viernes, 18 de noviembre de 2022

África Occidental: el cacao sigue a la pobreza

 


La pobreza es el origen de casi todos los desafíos que enfrenta el sector del cacao, por lo que parece lógico que el objetivo principal debería ser su eliminación. Si los productores de cacao no cuentan con un ingreso digno, el cacao nunca será sostenible, sobre todo porque poder ganar un ingreso digno es un derecho humano fundamental. Resolver el problema de la pobreza también es necesario porque los desafíos que enfrenta el sector (desde la deforestación y el trabajo infantil hasta la desigualdad de género y la desnutrición infantil) serán imposibles de abordar si las familias de agricultores continúan viviendo en estas condiciones. Cuando los agricultores deben elegir entre alimentar a su familia y no talar árboles, no tienen elección. Cuando deben elegir entre alimentar a su familia o enviar a los niños a la escuela, tampoco se trata de una elección. Actualmente, casi ningún productor de cacao en los principales países productores de África occidental obtiene un ingreso digno. En Costa de Marfil, incluso entre los agricultores certificados, solo el 12% obtuvo un ingreso digno durante el 2018.

En una entrevista a Antonie Fountain, director general de Voice Network, sobre qué tipo de reformas propone para el sector como prioritarias, dice: Creemos que el precio del cacao debe aumentar y que esto requiere más transparencia por parte de los gobiernos. Las empresas, si realmente creen en el desarrollo sostenible, deben asumir sus responsabilidades. Si les preocupa la pobreza de sus productores, simplemente deberían pagarles más.

Michel Arrion, director general de la Organización Internacional del Cacao dice que los precios actuales representan «un tercio de los precios del cacao de hace cuarenta años». Su cultivo ya no es una esperanza de desarrollo para las familias productoras, que están encerradas en una pobreza endémica. Además, «el cacao se paga demasiado poco para ser sostenible» y sin un precio que permita invertir seriamente en la transición agroecológica de la producción de cacao, la deforestación va a continuar.

En el África occidental hay alrededor de un millón doscientas mil familias de pequeños agricultores y un total de 11 millones de aparceros que viven de la producción de cacao. Sin embargo, su margen de ganancias es extremadamente pequeño. La principal causa de ello son los bajos precios en el mercado mundial que en los últimos veinte años han fluctuado con una fuerte tendencia a la baja. Esto obliga a los agricultores a reducir al mínimo sus costos de producción, para lo cual los niños esclavos, que no cuestan más que un plato de comida diario, vienen como anillo al dedo. Para los picos de trabajo en períodos de cosecha se traen los llamados trabajadores golondrina de los países limítrofes del norte.

Los estados de Ghana y Costa de Marfil tomaron la decisión conjunta e histórica en el verano de 2019 de exigir a los compradores de cacao el pago de un diferencial de renta digno (DRD) a los productores. Se trata de una cantidad de 400 dólares por tonelada que se suma al precio de la bolsa de Londres, un mecanismo que pretende distribuir mejor la riqueza creada en el sector. 

Pero en lugar de respetar esta decisión de los estados, las multinacionales prefirieron frenar sus compras y recurrir a sus existencias y a las de las ventas a futuro de las bolsas de Nueva York y Londres, presionando a las pequeñas organizaciones productoras, que se encontraron con una elevada cantidad de cacao en grano sin vender. Las grandes multinacionales del sector han acabado presionado a los gobiernos de Costa de Marfil y Ghana para que bajaran los precios, por lo que al final todo sigue igual.

Una desventaja para los países productores es la dificultad para mantener las existencias de cacao en stock, debido a su clima caluroso y húmedo, y a que no tienen medios para financiar las infraestructuras necesarias para la conservación del producto por largo tiempo. Esto hace que los stocks sean un instrumento en manos de los países industrializados consumidores y no de los del sur productores.

Como parte de sus estrategias de Responsabilidad Social Corporativa (RSC), las principales empresas cacaoteras estimulan la mejora productiva del producto. Mediante la distribución de insumos y la formación en buenas prácticas agrícolas, intentan aumentar la productividad y, por tanto, los ingresos de los agricultores. Con estas iniciativas, aunque parezcan correctas, las empresas se aseguran la fidelidad en el suministro de las asociaciones de productores asociadas y además trasladan el problema de los ingresos a los propios productores y no al precio pagado. Nadie asegura a los productores que, aunque incrementen la producción, los precios no van a seguir bajando y con ello seguirán manteniendo la espiral de pobreza.

 

Sin embargo, si el sector se centra en el aumento de la productividad de todos los cacaocultores, es probable es que a largo plazo se produzca un exceso de oferta y una caída de los precios en el mercado mundial, con lo que se perderían todos los efectos a futuro. Otras estrategias que los cacaocultores pueden implementar son la mejora de la calidad de su producción o el paso a segmentos orgánicos o certificados de la cadena de valor, ya que con ello pueden acceder a diversas primas de precios. Sin embargo, diversos estudios han indicado que incluso estas primas de precios tienden a ser insuficientes para cubrir el ingreso vital.

