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lunes, 16 de junio de 2014

Muerte en tuc-tuc

Tuc-tucs en la calle principal de Guastatoya

Guastatoya es estadísticamente una de las ciudades más seguras de Guatemala. Según me decían unos trabajadores que hicieron unos arreglos en mi casa, como esta ciudad es pequeña y todos se conocen, cuando la gente se da cuenta de que ha habido algún robo, se ponen al acecho hasta que agarran al ladrón. Entonces le pegan un tiro y en una camioneta lo van a tirar a la cuneta de la carretera que va al Atlántico, y si puede ser, fuera de la jurisdicción del departamento, para que así siga manteniendo en las estadísticas la fama de tranquilo. Es lo que otro llamaba “es que aquí la gente está muy unida”. El otro día la tranquilidad se vio alterada porque mataron a un conductor de tuc-tuc. Al parecer hay bandas que vienen de la capital (estamos a sólo 73 km) y extorsionan a los conductores de tuc-tuc (quines normalmente no son los dueños de los vehículos) exigiéndoles el pago de 200 Quetzales (20 euros) a la semana. Esta cantidad significa que tienen que llevar a 66 pasajeros para pagar esta cuota de extorsión, lo que fácil significa más o menos un día de trabajo. Como al parecer hubo problemas en el pago, mataron a uno de ellos como aviso a los demás. El chofer que murió, estando herido, pudo arrebatarle la pistola a quien le disparó y mató a una chica que acompañaba al asaltante. Todo esto soliviantó los ánimos de la población así como de los conductores de tuc-tuc (yo calculo que debe haber unos 200 en Guastatoya) quienes al parecer agarraron la semana siguiente a uno de los supuestos miembros de la banda que venía a cobrar la cuota semanal. Para suerte de él lo entregaron a la policía mientras un grupo de exaltados fue a buscarlo para lincharlo. Hubo algunos disturbios y pude ver a la turba cuando mediante llamadas de celular y mensajes de boca en boca nada contrastados se comunicaban entre sí que habían agarrado a otro “bandido” en uno de los barrios y todos, a pie, en moto, tuc-tuc o vehículo se dirigían hacia allí dispuestos a lincharlo mientras algunos gritaban “lleven gasolina para quemarlo”. En Alemania un nigeriano que nos daba temas de seguridad antes de venir aquí nos aleccionaba de que en su país, cuando la turba quiere tomarse la justicia por su mano, embuten al que agarran en un par de neumáticos de coche y luego le prenden fuego. Una semana más tarde han vuelto a matar a otro conductor de tuc-tuc y los ánimos de la gente van a peor.
Mientras tanto el equipo de fútbol de la ciudad acaba de subir a la Primera división nacional, gracias al apoyo económico de la municipalidad, lo que le permitió, con el dinero de todos, fichar a un entrenador uruguayo y  a un par de jugadores latinoamericanos. Mientras, la otra cara de la moneda es que la ciudad no tiene sistema de drenaje de aguas pluviales por lo que cuando llueve medianamente fuerte las tuberías de aguas negras se colapsan con las aguas que le llegan de la lluvia y las aguas retornan a las casas, por lo que hay que estar atento y colocar un peso encima de la tapa del wáter para no encontrarse sorpresas. 

Y como guinda, una historia que escribí hace tiempo en Colombia:


