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martes, 1 de noviembre de 2022

Trabajo Infantil

 

https://www.epdata.es/datos/trabajo-infantil-mundo-datos-graficos/388

 

¿Qué se entiende por trabajo infantil?

Cuando se habla de producción de cacao, se habla también de trabajo infantil, sobre todo en África, aunque también en otros países.

Según el último recuento de 2016 de la Organización Internacional del Trabajo (ILO, por sus siglas en inglés), más de 152 millones de niños participan en el trabajo infantil a nivel mundial y más de dos tercios de ellos trabajan en la agricultura. Aunque se han hecho progresos, todavía hay lagunas en la comprensión de la participación laboral de los niños y en las medidas políticas eficaces para evitarlo. La OIT destaca que la mayor parte del trabajo agrícola realizado por los niños se lleva a cabo dentro de la unidad familiar, no es remunerado y "a menudo es peligroso". El trabajo peligroso, a su vez, se define como el trabajo "que, por su naturaleza o por las circunstancias en que se lleva a cabo, puede perjudicar la salud, la seguridad o la moralidad de los niños".

Es muy difícil conocer, aunque sea de forma aproximada el número de niños que trabajan en este sector y además diferenciar entre el límite del trabajo esclavizante y el estrictamente familiar. En los últimos años se han dado diferentes datos que no ayudan a clarificar este tema.

No todas las tareas realizadas por los niños deben clasificarse como trabajo infantil que se ha de eliminar. Por lo general, la participación de los niños o los adolescentes, por encima de la edad mínima de admisión al empleo, en trabajos que no atentan contra su salud y su desarrollo personal ni interfieren con su escolarización se considera positiva. Entre otras actividades, cabe citar la colaboración en un negocio familiar o las tareas que realizan fuera del horario escolar o durante las vacaciones para ganar dinero de bolsillo. Este tipo de actividades son provechosas para su desarrollo y el bienestar de la familia; les proporcionan cualificaciones y experiencia, y les ayuda a prepararse para ser miembros productivos de la sociedad en la edad adulta.

El término “trabajo infantil” suele definirse también como todo trabajo que les priva de su niñez, y que es perjudicial para su desarrollo físico y psicológico. Además:

●        es peligroso y perjudicial para el bienestar físico, mental o moral; y/o

●        interfiere con su escolarización puesto que les priva de la posibilidad de asistir a clases, les obliga a abandonar la escuela de forma prematura, o les exige combinar el estudio con un trabajo pesado y que consume mucho tiempo.

Las peores formas de trabajo infantil implican que los niños sean esclavizados, separados de sus familias, expuestos a graves peligros y enfermedades y/o abandonados a su suerte en las calles de las grandes ciudades, a menudo a una edad muy temprana (ILO, 2020).

 

Niños esclavos en las plantaciones de cacao

La esclavitud y los sistemas de trabajo forzado fueron una constante en los inicios del cultivo de cacao en África. Pero, todo ello, aunque bastante desconocido, parecía una cosa del pasado, a pesar de que es relativamente reciente y que la mayoría de los que lean esto no han conocido ni oído hablar de ello. Ya en septiembre de 2000 se emitió una película en el Canal 4 de televisión del Reino Unido (Slavery: A global Investigation https://www.imdb.com/title/tt9044666/) que mostraba a jóvenes malienses trabajando en condiciones de esclavitud en explotaciones de cacao en Costa de Marfil. Aunque ya había habido informes de organismos internacionales y organizaciones no gubernamentales sobre el tráfico de personas, especialmente de niños, para trabajar en condiciones de explotación en Costa de Marfil, algunos de los cuales mencionaban la industria del cacao, ésta era la primera vez que se veía una película sobre el tema, causando un gran impacto.

El cacao es una importante fuente de ingresos y empleo para las poblaciones rurales, y en particular para los entre cinco y seis millones de personas que cultivan más del 90% del cacao mundial. En total, cerca de 50 millones de personas tienen el cacao como su principal medio de sustento. No obstante, la mayor parte de quienes producen cacao viven en situación de pobreza, lo que ha derivado en un uso generalizado de mano de obra infantil. Por otro lado, el cultivo de cacao constituye una de las principales causas de deforestación, especialmente en Costa de Marfil y Ghana, cuya producción supone dos tercios del total mundial y dos tercios de las importaciones de la UE.

Las violaciones de derechos humanos en el sector del cacao son frecuentes. Estas incluyen desigualdad de género, (las peores formas de) trabajo infantil, falta de educación, desnutrición (infantil), instalaciones de atención médica y saneamiento insuficientes, inseguridad en la tenencia de la tierra y los árboles, en el estado de derecho, así como violaciones de los derechos laborales de los pequeños agricultores, trabajadores y arrendatarios. Se calcula que un millón y medio de niños trabajan en la producción de cacao en Costa de Marfil y Ghana. El 95% de los niños trabajadores está expuesto a trabajar con herramientas peligrosas o plaguicidas nocivos.

En 2015, según datos de un informe de la Universidad de Tulane (EEUU) 1,2 millones de menores en Costa de Marfil y 0,9 millones en Ghana trabajaban en este sector, de los cuales entre el 80 y el 90% se ocupaban de tareas peligrosas como soportar cargas pesadas, manipular productos químicos o trabajar con machetes. Estudios posteriores han demostrado que antes de que se emitiera el informe, en las zonas medias y altas de cultivo de cacao, el 26% de menores de Costa de Marfil y el 46% en Ghana trabajaban más horas de las permitidas para sus edades.

Según datos de 2019 del Ministerio Federal de Cooperación Económica y Desarrollo Alemán (BMZ) el 87% de los hogares en África del Oeste no gana un salario digno. La consecuencia es que 540 000 niños en edades de entre 5 y 17 años realizan trabajos peligrosos, entre ellos en el sector del cacao.

