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| El desierto mauritano |
Las condiciones en los poblados del
interior de Mauritania eran algo duras, ya que faltaba cualquier cosa que uno
se pueda imaginar. Por eso descubrimos pronto que cuando venía alguien nuevo,
lo mejor era llevarlo enseguida a su lugar de destino sin que pasara ningún día
en la capital, cuya vida social, aunque no era para tirar cohetes, siempre era
mucho más atractiva que en los poblados. Porque de no ser así, luego ya costaba
mucho que se adaptara a su destino y lo que quería era volver lo antes posible
a la capital.
Algunos se acostumbraban mejor
que otros y ponían en marcha soluciones innovadoras, como Miquel, que empezó a
construir unos pequeños huertos amasando excrementos de camello y haciendo con
ello los bordes de los pequeños huertos que se volvían impermeables al agua,
por lo que se podía regar esa pequeña superficie sin que el agua se escapara
por los lados. Esto que nos parecía maravilloso a nosotros, les producía cierta
repelencia a los lugareños por lo que pronto quedó en el olvido.
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| Los camellos se descuartizan sobre la arena, sirviendo su propia piel de mantel. Después al comerla siempre notas la arenilla que se ha colado |
Uno de los jóvenes que llegó de
voluntario fue a trabajar a un poblado que estaba cerca del río Senegal. Allí conoció
a una chica estadounidense que hacía también su trabajo de voluntariado con los
cuerpos de paz de ese país. Le comentó que todo el mundo sabía que las
informaciones que recopilan los integrantes de los cuerpos de paz en los
lugares en los que están diseminados por el mundo son utilizados por la CIA
para quien sabe que oscuros propósitos. La chica preocupada se lo contó por
carta a su madre de Chicago y esta, que al parecer conocía a un congresista allí,
se lo contó a su vez. El resultado fue que el embajador de EE. UU. llamó al
embajador de España en Mauritania para pedirle explicaciones, este a su vez
tuvo que llamar al responsable de la ONG y la cosa como era de suponer finalmente
quedó en nada. ¡Cosas que hacen los diplomáticos para entretenerse!
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| Las mujeres de Naïm mostrando algunas de las conservas que habían hecho en el proyecto |
En esos años 90 todo era muy
precario en Mauritania. No sé si ahora hay cajeros automáticos, supongo que sí,
pero en esa época no había y era muy complicado y engorroso cambiar dinero en
el banco. Pero dada la gran cantidad de mauritanos que hacen negocios en las
islas Canarias, había un comerciante, conocido del responsable de la ONG, al
que podías ir con tu talonario de cheques de la cuenta española y le extendías
un cheque por el contravalor de lo que querías en moneda local que el te pagaba
al momento. Luego pasaban algunas semanas antes de que cobrase el cheque y por
lo que se, el sistema siempre funcionó a satisfacción de todos.
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| Basta salir un poco de la capital para ver camellos por doquier |
En uno de los viajes que hice
coincidí en el aeropuerto con una pareja española, a los que conocía porque él llevaba
la parte de mantenimiento en la embajada española. Su historia era algo triste.
Junto a su padre habían tenido un negocio de pesca y de exportación de
langostas en Mauritania. Se asociaron con un empresario mauritano que quiso
ampliar el negocio por lo que les tocaba poner más dinero que no tenían, así
que decidieron pedir un préstamo en España. Hipotecaron la casa que tenían en
Las Palmas y cuando el negocio se fue al garete porque el socio les engañó se
quedaron en la calle. En la embajada, conociendo la situación, le ofrecieron el
empleo para que pudiera al menos poder tener un sueldo en el país ya que no
tenía donde volver a Gran Canaria. En el aeropuerto era ella la que viajaba a
Gran Canaria para hacerse una revisión médica y sentí algo de vergüenza ajena
cuando ella le recordaba que en su ausencia no se fuera de picos pardos con
alguna “negra”. Ya en el avión me tocó viajar con ella y fue uno de los peores
viajes que he hecho en mi vida. Me contaba que odiaba Mauritania por lo que les
habían hecho (que yo sepa solo les engañó uno) y lo que esperaba era que
hubiera una guerra civil o de cualquier otro tipo para que los repatriaran del
país y les mandaran a otra embajada y así dejar ese país al que tanto odiaba.
