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miércoles, 6 de abril de 2016

Corn Island



He vuelto a mi isla favorita, un mundo minúsculo donde se mezclan todavía la tradición de los pequeños barcos a vela con los sofisticados yates y los pesqueros que poco a poco van esquilmando las aguas alrededor de las islas.


Corn Island son dos islas, la grande y la pequeña, esta última libre de motos y coches. Esto que es tan idílico, se convierte en un problema ante los efectos del cambio climático ya que mientras en la isla grande están protegiendo su litoral con grandes piedras extraídas de la montaña, en la pequeña como no hay ni carreteras ni vehículos, el mar se va comiendo la isla poco a poco. Cada propietario que ve su casa o terreno atacado por las olas lo intenta frenar a su manera, pero ninguno da resultado porque el mar trabaja 24 horas y cada vez que se enfada, lo hace con con fuerzas redobladas.


¿Cuál es la casa más bonita de Corn Island? ¿Es del gobernador, del alcalde, del rey, del presidente? Pues no, es del jodido cura de una de las muchas iglesias que existen en la isla, de cuyo nombre ya ni me acuerdo.


Y cada tanto, los cangrejos salen de sus escondrijos y vienen a celebrar una fiesta a tierra firma en que los habitantes aprovechan para comérselos




Mientras el árbol ciervo al lado del pozo todo lo observa

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