| La carretera de la Esperanza, una casi recta de 1100 km que llega hasta Nema, a las puertas de Mali, invadida por las dunas |
Todos los que en algún momento estuvimos en la casa de la ONG Mon-3 en Nuakchot, veíamos a Mohammed hacer sus abluciones y rezar las 5 veces obligatorias al día (Fajr (alba), Dhuhr (mediodía), Asr (tarde), Maghrib (atardecer) e Isha (noche). No hablaba ni español ni francés y tampoco nosotros hablábamos hassanía, la lengua más habitual en el país.
Un tuareg que pasaba temporadas
en Nuakchot, cuando pasaba por la casa, solía hacernos de traductor, lo que nos
permitía recobrar conversaciones atrasadas con Mohammed. Todo y así, no siempre
la traducción era lo efectiva que deseábamos ni parecía que el entendimiento
fuera lo exacto que necesitábamos. Fue el caso de cuando un funcionario español
de la embajada de España se nos quejó de que cuando venía a entregarnos algún
documento que habíamos solicitado o alguna invitación para las numerosas
fiestas que celebraba el embajador, no había manera de entenderse con el
guardián, por lo que no fiándose de que el documento llegara a la persona
indicada se volvía a la embajada con el papel de marras.
Le pedimos a nuestro traductor
que le dijera a Mohammed que cuando viniera alguna persona preguntando por
cualquiera de nosotros le diera una libreta, de la que solemnemente le hicimos
entrega y que anotara ahí quien era, el día, la hora y el motivo de su visita. Pensábamos
que con ello habíamos resuelto el problema. Pero no. Cuando volvimos a
contactar con la embajada el funcionario nos dijo que no iría más a nuestra
casa, dado que nuestro árabe loco prácticamente lo había secuestrado. Le había
invitado a entrar y cerrando la puerta con llave, le había dado una libreta y
con muchos aspavientos y gran profusión de palabras ininteligibles, señalándole
la libreta, no le dejó salir hasta que no garabateó algo en ella.
| El simpático Mohammed |
Por lo demás, mi mochila con la
ropa llegó en otro avión una semana después con lo que pude cambiarme de ropa y
desprenderme de la chilaba.
La embajada
La embajada, ya que hemos tocado
el tema, era en esa época un lugar más que peculiar. Aunque no puedo demostrar
casi nada de lo que voy a contar, sólo asegurar las cosas que vi con mis
propios ojos, numerosos chismes correteaban entre los expatriados y sólo habría
que preguntarle a la gente que estuvo ahí en alguna de esas épocas para
confirmarlo.
La embajada es un enorme recinto
amurallado, donde está la residencia del embajador y la de los diferentes altos
cargos adjuntos a la embajada. El embajador vivía sólo en su gran mansión,
donde unas cuantas veces al año éramos invitados los expatriados por cualquier
festividad como por ejemplo el día de la Hispanidad. Aunque muchos de los que
estábamos allí no comulgáramos con este tipo de fiestas ni con quien la dabas, no
dejaba de ser una ocasión excelente para encontrarse con gente a la que no
veías a menudo, para hincharse a comer, incluso cerdo (jabalí cazado por el
propio embajador en las riberas del río Senegal), servido por los camareros
musulmanes que no podían esconder su malestar al servirnos, pero sobre todo para
ponernos ciegos de alcohol, ya que este no se conseguía en todo el país, pero sí
que entraba a través de los envíos que le hacían periódicamente a la embajada
desde España.
Se comentaba del embajador que
tenía un criado negro, que caía mal entre sus otros empleados y que hacía lo
que le daba la gana, pero al que mantenía porque era quien le suministraba por
las noches mujeres a sus aposentos ….
El embajador tenía un pequeño
zoológico en los jardines de la embajada donde acumulaba algunos animales que
había conseguido en sus correrías de cacería a lo largo y ancho de Mauritania.
Entre los animales se encontraban algunas gacelas y se decía comentaba que el
embajador estaba molesto porque un macho molestaba mucho a una de las gacelas
más jóvenes. Enfadado con esto, decidió hacer un intercambio con el embajador
español en Argelia, intercambiando la gacela macho por otro animal que este le
mandó, a través de lo que llaman “valija diplomática”.
Una de las diplomáticas españolas
que estaba allí, agregada de no se qué, se hizo traer de Madrid un banco y una
farola copia de las que se encuentran en el Retiro de Madrid, para sentirse
como en casa
Esto son los pequeños ejemplos
para que nos hagamos una idea de en manos de quienes estamos en estos países.
Para saber quienes han sido los embajadores españoles en Mauritania se puede
ver la siguiente página https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Embajadores_de_Espa%C3%B1a_en_Mauritania
En Nuakchot lo que hacíamos era dar
clases en una universidad técnica sobre agricultura ecológica, que se daba de
forma teórica en las clases y práctica en los huertos de la ciudad.
Uno de los huertos de prácticas, con su correspondiente espantapájaros
Cuando no había clases, nos íbamos a un poblado, Naïm, donde había un proyecto de reforestar los alrededores para conseguir parar las dunas y proteger el pozo de agua del avance de las dunas. Si la arena llegaba a tapar el pozo, entonces ese poblado desaparecía y sus gentes se iban a otro sitio donde hubiera agua. A pesar de ello, a veces lo que plantábamos durante el día, los camellos se lo comían por la noche, el eterno dilema africano entre la agricultura y la ganadería.
| Camellos en el poblado de Naïm |
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