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miércoles, 13 de junio de 2012

Tonga


Tonga
Salgo de Masaya hacia el aeropuerto a las 4 de la mañana, medio dormido y todavía con sueño. En este viaje me llevo una “maleta cebolla” para así poder ir dejando cosas por el camino, como en la vida. De momento voy con 13 kg en la mochila grande y 5 en la pequeña.
Camino de Houston, donde hago escala, me doy cuenta de que me equivoqué de día en la reserva del hotel en Tonga así como del taxi que me debe recoger en el aeropuerto, reservándolos para un día más tarde de mi llegada. Por suerte en el aeropuerto de Los Ángeles encuentro un ordenador con conexión desde donde envío un correo electrónico y me contestan que no hay problema, que no soy el único tonto que se lía con el cambio de horario. La verdad es que lo de estos cambios de hora nunca los he entendido y no sé si estoy viajando adelante o atrás en el tiempo.
Cuando por la noche me embarco en el avión, que me llevará primero a Nueva Zelanda, ya estoy listo para derrumbarme pero la verdad es que la comodidad del avión y las películas en pantalla individual me mantienen entretenido y llego bastante entero a Auckland. Tras un par de horas de espera salgo para Tonga, en un vuelo donde a pesar de haber pedido ventana sólo consigo ver nubes. Cuando por fin traspasamos ese manto el paisaje que veo es como en Corn Island, lleno de cocoteros y de terrenos cultivados. Como llego al mediodía decido echarme una siesta de 1 horita, justo a tiempo para que me llamen a comer y lo haga con la gente del hotel (Noa Guest House) y con un chino que está de vacaciones, aunque vive desde hace 3 años en Nueva Zelanda.
Señora con vestimenta tradicional
Por la tarde me dedico a esas cosillas que tocan cuando llegas a un nuevo país, a cambiar dinero en el banco (en realidad voy a Western Union que paga mejor) y voy viendo que es lo que me espera en estas islas, que es mucha tranquilidad y lo que más deseo, que es poder nadar con ballenas, que al fin y al cabo es a lo que he venido. Por la calle voy viendo a la gente entre los que una buena parte de los hombres, al contrario que en otras culturas, van vestidos a la manera tradicional. Llevan una falda negra hasta por debajo de la rodilla y una especie de estera enrollada a la cintura que tiene diferentes largos.


Tonga es una monarquía con una población de 101.000 habitantes repartidos entre 171 islas, aunque la mayoría están deshabitadas. En la principal, Tongatapu, de 260 km2 viven 69.000, y en su capital, Nuku’alofa, donde me quedo las primeras noches, viven 23.000. Tal como me escribió mi amigo Manolo, hace poco que se murió su rey, subiendo al trono su hermano pequeño ya que no tenía hijos.
Es difícil distinguir a los hombres de las mujeres ya que casi tod@s son grandes, gord@s, con tetas y tienen una sombra de bigote. Sus brazos son por lo general como mis muslos. Al final me he dado cuenta de que si van tatuados, son hombres.
En la ciudad me gusta que las casas no tengan verjas, señal de que no hay robos. Sólo los chinos ponen rejas en sus negocios que tienen por todas las esquinas.
Nana y Mote, propietarios del hotel Noa Guest House
El domingo es el día sagrado de la gente en Tonga. Según ellos, lo dedican al señor yendo a misa, además de a comer, a beber y a procrear, como añaden otros. Así que me apunté a la excursión que organizaba el dueño del hotel junto con toda su tropa, además de otros turistas, yendo a su finca donde han asado un lechón, pollos y otras carnes, preparado además varios tubérculos (ñame, yuca), todo hecho a la manera tradicional. Pero primero en un tour que nos organizaron a un neozelandés y a mí, fuimos a visitar algunas de las atracciones de la isla que giran alrededor del rey en su mayoría como el palacio real y algunas de las tumbas de sus antecesores. 




Trilithon

Después ya en la finca nos han dado de comer a los turistas mientras los locales se iban emborrachando a marchas forzadas. La mayoría pesaba más de 100 kg y viendo sus brazos me alegro de que a ninguno le diera por darme un abrazo. Cuando ya más de uno de ellos no sabía hablar ni inglés ni tongano, nos han llevado al hotel con la excusa de que debíamos descansar, aunque era por protegernos de estas bestias tonganas.




El Trilithon es el equivalente pacífico a Stonehenge que tiene unos 800 años de antigüedad. Cada piedra coralina pesa alrededor de 40 toneladas y parece que es una alineación con el solsticio de verano y como siempre, no se sabe como lo pudieron transportar sin usar maquinaria pesada.

