https://youtu.be/Gllw5IK7UJ8?si=xFtHqC9ld1M3sC80
COSER
COnvertir Suenos En Realidad
viernes, 23 de enero de 2026
miércoles, 14 de enero de 2026
Costa de Marfil (Historietas)
Sin visado
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| Mural en el Palm Club Hotel de Abiyán, donde nos hospedábamos |
Era el año 2019, trabajaba en Togo, y me tocó ir a una conferencia organizada por la cooperación alemana (GIZ) en Costa de Marfil. Se reunían representantes de 5 países productores de cacao de África del Oeste, y la GIZ buscaba que se elaborara una estrategia común para fomentar la sostenibilidad y la cooperación en innovaciones tecnológicas entre estos países, con el rimbombante nombre de “Plataforma africana de cacao”. Algo claramente destinado al fracaso cuando se conoce un poco la idiosincrasia africana y la competencia entre estos países ya que se pretendía poner a compartir conocimientos a gigantes del cacao como Costa de Marfil y Ghana con enanitos como Togo y Sao Tomé. Una quimera que tampoco funcionaría en Europa, pero cuando hay que gastar dinero, cualquier excusa es buena.
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| Informe de la Conferencia |
Pero esta no es la historieta. Por alguna razón que desconozco, a la hora de viajar me fui al aeropuerto sin haber mirado que es lo que me hacía falta para entrar en Costa de Marfil, simplemente con el pasaporte. Supongo que me confié porque llevaba el pasaporte alemán que tenía por el tiempo que estaba en Togo y que te daba cierta seguridad en caso de conflicto, pero que no sirve para entrar sin visado en determinados países. Al hacer el check-in me preguntaron si no necesitaba visado y les dije con toda seguridad que no, por lo que quizás al ser la chica muy joven y probablemente nueva en el puesto, se lo creyó. Cuando fui a la sala de espera, empecé a pensar que porqué me había preguntado lo del visado la chica y empecé a mirar en internet y vi que efectivamente necesitaba un visado. Después del consiguiente sudor frío que me entró pensé que ya no había solución. Era tarde para pedirlo sobre la marcha, el billete de avión estaba pagado, el hotel reservado y lo peor que me podía pasar era que me regresaran en el mismo avión y la vergüenza de reconocer mi error. Ya en Abiyán, llegué al control de pasaportes y obviamente lo primero que me preguntaron fue por mi visado y les dije que por un error no lo había podido tramitar. El oficial de turno automáticamente me hizo acompañar por un policía a un despacho donde dos policías estaban intentando hablar con un alemán que parecía tener un problema parecido al mío. Ni el oficial al mando ni su segunda, una mujer, hablaban alemán, y el alemán no hablaba francés. Enseguida me ofrecí a hacer de interprete y me pareció que la mujer me miraba con mejores ojos y que eso me iba a ayudar. Pero al oficial al mando yo le seguía haciendo la misma gracia que al principio, o sea, ninguna. Le expliqué que iba a una conferencia internacional, importantísima para el futuro del cacao a nivel mundial y cuando ya pensaba que iba a decir que me llevaran al avión de vuelta, me dijo que llamara a un representante de la GIZ para que confirmara mi historia. Por suerte pude localizar al que manejaba el cotarro y le debió dar suficientes explicaciones, para que el oficial, de mala gana, me dijera que se quedaba con mi pasaporte y que al día siguiente debía ir a recuperarlo a la oficina central de inmigración, previo pago del visado. Le hice varias genuflexiones y me fui, contento, pero todavía preocupado por si en ese caminar de mi pasaporte no se perdería por algún pasillo del inmenso edificio adonde iría a parar.