El modelo de negocio del cacao ordinario es la pobreza, porque el cultivo de este tipo de cacao paga tan mal que solo es atractivo para los más pobres. El abastecimiento de un cacao ordinario lo más barato posible, genera presión sobre los pequeños agricultores, quienes no pueden influir en los precios y, en su mayoría, no están organizados. Mientras tanto, en la cúspide de la pirámide, los fabricantes multinacionales de chocolate, los procesadores de cacao, los comerciantes y los minoristas ganan miles de millones de dólares al año por satisfacer las necesidades de los consumidores por un producto de placer.

Soluciones técnicas a un problema político: aumento de la productividad

Los enfoques comunes para aumentar la productividad son la capacitación sobre buenas prácticas agrícolas, la distribución de plántulas de cacao y árboles de sombra, la diversificación de cultivos y la puesta a disposición de insumos agroquímicos tales como fertilizantes y plaguicidas. Aunque estos pueden ser elementos que contribuyen a una cierta mejora, este enfoque no ha conducido a un progreso significativo en la lucha contra la pobreza de los agricultores. Todas estas medidas van ligadas a un incremento en inversiones, con productores que en la mayoría de los casos no disponen de capital para ello.

Casi todos los esfuerzos para aumentar los ingresos de los agricultores se basan en soluciones técnicas. Pero los retos a los que se enfrenta el sector del cacao - que son similares a los de muchos otros sectores - no son sólo de tipo técnico, sino que están influidos por las relaciones de poder y los sistemas políticos. Entre ellas se encuentran el establecimiento de los precios de mercado, la falta de poder de negociación de los agricultores, la concentración de los mercados por parte de las multinacionales y la falta de transparencia. Estos son la base de los desafíos políticos que debe abordar el sector del cacao y del resto de productos básicos tropicales.

En 2018 Fairtrade International estimó que, como media, una familia dedicada a la producción de cacao en el área rural de Costa de Marfil ingresaba tan solo el 37% de la renta mínima de subsistencia: 0,78 dólares estadounidenses diarios frente a los 2,51 diarios estimados necesarios. A pesar del enorme volumen del mercado global de chocolate, el valor que reciben los productores y productoras de cacao del producto final es mínimo y probablemente seguirá menguando en el futuro: de media, quienes producen cacao reciben entre un 3% y un 7% del precio de venta final de una barra de chocolate, lo que contrasta con el 50% que recibían en la década de los setenta o el 16% que recibían en la década de los ochenta. En comparación, las marcas fabricantes de chocolate obtienen alrededor del 40% del precio final y los minoristas cerca del 35%.


Estadísticamente, la proporción del precio del cacao en el precio de venta de los productos elaborados con cacao ha ido disminuyendo de forma constante en las últimas décadas. En el mercado francés, por ejemplo, el cacao seguía representando el 23% del precio de una tableta de chocolate entre 1960 y 1970. Entre 2000 y 2011, solo fue el 10%. El descenso más acusado se produjo en la década de 1980. Como resultado, la proporción de pagos a los agricultores -medidos en función del precio del chocolate- se redujo del 12% por barra al 5,6%. Una tendencia similar se ha observado en el mercado del chocolate en Estados Unidos y Gran Bretaña.

Ante ello cabe preguntarse si esto no corresponde a una estrategia a largo plazo de las grandes multinacionales que permitieron durante un tiempo un precio atractivo del cacao, llevando a que muchos agricultores apostaran por este cultivo, lo que dada la vida útil de los árboles los hacía cautivos por varios decenios. Posteriormente, al bajar los precios, recuperaban con creces el dinero dejado de ganar en esa época.

Las familias agricultoras por lo general no pueden permitirse introducir mejoras relacionadas con la fertilidad de una tierra agotada o con la sustitución de árboles del cacao envejecidos o enfermos; tan solo alrededor del 10% de quienes producen cacao del África Occidental pueden permitirse el uso de fertilizantes. Esto se debe fundamentalmente a los deficientes métodos agrícolas, así como a la falta de acceso a insumos, tecnología, subvenciones y servicios de crédito o de extensión agrícola. El incremento en la producción de los últimos años se deriva sobre todo del aumento del área total cultivada más que del incremento en la productividad. Entre 1990 y 2017, el área cultivada con cacao ha pasado de 0,7 millones de ha a 1,7 millones de ha en Ghana y de 1,6 millones de ha a 4,1 millones de ha en Costa de Marfil, un incremento del 150% entre los dos países.

 

Gráfico: causas de los bajos rendimientos en producción de cacao en África occidental


El caso de Costa de Marfil

El cacao en Costa de Marfil, con alrededor de 920.000 productores, contribuye con este cultivo en un 14% al Producto Interior Bruto del país. En este país el cultivo se introdujo en 1895 y se desarrolló con rapidez, especialmente tras la independencia de Francia en 1960, superando a Ghana a partir de 1970.

En 1946 se suprimió el trabajo forzado, utilizado por los franceses en sus colonias para la construcción de infraestructuras. Esto contribuyó a que la producción de cacao aumentara en Costa de Marfil con un frente pionero del cacao que se desplazó hacia el oeste a través de la zona boscosa, animado por los altos precios mundiales de las materias primas en la década de 1950. Tras la independencia, en 1960, se abrieron las reservas forestales y el gobierno fomentó la expansión de la producción de cacao.