El trabajo infantil se debe a la combinación de varias causas subyacentes, tales como la pobreza estructural, el aumento de la producción de cacao, la falta de escuelas y otras infraestructuras. A pesar de las iniciativas llevadas a cabo en los últimos años por parte del sector, como el conocido como “Protocolo Harkin-Engel”, el Barómetro del cacao de 2018 concluye que “ni una sola empresa o gobierno se encuentra cerca del objetivo de eliminar el trabajo infantil, ni siquiera del compromiso de reducirlo en un 70%”. Incluso las intervenciones más eficaces en materia de trabajo infantil no podrán resolver los desafíos si no se abordan las causas fundamentales, en particular la pobreza estructural de las comunidades productoras de cacao y el acceso a una educación de calidad.


 Movimientos de tráfico de niños en África del Oeste y Central (año 2000)

 Captación de niños

Aunque algunos países no sean productores de cacao si lo son como proveedores de trabajadores y niños que trabajan en esos países. Uno de los principales grupos que cultivan cacao en Costa de Marfil es el de los burkineses, originarios de Burkina Faso, al norte de Costa de marfil y Ghana. Un agricultor burkinés explica cómo contrataba a trabajadores de su antiguo pueblo en Burkina Faso: Cuando necesito trabajadores, vuelvo a mi pueblo en Burkina Faso y les digo a mis parientes que quiero gente que me ayude en mi granja de cacao. Si tienen hijos que todavía están en el pueblo, los envían conmigo. Acordé con sus padres el precio de cada niño y el número de años que se quedaría. El padre los envía a mi granja o, si son demasiado pequeños para encontrar el camino, mi hermano va a buscarlos. Pago unos 100.000 CFA (unos 150 euros) cuando el niño es mayor, y 70.000 CFA (unos 105 euros) cuando es pequeño" (Anti-Slavery International, 2004).

Estos niños pueden permanecer en las plantaciones durante varios años soportando el duro trabajo agrícola y sin recibir educación. Pueden ser o no ser maltratados físicamente por los agricultores que los han reclutado. El alto nivel de pobreza en Burkina Faso hace que sus padres estén lo suficientemente desesperados como para apostar por que sus hijos puedan lograr una vida mejor y traer algo de dinero a casa. Para algunos niños el trabajo es duro, pero pueden volver a casa con algunas ganancias, para otros la situación se desliza hacia la esclavitud. En cualquier caso, la mayoría de los niños trabajan ilegalmente y, sin duda, en condiciones que entran en la categoría de "peores formas de trabajo infantil". Los que vuelven a casa con éxito pueden crear un "efecto lotería" en sus pueblos. Aunque muchos niños se hayan ido a trabajar y sólo un puñado regrese con éxito, éstos son los que llaman la atención de la gente del pueblo.

El Protocolo del Cacao

En enero de 2001, el representante demócrata de Nueva York Eliot Engel, adjuntó una enmienda a un proyecto de ley que pasaba por el Congreso de EE.UU., en la que se pedía el establecimiento de un sistema de etiquetado para que los consumidores pudieran estar seguros de que no se utilizaba mano de obra esclava en la producción de chocolate. En la Cámara de Representantes, la enmienda fue aprobada por 291 votos a favor y 115 en contra, y provocó una oleada de reacciones en la industria del chocolate. A esto le siguió rápidamente una segunda oleada de informes de los medios de comunicación sobre el uso de mano de obra esclava en la industria del cacao de Costa de Marfil en la Semana Santa de 2001.

La industria chocolatera sabía que, dado el nivel de información disponible, sería imposible certificar que el cacao de sus productos estaba libre de esclavitud. En ese caso, el cacao disponible para su uso se vería severamente restringido, y su producción y ventas caerían drásticamente. Encabezados por las mayores empresas  chocolateras, empezaron a buscar nuevas soluciones.

El marco Harkin Engel da continuación al Protocolo Harkin Engel de 2001, en el que la industria se comprometió a erradicar el trabajo infantil en el sector cacaotero para el año 2005, lo que nunca fue cumplido ni de cerca por los signatarios. A pesar de que el plazo haya sido aplazado varias veces al 2020, su objetivo de reducir en un 70% el trabajo infantil no ha podido ni podrá realizarse, a menos que los signatarios, las grandes compañías chocolateras y cacaoteras, así como los gobiernos productores, incrementen sus esfuerzos en este sentido de forma considerable.

Otras iniciativas

En 2002 se estableció la Iniciativa Internacional del Cacao (ICI) para trabajar de manera conjunta con la industria del cacao y el chocolate, la sociedad civil, las comunidades productoras y los gobiernos nacionales de los países productores de cacao para avanzar en el camino hacia la eliminación del trabajo infantil. La iniciativa lleva a cabo actividades de concienciación y orienta a las comunidades sobre las causas y consecuencias del trabajo infantil, la importancia de la escolarización y la formación profesional de cara a mejorar las perspectivas de futuro de los niños y niñas, así como sobre los efectos negativos del trabajo infantil en la salud y educación de los menores. También ayuda a las comunidades productoras de cacao a desarrollar sus propios Planes de Acción Comunitarios e incorpora Sistemas de Vigilancia y Corrección del Trabajo Infantil a la cadena de suministro de las empresas de chocolate y cacao para que identifiquen y remedien los casos de trabajo infantil. Después de que algunos de los objetivos iniciales incluidos en el Protocolo Harkin-Engel no se cumplieran en el plazo establecido de 2005, éste se prorrogó hasta 2008; acuerdos posteriores volvieron a ampliar el plazo a 2010 en que se acordó reducir las peores formas de trabajo infantil en Costa de Marfil y Ghana en un 70% (en total) para 2020. A raíz de la pandemia Covid, se ha incrementado de nuevo el número de niños trabajando en diferentes sectores, mientras en el mismo período ha aumentado considerablemente el consumo de chocolate y con ello los beneficios de la industria.

