En
Vanuatu (2012), ese país y archipiélago que casi nadie conoce, llegué por casualidad a
un pueblo, donde se celebraba el festival “Arte y Cultura de Lamap”.
En casi
todas las islas de este país destacan las danzas que se celebran en cada una de
ellas y en concreto en Malekula, las de las 2 tribus mayoritarias, los small y
los big namba, los que se diferencian por el tamaño de la hoja que cubre su
pene. Mientras los small lo envuelven con una hoja de fibra seca, acabado en
una especie de cinta y en un cinturón de corteza de árbol, los big lo llevan en
una larga fibra de pandanus, dejando los testículos expuestos.
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| Small namba |
La
verdad es que me impresionó lo que vi; sus bailes guerreros con máscaras,
algunas hechas con tupidas telas de araña, todo lo cual permitía imaginar como
debían haber sido las luchas entre estos pueblos en que los vencedores acababan
comiendo partes de los cuerpos de los vencidos, para apoderarse de su fuerza.

Cuando
viajas solo a veces tienes que unirte a otra gente para poder ir a alguna
excursión y así compartir los gastos. Por eso me junté con tres italianos para
poder ir al día siguiente a una zona remota al norte donde había la posibilidad
de algunos de los lugares que se conservan de los caníbales que, todavía en el
siglo XIX, se comieron a alguno de los misioneros que vinieron a imponer la
religión católica. Yo iba más por la excursión en sí e incluso no llegué a ir
al lugar donde había algunos restos de los muertos, un sitio histórico llamado Sanwir.
Uno de los italianos, Carlo, regresó muy enfadado ya que el esperaba haber
encontrado esqueletos enteros y al parecer sólo había huesos sueltos. Encima quería
que yo le tradujera al francés sus exabruptos que dirigía al guía. En cambio,
le dije a Arvelino, nuestro guía, que nos disculpara por nuestros modales y que
el italiano seguramente estaba estreñido y por eso estaba enfadado. Yo debí de
haber intuido que compartir viaje con ellos iba a ser problemático cuando los
vi a los tres fotografiando y acosando a un niño asustado ante tanta cámara,
mientras el energúmeno de Carlo le decía que sonriera, aunque se lo decía en
inglés y el niño, ni lo entendía.
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| Los italianos fotoacosando |
Fuimos a un poblado, Botco Village, un lugar
alejado adonde sólo se podía llegar andando unas 3 horas desde Walirana, cruzando
por medio de bosques y cacaotales y donde todos los materiales de las casas provenían
de la propia naturaleza; cuerdas hechas de lianas, paredes de bambú o madera,
techos de paja.
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| Cacao secándose en Botco |
Arvelino por el camino abría un cacao y
chupaba sus semillas, abría un coco y comía la pulpa, cortaba un pomelo que nos
daba para saciar nuestra sed y llenarnos de dulzura. Cuando empezó a llover
cortó unas hojas de una especie de palmera de porte bajo, las que nos servían
de paraguas. Carlo ya había mostrado desde el principio su mal talante al darle
a Arvelino su mochila, llena hasta arriba con todo tipo de cosas, incluido su
pesado equipo fotográfico, para que se la cargara durante todo el día. |
| Arvelino y el guardián del sitio sagrado de Sanwir |
Después
de regresar de la excursión les dije a los italianos que al día siguiente yo
iría en otra dirección ya que no quería compartir ni un rato más con ellos. Para
rematar, por la mañana descubrí que Carlo había robado en Lamap uno de los
juegos de semillas que los danzantes se ponen en los pies para aumentar el
sonido de sus danzas y que se había quitado uno de ellos. Ahora lo dejaba
abandonado ya que ocupaba mucho espacio y les oí comentar que no pasaría la
cuarentena en su vuelo de regreso en tránsito por Australia.
Por pura suerte, cuando llegó una de las
Toyotas que hacen de transporte público en esta zona me encontré de nuevo con
Laurent y Natascha, con los que había coincidido unos días antes, que venían de
confirmar su vuelo en Norsup, la capital de la isla Malekula. Ellos viajaban
con su hijo adolescente, Miguel, con los que me entendía muy bien y que me
quitaron el mal sabor de boca que me habían dejado los italianos.
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| Mis maletas esperando en la parada del transporte público |
Los franceses
tenían un contacto en el pueblo, Calixto, quien les había invitado a comer a su
casa, en las afueras del pueblo. Pasamos todo el día con ellos y fue muy interesante
ver la vida de una familia, observando cómo basan su sistema de vida en la
autosuficiencia, manteniendo todo lo necesario cerca de la casa: madera para
cocinar, coco para beber, para comer y extraerle el aceite, gallinas y ñames,
kava para soñar (el kava, la bebida nacional de este país se extrae de la raíz
de una planta, Piper Methysticum, que tiene un efecto relajante
cuando se bebe).
Pasamos todo el día oyendo las historias
de Calixto, a quien Laurent (periodista) y Natascha (directora de teatro)
entrevistaban, sobre la historia de la isla, sus creencias y los espíritus.
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| Calixto y su familia cocinando |