Guerrillero
Mi tío Ramón era guerrillero y nunca lo pudieron agarrar. Dicen que se hizo guerrillero por hambre y después ya fue costumbre, porque no sabía hacer otra cosa. También que tenía poderes y que sabía leer en el humo, como si sus espirales fueran letras encadenadas. Cómo, si no, se explica que nunca lo atraparan, y mira que lo intentó veces el ejército. Sí, mi tío tenía poderes y yo lo sé, porque aunque todavía era chiquito, lo vi con mis propios ojos y será algo que se me quedó grabado para siempre.
Fue en unas Navidades, me acuerdo bien. Yo estaba jugando con mis primos al chapalote, tirando piedras a los charcos y haciendo que rebotaran en el agua. Entonces oímos el silbido. Mi tío siempre silbaba cuando venía, primero oías el silbido y luego al rato, ahí estaba él, como apareciendo de la nada. Siempre era el mismo tono, largo y agudo, que se iba apagando como el tañido de un campana. Nos quedamos todos quietos, escuchando y viendo, sin movernos, pero mirando para todos lados, sólo con los ojos. Pasó un ratito. Y de pronto lo veías, vestido de verde olivo, alto, flaco y con una barba enmarañada que le llegaba al pecho. El cabello, negro, se escapaba largo y revuelto bajo la gorra caqui. A la espalda llevaba una mochila grande, hecha de esparto y que parecía a punto de reventar. Estaba clavado en el suelo, las piernas separadas y el barro pegado a los bajos de sus pantalones, paseando su mirada por el lugar, con los ojos entrecerrados. Sin decir nada entró a la casa, subiendo despacio los peldaños de madera. Nosotros entramos corriendo detrás, silenciosos, como hormigas en fila y nos sentamos en el suelo, expectantes. Tras dejar la mochila en el suelo, empezó, todavía de pie, a liar un cigarrillo de un tabaco oscuro y apestoso, cuyo humo ascendía desde su mano y lo envolvía. Cuando su mirada se posaba en mí, con esos ojos profundos y oscuros que reflejaban la selva en cada surco de su cara, sentía que me ardían las mejillas y un cosquilleo que me abrasaba hasta los dedos de los pies.
Por fin, después de mirarnos detenidamente y sin dejar de fumar, abrió su mochila y nos fue dando uno a uno nuestro regalo. La pelota fue para Gabriel, el tirachinas para Juan, los dados para Segismundo …… y al final, un pequeño juego de ajedrez para mí. A la casa se habían ido acercando otros niños del pueblo, todos conocían su silbido, y atisbaban por las rendijas de los tablones de madera. Del fondo de la mochila extrajo un puñado de caramelos que lanzó hacia fuera y de los que en un momento no quedó ninguno en el suelo, como si tuvieran la capacidad de evaporarse. De pronto se quedó quieto, mirando con fijeza el humo, y sin que supiéramos porqué, salió de la casa. Se fue andando, sin correr, hacia donde la gente del pueblo tenía sus plantíos, sobre todo de bananos y yuca. Ágil abrió la cerca y no había acabado de desaparecer cuando oímos el ruido de motores de un camión militar y varios jeeps que llegaron levantando una gran polvareda. Uno de los vehículos se paró frente a nuestra puerta, los guardias gritaban -¡¡¡todos al suelo¡¡¡- y amartillaban nerviosos sus fusiles. Todo era un correr de aquí para allá, los militares que no cesaban de gritar, los niños más pequeños llorando, los hombres echados en el suelo con las manos en la nuca y las mujeres a las puertas de sus casas. El guardia que estaba al mando, se puso de pie en el jeep y dijo;  - ¿dónde está Ramón?
Habló bajo, sin gritar como los otros, y volvió a repetir: - ¿dónde está Ramón, socabrones?. Si no me lo dicen mando a quemar esta mierda de pueblo con su gente dentro.
Nadie decía nada. Los niños, asustados, miraron hacía el plantío. Con un gesto el militar mandó a seis de sus hombres en esa dirección. Durante un rato solo se oyó el siseo de los machetes al rasgar el aire, cortando hojas de bananos e incluso alguna mata entera, que caía con un ruido sordo, como si dejara ir un quejido. Me pareció que pasó mucho tiempo pero otros dijeron después que sólo habían pasado unos pocos minutos hasta que los soldados volvieron. Sólo negaron con la cabeza mientras comían unos bananos maduros. El jefe nos volvió a mirar, despacio y todos bajamos enseguida la cabeza. Resopló un par de veces y finalmente diciendo –vámonos- él y sus hombres se fueron con la misma parafernalia con la que habían llegado.

Todos nos quedamos donde estábamos, sin atrevernos a movernos, los hombres solo se incorporaron y se quedaron sentados en el suelo, mirando hacia el plantío. No se oía nada, ni siquiera la brisa que a esa hora de la tarde acostumbraba a levantarse, haciendo susurrar las hojas. Al cabo de un buen rato, se oyó un silbido largo y agudo y mi tío Ramón apareció, viniendo por el mismo sitio por donde lo habían buscado los soldados. Se acercaba caminando despacio y de nuevo volvía a fumar uno de sus apestosos cigarros. Traía la camisa hecha jirones y todo el pueblo lo rodeó e incluso algunos lo tocaron. El solo sonrió, cogió su mochila y se alejó despacio, deshaciendo el camino por el que había llegado. Todos comentaban que cómo había hecho para esconderse de los soldados, hasta que alguien dijo; -“pues no vieron como traía la camisa, carajo. ¿Es que no entienden?

domingo, 1 de junio de 2014

Perderse

Cruzando el río San Martin en el pueblo de Sayaxché, en Petén

Ya es lástima que en un país tan bonito como Guatemala me haya tocado trabajar en uno de los sitios más aburridos, lejos del mar y además en un programa que no acaba de arrancar y de encontrar su norte, que va girando cual brújula loca que acabe de entra en un campo magnético.