Los estudios de la Universidad de Tulane (2015) y de la fundación Walk Free (https://www.walkfree.org/) indican que alrededor del 90 % de los niños que participan en la producción de cacao realizan trabajos peligrosos. En relación con las actividades anteriores, los niños trabajan más allá de las horas permitidas para su edad. Las tareas peligrosas incluyen el trabajo con herramientas afiladas, aplicación de pesticidas y el transporte de cargas pesadas (datos de 2017).

Aumentar el poder de negociación de los agricultores y (por tanto) sus ingresos es un aspecto importante de la mayoría de los programas que abordan el trabajo infantil, ya sea mediante el aumento de la productividad y/o las primas adicionales de la certificación. Mientras, la mayoría de las partes interesadas de la industria aduce que el trabajo infantil no es sólo un problema de pobreza de ingresos y, por lo tanto, no puede resolverse únicamente aumentando los ingresos de los agricultores. La aparición del trabajo infantil en las plantaciones de cacao es también el resultado de la falta de acceso a la educación (de calidad), a las infraestructuras, a las normas y valores locales, o a la "ignorancia", como se mencionó en varias entrevistas con las partes interesadas del sector. Los bajos ingresos dificultan a los agricultores la contratación de mano de obra para ayudar en la plantación y el pago de material escolar, como libros y uniformes. Esto obliga a que los miembros de la familia, incluidos los niños, ayuden en la plantación. Mientras, no parece que las cuentas de resultados de las grandes empresas del sector se reduzcan.

Creada en 2002, la ICI es una organización líder en la protección de los niños en las comunidades productoras de cacao. Financiado en parte por la industria del chocolate (Nestlé, Barry Callebaut, Cargill, Mars, Ferrero...), fue creado bajo el Protocolo Harkin-Engel. Presente en Costa de Marfil y Ghana desde 2007, ha intervenido en 600 comunidades en beneficio de 682 000 niños.

Para el sector, la educación sigue siendo la mejor arma contra el trabajo infantil. Sobre el terreno, muchos agentes del sector se comprometen a facilitar la escolarización en las comunidades de plantadores. Algunas de las iniciativas de las empresas más importantes como Cargill, Cémoi, Ferrero, Lindt & Sprüngli, Mars, Mondelēz International, Nestlé y Valhrona han participado en el apoyo a la construcción de escuelas, han iniciado microproyectos que promueven el acceso a instalaciones de agua, salud, saneamiento y educación y el que los niños puedan obtener su certificado de nacimiento, imprescindible para la escolarización en Costa de Marfil. Queda por ver si sólo son iniciativas cosméticas para justificar que realmente están ayudando a mejorar las condiciones y poderlo poner en sus páginas web y así seguir mejorando sus ventas, o si es una apuesta clara por realmente mejorar la situación. Yo tengo mis dudas al respecto e intentaré demostrarlo con datos en próximos capítulos.

Ampliación de las intervenciones nacionales

Paralelamente a la necesidad de extender la aplicación de los CLMRS (Child Labour Monitoring and Remediation System) en las compañías - la debida diligencia en materia de derechos humanos es, ante todo, una responsabilidad empresarial - los gobiernos nacionales también tienen un papel en el proceso. Los CLMRS son una herramienta útil para obtener información y pruebas sobre los problemas subyacentes y las causas fundamentales, así como sobre las medidas correctivas imprescindibles. Sin embargo, absorben mucho trabajo y capital. Además, encontrar la mano de obra capaz que permita extender un sistema de control para cada aldea a un país entero, parece una tarea casi imposible. Por consiguiente, el siguiente paso debe ser que los gobiernos nacionales - en colaboración con las compañías - realicen intervenciones más eficientes y las desplieguen a escala nacional a través de campañas coordinadas (es decir, fortaleciendo el acceso nacional a la educación, programas extensivos de comedores escolares, propagar el registro de nacimientos, etc.). De este modo se optimizaría el uso de los escasos recursos disponibles. Igualmente, es sustancial armonizar los sistemas nacionales de vigilancia del trabajo infantil gubernamentales y los sistemas CLMRS empresariales.

Programa de transferencias monetarias

En febrero de 2022 se dio a conocer un estudio por parte de la Iniciativa Internacional del Cacao (ICI) que examina las repercusiones de un programa de transferencias monetarias no condicionadas en los hogares que cultivan cacao en Ghana. El proyecto piloto pretendía comprobar si las transferencias de efectivo pueden contribuir a reducir el trabajo infantil peligroso. También examina qué otros impactos tienen las transferencias de efectivo en los niños y sus familias en este contexto.

Para ello se realizaron pagos en efectivo incondicionales, pero que iban acompañados de una campaña de información que animaba a los agricultores a utilizarlos para mantener a sus hijos y protegerlos de trabajos peligrosos. Durante un periodo de 6 meses, cada hogar recibió una cantidad mensual que oscilaba entre los 18 y los 37 €, cantidad que aumentaba en función del número de niños en edad escolar. Si se compara con los presupuestos de los hogares declarados en la línea de base, el pago en efectivo correspondía al 28% del gasto mensual estimado de los hogares. Las transferencias se pagaron a través de dinero móvil.