Yo no veía el momento de llegar y alejarme de esa bruja.
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| Una mujer harratine (antiguos esclavos) con su hijo y un niño moro blanco |
Pero si hubo una experiencia que
me impactó fue la de Oualata, la última ciudad antes de la frontera con Mali, en
la que Mauritania tiene un especial interés en que no se abandone ya que ello
dejaría un enorme territorio junto a Mali como tierra de nadie. Todo ello a
pesar de que los tuaregs siempre se han movido libremente en estos territorios
sin la aberración de las fronteras rectilíneas fijadas por los franceses tras
la descolonización. La ciudad también mantiene en su biblioteca algunos de los
manuscritos religiosos más antiguos del país.
A esta ciudad se puede llegar por
carretera, haciendo unos mil kilómetros por la carretera llamada de la
Esperanza, casi rectilínea desde Nuakchot y luego hay que hacer algo más de cien
kilómetros hacia el norte por el puro desierto, sin caminos y sólo con la
pericia de navegación del conductor, trayecto que lleva de 3 a 4 horas.
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| En este viaje pinchamos dos ruedas. ¡Una odisea bajo el inmenso calor! |
Fuimos a esta ciudad en mayo de
2000 contratados por un madrileño, José Corral Jam, que estaba ejecutando el
proyecto financiado por la cooperación española “Rehabilitación sociocultural y económica de Oualata” de
las casas de la ciudad, dada su experiencia como arquitecto conservador de la
Alhambra y el Generalife de Granada.
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| Vista de Oualata con alguna de las casas restauradas |
Para proporcionar un modo de vida
a la población que todavía vivía en esta ciudad el proyecto incluía la
perforación de unos pozos que proporcionaban agua a los huertos que se habían
establecido y cuyas bombas eran movidas por la energía producida por paneles
solares.
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| Casa restaurada en Oualata que servía de sede al proyecto y donde nos quedábamos |
El cometido de mi amigo Carlos
Nogueroles y mío era ver como mejorar la eficiencia del riego por goteo que se
había instalado y enseñar a los técnicos locales como mejorar su producción. Recuerdo
especialmente el primer día que fuimos a ver los huertos, un poco antes de las
8 de la mañana ya que a esa hora se ponía en marcha el riego. Delante de cada
gotero había un pequeño pájaro, los que seguramente habrían hecho las delicias
de cualquier ornitólogo, esperando que salieran las primeras gotas de agua,
mientras picoteaban por aquí y allá las hortalizas de los huertos. La única solución que se nos ocurría era que,
dado que algunos ricos jeques de países árabes venían a esta zona con sus aves
de presa para cazar, les pidieran que les dejaran algún halcón entrenado para
que ahuyentara a los pájaros o que pusieran algún bebedero especial para ellos.
Había otros problemas como que los moros blancos planteaban que ellos tenían
más derecho al agua para abrevar a sus camellos que los negros que cultivaban
los huertos. Después de quince días nos fuimos y esta fue la última vez que fui
a Mauritania, por lo que no se como siguió el proyecto.
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| El agua lo es todo en el desierto. Los harratine son los encargados de sacar el agua de los pozos |
Hay un libro muy interesante que
escribió José Corral, basándose en los escritos de un albañil marroquí al que
había contratado que se llama “Los esclavos de Alá” (Sirpus Literaria, 2009)
que vale la pena leer, si te interesa Mauritania y el mundo árabe.
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| Y si hay algo que nunca me cansaba de mirar, eran las formas que el viento moldeaba en la arena |