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sábado, 16 de mayo de 2026

Caminos de África (2)

 

La carretera de la Esperanza, una casi recta de 1100 km que llega hasta Nema, a las puertas de Mali, invadida por las dunas

Todos los que en algún momento estuvimos en la casa de la ONG Mon-3 en Nuakchot, veíamos a Mohammed hacer sus abluciones y rezar las 5 veces obligatorias al día (Fajr (alba), Dhuhr (mediodía), Asr (tarde), Maghrib (atardecer) e Isha (noche). No hablaba ni español ni francés y tampoco nosotros hablábamos hassanía, la lengua más habitual en el país.

Un tuareg que pasaba temporadas en Nuakchot, cuando pasaba por la casa, solía hacernos de traductor, lo que nos permitía recobrar conversaciones atrasadas con Mohammed. Todo y así, no siempre la traducción era lo efectiva que deseábamos ni parecía que el entendimiento fuera lo exacto que necesitábamos. Fue el caso de cuando un funcionario español de la embajada de España se nos quejó de que cuando venía a entregarnos algún documento que habíamos solicitado o alguna invitación para las numerosas fiestas que celebraba el embajador, no había manera de entenderse con el guardián, por lo que no fiándose de que el documento llegara a la persona indicada se volvía a la embajada con el papel de marras.

Le pedimos a nuestro traductor que le dijera a Mohammed que cuando viniera alguna persona preguntando por cualquiera de nosotros le diera una libreta, de la que solemnemente le hicimos entrega y que anotara ahí quien era, el día, la hora y el motivo de su visita. Pensábamos que con ello habíamos resuelto el problema. Pero no. Cuando volvimos a contactar con la embajada el funcionario nos dijo que no iría más a nuestra casa, dado que nuestro árabe loco prácticamente lo había secuestrado. Le había invitado a entrar y cerrando la puerta con llave, le había dado una libreta y con muchos aspavientos y gran profusión de palabras ininteligibles, señalándole la libreta, no le dejó salir hasta que no garabateó algo en ella.

El simpático Mohammed
Y así suele ser habitualmente el mundo de la cooperación, donde se toman decisiones y se dan directrices que luego, por la diferencia entre nuestras diferentes lógicas y maneras de pensar, unido a las diferencias idiomáticas evitan el entendimiento y llevan al fracaso de muchas de las cosas que se hacen.

Por lo demás, mi mochila con la ropa llegó en otro avión una semana después con lo que pude cambiarme de ropa y desprenderme de la chilaba.

 

Con mi turbante y mi reloj Cassio, que compré muy barato en el mercado local hasta que me enteré que Casio se escribe con una sola s


La embajada

La embajada, ya que hemos tocado el tema, era en esa época un lugar más que peculiar. Aunque no puedo demostrar casi nada de lo que voy a contar, sólo asegurar las cosas que vi con mis propios ojos, numerosos chismes correteaban entre los expatriados y sólo habría que preguntarle a la gente que estuvo ahí en alguna de esas épocas para confirmarlo.

La embajada es un enorme recinto amurallado, donde está la residencia del embajador y la de los diferentes altos cargos adjuntos a la embajada. El embajador vivía sólo en su gran mansión, donde unas cuantas veces al año éramos invitados los expatriados por cualquier festividad como por ejemplo el día de la Hispanidad. Aunque muchos de los que estábamos allí no comulgáramos con este tipo de fiestas ni con quien la dabas, no dejaba de ser una ocasión excelente para encontrarse con gente a la que no veías a menudo, para hincharse a comer, incluso cerdo (jabalí cazado por el propio embajador en las riberas del río Senegal), servido por los camareros musulmanes que no podían esconder su malestar al servirnos, pero sobre todo para ponernos ciegos de alcohol, ya que este no se conseguía en todo el país, pero sí que entraba a través de los envíos que le hacían periódicamente a la embajada desde España.

Se comentaba del embajador que tenía un criado negro, que caía mal entre sus otros empleados y que hacía lo que le daba la gana, pero al que mantenía porque era quien le suministraba por las noches mujeres a sus aposentos ….

El embajador tenía un pequeño zoológico en los jardines de la embajada donde acumulaba algunos animales que había conseguido en sus correrías de cacería a lo largo y ancho de Mauritania. Entre los animales se encontraban algunas gacelas y se decía comentaba que el embajador estaba molesto porque un macho molestaba mucho a una de las gacelas más jóvenes. Enfadado con esto, decidió hacer un intercambio con el embajador español en Argelia, intercambiando la gacela macho por otro animal que este le mandó, a través de lo que llaman “valija diplomática”.

Una de las diplomáticas españolas que estaba allí, agregada de no se qué, se hizo traer de Madrid un banco y una farola copia de las que se encuentran en el Retiro de Madrid, para sentirse como en casa

Esto son los pequeños ejemplos para que nos hagamos una idea de en manos de quienes estamos en estos países. Para saber quienes han sido los embajadores españoles en Mauritania se puede ver la siguiente página https://es.wikipedia.org/wiki/Anexo:Embajadores_de_Espa%C3%B1a_en_Mauritania


Alumnxs del curso 

En Nuakchot lo que hacíamos era dar clases en una universidad técnica sobre agricultura ecológica, que se daba de forma teórica en las clases y práctica en los huertos de la ciudad.

 

Uno de los huertos de prácticas, con su correspondiente espantapájaros

Cuando no había clases, nos íbamos a un poblado, Naïm, donde había un proyecto de reforestar los alrededores para conseguir parar las dunas y proteger el pozo de agua del avance de las dunas. Si la arena llegaba a tapar el pozo, entonces ese poblado desaparecía y sus gentes se iban a otro sitio donde hubiera agua. A pesar de ello, a veces lo que plantábamos durante el día, los camellos se lo comían por la noche, el eterno dilema africano entre la agricultura y la ganadería.

Camellos en el poblado de Naïm


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