público a Tiwai, que está a sólo 80 km en la pista más recta, pero donde no circulan casi vehículos. Por la ruta asfaltada la distancia se triplica y dado que el tramo final es otra vez pista, el tiempo que se tarda puede ser entre 5 a 8 horas.

Parada de taxis en Kenema. Siempre cabe algo más en el taxi

Daniel se apiada de mí y se ofrece a llevarme en parte como compensación por lo que he trabajado con el y para evitarme la paliza del viaje. De paso el verá esta zona que no conoce a pesar de llevar ya 12 años en el país. Tardamos 3 horas en hacer los 80 km, por caminos que no parecen hechos para coches. 

Ya en la isla, después de comer, me uno a una pareja holandesa para hacer una excursión por el bosque secundario de la isla, pero que lleva protegido los últimos 40 años. Esta isla alberga 11 especies de monos en sus 12 km2, una de las mayores densidades del mundo y además 130 especies de aves, además de otros bichos. En sólo un rato vemos 5 especies diferentes de monos de las que el que más llama la atención es el black and white colobo, con el cuerpo negro y con una enorme cola blanca. Vemos y oímos a los monos cuando ellos también se paran a observarnos o huyen de nuestra presencia. Pero una de las cosas que más me impresiona en los caminos en el bosque es ver los millones de termitas descomponiendo los restos de árboles y hojas y al ser tantas, hacen un ruido que se oye perfectamente y que da miedo, como si fueran la marabunta. 

Venta de naranjas en la calle. Cada una se vende por 4 céntimos de euro

A pesar de ser un sitio turístico, muchas cosas fallan y el precio que se paga, aunque relativamente bajo, no está en relación de lo que se recibe. Pero al final uno duerme, aunque haga calor, se ducha, aunque salga poca agua y espera hasta 2 horas para una excursión que estaba planificada para las 6,30 de la mañana y nadie aparece. La cuestión es no desesperarse. No obstante, para curarme en salud y una vez perdida la confianza en la mánager del centro turístico, adelanto mi salida un día para llegar a tiempo a mi siguiente isla donde ya he pagado la reserva.

Probablemente este sea el país más difícil en el que he estado (¿comparable a Vanuatu?) en relación al nivel de vida, a los estándares en general, a los conocimientos de la gente, el bajo nivel de idioma de intercambio (inglés) y el número de malentendidos ya que o no los entiendes a ellos o ellos no te entienden a ti. 

Monos en Tiwai island

Tiwai se viene a ver los hipopótamos pigmeos y chimpancés. No he visto ni lo uno ni lo otro, aunque he hecho el chimpancé track, con un guía que, al no encontrar su machete, decidió coger un cuchillo de la cocina. Aun así, el recorrido es muy bonito, caminando entre la vegetación oyendo los monos que van saltando de una rama a otra. Como al regresar mi guía se quiere ir a su casa, me deja sólo en la isla, cuidando de 12 km2 y miles de monos, por lo que por si acaso cierro la puerta de mi habitación por la noche, no sea que venga un chimpancé a hacer la cucharita.

Embarcadero en el rio Moa para ir a Tiwai

El día de mi partida me dicen que a las 9 de la mañana me espera un taxi para llevarme a la ciudad de Bo, donde cambiaré de taxi. Todo esto lo organiza Siria, la encargada de Tiwai, que me da la impresión de que con todo hace negocio. A las 8,30 llega el capitán que tiene que llevarme a tierra firme. Como nadie ha hecho el desayuno se pone a hacerlo él. Le digo que, para ir más rápido, con hacer una tortilla y un café ya está y nos vamos. Como si oyera llover. Yo tengo prisa porque tengo que llegar a Kent antes de las 3 de la tarde para coger el último barco que va a la isla y que cobra un precio razonable. Si llegas más tarde los pescadores te exprimen sabiendo que no tienes otra posibilidad. Al capitán se la suda ya que él también quiere desayunar como es debido, así que prepara un panqueque, unos plátanos fritos y una tortilla. Para todo ello tarda casi una hora. Ya el día anterior habíamos quedado un grupo de 5 personas con él a las 6,30 y se presentó a las 8. Cuando la jefa le pegó la bronca se excusaba diciendo que había quedado a las 7, no a las 6,30. Una vez en el barco tardamos casi media hora en llegar por la fuerte corriente y ya son casi las 10 de la mañana.

Pescador en el rio Moa

Mi método para no ponerme nervioso en estos países es que me imagino siempre el peor escenario posible. Por ejemplo, en el caso de mi viaje, me imagino que el capitán llega tarde, que luego se estropea el motor del barco, que una vez llegamos, el taxi se ha ido con otros clientes. Luego hay que esperar otro taxi que, cuando sale, se estropea al poco tiempo y hay que coger otro vehículo que pase por allí, pagando un sobre precio. Cuando llegas adonde habías quedado, ya todos se han ido y debes negociar con la gente que hace de intermediaria entre los buses y los taxis. Cuando encuentras un vehículo este se vuelve a estropear a medio camino. Vuelves a buscarte la vida y consigues llegar a tu destino varias horas después de lo previsto. El truco está en que, si cualquiera de estas cosas no pasa, entonces el viaje sólo puede ir a mejor y que, como me ha pasado a mí, aparte de un leve retraso, haya llegado a las 15,30 en punto y he podido coger el barco. Otra vez he pensado que, en estos países, llamados África, todo es posible.