Los resultados mostraron que estas transferencias monetarias incondicionales pueden ser un componente eficaz de una estrategia para prevenir y abordar el trabajo infantil peligroso en las zonas de cultivo de cacao y que pueden proteger a los hogares y a los niños frente a eventos adversos, como la enfermedad, el duelo en la familia, las fluctuaciones de los ingresos o la pérdida de la producción agrícola. Aun siendo los resultados positivos, el estudio sugiere que las transferencias de efectivo por sí solas no pueden resolver el problema del trabajo infantil y que el apoyo a los ingresos debe integrarse en estrategias más amplias para prevenir y abordar el trabajo infantil en la producción de cacao. 

¿Y tú qué piensas?

Si quieres saber más te recomiendo este estupendo reportaje con fotos y pequeños videos sobre este tema y más. Se recomienda verlo en el ordenador.

https://latierraesclava.eldiario.es/cacao/

 

 

viernes, 7 de octubre de 2022

Un modelo de explotación basado en el cacao

 

Comercio y esclavitud moderna

El comercio llamado lícito se instauró en África y conoció una progresión rápida, ante todo, porque prometía ser más rentable. Ante estas nuevas perspectivas de beneficio, era normal que los europeos tendieran a abandonar el tráfico negrero. Los efectos de la abolición ya se dejaron sentir antes de 1840 aunque de 1800 a 1885 todavía más de un millón de esclavos fueron desembarcados en Brasil, dado que la trata portuguesa continuó siendo legal, al sur del ecuador, hasta 1830 y tolerada hasta mediados de siglo. Pero la trata atlántica desapareció más o menos definitivamente sólo a consecuencia de la guerra de Secesión (1865) y luego por la abolición del esclavismo en Brasil (1888) que continuó hasta muy tarde abasteciéndose de Mozambique.

En Gran Bretaña, la opinión general seguía siendo que la creación de las colonias era un mal negocio: era mejor asegurarse la cooperación de los estados existentes. A finales del siglo XIX, todo el mundo invocaba el mismo axioma fundamental: las colonias no debían costar nada a la metrópoli. Al contrario, su fundamento legal era el ser una fuente de beneficios. En Francia, en 1901, la ley sobre la autonomía financiera de las colonias, supuestamente autosuficientes, suprimió el principio de la subvención metropolitana.

El desarrollo del cacao en África Occidental ha estado vinculado a la esclavitud y el trabajo forzado desde sus inicios a principios del siglo XIX continuando con la primera producción comercial a finales de ese siglo y principios del XX. Los esclavos fueron transportados desde Angola a las islas de Sao Tomé y Príncipe para trabajar en las nuevas plantaciones de cacao. Casos similares de esclavitud y trabajo forzado, tanto por parte de los jefes locales como de las potencias coloniales, fueron ampliamente denunciados en las plantaciones de Fernando Poo (actual Bioko), Costa de Marfil, Liberia y Camerún, hasta la Segunda Guerra Mundial (1939-1945). En Ghana las plantaciones se desarrollaron a pequeña escala local, por lo que se evitaron los problemas del uso de mano de obra forzada migrante. Además, durante este periodo se puso de manifiesto que el cacao se adaptaba mejor a los métodos agrícolas tradicionales de las pequeñas explotaciones africanas y, con el rápido desarrollo de la industria tras la Segunda Guerra Mundial, el resto de la región se alejó de las grandes plantaciones.

Las colonias se contentaron con asegurar la apertura progresiva de los países a través de vías férreas, pistas y puertos, con el fin de evacuar los recursos minerales o, a falta de éstos, los productos tropicales suministrados por poblaciones diseminadas, debilitadas por las endemias y desorientadas por el cambio de sus estructuras sociales.

En África occidental, el geógrafo Jean Dresch definió el término “economía de trata” a principios del siglo XX: La trata regulariza toda la actividad económica, hace circular a los hombres y el dinero, anima los mercados, las ciudades, las factorías y los comercios durante los meses que siguen al período de lluvias y a las cosechas. Y trata de los productos de recolección; trata de los productos cultivados: cacahuetes, sisal o algodón en la zona sudanesa; café y cacao en la zona forestal. El productor es siempre esencialmente el africano. Se instalan almacenes en los que estos productos son recogidos y donde el negro provisto de dinero compra los productos de importación. Economía singularmente primitiva y perezosa, la trata consiste en reunir y drenar hacia los puertos los productos del país que son exportados en bruto y repartir a cambio los productos prefabricados.

El trabajo forzado se restableció en toda el África inglesa durante la segunda guerra mundial en nombre del esfuerzo requerido por la guerra. El impuesto y el trabajo forzado, soportes del monocultivo para la exportación, contribuyeron de forma peligrosa al abandono del cultivo de productos alimentarios, que, dejados completamente en manos de los africanos, no habían sido objeto de ninguna mejora técnica. El problema se agravó cuando en 1914-1918, Francia exigió de sus colonias un “esfuerzo de guerra” desproporcionado respecto a sus capacidades, organizando al mismo tiempo el reclutamiento de 200 mil hombres y la intensificación de los productos estratégicos o de cultivos de productos de primera necesidad destinados a la exportación.

Salvo en contadas excepciones, hasta después de la segunda guerra mundial, en ninguna parte se admitió a los africanos en los niveles superiores del sistema colonial. El administrador detentaba de hecho o de derecho todos los poderes (administración, policía, justicia) sobre muchos millares de individuos. El primer tercio del siglo XX se había caracterizado por una serie de catástrofes demográficas que coincidieron con la instauración del sistema colonial. Éste, debido al transporte, a las grandes obras ferroviarias, mineras o forestales, con la consiguiente migración hacia las ciudades, favoreció la movilidad de las poblaciones y con ello la difusión de las epidemias a una escala desconocida hasta entonces. El empleo de la quinina en esa época era un privilegio sólo de los europeos.