Además me parece que algunos de mis colegas están siguiendo este manual que dice que lo hizo la CIA para boicotear a los alemanes en la segunda guerra mundial. No sé si será verdad pero en todo caso me he encontrado a varias personas de estas en el camino. L aparte postiva sería tomarlo como la opción de que cuando uno quiere que las cosas salgan adelante, entonces hacer todo lo contrario. Ahí va:
¿Cómo sabotear reuniones?
  • ·    Insiste en hacerlo todo a través de “canales”. No permitas que se utilicen atajos que permitan decisiones expeditas.
  • ·     Haz discursos. Habla tanto como puedas y durante mucho tiempo. Ilustra tus argumentos con largas anécdotas y relatos personales.
  • ·   Cuando sea posible, deriva todos los temas hacia comités “para un mejor estudio y consideración”.
  • ·      Menciona temas irrelevantes tanto como te sea posible.
  • ·      Discute el significado de cada palabra en las actas y comunicaciones.
  • ·    Pide continuamente tener precaución, actuar sin prisa y no precipitarse en cosas que después pueden causarnos problemas.
  • ·      Reabre temas cerrados en reuniones anteriores y pide que se revisen.
  • ·      Preocúpate sobre la legitimidad de cada decisión. Pregunta cada vez si es este grupo el que está legitimado para decidir o si está en conflicto con la política de algún otro grupo.


Instrucciones para directores y supervisores para sabotear el trabajo:
  • · Malinterpreta las órdenes o haz preguntas interminables o mantén una larga correspondencia sobre estas órdenes.
  • ·   Al asignar trabajo, asigna el trabajo poco importante primero. Asigna el trabajo importante a los más ineficientes.
  • ·     Exige un trabajo perfecto en aquellos que no sean importantes.
  • ·     Al formar nuevos trabajadores, da instrucciones incomprensibles.
  • ·   Para bajar la moral, elogia a los trabajadores ineficientes y promociónalos de forma inmerecida. Discrimina a los buenos trabajadores y quéjate de su trabajo.
  • ·      Mantén reuniones cuando haya trabajos más importantes que hacer.

 ¿A que tienes la sensación de haber estado trabajando alguna vez junto a agentes entrenados por la CIA?
Cay Baboon, en los Cayos Perlas del caribe nicaragüense, un lugar donde perderse de la CIA y de cualquiera

Anuncio: Próxima aparición de la historia por capítulos “Navegando rumbo al archipiélago de Cambio Climático”. 

viernes, 11 de abril de 2014

Medio Ambiente F.C.

Casa en Río Dulce
Desde hace tiempo voy a la búsqueda de copiar alguna idea de las multinacionales para aplicarla a los proyectos en los que trabajo. Me gustaría tener el éxito de la Coca Cola que es consumida hasta en el último rincón del mundo, de los teléfonos móviles, que uno encuentra no importa si es en la selva o en el desierto. Hasta ahora no lo he conseguido ya que no vendo bebidas aunque en lo de la tecnología todavía tengo esperanzas ya que si uno desarrolla algo bueno, la gente lo acepta.
Lo último que se me ocurre para ver que puedo sacar es a través del fútbol, algo como Medio Ambiente Fútbol Club. En Guatemala el fútbol se vive de una forma increíble. Cuando mi acento español me delata, la primera pregunta es saber de dónde soy. Cuando les digo que de Barcelona, automáticamente asumen que soy hincha de este equipo y la mayoría me empieza a contar las excelencias y hazañas de este equipo y ya se establece una pequeña corriente de amistad. Cuando les digo que vivo en Tenerife, eso ya les interesa menos, sólo a los que saben que Pedrito es de allí o bien por el famoso hermano Pedro, que está enterrado aquí, y del que se saben su vida y milagros. También me he encontrado alguno que de entrada me dice que no podremos ser amigos ya que él es del Madrid (en general el fútbol aquí es asunto de hombres aunque alguna fanática también me he encontrado). Yo los intento despistar diciéndoles que en realidad no me gusta el fútbol, ante lo que ya me miran un poco raro, pero para compensar luego les digo que en realidad soy de todos los equipos menos del Real Madrid, con lo que al cabo de un rato, cuando lo han procesado, los hinchas del Barcelona me vuelven a sonreír.