Mis colegas de la delegación de Togo
Al día siguiente, a media mañana me fui hacia el imponente edificio, lleno de pasillos e innumerables oficinas. Me tocó esperar como una hora y finalmente me hicieron pasar ante una funcionaria de inmigración, que después de revisar mi pasaporte me dijo que me expediría un visado y que había tenido suerte de que me hubieran dejado entrar al país, lo que le volví a agradecer como si hubiera sido ella la que me lo hubiera permitido. En ese momento ya de buen rollo, me dijo que le diera las fotos para el visado y le dije: Ah, ¿pero había que traer fotos? Su mirada me delató lo que pensaba de mi y después de suspirar y pensar los pros y los contras de mandarme a por las fotos, que por lo que me pareció debía ser no tan fácil de conseguir en un rato, sin decirme nada estampó un sello en el pasaporte y me dijo que me fuera. Aunque no me lo dijo, interpreté que además se aguantó de decirme “y no vuelvas más”.
Por esa vez me libré y desde
entonces reviso siempre todos los requerimientos antes de viajar. ¡No hay que
tentar a la suerte!
P.S. Efectivamente el encuentro
no sirvió para casi nada, quizás solo para que un montón de gente que ya se
conocía de otras reuniones se reencontrara, para gastar mucho dinero en viajes,
hotel, comidas y dietas. Un par de años más tarde oí que el programa se había
cancelado.
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| Con mi "hermano mayor" en otro viaje a un Congreso sobre cacao en Daloa (Costa de Marfil) en 2023. |
domingo, 21 de diciembre de 2025
Sierra Leona (fin)
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| Niña en Bandajuma, en una plantación de cacao |
Me llevo un montón de impresiones de Sierra Leona, que seguramente todavía me llevará algún tiempo procesar. Escribir el blog me sirve para reflexionar. No es lo mismo pensar para uno mismo, o contar a alguien lo que has vivido, muchas veces de una forma espontánea, según va saliendo, que escribirlo y darle vueltas a lo largo de los días, afinando y refinando tus impresiones. Me parece que todo queda más asentado, mas apegado a la realidad y relacionado con lo que has vivido en esos días.
Para ello tengo un par de días en
Banana Island, mi última etapa antes de ir a Freetown para coger el barco que
me llevara al aeropuerto (¿a que parece un contrasentido?) para volar toda la
noche del domingo y llegar el lunes 22 por la noche a Tenerife.
Después de haber mirado las
opciones que había en la isla, me decido por Dalton’’s Banana Guesthouse, un
sitio que cuesta diez veces menos que el carísimo The Place y que me gusta diez
veces más. Y es que cuando te quedas en un sitio que no es de tu nivel, creo
que se nota, tanto si es por arriba como si es por abajo.

Dalton's Guesthouse, en Banana Island
La isla, antes de Navidad es de
una tranquilidad absoluta. Coincido el primer día con 3 miembros de Médicos sin
Fronteras (MSF), una chica rusa, un enfermero brasileño y un psicólogo
holandés. También hay una pareja de franceses que vienen desde Francia en
bicicleta y que van camino de Sudáfrica (uno de mis sueños que ya va a ser
difícil poder realizar).
En todo este tiempo en Sierra Leona me ha tocado corregir la maquetación de mi libro sobre el cacao que la verdad es que no me dio muchos problemas más que las de conectarme de vez en cuando a internet, lo que no siempre era fácil. También he acabado de darle el ok a la cubierta estando en la isla. Ahora sólo falta que impriman el libro y que lo manden. Si no falla nada estará a mediados de enero, ya que la primera presentación está anunciada para el 31 de ese mes.
Uno de estos días me visitó una araña por la noche a la habitación. Al parecer es pariente de la tarántula y hubo división de opiniones sobre si es peligrosa o no. La chica del restaurante decía que no, que es una araña de campo y el dueño del hotel decía que si te pica, sólo duele un poco. En todo caso no la maté y la empujé hacia fuera para que volviera a su hábitat.
En la isla no hay mucho que hacer. Bañarse en el mar, hacer un poco de snorkeling, pasear por el pueblo que tiene sólo unas 50 casas y donde se puede ver algunas de un standard medio y la mayoría auténticas chabolas. También se puede ir a un pequeño puerto flanqueado por dos impresionantes ceibas. Allí los barcos y los marineros sestean, esperando el momento de salir a pescar. No parece que el negocio les vaya demasiado bien.