La caída de los precios de la palma aceitera y el caucho silvestre fomentó el cultivo del cacao entre los habitantes de las regiones forestales de Costa de Marfil. Durante la década de 1920, la depreciación del franco francés aumentó la rentabilidad de los cultivos de exportación, incluido el cacao, y aumentó la producción en el sureste. Había abundantes tierras forestales, y la mano de obra adicional la proporcionaban los Baoulé del centro de Costa de Marfil y los Bété de los bosques del suroeste. Estos emigraron a las zonas pioneras del cacao en el sureste para evitar el trabajo forzado y un régimen colonial más duro en su país. Los beneficios de la producción solían repartirse entre el terrateniente y el jornalero mediante un contrato llamado de Abusa (aparcería), en el que el trabajador migrante se quedaba con una parte de la cosecha y cedía el resto al terrateniente. Las autoridades francesas fomentaron la emigración de los mossi de Burkina Faso para trabajar en sus plantaciones, y a partir de los años 30 engrosaron la mano de obra para el cultivo del cacao, por considerarlo preferible a trabajar para los europeos.

La experiencia en Ghana

En Ghana, la primera introducción con éxito del cacao se atribuye a un ghanés, Tetteh Quarshie, que trajo vainas desde Fernando Poo en 1876. La popularidad que alcanzó el cacao entre los agricultores puede atribuirse en parte a la caída de los precios de otros productos básicos en aquella época. Entre 1894 y 1908, un agricultor ghanés podía ganar unas diez veces más con el cacao que con el aceite de palma. A partir de 1886, las autoridades coloniales fomentaron el cultivo del cacao, proporcionando algunas ayudas, como semillas y formación. Las exportaciones comenzaron en 1891 y, al cabo de 20 años, Ghana era el mayor productor del mundo, exportando casi 40.000 toneladas. La cosecha aumentó hasta superar las 200.000 toneladas en 1923 y las 311.000 en 1936, un récord que no se superó hasta después de la independencia.

El cacao representaba en 1955 el 68% de las exportaciones de Ghana. Tras la independencia en 1957, el cacao representaba una importante fuente de divisas para industrializar el país. El 1965 los agricultores pagaban unos 60 € de impuestos por tonelada de cacao, un 50% más que en 1956. Estos impuestos sirvieron para realizar gastos suntuosos, enriqueciendo a la elite vinculada al poder mientras los agricultores perdían poder adquisitivo. La caída de los precios del cacao en los mercados internacionales, la menor cantidad de divisas y la escasez de productos básicos propició un golpe de estado en 1966 que acabó con los sueños del primer país africano independiente. 

La terrible historia de Sao Tomé y Príncipe

en la "isla-riqueza" de los blancos "caminaba la miseria" entre los africanos (Tomás Medeiros).

La primera producción a gran escala tuvo lugar en la década de 1880 en las plantaciones portuguesas de las islas de Sao Tomé y Príncipe. Estas plantaciones fueron conocidas por utilizar trabajadores que eran esclavos de hecho, a pesar de que la esclavitud había sido abolida oficialmente en 1875. Con una superficie de 1001 kilómetros cuadrados y una población que en 1975 (año de la independencia) sumaba 83 000 habitantes, Sao Tomé y Príncipe es el segundo Estado más pequeño de África.

La versión más reconocida es que las islas probablemente estaban deshabitadas antes de la llegada de los portugueses, por lo que su historia comenzó con el colonialismo. Por ello la primera estructura económica y política de las islas fue producto exclusivo del colonialismo y no tuvo que enfrentar la resistencia de una estructura local preexistente. Desde los orígenes de la colonización portuguesa, el archipiélago quedó encadenado a las exigencias de la economía internacional.

Desde esa época, la escasez de mano de obra fue un problema constante, resuelto por los portugueses mediante la importación de fuerza de trabajo esclava. También fue constante la dependencia de la economía agrícola local de la mano de obra africana "importada" y necesariamente cautiva.

En diversos periodos históricos, el archipiélago tuvo una floreciente economía que generó grandes fortunas privadas, llegó a ocupar un papel relevante en la producción de azúcar y de café y fue el primer productor mundial de cacao; además, en algunos momentos históricos fue la colonia más rentable de Portugal en África.

Comedor de una familia portuguesa del siglo pasado. Museo de Sao Tomé.

En el XVII las constantes incursiones de barcos piratas, las revueltas de esclavos prófugos y los ataques a las plantaciones de azúcar protagonizados por los angolares (esclavos originarios de Angola, fugados de las plantaciones), aceleraron el éxodo de los terratenientes portugueses, que unas décadas antes habían empezado a emigrar hacia Brasil, "lo que correspondía lógicamente a la política portuguesa de entonces, de dar prioridad al desarrollo de ese país, con base en la mano de obra africana esclava". Un hecho importante en esta fase de declive de la economía local fue el ascenso de una élite africana -formada por un reducido número de familias del grupo de los forros (hijos de esclavos nacidos en Sao Tome y Príncipe) y que por esa época empezaría a ser conocida como los filhos da térra (los hijos de la tierra).

Esta élite africana, que, ante el retiro de la gran mayoría de los colonos portugueses, quedaría en la cúspide de la estructura social -al adquirir enorme poder económico y político y gran prestigio-, a su vez reproduciría los esquemas coloniales de explotación y represión contra el resto de la población africana, desarrollando incluso el comercio y la posesión de esclavos.

