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| El ferry MV Ilala |
En octubre de 2010, en mi viaje alrededor del mundo viajé a Tanzania. Quería atravesar el país en tren, llegar a Malaui y de ahí pasar a Mozambique para encontrarme con una amiga que estaba trabajando en Cabo Delgado, un sitio al que ahora mismo no es recomendable ir por el conflicto que hay en esa zona. Cuando llegué a Nkhata Bay, ya en Malawi, estuve esperando dos días el ferry MV Ilala que me iba a permitir atravesar el lago Malaui durante 3 días. El ferry de 52 m de largo fue construido en 1949 en Escocia y llevado desmontado en barco a Mozambique y de allí, por tren, a Malaui.
Cuando por fin llegó el
ferry por la mañana, con unas cuantas horas de retraso, me puse en la caótica
cola de unas 300 personas que se formó, con empujones y un calor que te dejaba
sudando y exhausto. En realidad, no hacía falta hacer cola, pero en sitios que
no conoces haces lo que ves. Finalmente, el barco salió por la tarde.
Había 4 clases en el barco; económica,
segunda clase, primera clase (First Class Deck) y 2 camarotes. Menos en los
camarotes uno se buscaba la vida para dormir, en el suelo y como podía. Los
precios para todo el trayecto hasta Monkey Bay era de 7 € para la clase
económica, de 14 € para los de 2ª clase, 58 € para los de 1ª (lo que yo pagué)
y de 100 € para los camarotes.

La cubierta para dormir en 1ª clase
Los pasajeros se hacinaban
en las dos clases inferiores que iban atestadas de enormes sacos con pescado
seco que iban a vender a otras partes del país. En 1ª clase éramos muy pocos y
tocaba dormir en cubierta, en el suelo. Por la tarde pasaba un marinero y si
querías te alquilaba una colchoneta por 2 dólares la noche. Yo la cogí porque
el suelo estaba muy duro. En los camarotes sólo había un alemán, Peter, que
desde el primer día me llamó la atención porque tenía la nariz muy roja. Había
una cocina en la parte baja y otra para las dos clases de arriba. En ambas
había que pedir por adelantado si uno quería comida. Como yo trataba de viajar
de forma económica me saltaba la comida del mediodía lo que extrañaba mucho al
camarero que pasaba a preguntar quienes iban a comer. A la hora de la cena yo
era el primero en estar allí por el hambre acumulada.

Zona de clase económica
Ese año parece que fue
extraordinario en cuanto a la pesca de unos pescaditos (pertenecientes a los
cíclidos) endémicos del lago Malaui. Una vez secos, son la base principal de
proteínas para la población. Toda esta carga de pescado la transporta el barco
de costa a costa, para luego ser llevada y vendida en la capital o incluso en
Zimbabue. Viendo el trajín en el barco y el hacinamiento en la parte baja me
alegré de ser tan privilegiado de ir en la cubierta.

Pescado seco en venta en el puerto
Todo este trajín hacía que
el barco fuera acumulando más y más retraso. Tanto en Chizimula como en la isla
de Likoma no había un puerto para que el barco atracase, por lo que todo el
trasvase de personas y mercancías se tenía que hacer por medio de 2 barcas
auxiliares y de los botes de los pescadores. El desorden era total. En alguno
de estos sitios había tanta gente que algunos de los que esperaban, estaban tan
desesperadas por subirse que intentaban llegar nadando.

Personas esperando para embarcar en Metangula (Mozambique)
Debido al enrome retraso
acumulado, Peter que tenía su vuelo de vuelta al día siguiente, decidió no
esperar hasta el último lugar donde tenía previsto desembarcar, sino hacerlo en
un puerto antes, para así llegar al aeropuerto a tiempo por tierra. Cuando se
iba, me dijo que como había pagado el camarote para todo el viaje me dejaba la
llave y así yo podría dormir allí la última noche. En el camarote había una
botella de whisky vacía de litro y medio, así que entendí lo de su nariz roja.
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| Desembarco de Peter y otros pasajeros en el bote auxiliar con cajas de pescado |
El último día de viaje llegamos de noche y me quedé completamente sólo en el barco, por lo menos en lo que respecta a la primera clase. Eso me permitió deambular por todas partes y hacerme una idea de cómo había sido el viaje cuando estaba lleno de gente y de bultos. Poco antes de atracar el capitán me dijo que como era ya de noche me podía quedar a dormir en el barco. ¡Todo un detalle que no me esperaba! Y uno piensa en esos momentos en la diferencia de trato que les damos a esta gente en nuestro país y el que recibimos de forma tan natural aquí. Por la mañana, temprano, me puse de nuevo en movimiento. El barco estaba completamente desierto siendo yo el único que durmió allí. En la caseta de entrada del puerto entrego la llave del camarote y me encamino hacia la estación de buses para seguir mi camino.
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| Ya no había sitio para más |