Cocinando a la manera tradicional (horno enterrado en tierra)



sábado, 9 de junio de 2012

Jinotega


Llegar a Jinotega fue emocionante, encontrándome desde el primer día a gente por la calle, a muchos más de los que yo pensaba que conocía y reencontrándome después en la oficina con los recuerdos de los tiempos pasados. Me asombra como toda la gente que conozco, todos sin excepción, se acuerdan de mi nombre mientras yo tengo que hacer esfuerzos por recordar el de la mitad de ellos. Por las tardes he vuelto a retomar las partidas de ajedrez con Lester quien en este tiempo ha aprendido mucho y ya me gana. Lester tiene una farmacia, la San Juan,  que regenta con su hermana, aunque ninguno de los dos es farmacéutico, donde también venden dulces y refrescos. La casa, en la mera esquina de la catedral y del parque Central debe ser de las más antiguas de la ciudad.
Don Santos, propietario del trapiche en Santa Rosa

Trapiche de caña movido por agua de la red de riego en Los Calpules



Fumigando sin protección
En mi antigua oficina, acostumbrado a ser el jefe, no me ha costado adaptarme a mi rol de voluntario y aunque ya no mando nada, todavía muchos me hacen bastante caso y para otros sigo siendo su jefe. Me ha tocado en este tiempo impulsar la construcción de una red de riego, algo que debería estar hecho hace tiempo. En esta semana he vuelto a recordar lo difícil que es avanzar en el trabajo y lo ineficaces que son muchos de los técnicos. He encontrado a faltar en este trabajo a Antonio, mi amigo y compañero de trabajo en GPA, tan detallista y metódico en su trabajo y con el que seguro que si trabajáramos aquí juntos, solucionaríamos un montón de problemas. Por fin, al cabo de un par de semanas he conseguido juntar toda la documentación que ya existía, descartando la antigua y la que te liaba y he redactado el anteproyecto dentro del plazo previsto. En la reunión con los productores, después de unos tiras y aflojas, se consiguió llegar a un acuerdo y se ha decidido que el 18 de junio empiecen los trabajos. Sólo por eso ya valió la pena haber venido. En la última semana acompañé y revisé el trabajo de 2 de los técnicos, dándome de nuevo cuenta de todolo que queda por hacer en este país y en la agricultura.







domingo, 13 de mayo de 2012

El arte-placer de viajar


Después de casi 2 años viajando todavía no se si el viajar es un arte, un placer, o ambos a la vez, pero sí que me gusta y que me hace vibrar cada vez que empiezo, como si el tiempo reverberara en el aire, como en un carrusel de sensaciones.

Despegamos desde Barajas y el capitán nos anuncia el tiempo que hace en La Habana aunque en realidad nos dirigimos a Costa Rica. Voy pensando que quizás los desencuentros del personal de Iberia han llevado al piloto a secuestrarnos y a pedir asilo político-laboral en Cuba. Dormitando voy ya pensando en los mojitos, aunque al final aterrizamos en San José.


Y se cierra un ciclo para empezar otro, en Corn Island, mi isla preferida, incluso con los mosquitos y “sand flies” que a las seis de la tarde vienen a buscar su tributo de sangre o de picores que te obligan a rascarte hasta sangrar, lo único que parece ayudar a aliviarte. Pero todo se me olvida en el mar, con los nurse shark escondidos en sus cuevas o nadando majestuosos sobre la arena blanca. Y mientras, cada piedra, cada recodo, me lleva a recordar las horas pasadas, el cariño olvidado, el espejo roto.


El día, entre paseos, juegos de ajedrez, charlas y ensoñaciones tumbado en la hamaca, va pasando, lento como la tenue brisa que mueve las olas.




Ya de noche la música reggae del Nico’s me envuelve mientras escribo, la  brisa del mar me abraza, y a los pocos días, reconozco como mis vecinos, que sin esa música ya no puedo dormir.



sábado, 5 de mayo de 2012

Couch Surfing

Couch Surfing en Filipinas e Indonesia
En la isla de Malapascua (Filipinas) me encontré a un gringo que me habló de “couch surfing” un sistema de alojarse en casas particulares y/o conocer gente cuando uno está viajando, sobre lo que ya había leído en España pero que deseché porqué pensé que no era para mí. Al contarme sus experiencias positivas me convenció y ese mismo día a través de internet me hice socio en un proceso muy sencillo. 



Viaje en bangka con el grupo de couch surfers de Cebú


Empecé a buscar alojamiento en la ciudad de Legazpi, en la isla de Luzón, adonde me dirigía. Ahí compartí dos estupendos días en casa de Ría Obusan, quien me acompañó a una excursión al monte Luzón. Animado por esta experiencia seguí mi ruta, saltando en el camino por un par de islas y llegando a Iloilo, la capital de Panay, donde me alojé en casa de la familia de Myrwena Sarillo. De vuelta a la isla de Cebu donde también a través de Couch surfing contacté a la cooperante alemana Jeanine, conocí al grupo de “couch surfers” de esta ciudad, un grupo muy divertido con el que realicé varias actividades como los inolvidables martes de jugar al Trivia, las excursiones de fin de semana en barco o la visita a Oslob donde pudimos nadar con los tiburones ballena. También conocí a Nathan y Sabine, quienes estaban empezando a montar una academia de idiomas y con los que conviví un mes, aprendiendo y sumergiéndome en el idioma inglés filipino-americano.


Nadando con tiburones ballena




Finalmente, antes de volver a Canarias, en mi paso por Jakarta, me quedé en casa de Emy Sanjaya, donde su amiga Ilia me acompañó a conocer la ciudad y a comer la estupenda comida Padang.
Para saber más sobre este sistema que a mí me ha resultado muy interesante podéis acceder a la página web en www.couchsurfing.com