Campo de fútbol en Guastatoya, con farola en el centro para que los "ilumine"
Algunos hacen caso omiso de lo que les diga y asumen que ser nacido en Barcelona es sinónimo de ser hincha del Barsa y me hablan del próximo clásico y quien va a ganar la champions.  Hay un guardia de seguridad en el dentista al que voy que cuando me ve ya me viene a recibir a la puerta y me hace los comentarios pertinentes sobre el último partido y el próximo del Barcelona, incluidos los pronósticos de quién ganará. Un día que estaba esperando el taxi, le dije que me parecía increíble el fanatismo que hay en Guatemala por unos equipos que no son de aquí y donde no juega además ningún guatemalteco. Le conté, ya embalado, que el otro día vi a un chico que llevaba el escudo del Real Madrid tatuado en el brazo. Yo pensé que pondría una expresión de sorpresa pero sólo se sonrió y me dijo, eso es nada, hubiera visto a mi sobrino, era un fanático del Real Madrid, se desvivía por ver los partidos y jugaba al fútbol muy bien. Murió el año pasado con 26 años. Yo le pregunté que si había sido por un accidente, y me dijo que no, que le pegaron un balazo en un bar donde hubo una pelea. Su madre hizo que en la lápida del cementerio le grabaran el escudo del Real Madrid.
Y así voy haciendo amigos y algunos enemigos gracias al fútbol y a las pasiones que levanta. Y a mí en realidad no me interesa, lo único que quiero es que la Liga la gane el mejor, eso  sí, mientras no sea el Madrid.

Mientras en la Liga de fútbol en Guatemala el otro día suspendieron el partido en Guastatoya por amenazas de muerte al trío arbitral, y aquí, las amenazas suelen ir en serio.

La chica que limpiaba en mi casa se ha ido, no sé muy bien porqué, pero ahora viene la señora que le cuida a ella la niña. Con estas mujeres me pasa como a mi amigo Manolo, que antes de que venga la señora, limpio la casa para que no la encuentre sucia, que contrasentido no.

Y mañana me voy de vacaciones a Corn Island....................
Caminando desde Río Dulce a Livingston por la selva



sábado, 1 de marzo de 2014

100 días en Guatemala

Mural en mi linda Masaya

Yo me olvido del pasado igual que tacho los días que pasan sin parar.
No solo no me gusta Guastatoya sino que además me amargan las iglesias que salen como hongos por todas partes. Hay dos iglesias en la esquina opuesta de mi calle que consiguen con la suficiente potencia de altavoces entrar con sus cánticos en mi casa. También la casa de mis vecinos se convierte por arte de magia y por medio de un poster que pegan en la ventana los viernes en un tabernáculo y en este caso, sin altavoces, también me llegan sus voces celestiales. Nunca he oído que la palabra de Dios tenga que ser transmitida a gritos pero así parece que lo entienden algunos. Voy a decirles lo que me contó Blanca, que hace poco en Nicaragua me decía toda convencida que los 10 mandamientos se los dio Moisés a los israelitas, no a las nicaragüenses o a los guatemaltecos. 
Guastatoya tiene un supermercado, la Despensa, que tiene los mismos productos baratos y de baja calidad que los que vendían en Pali en Jinotega, ya que son de la misma cadena. A veces me desconsuelo de ver la poca oferta que hay. Como cuando no encuentro ningún queso de los que me gustan. Por suerte, como ahora ando algo enamorado, no tengo mucha hambre y con cualquier cosa me conformo.