Otro día me voy caminando de punta a punta de la isla, hasta llegar a la siguiente (Ricketts), donde hay otro pequeño pueblo. En todo el camino en el que tardé una hora en un sentido, no me encontré absolutamente a nadie y a veces el camino se perdía. En algunos casos ayudaba ver donde había algún plástico en el suelo, lo que indicaba que ese era el camino correcto.
Quizás influenciado por lo que escribí en mi libro, me he
estado fijando en el trabajo infantil. Lo he visto en muchas partes y de muchas
maneras. Niños vendiendo en las calles, niñas recogiendo botellas de plástico
en las playas, otros acarreando recipientes con agua sobre sus cabezas, los
niños trabajadores en la arena del río, quizás el trabajo más duro que les he
visto hacer. En cambio, no he visto a ningún niño en los campos agrícolas por
los que he pasado.
En el bar del pueblo de Banana Island, hay un mural que les recuerda de dónde vienen.
Paso el último día en Freetown aunque tranquilamente me
podía haber quedado un día mas en la isla, pero no quiero apurar demasiado el último
día antes de viajar por cualquier contratiempo que pueda surgir.
Desde Kent se tarda casi 2 horas en llegar al extremo norte
de Freetown, donde me quedo y que está cerca de las playas y del puerto donde
sale el barco al aeropuerto. La ciudad está en efervescencia constructora, en
parte por las remesas que mandan los que viven y trabajan fuera del país y que
quieren tener un lugar donde vivir cuando regresen a sus orígenes, una vez
retirados.

Camino de Freetown
Aprovecho por la noche para ver un poco del ambiente
nocturno de la capital en la playa de Lumley, donde parece que todo el mundo se
ha reunido para hacer botellón, ir a los bares e incluso para casarse.
Y hasta aquí llega mi periplo por Sierra Leona, ¡de momento!
Kenema 2
Aunque
el nombre del país es muy sugerente, parece que nunca ha habido, ni hay en la
actualidad, leones en el país. Su nombre le viene al parecer del navegante
portugués Pedro da Cintra en 1462 que al ver desde el mar las montañas de la
costa le recordó a un león o leona.
La capital se encuentra
a 8°29′14″N y 13°14′08″Oy el país tiene 71 740 km2 de superficie (algo menos
que Andalucía) y una población de un poco más de 8 millones de habitantes
(igual que Andalucía o Cataluña).
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| En el centro de procesado que Lizard Earth tiene en Bandajuma |
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| Vista del patio de la casa anexa a la de Daniel donde me quedo en Kenema |
Kenema
Empieza otra semana y doy una charla a los técnicos de Lizard Earth de como podar los árboles de cacao y como construir drenajes para evitar el exceso de agua en algunas de las zonas donde han sembrado. También vamos a la finca experimental para enseñarles lo que puede ser uno de los modelos de plantación que deben implementar. Me llama de nuevo la atención su bajo nivel, como por ejemplo que uno de ellos coge la tijera pequeña de podar con las dos manos para cortar una ramita.
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| Haciendo prácticas de poda de cacao con los técnicos |
Combino esto con ratos en la oficina, haciendo planes para los trabajos que tienen que hacer los técnicos el año que viene y estableciendo criterios para seleccionar las parcelas con las que vale más la pena trabajar. Me llama la atención el bajo nivel que en general tienen los técnicos contratados, tanto en el inglés como de conocimientos técnicos, además de la poca voluntad de aprender y hacer cosas. Después me doy cuenta de que estos técnicos que tienen entre 28 y 32 años nacieron en la época de la guerra cuyas consecuencias se siguen pagando muchos años después.
Otro día me voy con Daniel al terreno de 500 ha que la empresa Lizard Earth (https://lizard-earth.org) ha arrendado por 30 años, donde están plantando cacao en las parcelas que están deforestadas y manteniendo 167 ha de bosque primario. Como en la última semana han arreglado la pista con maquinaria, tardamos media hora menos del tiempo estimado. En Dodo, se acaba la pista y vienen 2 motoristas a buscarnos para llevarnos a Neama, donde recogemos a Sewa, el encargado de la finca, para seguir yendo 3 en cada moto hasta Sokibu.
