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domingo, 12 de abril de 2026

Casamance (Senegal) Abril 2026

 

Casa flanqueda por baobabs

Senegal es considerado como la puerta de África para quienes quieran introducirse por primera vez en este continente, por lo fácil que es moverse por el país y la amabilidad en general de la gente. Lo he podido comprobar en la zona de Casamance, donde no había estado antes, aunque hace años había estado en la parte norte, en Sant Louis. Casamance es una zona que sufrió especialmente la época colonial y después su aislamiento de la zona senegalesa del norte.

Viendo la vida cotidiana

No hay jefes hereditarios, ni esclavos ni sirvientes. Cultivan arroz para su subsistencia y son de religión animista. Esta etnia ha conseguido conservar sus tradiciones ancestrales con ritos iniciáticos en los bosques sagrados, ceremonias tradicionales y ofrendas a los fetiches.


Casamance cuenta con alrededor de 2 millones de personas que son aproximadamente el 8% de la población de Senegal y tiene 7 etnias principales: los no islámicos, Diola, Baínuk y Balant y los islámicos, Mandinga, Soninké, Toucouleur y Peul. Los diolas son la etnia mayoritaria en Basse Casamance y constituyen una sociedad igualitaria e individualista, con ausencia de estructura política organizada y de jerarquía social.

El viaje fue con un pequeño grupo de españoles con los que durante un poco más de una semana caminamos por senderos, pasando por pueblos donde la gente te saludaba y los niños salían corriendo a tu encuentro.


Otro día de caminata

Debido a los numerosos brazos del río Casamance, a los que ellos llaman bolongs, teníamos una barca que nos ayudaba a cruzarlos o a desplazarnos a otra parte cuando íbamos más lejos.

Nos alojábamos en sencillos campamentos rurales, en cabañas donde todo estaba muy limpio y que tenían lo esencial. También es verdad que después de caminar cada día unos 15 km bajo el sol, cualquier lugar está bien. Y lo mejor eran las comidas, en cada lugar diferente y a cuál más rica.

El grupo a la sombra de una imponente Ceiba

Este viaje me ha servido de desintoxicación del cacao, viendo los baobabs (Adansonia digitata) que nos han acompañado todo el camino, así como los neem (Azadirachta indica) que están por doquier y las imponentes Ceibas (Ceiba pentandra) que te indican que hay un poblado cerca porque suelen estar en su centro.

A pesar de ello pregunté si había cacao, pero nadie supo darme razón. Estoy convencido que por el tipo de clima también se daría, pero parece que se adapta mejor el anacardo (Anacardo occidentale), que se da también profusamente en Guinea Bissau, de cuya frontera estuvimos muy cerca.

Edu, nuestro guía Diola con un baobab especialmente bonito

Los fetiches también estaban presentes por todas partes, en los lugares que establecen como sagrados o bien como protección en la construcción de una casa o de otras actividades que realizan. Un mundo que en principio nos es algo extraño pero que tampoco se aleja tanto de ir a una procesión o de poner una vela en un altar para que se nos conceda un deseo.  

Fetiche donde pasada la adolescencia, solo se permite la entrada a los hombres

Fetiches de huesos en un árbol

Cuando llegamos a la playa se podían ver innumerables cayucos, algunos listos para salir a pescar, otros regresando, otros varados esperando días mejores. Te cuentan que antes se pescaba mucho más, pero los acuerdos pesqueros con países, entre ellos España, que traen sus grandes barcos a la zona, están esquilmando poco a poco la riqueza del mar del que dependen estos pescadores. Luego nos extraña que tantos se embarquen para llegar a nuestras costas y aspirar a una vida mejor.

También les afecta el cambio climático (que no están provocando ellos) que poco a poco va invadiendo sus costas y salinizando sus cultivos de arroz.

Efectos de la subida del agua en las costas

Al par de días de mi vuelta a Canarias, el 7 de abril, llegaba a la isla de El Hierro un cayuco con 169 personas, entre ellos 7 mujeres y 15 menores, que había salido de Gambia. Tardaron 7 días en una travesía que en avión se puede hacer en 2 horas. Estas personas proceden de Gambia, Senegal, Mali, Guinea-Conakri, Guinea-Bisau, Sierra Leona y Nigeria. Cuatro días antes había llegado otro con 159 personas, un gota a gota de la desesperación africana.