Con mi reloj fresita en mis vacaciones en Belice (no me atrevo a llevarlo
en Guastatoya)

Ya tengo una mujer que limpia en mi casa. Le pregunté cuanto me cobraba y me dijo que no sabía, que es lo que se suele decir a los extranjeros preguntándoles luego que cuánto ofrece. Después de preguntar un poco cuales eran los precios le ofrecí 2,5 Euros/hora y ya me di cuenta por su rápida respuesta de que le pagaba más de lo que es normal, el doble o más. Pero no me importa, me lo puedo permitir y no me importa revolver un poco el avispero del mercado doméstico local. El problema de contratar a alguien aquí es que enseguida le parece poco surtido tu arsenal químico de limpieza y te hacen una lista de todo lo que les hace falta. Así que le dejé dinero para que comprara ella todo lo que necesitara y ahora ya estamos preparados para librarle una guerra química a los mismos EEUU. Se llama Nuenjuly Mishell, sólo el nombre, y si, si, no es un error ya que tengo su DPI delante y algún día le preguntaré que significa su primer nombre y quien fue el desalmado que se lo puso. En todo caso cuando entro a mi casa huele a limpio.
En mi piso en Tenerife como no me gusta limpiar intentaba hacer lo menos posible, sólo 1 vez a la semana. Así que limpiaba una habitación cada semana, eso sí, a fondo y luego me pasaba 3 semanas intentando ensuciar lo menos posible esa parte de la casa. Cuando limpiaba el baño los siguientes días iba a casa de los amigos y preguntaba si podía ir a l baño.
Normas de los garifunas para los chapines (guatemaltecos)


100 días en Guatemala
Ahora llevo unos 100 días en Guatemala, día más, día menos. Me propuse hacer un primer balance en este tiempo, como si fuera cualquiera de esos políticos electos y la verdad es que no he llegado a ninguna conclusión determinante, así que me he dado 100 días más. ¡Ventajas de ser yo mismo quien me fiscalizo!
De todas formas ya voy viendo algunas cosas que tengo en cuenta para este segundo centenar de días.
Vivienda: mi casa es grande, bonita y espaciosa, pero le falta un jardín con un palo de mango para colgar mi hamaca. Es caliente durante el día y refresca un poco por la noche. De momento cuando ponen música religiosa los vecinos la minimizo sobreponiendo mi música con el pequeño altavoz que me dejó de regalo Rosa.

Mi pequeño jardín

El pueblo es aburrido, sin nada que hacer ni entre semana ni los días de fiesta. No hay ningún restaurante que resalte sobre otro ni nada interesante que hacer. Lo poco que de momento he iniciado es ir los sábados a las 9 de la mañana, antes de que llegue la marabunta a nadar a las piscinas del parque acuático. Uno o dos días a la semana voy con Neftalí, mi compañero de trabajo a jugar al tenis de mesa, en las instalaciones donde entrena el equipo olímpico de Guatemala. Ni decir que no les llegamos a la altura del zapato pero hacemos lo que podemos.
Una vez al año hay un desfile hípico, para las fiestas de  enero, donde viene gente pudiente, finqueros grandes de varias partes del país a mostrar sus caballos. Al mismo tiempo muestran sus grandes pistolas y así no es de extrañar que Guatemala sea uno de los países más violentos de Centroamérica si a cualquier descerebrado le dejan llevar impunemente un arma.
Los fines de semana son demasiado cortos para ir a cualquier lugar ya que cualquiera de los mares me queda al menos a 5-6 horas en coche, así que de momento planeo las vacaciones y los fines de semana largo para escaparme.
Cuando vine acá, pensaba que venía a una especia de Jinotega, pero ya en estos pocos días me he dado cuenta de que Jinotega no hay más que una. Aquí no hay farmacias donde jugar al ajedrez, ni casas antiguas estilo colonial, ni gente que con su amabilidad te alegren el día.
El trabajo, quizás por estar empezando no acaba de cumplir mis expectativas y de momento los grandes medios de mi empresa se gastan en temas administrativos y no en los técnicos. Damos ejemplo de derroche a nuestras contrapartes y les pedimos ajuste presupuestario. El equipo con el que trabajo es bueno y me entiendo bien con ellos, lo que es una suerte visto lo visto.

El fin de semana los borrachitos se caen en cualquier lado,
como este enfrente de mi lugar habitual de trabajo


Y una cosa que tengo que cargarme en mi cuenta y que hasta ahora parece que no me hubiera dado cuenta, es que me gusta más ser capataz que peón y de momento me cuesta un poco asumir este nuevo rol.

sábado, 25 de enero de 2014

Vacaciones



Después de las vacaciones se queda uno en el aire, flotando, al margen de la rutina, porque sales, tienes vida propia, juegas con mantas rayas en el agua, te tumbas en una hamaca al rico sol de Livingston, de pronto ya no comes solo y tienes con quien hablar, paseas, de ríes de las tonterías y te las inventas para hacer reír a los demás, y luego te quedas sin nada.