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| En el poblado de Sokibu, cerca de la frontera con Liberia, antes de salir hacia los campos de cacao |
Por
el camino pasamos por 5 puentes hechos con simples maderas y troncos con
amplias separaciones entre ellos, por lo que intento no mirar hacia abajo.
Llegamos a Sokibu, hasta ahora el poblado más tradicional que he visto y me
vuelvo a preguntar como se puede vivir en esas condiciones y tan alejado de
todo. Vamos a pie hacia la finca y tardamos unas 5 horas en visitar varias de
las parcelas. Cuando volvemos me duele todo por la caminata. Encima, al poco de
comenzar, al pasar un riachuelo, de los que tuvimos que cruzar al menos 20,
metí el pie izquierdo en el agua por lo que todo el tiempo voy con un pie
mojado y uno seco. Regresamos a Kenema a las 7 de la tarde, ya de noche, y
después de descargar los 6 sacos de cacao que hemos traído, nos vamos a cenar y
a tomarnos una cerveza Star bien fría para celebrar que todo ha ido sin casi
contratiempos.
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| Sewa, uno de los técnicos, en una parcela agroforestal de cacao |
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| Motos y tiendas de compra-venta de diamantes en la calle principal de Kenema |
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| En el río Moa, decenas de niños trabajan en la recogida y carga de arena para la construcción, en auge en la ciudad. Niños sin futuro. |
Cuando ya llevo unos días aquí
me doy cuenta de la que gente no se ríe mucho, en todo caso menos
que en Togo y no se a qué se debe. ¿Será por la pobreza y sus condiciones de
vida tan duras?
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| Niños imitando las sociedades secretas adultas, que en realidad no son ninguna broma. |
Cuando estuve en Tacugama paseando por
el bosque me encontré con esta escultura tallada en un árbol. ¿A que da un poco
de miedo?
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| ¿Escultura? que encontré en un árbol en Tacugama. La verdad es que impresiona. |
sábado, 20 de diciembre de 2025
Kenema 3
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| Sewa (técnico con gorro), motorista (de rojo), Daniel (blanco) y un cazador-pescador-recolector de la zona |
Volvemos a ir al campo para ver plantaciones
de cacao y las proyecciones que hay de cosecha este año. En el recorrido esta
vez me mojo primero el pie derecho al pasar un riachuelo, más tarde el pie izquierdo
y luego ya me meto de forma voluntaria en el agua con los dos pies. ¡Ya que más
da!
En Sokibu, un poblado que está
solo a un par de kilómetros de la frontera con Liberia, unos niños pequeños que
al parecer nunca han visto un blanco se ponen a llorar cuando nos ven.
De viaje
Llega el momento de irme, para
pasar la última semana viajando por el país. La estancia en este proyecto me ha
parecido provechosa porque en este cultivo nunca se deja de aprender. Con
Daniel, el alemán que fundó Lizard Earth después de cansarse de trabajar en la
cooperación y ver que no se llegaba a nada, compartimos muchas ideas e ideales.
Hemos pasado estas dos semanas trabajando muchas horas juntos, intercambiando
conocimientos y debo reconocer que me ha proporcionado datos que normalmente
ninguna empresa te daría. Su idea es establecer una forma diferente de trabajar
con los productores de cacao, pero las empresas de la competencia, incluso las
“ecológicas” no se lo ponen fácil, y siguen jugando con los precios, muchas
veces desde una posición económica mucho más fuerte para conseguir que los
agricultore les vendan a ellos. Lo que no saben los agricultores, que en su
pobreza arañan cada céntimo que pueden del mejor postor, es que cuando los
precios bajen, entonces las grandes empresas no tendrán piedad de ellos.