 

jueves, 12 de marzo de 2026

TONGA (Historietas de)

 

Cocinando a la manera de Tonga

Tonga debe ser de los países más raros que he visitado (2012). Lo tenía en mente desde que bastantes años atrás, conocí una persona de Tonga en un encuentro internacional en Alemania, y me quedó pendiente conocer ese país.

Es un país tan pequeño, que la capital Nuku’alofa es como un pueblo (23 000 habitantes), aunque con sus 171 islas (muchas deshabitadas) habría mucho que recorrer.

Islas e islotes para dar y regalar

Me llamó la atención de que el dueño del hotel donde me quedaba me dijo que los fines de semana le gustaba irse a una finca que tiene a unos 3 km de la capital, para desestresarse del ajetreo. Todo son puntos de vista en esta vida.

El cultivo del taro, uno de sus alimentos preferidos

Tonga es el lugar donde se dio el motín de la Bounty y era conocido por sus cazadores de ballenas y los caníbales que poblaban estas islas. Yo había ido para ver a estos enormes rorcuales y sabía que llegaba muy justo de tiempo.


Isla Uoleva. ¿Que más se puede pedir?

 Finalmente tuve que irme sin poderlas ver, mientras en el avión en el que me iba hacia Fidji comentaban que los pilotos habían vistos el día anterior a las primeras ballenas nadando hacia las islas.

Playas kilométricas sin nadie

En el blog https://coser1.blogspot.com/search?updated-max=2012-07-08T02:05:00%2B01:00&max-results=7&start=18&by-date=false se puede leer con más detalle algunos de los aspectos de estas islas que me parecieron fascinantes y que es de lo más cercano al paraíso, si es que existe, que he conocido.

Y también allí ya pedían que se consumieran productos locales


sábado, 21 de febrero de 2026

Vanuatu (historietas)

 


En Vanuatu (2012), ese país y archipiélago que casi nadie conoce, llegué por casualidad a un pueblo, donde se celebraba el festival “Arte y Cultura de Lamap”.

En casi todas las islas de este país destacan las danzas que se celebran en cada una de ellas y en concreto en Malekula, las de las 2 tribus mayoritarias, los small y los big namba, los que se diferencian por el tamaño de la hoja que cubre su pene. Mientras los small lo envuelven con una hoja de fibra seca, acabado en una especie de cinta y en un cinturón de corteza de árbol, los big lo llevan en una larga fibra de pandanus, dejando los testículos expuestos.

Small namba

La verdad es que me impresionó lo que vi; sus bailes guerreros con máscaras, algunas hechas con tupidas telas de araña, todo lo cual permitía imaginar como debían haber sido las luchas entre estos pueblos en que los vencedores acababan comiendo partes de los cuerpos de los vencidos, para apoderarse de su fuerza.


Cuando viajas solo a veces tienes que unirte a otra gente para poder ir a alguna excursión y así compartir los gastos. Por eso me junté con tres italianos para poder ir al día siguiente a una zona remota al norte donde había la posibilidad de algunos de los lugares que se conservan de los caníbales que, todavía en el siglo XIX, se comieron a alguno de los misioneros que vinieron a imponer la religión católica. Yo iba más por la excursión en sí e incluso no llegué a ir al lugar donde había algunos restos de los muertos, un sitio histórico llamado Sanwir. Uno de los italianos, Carlo, regresó muy enfadado ya que el esperaba haber encontrado esqueletos enteros y al parecer sólo había huesos sueltos. Encima quería que yo le tradujera al francés sus exabruptos que dirigía al guía. En cambio, le dije a Arvelino, nuestro guía, que nos disculpara por nuestros modales y que el italiano seguramente estaba estreñido y por eso estaba enfadado. Yo debí de haber intuido que compartir viaje con ellos iba a ser problemático cuando los vi a los tres fotografiando y acosando a un niño asustado ante tanta cámara, mientras el energúmeno de Carlo le decía que sonriera, aunque se lo decía en inglés y el niño, ni lo entendía.

Los italianos fotoacosando

Fuimos a un poblado, Botco Village, un lugar alejado adonde sólo se podía llegar andando unas 3 horas desde Walirana, cruzando por medio de bosques y cacaotales y donde todos los materiales de las casas provenían de la propia naturaleza; cuerdas hechas de lianas, paredes de bambú o madera, techos de paja.