Rio Dulce

 Hay días que me pregunto qué hago aquí, otros en los que la vorágine del trabajo, las reuniones y las entrevistas me arrastran y no me dejan pensar, algunos en que me apetece sumergirme en sus ojos negros y acurrucarme ahí para siempre.



Cuando el aburrimiento de Guastatoya me abate y en la iglesia evangélica de la esquina se ponen a cantar para que los oiga todo el pueblo, pongo mi canción favorita de Nicaragua que me lleva volando hacia allá donde cualquier tiempo pasado fue mejor.




Caballistas armados en la celebración del Cristo de Esquipulas en Guastatoya




AVISO: Este blog quedará olvidado los próximos 15 días por vacaciones en Nicaragua


martes, 10 de diciembre de 2013

Guastatoya


Guastatoya, la ciudad donde vivo, es pequeña, con dos calles principales, un paseo, un parque central y algunos barrios. Por la tarde la gente va al parque central, a sentarse a la sombra de los árboles, sobre todo de una gran ceiba, ya que a esa hora corre el aire. Además hay música salsera pachanguera que a la gente parece gustarle. También hay otros lugares como otra ceiba enorme que parece quedó salvada de la tala que se hizo en esta zona y donde también en su base han hecho unos bancos de cemento donde la gente se sienta a platicar y a ver pasar la vida. La gente camina despacio, y te saluda por la calle, no como en ciudad de Guatemala, donde todos van rápidos, con la cabeza baja, como con miedo.


En toda la ciudad hay 4 semáforos de los que sólo hay que parar en uno, los otros no los respeta nadie cuando están en rojo ya que no tiene mucho sentido y hay buena visibilidad para ver si viene alguien.  Los tuc-tuc están por todas partes, recogiendo y dejando pasajeros y poniendo en peligro a los pocos que se atreven a ir de peatones. No hay muchos sitios donde ir a comer, unos pocos restaurantes donde la comida de menú suele ser la misma todos los días, pollo con algo de ensalada, arroz y tortillas, eso sí, muy barata, ya que cuesta sólo 2 euros.

Sigo viviendo en hoteles, esta vez en uno con piscina con lo que por lo menos puedo nadar cada día. Con 15 metros de largo acabo mareado de tanto dar vueltas pero por lo menos puedo volver a nadar después de mi  larga tendinitis en el hombro.


He añadido a mi lista el buscar una casa que no esté al lado de una farmacia. Ponen música chunga-chunga a todo volumen para atraer a los clientes, desde la mañana hasta la noche y además abren todos los días de la semana.
En una de las carreteras del país vi a un grupo de jóvenes que bajaban la leña con una plataforma con ruedas que se habían construido artesanalmente. Como se ve, ingenio hay, lo único es que habría que usarlo para temas más productivos.


A la gente de este país les gustan las rancheras, tanto que en algunos lugares incluso están prohibidas ya que cuando estos vaqueros se ponen muy alegres cantando sus canciones favoritas, se ponen a tirar tiros y es fácil que le den a alguien en su frenesí.
Desde hace dos semanas en todas partes ya empiezan a sacar toda la parafernalia de Navidad, compitiendo las grandes superficies con quien tiene el árbol más grande y con más bolas colgando. También en nuestra oficina central les ha entrado la fiebre y en mi oficina me han puesto unas guirnaldas encima del marco de la puerta de mi despacho. Por suerte hemos conseguido impedir que nos llenen la oficina en Guastatoya ya que allí somos de momento sólo tres, una mujer que por su religión no celebra la Navidad, mi compañero indígena al que ni le va ni le viene y un servidor que apela a su apostasía en estos casos para verse libre de la larga mano de la religión y sus secuaces.



En la organización hemos celebrado la comida de navidad con todo el equipo, un total de 17 personas. Por primera vez participé en el amigo invisible y no sabía muy bien que comprar. La cantidad mínima era de 10 euros y a mí me tocó mi jefa, todo un papelón. Finalmente me decidí por comprarle un pintalabios color “rojo pasión” y os puedo asegurar que le sienta muy bien, tanto el color como seguramente el ponerle más pasión a su vida.