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| limpieza de cacao en Lizard Earth dando empleo a la gente del barrio |
Como más datos conozco del país, más me quedo sorprendido de como se puede vivir con tanto poco dinero. Muchos de los técnicos que trabajan en la oficina no comen al mediodía porque no pueden gastarse 1 euro que cuesta la comida. La primera respuesta sería que porque no se les paga más, pero si se mira más en detalle y se conocen todos los datos se ve que desde el consumidor final que consume chocolate, pasando por los supermercados que lo venden, las multinacionales que procesan el cacao, las empresas que lo compran en estos países, hasta los cientos de comisionistas y agentes que recorren todo el país buscando la materia prima, todos presionan a la baja el precio y finalmente acaban esquilmando al productor y a toda cadena de valor en origen.
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| Cacao secándose y las linternas de energía solar cargándose, su única fuente de luz por la noche |
El sistema del comercio del cacao
es tan enrevesado y bien construido que cualquiera de estos eslabones de la
cadena puede decir que no es su culpa que la situación sea así y achacárselo a
los otros. Pero todos, incluso los que lo hacen por desconocimiento, son
responsables de esta situación. No podemos seguir comiendo chocolate (y tantos productos
basados en materias primas) a precios ridículos cerrando los ojos y sin querer saber
que esta gente recibe sólo una mínima parte del precio final del chocolate.
Antes de irme recorro un poco el
caos del mercado de Kenema y lo que primero pienso que son herramientas para la
agricultura finalmente averiguo que es para la minería artesanal. Muchos sueñan
con encontrar una pepita de oro o un diamante que les haga ricos para siempre,
pocos o ninguno lo consiguen.
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| Herramientas para la minería |
Tiwai Island
Emprendo el viaje cargado de
billetes de 5, 10 y 20 Leones, que son los más grandes que hay y que equivalen
a 19, 38 y 80 céntimos de euro respectivamente. En algunos sitios se puede
pagar en dólares o con tarjeta de crédito, pero sólo en los de categoría alta a
muy alta.
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| Cambié 3 billetes de 100 US$ por todos estos billetes |
Al principio había previsto ir en transporte público a Tiwai, que está a sólo 80 km en la pista más recta, pero donde no circulan casi vehículos. Por la ruta asfaltada la distancia se triplica y dado que el tramo final es otra vez pista, el tiempo que se tarda puede ser entre 5 a 8 horas.
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| Parada de taxis en Kenema. Siempre cabe algo más en el taxi |
Daniel se apiada de mí y se ofrece a llevarme en parte como compensación por lo que he trabajado con el y para evitarme la paliza del viaje. De paso el verá esta zona que no conoce a pesar de llevar ya 12 años en el país. Tardamos 3 horas en hacer los 80 km, por caminos que no parecen hechos para coches.
Ya en la isla, después de comer,
me uno a una pareja holandesa para hacer una excursión por el bosque secundario
de la isla, pero que lleva protegido los últimos 40 años. Esta isla alberga 11
especies de monos en sus 12 km2, una de las mayores densidades del
mundo y además 130 especies de aves, además de otros bichos. En sólo un rato
vemos 5 especies diferentes de monos de las que el que más llama la atención es
el black and white colobo, con el cuerpo negro y con una enorme cola blanca. Vemos
y oímos a los monos cuando ellos también se paran a observarnos o huyen de
nuestra presencia. Pero una de las cosas que más me impresiona en los caminos
en el bosque es ver los millones de termitas descomponiendo los restos de
árboles y hojas y al ser tantas, hacen un ruido que se oye perfectamente y que
da miedo, como si fueran la marabunta.
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| Venta de naranjas en la calle. Cada una se vende por 4 céntimos de euro |
A pesar de ser un sitio turístico, muchas cosas fallan y el precio que se paga, aunque relativamente bajo, no está en relación de lo que se recibe. Pero al final uno duerme, aunque haga calor, se ducha, aunque salga poca agua y espera hasta 2 horas para una excursión que estaba planificada para las 6,30 de la mañana y nadie aparece. La cuestión es no desesperarse. No obstante, para curarme en salud y una vez perdida la confianza en la mánager del centro turístico, adelanto mi salida un día para llegar a tiempo a mi siguiente isla donde ya he pagado la reserva.