A ello contribuyó la abundante mano de obra migrante de Malí y Burkina Faso. Tras la independencia, Costa de Marfil adoptó una política de estímulo a la producción de cacao como principal cultivo económico de exportación. La política de liberación de tierras hizo que más de 2 millones de personas emigraran de las zonas áridas y secas y de los países vecinos a las zonas tropicales y fértiles de Costa de Marfil.

Los resultados de una investigación revelaron que el 81% de los hogares encuestados eran marfileños y extranjeros que se instalaron en la región hace tres décadas debido a dos grandes oleadas migratorias. La primera oleada estaba compuesta por emigrantes marfileños en la década de 1970 y la segunda de no marfileños, incluidos burkineses y malienses, en la década de 1980. Estos emigrantes contribuyeron al establecimiento y la expansión de los cultivos de cacao en el suroeste de Côte d'Ivoire, lo que provocó el desplazamiento del cinturón de cacao en esta región en la década de 1980. Algunos burkineses alquilaban o directamente compraban las tierras a los grupos bete o guere. Mientras que la integración se produjo inicialmente de forma pacífica, los conflictos por la tierra, entre otras razones, condujeron a una guerra civil desde 2002 hasta 2007, con un resurgimiento de la violencia en 2011. Es en este contexto de conflictos por la tierra, incertidumbre y migración, se desarrolla el cultivo del cacao en Costa de Marfil.

En 1977 Costa de Marfil superó a Ghana como mayor productor mundial. La producción ha seguido aumentando de forma espectacular gracias a la expansión de la superficie cultivada. En la década de 1980, bajo la presión internacional para proteger los remanentes de bosques de Costa de Marfil, el gobierno prohibió los asentamientos en las reservas forestales restantes. La política de fomento del cultivo del cacao se revirtió oficialmente en 1988. Esto parece haber tenido poco efecto en la producción, pero la expansión de la superficie parece estar disminuyendo en la actualidad.

 

El cacao ocupa aproximadamente el 40% de las superficies cubiertas por los cultivos exportables y proporciona cerca del 40% de los ingresos por exportación. Desde el punto de vista social, el sector del cacao emplea a dos tercios de la población activa del país y mantiene directa o indirectamente a 6 millones de personas. Los pequeños agricultores son responsables de la producción del 95% del cacao en explotaciones de monocultivo cuyo tamaño medio oscila entre 2 y 5 hectáreas. En los últimos años han surgido varios paisajes cacaoteros-forestales en las últimas reservas forestales del país que se han convertido en importantes zonas de cultivo de cacao. Estas grandes degradaciones han provocado una disminución sin precedentes de la cubierta forestal.

Formas de producción

Existen tres tipos principales de productores de cacao en África Occidental:

   Agricultores que cultivan sus propias tierras. La mayoría de los agricultores que poseen y cultivan sus propias tierras integran la producción de cacao con otras actividades agrícolas. Este es un método común de producción de cacao en la mayoría de las zonas productoras bien establecidas.

  • Los aparceros, que cultivan la tierra de otro a cambio de una parte del rendimiento. Los aparceros suelen dividir la cosecha con el propietario en una proporción de 1:2 (abusa) o, con menos frecuencia, 1:1 (abunu). Estos sistemas existen desde hace mucho tiempo, pero son habituales en las zonas de reciente cultivo, sobre todo en Costa de Marfil, donde muchos de los aparceros son emigrantes de Malí o Burkina Faso. Dado que los aparceros reciben una parte menor del rendimiento de su producción, sus ingresos rara vez son suficientes para pagar la mano de obra, por lo que tienden a utilizar la mano de obra familiar o realizan las mínimas labores necesarias. En el sistema de arrendamiento Abusa, los agricultores arriendan tierras a terratenientes que no pueden o no quieren administrar ellos mismos la plantación. A cambio, suelen tener que dar la mitad, a veces hasta dos tercios de su rendimiento, que varía según la cosecha, al propietario. Actualmente no hay datos confiables sobre el porcentaje de hogares que trabajan bajo los sistemas Abunu o Abusa. Las cifras que se tienen son relativamente bajas; sin embargo, hay datos que indican que en algunas regiones son alrededor de una cuarta parte y, según otras encuestas, incluso un tercio de las plantaciones son administradas por los arrendatarios, aunque este tema ha sido poco investigado. Actualmente, estos sistemas no consideran si el arrendatario recibe el dinero suficiente para considerarlo ingreso digno. Como muchos agricultores propietarios de tierras no reciben un ingreso digno, es probable que la situación de muchos arrendatarios sea mucho peor.

    Administradores de fincas que gestionan las explotaciones y reciben un salario, unos honorarios o una futura participación en la explotación. Son habituales en las explotaciones en desarrollo, antes de que comience la producción comercial. Pero algunos pequeños agricultores también se encargan de la gestión de las explotaciones de los grandes propietarios, además de las suyas propias. Suelen tener los mismos problemas de pago de la mano de obra contratada que en el caso de los aparceros.

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