Cacao secándose en Botco


Arvelino por el camino abría un cacao y chupaba sus semillas, abría un coco y comía la pulpa, cortaba un pomelo que nos daba para saciar nuestra sed y llenarnos de dulzura. Cuando empezó a llover cortó unas hojas de una especie de palmera de porte bajo, las que nos servían de paraguas. Carlo ya había mostrado desde el principio su mal talante al darle a Arvelino su mochila, llena hasta arriba con todo tipo de cosas, incluido su pesado equipo fotográfico, para que se la cargara durante todo el día.

Arvelino y el guardián del sitio sagrado de Sanwir

Después de regresar de la excursión les dije a los italianos que al día siguiente yo iría en otra dirección ya que no quería compartir ni un rato más con ellos. Para rematar, por la mañana descubrí que Carlo había robado en Lamap uno de los juegos de semillas que los danzantes se ponen en los pies para aumentar el sonido de sus danzas y que se había quitado uno de ellos. Ahora lo dejaba abandonado ya que ocupaba mucho espacio y les oí comentar que no pasaría la cuarentena en su vuelo de regreso en tránsito por Australia.

Por pura suerte, cuando llegó una de las Toyotas que hacen de transporte público en esta zona me encontré de nuevo con Laurent y Natascha, con los que había coincidido unos días antes, que venían de confirmar su vuelo en Norsup, la capital de la isla Malekula. Ellos viajaban con su hijo adolescente, Miguel, con los que me entendía muy bien y que me quitaron el mal sabor de boca que me habían dejado los italianos.

Mis maletas esperando en la parada del transporte público

Los franceses tenían un contacto en el pueblo, Calixto, quien les había invitado a comer a su casa, en las afueras del pueblo. Pasamos todo el día con ellos y fue muy interesante ver la vida de una familia, observando cómo basan su sistema de vida en la autosuficiencia, manteniendo todo lo necesario cerca de la casa: madera para cocinar, coco para beber, para comer y extraerle el aceite, gallinas y ñames, kava para soñar (el kava, la bebida nacional de este país se extrae de la raíz de una planta, Piper Methysticum, que tiene un efecto relajante cuando se bebe).

Pasamos todo el día oyendo las historias de Calixto, a quien Laurent (periodista) y Natascha (directora de teatro) entrevistaban, sobre la historia de la isla, sus creencias y los espíritus.

Calixto y su familia cocinando




sábado, 7 de febrero de 2026

Historietas (Travesía del lago de Malaui)

 

El ferry MV Ilala

En octubre de 2010, en mi viaje alrededor del mundo viajé a Tanzania. Quería atravesar el país en tren, llegar a Malaui y de ahí pasar a Mozambique para encontrarme con una amiga que estaba trabajando en Cabo Delgado, un sitio al que ahora mismo no es recomendable ir por el conflicto que hay en esa zona. Cuando llegué a Nkhata Bay, ya en Malawi, estuve esperando dos días el ferry MV Ilala que me iba a permitir atravesar el lago Malaui durante 3 días. El ferry de 52 m de largo fue construido en 1949 en Escocia y llevado desmontado en barco a Mozambique y de allí, por tren, a Malaui.

Cuando por fin llegó el ferry por la mañana, con unas cuantas horas de retraso, me puse en la caótica cola de unas 300 personas que se formó, con empujones y un calor que te dejaba sudando y exhausto. En realidad, no hacía falta hacer cola, pero en sitios que no conoces haces lo que ves. Finalmente, el barco salió por la tarde.

Había 4 clases en el barco; económica, segunda clase, primera clase (First Class Deck) y 2 camarotes. Menos en los camarotes uno se buscaba la vida para dormir, en el suelo y como podía. Los precios para todo el trayecto hasta Monkey Bay era de 7 € para la clase económica, de 14 € para los de 2ª clase, 58 € para los de 1ª (lo que yo pagué) y de 100 € para los camarotes.