Probablemente este sea el país
más difícil en el que he estado (¿comparable a Vanuatu?) en relación al nivel
de vida, a los estándares en general, a los conocimientos de la gente, el bajo nivel
de idioma de intercambio (inglés) y el número de malentendidos ya que o no los entiendes
a ellos o ellos no te entienden a ti.
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| Monos en Tiwai island |
Tiwai se viene a ver los hipopótamos pigmeos y chimpancés. No he visto ni lo uno ni lo otro, aunque he hecho el chimpancé track, con un guía que, al no encontrar su machete, decidió coger un cuchillo de la cocina. Aun así, el recorrido es muy bonito, caminando entre la vegetación oyendo los monos que van saltando de una rama a otra. Como al regresar mi guía se quiere ir a su casa, me deja sólo en la isla, cuidando de 12 km2 y miles de monos, por lo que por si acaso cierro la puerta de mi habitación por la noche, no sea que venga un chimpancé a hacer la cucharita.
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| Embarcadero en el rio Moa para ir a Tiwai |
El día de mi partida me dicen que a las 9 de la mañana me espera un taxi para llevarme a la ciudad de Bo, donde cambiaré de taxi. Todo esto lo organiza Siria, la encargada de Tiwai, que me da la impresión de que con todo hace negocio. A las 8,30 llega el capitán que tiene que llevarme a tierra firme. Como nadie ha hecho el desayuno se pone a hacerlo él. Le digo que, para ir más rápido, con hacer una tortilla y un café ya está y nos vamos. Como si oyera llover. Yo tengo prisa porque tengo que llegar a Kent antes de las 3 de la tarde para coger el último barco que va a la isla y que cobra un precio razonable. Si llegas más tarde los pescadores te exprimen sabiendo que no tienes otra posibilidad. Al capitán se la suda ya que él también quiere desayunar como es debido, así que prepara un panqueque, unos plátanos fritos y una tortilla. Para todo ello tarda casi una hora. Ya el día anterior habíamos quedado un grupo de 5 personas con él a las 6,30 y se presentó a las 8. Cuando la jefa le pegó la bronca se excusaba diciendo que había quedado a las 7, no a las 6,30. Una vez en el barco tardamos casi media hora en llegar por la fuerte corriente y ya son casi las 10 de la mañana.
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| Pescador en el rio Moa |
Mi método para no ponerme nervioso en estos países es que me imagino siempre el peor escenario posible. Por ejemplo, en el caso de mi viaje, me imagino que el capitán llega tarde, que luego se estropea el motor del barco, que una vez llegamos, el taxi se ha ido con otros clientes. Luego hay que esperar otro taxi que, cuando sale, se estropea al poco tiempo y hay que coger otro vehículo que pase por allí, pagando un sobre precio. Cuando llegas adonde habías quedado, ya todos se han ido y debes negociar con la gente que hace de intermediaria entre los buses y los taxis. Cuando encuentras un vehículo este se vuelve a estropear a medio camino. Vuelves a buscarte la vida y consigues llegar a tu destino varias horas después de lo previsto. El truco está en que, si cualquiera de estas cosas no pasa, entonces el viaje sólo puede ir a mejor y que, como me ha pasado a mí, aparte de un leve retraso, haya llegado a las 15,30 en punto y he podido coger el barco. Otra vez he pensado que, en estos países, llamados África, todo es posible.
lunes, 8 de diciembre de 2025
SIERRA LEONA
No importa con quien hablara antes de empezar el viaje a Sierra Leona, todos me preguntaban si allí no estaban en guerra, si no era un país extremadamente peligroso y alguno también recordaba el libro o la película sobre los diamantes de sangre. A todos les decía que no, ni guerra ni extremadamente peligroso y que lo de los diamantes es de hace unos cuantos años. Pero la verdad es que no tenía ni idea de lo que me iba a encontrar en este país hasta llegar y comprobarlo por mí mismo. A mi favor tengo el conocer ya algunos países africanos, de los que cinco están en esta zona de África occidental, lo que me da cierta perspectiva. También que tengo cierta predisposición a que me caigan bien en general las gentes africanas, lo cual siempre ayuda. Pero es difícil sustraerse a tantas informaciones negativas sin que te recorra una cierta incertidumbre.