      



Tecnologia
Hay 21 millones de teléfonos móviles registrados en este país, cuando la población total es de unos 15 millones, por lo que si descontamos a los bebés, toca a 2 móviles por persona, así que voy bien, porque yo también tengo dos. La gente aquí, igual que en Nicaragua y como seguramente en tantos otros lugares, gasta más en celular y en los sistemas abusivos de las compañías con las tarjetas prepago, que en ropa u otros artículos que hasta hace poco se consideraban de primera necesidad. Un ejemplo lo vi en uno de los proyectos de la GIZ en que han levantado datos de comunidades rurales donde la gente no está dispuesta a pagar más de 10 Quetzales (1 euro) al mes por el servicio de agua potable y son capaces de hacer manifestaciones o incluso destituir al alcalde si este siquiera se atreve a proponer un aumento en la tarifa de 5 Quetzales mensuales mientras que en la televisión por cable han subido la cuota de 100 a 120 Quetzales por mes y nadie dice ni mu. Lo mismo pasa con los celulares donde la gente no es consciente del gasto total ni por llamada así como de las condiciones de pago de las mismas.  Esta nueva forma de esclavitud económica, mucho más sofisticada y perversa que el uso de la fuerza, se aprovecha de la falta de cultura y son capaces de sacarle hasta el último centavo a la gente, sobre todo a los más pobres, mientras les hace creer que son libres y que se han desfrijolizado.
Ver también reflexiones sobre cooperación y el tifón de Filipinas en el blog:



Grupo de trabajo en taller sobre cambio climático

lunes, 4 de noviembre de 2013

Guatemaleando



Estoy buscando casa e intento no desesperarme. 
Sé que con paciencia debo encontrar algo que se parezca a lo que busco. Una casa ni muy grande ni muy pequeña, ni muy cerca ni muy lejos del centro, con garaje donde pueda guardar la camioneta (picop en guatemalteco), que tenga unas 3 habitaciones y en la que no haya que hacer obras, que tenga un jardín, ni grande ni pequeño, con lugar para colgar una hamaca, que no haya una escuela cerca ni una iglesia evangélica de las gritonas, ni tampoco una estación de esos buses ruidosos. Digo yo que no es mucho. Una de las casas que vi estaba entre 2 iglesias y a una cuadra de la estación principal de buses, otra estaba muy lejos, la otra tenía un enorme jardín pero la casa no tenía falso techo, otra no cabía la camioneta, por sólo nombrar las mejores. Me he propuesto darme un mes más para buscar y justo estoy empezando, aunque ya llevo un mes con las maletas sin deshacer. Mientras tanto me quedo en el hotel Guastatoya que es sencillo y me cobra sólo 10 euros la noche y tiene una pequeña piscina. Está en el mero Parque Central donde por las tardes, a través de unos grandes altavoces, ameniza los paseos de la gente y las parejas con música rumbera y salsa.

En el proyecto en que trabajo somos un equipo pequeño de unas 14 personas con los que tanto a nivel personal como técnico me entiendo bien (todavía no ha llegado la otra técnico extranjera) y ha sido un gusto pasar de los horrores que te cuentan de ciudad de Guatemala a las zonas rurales donde los niños juegan en el parque, la gente anda despreocupada por la calle y las casas mantienen sus puertas abiertas. La gente con la que trato en general tiene un sentido del humor que me gusta y nos reímos bastante. He hecho una encuesta entre los técnicos y mis amigos los chóferes, y todos coinciden en que puedo pasar por guatemalteco y como me dijo Edgar, sobre todo si estoy con la boquita cerrada.

Uno de estos fines de semana me fui con un colega alemán y su mujer a la playa de Monterico, en el Pacífico y en el camino a la playa pasamos cerca del volcán Fuego, que soltaba espumarajos de ceniza volcánica gris, con unos estruendos sordos.

























Nos quedamos en un hotelito pequeño de unos italianos y por la tarde fuimos a la suelta de tortuguitas por los miembros de un centro ambiental. Las tortugas vienen a desovar cada año a estas playas y los recolectores de huevos entregan el 20% de su recolecta a este centro que mantienen los huevos hasta que eclosionan. Después aún pasan 5 díasen el centro hasta que desarrollan todos sus órganos, con lo que estarán menos expuestas a ser depredadas. Las sueltan al anochecer por lo que también se evita la presencia de los pájaros que se las comen en su camino al mar. Además los fines de semana, aprovechando la afluencia de turistas (sobre todo nacionales) te ofrecen apadrinar a 1 de ellas por 1 euro (apadrinar, no llevártelas a casa!!) y hacen unapequeña carrera en la que la que gana le regala una camiseta a su padrin@, todo lo cual me parece una manera fácil de concienciar a la gente y de mantener económicamente elcentro. El día que yo estaba se apadrinaron al menos unas 50. La mía se llama Willy (efectivamente, por lode la ballena).No sé por qué no se implementa este método en Nicaragua.