Durante el siglo XIX, la introducción a las islas del cultivo, del café (hacia 1800) y más tarde del cacao (en 1822) para la exportación, reactivó la economía local y provocó el regreso de los colonos portugueses. Al igual que con la producción de azúcar, los nuevos cultivos requerían la mano de obra abundante que proporcionaban los esclavos, en una época en que el movimiento antiesclavista en Europa tomaba fuerza. En la década de 1840, la persistencia de la esclavitud en el archipiélago, impuesta en forma especialmente severa, provocó críticas de Occidente. Hacia 1890, el cacao se convirtió en el principal producto de exportación del archipiélago, mientras que el cultivo del café casi desapareció. La expansión de la producción de cacao logró generar una nueva fase de auge de la economía local. Con este auge el colonialismo portugués proyectó una imagen distinta de su posesión de ultramar, presentándola como una colonia próspera y con un sistema de tenencia de la tierra que podía ser considerado como un "modelo".

Esta fase de auge del cacao coincidió con la abolición de la esclavitud en las islas y marcó el inicio de la expropiación casi total de las tierras cultivables y el surgimiento de grandes propiedades agrícolas, asociadas con el capital financiero portugués, que eran conocidas como roças; la erosión de la posición privilegiada de la élite de los filhos da terra; el surgimiento de un nuevo sector social, fuertemente explotado, constituido por africanos libertos procedentes de otras colonias portuguesas, que eran llevados al archipiélago con un contrato formal.

La abolición de la esclavitud en 1875 convirtió en forros a todos aquellos que hasta ese momento eran esclavos, borrando la diferencia que distinguía a la primera generación de forros mestizos -la nobleza criolla- respecto al resto de la población de piel negra que gozaba de la misma condición; aunque esta última no contaba con el prestigio social ni el incipiente poder económico que tenían los primeros.

 

Cuarto de un trabajador de una roça con sus aperos. Museo de Sao Tomé

Hacia mediados del siglo XIX, Portugal dirigió sus esfuerzos a reestructurar su poder en las islas y a reactivar la economía. Hacia finales de la década de 1890, el 90% de las tierras cultivables en las dos islas era propiedad de portugueses. Ese hecho permite apreciar los rasgos específicos de Sao Tomé y Príncipe desde esa época: la casi total desaparición tanto de la producción agrícola africana para el autoconsumo como de los agricultores africanos, junto a la concentración de las tierras fértiles en manos de unos cuantos roçeiros portugueses (los grandes terratenientes).

De hecho, para los africanos, la abolición formal de la esclavitud tuvo un impacto mínimo en sus condiciones de vida y de trabajo. Junto con el decreto de abolición de la esclavitud durante el imperio colonial de 1875, y para satisfacer el descontento de los roçeiros ante la pérdida de la mano de obra esclava, la administración portuguesa emitió una ley que instituía una forma disfrazada de esclavitud: el trabajo forzado.

Los africanos que acababan de recibir su alforría tenían la obligación de trabajar para sus antiguos amos por lo menos durante nueve años más, bajo las condiciones preexistentes y con un salario miserable y, al mismo tiempo, esa ley "toleraba" el comercio de esclavos. Fue en ese contexto que entre 1875 y 1876 estalló una gran revuelta contra la aplicación de esa ley. Muchos obreros agrícolas huyeron, a la manera de los antiguos esclavos, abandonando las roças, lo que provocó la quiebra de algunas plantaciones de café. Este hecho reactualizó el problema de la carestía de mano de obra agrícola. La administración colonial respondió de dos formas: con el reforzamiento del sistema represivo y con la importación de mano de obra, procedente de las colonias portuguesas de Angola, Mozambique pero sobre todo, de Cabo Verde.

Oficialmente, esta importación se realizó bajo los términos del trabajo forzado, en el último tercio del siglo XVIII y, posteriormente, bajo los términos del trabajo contratado. A partir de la abolición formal de la esclavitud y hasta el logro de la independencia, en 1975, el trabajo forzado primero y más tarde el trabajo contratado, fueron las dos formas contemporáneas que asumió la esclavitud en las islas, llamando a este tipo de trabajo "esclavitud bajo contrato".

A principios del siglo XX, el cacao de la colonia de Sao Tomé y Príncipe fue objeto de un severo boicot internacional que tuvo su origen en la denuncia que hicieron diversos grupos humanitarios y antiesclavistas europeos en cuanto a la situación de los obreros agrícolas en las plantaciones isleñas, sometidos a un sistema de trabajo cualitativamente equivalente a la esclavitud. El Dr. Joseph Burtt investigó las condiciones en las islas y en Angola. Burtt informó de que los angoleños eran llevados a las islas "contra su voluntad, y a menudo en condiciones de gran crueldad", y que era casi desconocido que regresaran a su tierra natal. Las tasas de mortalidad eran extremadamente altas, una media del 11% anual para los adultos que trabajaban en las fincas de Príncipe.

A pesar de todo, las roças persistieron como base de la economía local. Hasta 1974, constituían unidades cerradas, núcleo de un sistema de explotación y producción único. Todavía en el siglo pasado, las roças tenían sus propias leyes y emitían su propia moneda. Hasta finales de la década de 1960 en esos dominios había toque de queda, que prohibía a los obreros agrícolas hacer ruido, recibir visitas de otros obreros o salir de sus viviendas, conocidas como sanzalas. Casi todas las roças estaban ubicadas frente al mar y tenían sus propios muelles, de donde enviaban el grano de cacao y recibían sus importaciones. Además, "por motivos de seguridad", contaban con cuerpos privados de policía, integrada por gente negra dirigida por blancos.