La cubierta para dormir en 1ª clase

Los pasajeros se hacinaban en las dos clases inferiores que iban atestadas de enormes sacos con pescado seco que iban a vender a otras partes del país. En 1ª clase éramos muy pocos y tocaba dormir en cubierta, en el suelo. Por la tarde pasaba un marinero y si querías te alquilaba una colchoneta por 2 dólares la noche. Yo la cogí porque el suelo estaba muy duro. En los camarotes sólo había un alemán, Peter, que desde el primer día me llamó la atención porque tenía la nariz muy roja. Había una cocina en la parte baja y otra para las dos clases de arriba. En ambas había que pedir por adelantado si uno quería comida. Como yo trataba de viajar de forma económica me saltaba la comida del mediodía lo que extrañaba mucho al camarero que pasaba a preguntar quienes iban a comer. A la hora de la cena yo era el primero en estar allí por el hambre acumulada.

Zona de clase económica

Ese año parece que fue extraordinario en cuanto a la pesca de unos pescaditos (pertenecientes a los cíclidos) endémicos del lago Malaui. Una vez secos, son la base principal de proteínas para la población. Toda esta carga de pescado la transporta el barco de costa a costa, para luego ser llevada y vendida en la capital o incluso en Zimbabue. Viendo el trajín en el barco y el hacinamiento en la parte baja me alegré de ser tan privilegiado de ir en la cubierta.

Pescado seco en venta en el puerto

Todo este trajín hacía que el barco fuera acumulando más y más retraso. Tanto en Chizimula como en la isla de Likoma no había un puerto para que el barco atracase, por lo que todo el trasvase de personas y mercancías se tenía que hacer por medio de 2 barcas auxiliares y de los botes de los pescadores. El desorden era total. En alguno de estos sitios había tanta gente que algunos de los que esperaban, estaban tan desesperadas por subirse que intentaban llegar nadando.

Personas esperando para embarcar en Metangula (Mozambique)

Debido al enrome retraso acumulado, Peter que tenía su vuelo de vuelta al día siguiente, decidió no esperar hasta el último lugar donde tenía previsto desembarcar, sino hacerlo en un puerto antes, para así llegar al aeropuerto a tiempo por tierra. Cuando se iba, me dijo que como había pagado el camarote para todo el viaje me dejaba la llave y así yo podría dormir allí la última noche. En el camarote había una botella de whisky vacía de litro y medio, así que entendí lo de su nariz roja.


Desembarco de Peter y otros pasajeros en el bote auxiliar con cajas de pescado 

El último día de viaje llegamos de noche y me quedé completamente sólo en el barco, por lo menos en lo que respecta a la primera clase. Eso me permitió deambular por todas partes y hacerme una idea de cómo había sido el viaje cuando estaba lleno de gente y de bultos. Poco antes de atracar el capitán me dijo que como era ya de noche me podía quedar a dormir en el barco. ¡Todo un detalle que no me esperaba! Y uno piensa en esos momentos en la diferencia de trato que les damos a esta gente en nuestro país y el que recibimos de forma tan natural aquí. Por la mañana, temprano, me puse de nuevo en movimiento. El barco estaba completamente desierto siendo yo el único que durmió allí. En la caseta de entrada del puerto entrego la llave del camarote y me encamino hacia la estación de buses para seguir mi camino.

Ya no había sitio para más


viernes, 23 de enero de 2026

miércoles, 14 de enero de 2026

Costa de Marfil (Historietas)

 Sin visado

Mural en el Palm Club Hotel de Abiyán, donde nos hospedábamos

Era el año 2019, trabajaba en Togo, y me tocó ir a una conferencia organizada por la cooperación alemana (GIZ) en Costa de Marfil. Se reunían representantes de 5 países productores de cacao de África del Oeste, y la GIZ buscaba que se elaborara una estrategia común para fomentar la sostenibilidad y la cooperación en innovaciones tecnológicas entre estos países, con el rimbombante nombre de “Plataforma africana de cacao”. Algo claramente destinado al fracaso cuando se conoce un poco la idiosincrasia africana y la competencia entre estos países ya que se pretendía poner a compartir conocimientos a gigantes del cacao como Costa de Marfil y Ghana con enanitos como Togo y Sao Tomé. Una quimera que tampoco funcionaría en Europa, pero cuando hay que gastar dinero, cualquier excusa es buena.