Voy con un grupo de cinco
personas de Barcelona, que se conocen y son amigos, interesadas desde
diferentes perspectivas en el cacao de Sierra Leona, y a los que conozco cuando
me uno a ellos en el aeropuerto de Bruselas.
Uno de ellos es el dueño de Organic África Chocolate (www.organicafricachocolate.org), junto con un colaborador de esta empresa, otro es el dueño de la cadena de supermercados ecológicos más grande de España y luego hay dos mujeres expertas nutricionistas.
La ventaja de ir con el grupo es
que en Sierra Leona ya está todo organizado y para la primera semana no me
tengo que encargar de buscarme la vida, tal como he hecho en tantos otros
viajes. Esto quiere decir que cuando llegamos a Freetown vienen dos coches a
buscarnos al aeropuerto, el hotel está reservado a nuestros nombres y después
de cenar podemos ir a dormir enseguida después de la paliza de viaje de 15 horas
que llevamos desde Barcelona.
Kenema y Kailahun
Las plantaciones de cacao que
vamos a visitar están en el distrito de Kailahun, a unos 400 km de la capital,
hacia donde nos dirigimos desde temprano por la mañana en los dos vehículos.
Como vamos justos de tiempo compramos unos kebabs en Kenema y nos los comemos
por el camino. Esta segunda parte del viaje es una pequeña aventura porque
primero vamos en los dos coches hasta un pueblo, donde nos esperan motoristas
que nos llevan a las 8 personas, ya que se nos han unido el alemán Daniel,
dueño de la empresa ética Lizard Earth que comercializa el cacao y la
sierraleonesa Fatmata. Vamos cada uno de paquete en una moto, como si fuéramos
un tren, por unos caminos de tierra en mal estado donde lo único que esperas es
no caerte. Pasamos por algunos pueblos donde la gente y sobre todo los niños
salen corriendo a saludarnos y ver esta procesión de blancos tan rara.
Llegamos al poblado Bandajuma, donde hay una pequeña planta de procesamiento y vemos parte del proceso de fermentación en cestas, el secado sobre esterillas de bambú y donde Fatmata les da a los pobladores a probar chocolate que el grupo ha traído de Barcelona y que está hecho con el cacao que ellos han cultivado. Para la mayoría es la primera vez que comen chocolate en su vida.
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| Cacao secándose al sol en Bandajuma |
Cuando ya se acerca la tarde, los niños en los poblados nos están esperando para vernos pasar, porque saben que en algún momento tenemos que volver.
De regreso en Kenama nos quedamos
a dormir en el Hotel Paloma. En la mesita de noche de mi habitación, en vez de
una Biblia hay varios condones, al parecer regalo de la casa, lo cual en la
mayoría de los casos es de mayor ayuda que la susodicha biblia. Por la mañana,
al ir a desayunar, veo salir de la habitación de enfrente a una despampanante mujerona
negra y un hombre que la despide en calzoncillos, así que entiendo mejor la
importancia del regalo.
Al día siguiente, ya todo es más
relajado y vamos hacia otros campos de cacao, esta vez sin tener que subirnos
en motos y me doy cuenta a lo largo del día, y así se lo digo a Daniel, que hay
muchísimas cosas que hacer y mejorar. También hacemos una corta visita a un rey
local, que al igual que en otros países africanos, cumplen una función de
intermediación entre el gobierno y la población, así como de autoridad en casos
de conflicto, como suele ser habitual en los casos de propiedad de la tierra.