Sanzalas dispuestas como una verdadera fortaleza, alrededor de un patio central, con el punto de agua y los lavaderos

Aunque a principios de los años cuarenta la producción de cacao de Sao Tomé y Príncipe registró una pequeña alza momentánea, el declive gradual de la producción de cacao comenzó al concluir la primera guerra mundial. En 1945, la prosperidad del auge del cacao era cosa del pasado. El incremento de competidores en el mercado internacional, el desprestigio internacional del cacao procedente de las islas, el descenso de la producción local de cacao -debido al empobrecimiento de los suelos-; el sistema de trabajo impuesto a los africanos, la pauperización de la población africana, la descomposición del gobierno colonial, y los conflictos latentes dentro de una sociedad dividida y compleja, entre otros factores, se traducían en una situación potencialmente explosiva.

Las tensiones internas crecieron, creando el clima propicio para el estallido de la primera protesta anticolonial en Sao Tomé y Príncipe. En febrero de 1953, la circulación de los primeros panfletos anticoloniales, en los que se denunciaba la condición miserable en la que trabajaban los africanos en las roças, provocó manifestaciones de protesta dentro de éstas. Tales incidentes desataron una violenta ola represiva, que concluyó una semana después con la muerte de más de mil obreros agrícolas, lo que equivalía aproximadamente al 2.8% de la población de piel negra (2% de la población total).

En Ghana, respaldados por Kwame Nkrumah, unos cuantos jóvenes estudiantes de STP, miembros de la élite local, fundaron la primera organización política anticolonial llamada Comité de Liberación Nacional de Sao Tomé y Príncipe (CLSTP). Su líder era un joven médico y poeta, Tomás Medeiros.

En abril de 1974, el golpe de Estado en Portugal abrió la posibilidad de alcanzar la independencia. Debido a la situación de inestabilidad en Portugal, descendió el número de barcos que transportaban mercancías a las islas; los precios de los productos básicos subieron en forma desmedida, la administración colonial prohibió cualquier información sobre los acontecimientos en la metrópoli y el gobierno portugués no reconoció al CLSTP.

Finalmente, el gobierno portugués tuvo que reconocer al CLSTP y se llevaron a cabo las negociaciones para la descolonización, firmándose el Acuerdo de Argel, que hizo posible la independencia en julio de 1975, uno de los últimos países en conseguirla.

Roça reconvertida a hotel de lujo en Sao Joao dos Angolares. En este hotel un reconocido chef de Sao Tome ha montado un centro para enseñar cocina a jóvenes del país. 

Vuelve la esperanza. La historia de CECAB

Las cosas no fueron fáciles tras la independencia y hubo que partir en muchos casos de cero. Durante la década de los 90, el precio del cacao cayó y la industria se desplomó. De 1990 a 2000 hubo una reforma agraria en un contexto de desintegración del sector. A principios de los años 2000 había cuatro compradores locales que controlaban el mercado del cacao. Pero hoy, gracias a la demanda mundial por los alimentos ecológicos, la isla vuelve a ser conocida una vez más por su cacao de calidad.

A ello contribuyó el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (IFAD) que ha estado trabajando en Santo Tomé y Príncipe para reactivar la economía de la isla, y la creciente demanda de cacao ecológico suponía una gran oportunidad. Por ello, IFAD buscó en el año 2000 un comprador que pudiera asociarse con los agricultores para desarrollar la industria. Una empresa francesa llamada Kaoka (https://www.kaoka.fr/les-filieres/sao-tome/) especializada en el comercio justo del chocolate ecológico, visitó la isla viendo enseguida su potencial. https://www.un.org/content/es/_vidout/video1730.shtml

Ahora el IFAD está negociando con más colaboradores, esta vez para otros productos como la pimienta y el café. En el proceso se han hecho nuevos acuerdos comerciales con cinco compañías europeas, de forma que los agricultores no tengan que destruir el bosque para ganarse la vida. La demanda global de alimentos orgánicos puede que esté contribuyendo a salvar la economía esta isla.

A raíz de ello se fundó en 2004 la cooperativa CECAB, que empieza a operar en 2005 en que realiza su primera exportación de 67 toneladas. Contaba con 11 asociaciones que congregaba a 400 productores. 10 años más tarde contaba con 36 asociaciones que aglutinan a 2200 familias con un objetivo de llegar a las 1000 toneladas de cacao ecológico exportado, lo que se consiguió en 2015. Ahora está constituida por 2000 familias de agricultores, casi un quinto de la población rural de Sao Tomé. Juntos han reactivado la industria del cacao.

Cecab lleva 20 años de partenariado con la empresa francesa Kaoka, en un ejemplo de relación exitosa a largo plazo, con lo que sus socios ahora tienen un comprador fijo dispuesto a pagar un 40% más del precio convencional de este producto orgánico. De 2005 a 2015 se dio el crecimiento horizontal del programa, pasando de 11 a 36 asociaciones. De 2015 a 2025 está previsto el crecimiento vertical del programa con la renovación de las plantaciones. En 2019 la producción alcanza ya las 2500 tn de cacao orgánico producido por pequeños productores con una media de 2 ha de terreno en un total de 4500 ha certificadas.

Cecab se ha convertido en el primer exportador del país con el 40% del cacao total. Cuenta con un equipo de 16 técnicos para dar asistencia técnica a sus asociados. Cada centro dispone de infraestructuras de secado solar y se realizan controles de calidad por 2 técnicos voluntarios y 1 responsable de calidad en cada centro. Actualmente el cacao de Sao Tome es uno de los más valorados gracias a que empresas como las de Claudio Corallo y Diogo Vaz, establecidos en las islas, han puesto los chocolates elaborados con este producto en el mundo, apostando por la calidad y no la cantidad.