Informe de la Conferencia

Pero esta no es la historieta. Por alguna razón que desconozco, a la hora de viajar me fui al aeropuerto sin haber mirado que es lo que me hacía falta para entrar en Costa de Marfil, simplemente con el pasaporte. Supongo que me confié porque llevaba el pasaporte alemán que tenía por el tiempo que estaba en Togo y que te daba cierta seguridad en caso de conflicto, pero que no sirve para entrar sin visado en determinados países. Al hacer el check-in me preguntaron si no necesitaba visado y les dije con toda seguridad que no, por lo que quizás al ser la chica muy joven y probablemente nueva en el puesto, se lo creyó. Cuando fui a la sala de espera, empecé a pensar que porqué me había preguntado lo del visado la chica y empecé a mirar en internet y vi que efectivamente necesitaba un visado. Después del consiguiente sudor frío que me entró pensé que ya no había solución. Era tarde para pedirlo sobre la marcha, el billete de avión estaba pagado, el hotel reservado y lo peor que me podía pasar era que me regresaran en el mismo avión y la vergüenza de reconocer mi error. Ya en Abiyán, llegué al control de pasaportes y obviamente lo primero que me preguntaron fue por mi visado y les dije que por un error no lo había podido tramitar. El oficial de turno automáticamente me hizo acompañar por un policía a un despacho donde dos policías estaban intentando hablar con un alemán que parecía tener un problema parecido al mío. Ni el oficial al mando ni su segunda, una mujer, hablaban alemán, y el alemán no hablaba francés. Enseguida me ofrecí a hacer de interprete y me pareció que la mujer me miraba con mejores ojos y que eso me iba a ayudar. Pero al oficial al mando yo le seguía haciendo la misma gracia que al principio, o sea, ninguna. Le expliqué que iba a una conferencia internacional, importantísima para el futuro del cacao a nivel mundial y cuando ya pensaba que iba a decir que me llevaran al avión de vuelta, me dijo que llamara a un representante de la GIZ para que confirmara mi historia. Por suerte pude localizar al que manejaba el cotarro y le debió dar suficientes explicaciones, para que el oficial, de mala gana, me dijera que se quedaba con mi pasaporte y que al día siguiente debía ir a recuperarlo a la oficina central de inmigración, previo pago del visado. Le hice varias genuflexiones y me fui, contento, pero todavía preocupado por si en ese caminar de mi pasaporte no se perdería por algún pasillo del inmenso edificio adonde iría a parar.

Mis colegas de la delegación de Togo

Al día siguiente, a media mañana me fui hacia el imponente edificio, lleno de pasillos e innumerables oficinas.  Me tocó esperar como una hora y finalmente me hicieron pasar ante una funcionaria de inmigración, que después de revisar mi pasaporte me dijo que me expediría un visado y que había tenido suerte de que me hubieran dejado entrar al país, lo que le volví a agradecer como si hubiera sido ella la que me lo hubiera permitido. En ese momento ya de buen rollo, me dijo que le diera las fotos para el visado y le dije: Ah, ¿pero había que traer fotos? Su mirada me delató lo que pensaba de mi y después de suspirar y pensar los pros y los contras de mandarme a por las fotos, que por lo que me pareció debía ser no tan fácil de conseguir en un rato, sin decirme nada estampó un sello en el pasaporte y me dijo que me fuera. Aunque no me lo dijo, interpreté que además se aguantó de decirme “y no vuelvas más”.

Por esa vez me libré y desde entonces reviso siempre todos los requerimientos antes de viajar. ¡No hay que tentar a la suerte!

P.S. Efectivamente el encuentro no sirvió para casi nada, quizás solo para que un montón de gente que ya se conocía de otras reuniones se reencontrara, para gastar mucho dinero en viajes, hotel, comidas y dietas. Un par de años más tarde oí que el programa se había cancelado.

Con mi "hermano mayor" en otro viaje a un Congreso sobre cacao en Daloa (Costa de Marfil) en 2023.

domingo, 21 de diciembre de 2025

Sierra Leona (fin)

 

Niña en Bandajuma, en una plantación de cacao

Me llevo un montón de impresiones de Sierra Leona, que seguramente todavía me llevará algún tiempo procesar. Escribir el blog me sirve para reflexionar. No es lo mismo pensar para uno mismo, o contar a alguien lo que has vivido, muchas veces de una forma espontánea, según va saliendo, que escribirlo y darle vueltas a lo largo de los días, afinando y refinando tus impresiones. Me parece que todo queda más asentado, mas apegado a la realidad y relacionado con lo que has vivido en esos días.

