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sábado, 21 de enero de 2023

Cuando está despejado, es bien bonito

 

Gente en la plaza Grande de Quito, en la escalinata de la catedral

Me ha sorprendido el cambio tan brusco, de pasar del carácter alegre caribeño, al más sombrío andino, de la cantidad de gente que hay vendiendo cualquier cosa por las calles, de que la gente desaparece cuando cae la noche y sólo quedan los coches circulando, de la cantidad de policía en el centro histórico y en el financiero, las innumerables plazas y parques, tomados por vendedores y predicadores de cualquier confesión. El tráfico inmenso, la cantidad de taxis y coches, los buses azules ruidosos y amenazantes, de la dolarización del país como si fuera lo más normal del mundo, de la cantidad de tiendas de celulares que hay.

Aviso: Cuidado con Aeroméxico. Si tienes cualquier problema como que la maleta no te llegue, te van a martirizar, no te darán nada, te ignorarán y tendrás que suplicar para conseguir algo. ¡Nunca mais! con esta compañía!

En Quito no hago nada de lo que tenía previsto. La falta de maleta, la falta de ropa, el frío, el ruido, la falta de aire al caminar, el tener que estar en constante contacto con la línea aérea, el tener que ir a comprar una chaqueta para el frío y unos zapatos para la lluvia me toman todo el tiempo. Y además la altura me afecta sobre todo en las cuestas, donde la boca no me da para aspirar todo el aire que necesito. Todo y así consigo arrastrarme hasta algunos sitios y me quedo impresionado de la cultura del cacao que hay aquí. Hay marcas como la República del Cacao, con tiendas propias en varios sitios que vende su chocolate a 9 € la tableta de chocolate y al parecer, la gente lo compra. Yo también lo hice y debo reconocer que está realmente bueno. Pero en este caso no he visto nada que indique que el valor añadido le llegue al productor y eso es lo que me interesa, así que hasta que no sepa más va a ser la última que les compre.

En unas tiendas en la zona llamada La Mariscal (luego me enteraré que se considera una zona peligrosa en Quito) también encuentro una tienda que tiene toda una serie de chocolates de calidad de marcas locales, con comercio justo, de la Amazonía, de proyectos sociales, entre ellos las de la famosa empresa Pacari que ha revolucionado el mercado del cacao ecuatoriano en el país y fuera. Compro dos tabletas de 50 gr por 5 €. Más tarde me entero de que todo lo que no esté detrás de un muro o con protección policial es peligroso en Ecuador, sobre todo por la noche y a veces por el día.


En Quito veo enormes colas en algunos Bancos. No me entero si es porque han quebrado o porque es día de pago. Pero las colas son mucho más largas aquí que en Cuba. Así que no es oro todo lo que reluce.

No importa donde vayas, todos te dicen que no salgas de noche, que es muy peligroso. No se si será verdad, pero no lo voy a comprobar. Después de 3 días en Quito, pendiente de la maleta que parece que todavía está en México y sin nada especial que hacer, cenando a las 6 de la tarde para no tener que salir de noche, decido irme a Riobamba, que en principio es una ciudad más tranquila y donde está Raúl, uno de los técnicos de la Fundación Maquita que junto con Manuel hace poco estuvieron en Tenerife y a los que acompañé en su recorrido por fincas ecológicas durante una semana.

Ya en Riobamba me contactaron 2 profesores, Sebastián y Danilo de la facultad de Recursos Naturales de la ESPOCH (Escuela Superior Politécnica de Chimborazo) que quieren ver la forma de tener algún intercambio con la Universidad de La Laguna. Hay dos temas que les interesan especialmente, los bancos de semillas y el manejo del agua como parte de un ecosistema. En la provincia tienen 350 000 ha de tierras de cultivo, de las que sólo 50 000 cuentan con riego. Quedamos para el día siguiente en que me dieron la oportunidad de conocer las instalaciones y las experiencias que transmiten a los campesinos de la zona, que en la mayoría de los casos sólo tienen parcelas de 2500 m2.

Aprendo de cosas que no había visto, como el cultivo de fresas en sustrato inerte con riego por goteo y fertilizadas con productos ecológicos, de las que aprovechando el drenaje del agua cultivan una serie de plantas en el suelo, que contribuyen a la seguridad alimentaria de la familia, a la biodiversidad del invernadero y que, aunque aún no han sistematizado la experiencia, ha contribuido a reducir las plagas, sobre todo de mosca blanca.

En esta Facultad, igual que pasa en la Escuela de Agrícolas de La Laguna, la mayoría de profesores están anticuados, no han avanzado con los tiempos actuales y están anclados a los conocimientos que adquirieron en el siglo pasado, a los que no están dispuestos a renunciar. Aquí y allá, el camino a recorrer para crear un mundo sin agroquímicos es arduo y difícil, así que sólo queda seguir insistiendo y aportando conocimiento.


También me muestran los invernaderos enterrados, llamados Wallipini (nombre Aymara) que para una zona tan fría como esta contribuye a mantener una temperatura que permite cultivar plantas que de otra forma no se darían a estas alturas de entre los 3000 y 4000 msnm. Son una experiencia que trajeron de los altiplanos de Bolivia. Y es que la cooperación tiene que ser sur-sur. ¡Que les vamos a enseñar nosotros de qué hacer a 4000 m si no sabemos lo que eso!


Durante el día vamos hacia el páramo Igualata donde desde hace 20 años, los campesinos, asociados de forma natural y sin más ayuda que de algunas ONG’s como la española Ayuda en acción han protegido la captación de agua del páramo en alturas superiores a los 4000 m que abastece de agua potable y de riego a 1200 familias en 13 comunidades. Constituidos en Junta de Agua el precio del agua que cobran para cubrir el mantenimiento es de 2 euros al mes para un suministro de 13 m3, lo que les permite también disponer de agua para regar las parcelas aledañas a la casa. Estas comunidades, olvidadas del estado y de los gobiernos municipales han tenido que organizarse y sólo reciben una pequeña subvención estatal por mantener el páramo, productor de agua para todos.


En una parcela, ya en el páramo, tienen algunas alpacas y vacas, con las que estudiantes se hacen fotos mientras estas corren asustadas. Por cierto, las alpacas no escupen, son las llamas.


El frío es tal, que a los terneros les ponen unos sacos de plástico para evitar que les afecten las fuertes heladas que se producen por la noche cuando se acuestan con el pelaje mojado.


Después de caminar con los estudiantes y los responsables de la Junta del Agua a 4000 msnm, donde la respiración en las cuestas se vuelve a hacer difícil, por fin pudimos entrever el Tungurahua de 5023 m. A ratos también vemos el volcán extinto El Altar de 5319 m, con nieve en sus cumbres. El Chimborazo todavía no se ha dejado ver con sus 6263 m, pero se siente su presencia.

Finalmente acabamos tomando algo en la parroquia (municipio) de Santa Fe de Galán, en una pequeña venta en la plaza del pueblo, y uno se pregunta como se puede vivir aquí.


De vuelta a Riobamba, al día siguiente hay desfiles en las calles y parece que no haya nadie en sus casas, todo el mundo sentado viendo a las agrupaciones pasar. Al estar entre la gente pillo alguna conversación. La que más me llamó la atención fue de una mujer indígena diciéndole a quien parecía ser su marido: usted es mi marido y tiene que comprarme todo lo que necesito, desde el calzado hasta el calzón. Que romántico!



 

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