A la  vuelta nos embarcamos con métodos algo rústicos con el vehículo y todo en una de las barcazas que te llevan por un manglar ahorrándote parte de la carretera.







Paseando por la ciudad de Antigua me encontré por casualidad a Kalle, un viejo amigo de Berlín, que está en Guatemala apoyando la computarización de centros de ayuda a niños discapacitados. Sólo tuvimos 1 hora de charla para contarnos rápidamente lo que estamos haciendo y de nuestras vidas. Quizás nos veamos de nuevo en navidades en Nicaragua.

Por todas partes hay maíz, cultivándose  en el campo, en las comidas en forma de tortilla y en mil formas más.En el desayuno es casi imposible huir de los huevos en cualquiera de sus formas, aderezados con cebolla y tomate además de sus correspondientes frijoles y tortillas de maíz. En las comidas depende.

Desfrijolizarse
La palabra frijol en Guatemala equivale a la de mago en Canarias, o sea pueblerino. Por eso algunas compañías telefónicas han lanzado la campaña “desfrijolízate”, que significa que dejes de tener un “frijol de los baratos” (teléfono móvil) y te pases a uno de los nuevos modelos que hacen de todo y que se pueden pagar en cómodas cuotas totalmente abusivas y que te crean una dependencia de estos energúmenos de por vida. Ahora incluso yo ando con un frijol de los baratos y con el bueno que me han dado en la GIZ. El barato es para darlo a los ladrones cuando te atracan pero como ellos obviamente también saben de la campaña, parece que una vez que les das el barato luego te piden el caro y si no se lo das se enfadan. Así que yo estoy decidido a darles el caro ya de una vez y así parece que ya no te piden el barato. ¿Es lógico no? pero es un rollo tener que llevar siempre toda la parafernalia, cargadores incluidos.

En algunos de los pueblos donde me toca trabajar empiezo a ver a más indígenas de la etnia Q’eqch’i  y Kaqchikel. El técnico que trabaja conmigo es de la etnia K’iche’ y el otro día en una lista donde teníamos que poner nuestros nombres había que poner también si uno era mestizo, maya, garífuna o xinka. Yo ante las alternativas opté por mestizo, ya que garífuna me parecía muy exagerado.



Me sigue alucinando la gente que lleva unos pistolones enormes y se los ponen en la cintura, dentro del pantalón, pero por la parte de delante, con lo que cuando los veo me quedo siempre alelado esperando que en cualquier movimiento se les dispare y se vuelen los huevos.
En un restaurante de carretera donde paramos para comer con los 2 técnicos con los que andaba viendo fincas, entró un tipo con botas y sombrero vaquero y llevaba en unas cartucheras 2 pistolones que quitaban el hipo. No eran colt`s del oeste sino que eran modernas, con la empuñadura de plata y la particularidad de que la de la izquierda la llevaba con la empuñadura al revés, para poderla sacar con la derecha. Cuando tomé mi móvil con la idea de sacarle una foto, Kelvin, el técnico hondureño me dijo bajito entre dientes - no le tomes fotos que nos comprometes – así que volví a dejarlo despacito en la mesa y pensé que no valía la pena arriesgarse por una foto que a mí se me ha quedado como imagen danzando varios días en la mente, así que siento no poder acompañar el texto con la foto pero creo que al tipo no le hubiera hecho gracia. Los técnicos me dicen que es una cosa cultural, como si el salvaje oeste hubiera sido aquí y no en los EEUU. En el camino también hemos pasado por unas mansiones majestuosas que de forma ostentosa, a pie de carretera, muestran su lujo, con pista de tenis y piscina incluida y de las que tu acompañante en el coche, aunque nadie nos puede oír, te dice en voz baja, que es de un narco.

Midiendo caudales en Las Balanzas (Esquipulas)
















Agricultores en San Juan de Buenavista (Honduras)