Acabamos el día visitando por la tarde la fábrica donde a partir del año que viene se procesará parte del cacao transformándolo en masa de cacao, con la posibilidad también de tostarlo y poder exportar con valor añadido, huyendo de la simple venta de materia prima, que lo único que hace es seguir replicando el sistema colonial que en realidad nunca ha desparecido.
Hay que decir que todos los procesos con el cacao, incluso los que se realizan en el campo, son muy intensivos en mano de obra, por lo que la gente local, que son contratados por esta empresa, pueden tener ingresos monetarios adicionales que les permiten mejorar en algo su nivel de vida.
Con el grupo regresamos al día
siguiente a Freetown (otras cinco horas de viaje en coche) y vamos al santuario
de Tacugama, donde hay un centenar de chimpancés que esta institución ha
recuperado de las zonas selváticas, bien porque estaban heridos o bien porque los
cazadores han matado a la madre. Allí se les alimenta, permaneciendo al
principio en campos de entrenamiento para adquirir capacidades de buscar comida,
como por ejemplo ponerles frutas en cajas con barrotes para que con la ayuda de
palos sean capaces de cogerla. Al cabo de un tiempo pasan a superficies
boscosas cercadas, para que cada vez se alimenten más por sí mismos, esperando
el momento en que puedan ser devueltos al bosque, aunque en muchos casos no es
posible y pasaran el resto de su vida en este centro.
Al día siguiente por la mañana nos recibe en su despacho el jefe de ministros de Sierra Leona, David Senghe, el cual, en una forma muy ejecutiva, se hace en 10 minutos con una imagen del proyecto y de los problemas más importantes que promete abordar. Nos concierta una cita para al cabo de una hora con el ministro de Agricultura. También nos recomienda hablar con el embajador español responsable para Sierra Leona, pero ubicado en Guinea Conakry, que está ese día en Freetown, aunque las agendas no coinciden y finalmente no nos vemos. Sergi, que ha vivido varios años en África, dice nunca ha conocido a ningún embajador español que haya hecho algo que valga la pena para ayudar a iniciativas como en la que estamos inmersos. La visita con el ministro de Agricultura si tiene lugar y habrá que esperar los resultados, aunque ya es interesante que políticos de este nivel, con capacidad de decisión, se interesen por este tipo de proyectos.
Como ya es fin de semana lo damos todo y nos vamos a The Place, el hotel más lujoso de Freetown que está en la playa. Fue construido en su momento para los ingenieros que trabajaban en las grandes minas del país para que fueran una semana allí después de 3 semanas en las minas. Nunca en mi vida he pagado tanto por una noche de hotel y no creo que nunca lo vuelva a pagar. Pero al ir en un grupo, que lo ha organizado todo y me ha dado la oportunidad de conocer todo esto, lo que hacerlo por mi cuenta habría sido muy difícil, tienes que adaptarte a su programa. Eso no quita que me haya parecido una contradicción completa entre lo que hicimos el primer día y pasar al otro extremo, pero los caminos del señor son variados e inescrutables. Por la noche hay una fiesta en la playa de danzas del vientre o algo parecido con un grupo de Dubai y dado que el propietario del hotel es de la India, hay un montón de ciudadanos de ese país, que una vez ingerido suficiente alcohol, nos muestran lo mejor y lo peor de ese país. No lo disfruto para nada y a la que puedo, me escapo a la habitación e intento dormir a pesar de la música.
Lo mejor de este sitio para mí fue poder ir a ver los pescadores con sus barcos de colores y ver la amabilidad de la gente y de los niños, a pesar de que te ven venir de ese lugar donde pagas más por una noche de lo que ellos ganan en un mes.
Por fin el grupito se va y yo
regreso con Daniel y Fatmata a Kenema, a volver a la vida normal, ¡por fin ! y
donde pasaré las siguiente dos semanas intentando aportar algo al mundo del
cacao sierraleonés.
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| ¡Esto es África! |














