Para ello tengo un par de días en Banana Island, mi última etapa antes de ir a Freetown para coger el barco que me llevara al aeropuerto (¿a que parece un contrasentido?) para volar toda la noche del domingo y llegar el lunes 22 por la noche a Tenerife.

Después de haber mirado las opciones que había en la isla, me decido por Dalton’’s Banana Guesthouse, un sitio que cuesta diez veces menos que el carísimo The Place y que me gusta diez veces más. Y es que cuando te quedas en un sitio que no es de tu nivel, creo que se nota, tanto si es por arriba como si es por abajo.

Dalton's Guesthouse, en Banana Island

La isla, antes de Navidad es de una tranquilidad absoluta. Coincido el primer día con 3 miembros de Médicos sin Fronteras (MSF), una chica rusa, un enfermero brasileño y un psicólogo holandés. También hay una pareja de franceses que vienen desde Francia en bicicleta y que van camino de Sudáfrica (uno de mis sueños que ya va a ser difícil poder realizar).


En todo este tiempo en Sierra Leona me ha tocado corregir la maquetación de mi libro sobre el cacao que la verdad es que no me dio muchos problemas más que las de conectarme de vez en cuando a internet, lo que no siempre era fácil. También he acabado de darle el ok a la cubierta estando en la isla. Ahora sólo falta que impriman el libro y que lo manden. Si no falla nada estará a mediados de enero, ya que la primera presentación está anunciada para el 31 de ese mes.


Uno de estos días me visitó una araña por la noche a la habitación. Al parecer es pariente de la tarántula y hubo división de opiniones sobre si es peligrosa o no. La chica del restaurante decía que no, que es una araña de campo y el dueño del hotel decía que si te pica, sólo duele un poco. En todo caso no la maté y la empujé hacia fuera para que volviera a su hábitat.


En la isla no hay mucho que hacer. Bañarse en el mar, hacer un poco de snorkeling, pasear por el pueblo que tiene sólo unas 50 casas y donde se puede ver algunas de un standard medio y la mayoría auténticas chabolas. También se puede ir a un pequeño puerto flanqueado por dos impresionantes ceibas. Allí los barcos y los marineros sestean, esperando el momento de salir a pescar. No parece que el negocio les vaya demasiado bien.

Otro día me voy caminando de punta a punta de la isla, hasta llegar a la siguiente (Ricketts), donde hay otro pequeño pueblo. En todo el camino en el que tardé una hora en un sentido, no me encontré absolutamente a nadie y a veces el camino se perdía. En algunos casos ayudaba ver donde había algún plástico en el suelo, lo que indicaba que ese era el camino correcto.


Ricketts island

Quizás influenciado por lo que escribí en mi libro, me he estado fijando en el trabajo infantil. Lo he visto en muchas partes y de muchas maneras. Niños vendiendo en las calles, niñas recogiendo botellas de plástico en las playas, otros acarreando recipientes con agua sobre sus cabezas, los niños trabajadores en la arena del río, quizás el trabajo más duro que les he visto hacer. En cambio, no he visto a ningún niño en los campos agrícolas por los que he pasado.


En el bar del pueblo de Banana Island, hay un mural que les recuerda de dónde vienen.



Paso el último día en Freetown aunque tranquilamente me podía haber quedado un día mas en la isla, pero no quiero apurar demasiado el último día antes de viajar por cualquier contratiempo que pueda surgir.

De regreso a tierra firme

Desde Kent se tarda casi 2 horas en llegar al extremo norte de Freetown, donde me quedo y que está cerca de las playas y del puerto donde sale el barco al aeropuerto. La ciudad está en efervescencia constructora, en parte por las remesas que mandan los que viven y trabajan fuera del país y que quieren tener un lugar donde vivir cuando regresen a sus orígenes, una vez retirados.

Camino de Freetown

Aprovecho por la noche para ver un poco del ambiente nocturno de la capital en la playa de Lumley, donde parece que todo el mundo se ha reunido para hacer botellón, ir a los bares e incluso para casarse.

Y hasta aquí llega mi periplo por Sierra Leona, ¡de momento!