En 2019, en una visita que hice a Sao Tomé tuve la ocasión de hablar con António Días, director técnico de Cecab, que dice que ser sostenible significa que no sólo nos ocupamos de exportar cacao cultivado de forma ecológica, sino que también apoyamos a nuestros asociados en sistemas de salud, fondos de apoyo para los más necesitados. Organizamos actividades en que asesorados por especialistas tratamos los temas de violencia doméstica, aspectos de igualdad de género, problemas relacionados con el consumo excesivo de alcohol. También financiamos pequeñas obras sociales en las comunidades. “A CECAB é uma das realizações mais bem sucedidas na área agrícola” – Téla Nón (telanon.info)

 

Roça Monteforte. Se ha convertido en hotel y es la sede de una las cooperativas asociadas a CECAB.

La fábrica inaugurada en 2022 en el distrito de Lobata, en el norte de la isla de Santo Tomé, es el resultado de una inversión de 124.000 euros de la Cooperativa de Producción y Exportación de Cacao Ecológico (CECAB) y una cofinanciación de 340.000 euros del Banco Africano de Desarrollo (BAD). Se trata de la tercera fábrica de producción de chocolate instalada en Santo Tomé y Príncipe, pero el director ejecutivo de la CECAB, António Días, señaló que la nueva fábrica tiene un "carácter filantrópico" que consiste "en mitigar la pobreza, reservando sus beneficios para invertirlos en obras sociales en las comunidades asignadas a los miembros de la CECAB". https://www.macaubusiness.com/sao-tome-new-organic-chocolate-factory-to-put-profits-into-local-community/

https://www.youtube.com/watch?v=v4uPvHKHw-I

 

Sabías que …

hay cosas que se pueden hacer. No se trata sólo de decir lo que se hizo mal, lo que se sigue haciendo mal. Se trata de buscar vías de como revertir esta situación, de ver qué podemos hacer para que todo esto no vuelva a pasar y, sobre todo, de hacer.

 

 

jueves, 22 de septiembre de 2022

IV - Cacao y el orden mundial

 

Selección de semillas de cacao en Koughnou (Togo)

Sabemos de dónde viene el cacao, quienes eran los que ya lo tomaban antes de que los españoles llegaran a América y también como se fue popularizando y se expandió por Europa. Sabemos que tiene propiedades nutritivas y energéticas, aunque no sabemos si influye en la belleza de quienes lo consumen. Conocemos sus variedades y como hay que cultivarlo si tenemos las condiciones adecuadas. Y ahora entramos en los últimos 200 años de historia en que la abolición de la esclavitud, la industrialización, la colonización de vastos territorios estableció un orden mundial que en muchos aspectos perdura hasta nuestros días y del que no solemos (o queremos) ser conscientes.

La industrialización

Algunos autores sostienen que las compañías comerciales coloniales y las utilidades provenientes del comercio de esclavos y de las economías de plantaciones con mano de obra esclava, estimuladas por la demanda europea de productos tropicales, fueron un prerrequisito para la industrialización y el despegue económico europeo. El deseo masivo de importaciones de lujo provenientes de ultramar (tabaco, azúcar, cacao, café y té) afectó la economía europea de manera significativa, aunque indirecta. El nuevo aprecio por los comestibles tropicales americanos estimuló el comercio en Europa, así como en sus colonias.

La empresa Fry, fundada en Bristol (Inglaterra) en 1728, comenzó a utilizar la energía del vapor en 1789. Fue la primera empresa que adquirió una máquina de vapor Watt para accionar los molinos para el procesamiento del cacao, por la que recibió una patente en 1795. Los chocolates fabricados con la ayuda de máquinas de vapor en el siglo XIX también se llamaban "chocolates de vapor".

Alrededor de 1800, comienza la revolución industrial con sus enormes cambios sociales y económicos. Por supuesto, toda la industria del chocolate se vio afectada por esto y, como en otras industrias, fueron los ingleses los que empezaron. Los avances técnicos sentaron las bases para que el chocolate y el cacao se convirtieran en un producto de masas que dejó de estar reservado a una pequeña élite adinerada.

El suizo Philippe Suchard creó el primer mélangeur en 1826, una especie de batidora para los ingredientes del chocolate. Con la ayuda de esta máquina, que consiste en una cubeta de granito poco profunda y calentada sobre la que se mueven rodillos de granito de un lado a otro, Suchard consiguió mezclar de forma ideal la masa de cacao, el azúcar y todos los demás ingredientes. El uso de estas máquinas sigue siendo habitual hoy en día.

En 1828, el holandés Conrad J. van Houten desarrolla un método para producir cacao en polvo con un contenido muy bajo de grasa utilizando una prensa hidráulica. Otro de los avances de van Houten fue el tratamiento del cacao en polvo con sales alcalinas. Este tratamiento facilita la mezcla del cacao en polvo con el agua. También hace que el chocolate sea más oscuro y produce un sabor más suave. Estos inventos sientan las bases para la producción de cacao en polvo y la extracción de manteca de cacao adicional para la producción de chocolate. Estos avances permitieron que el chocolate fuera asequible para el mercado de masas con lo que la demanda de cacao aumentó. Los avances técnicos en la producción del chocolate posibilitaron la producción de nuevas formas de presentar el cacao en estado sólido, como son las tabletas y los bombones.

En 1879, Rodolphe Lindt inventó el conchado. Tras el tostado y molido de los granos de cacao, a la masa de cacao puro resultante (también conocido como licor de cacao) se le añaden otros ingredientes, como azúcar y leche, y se vuelve a moler finamente para preparar la mezcla para el proceso de conchado. Se aplica un proceso largo y continuo de mezclar, remover y airear intensamente el chocolate líquido para eliminar cualquier acidez y nota amarga indeseable. Es algo similar a un proceso de evaporación. El tiempo que se dedica al conchado también sirve para disolver los grumos y conseguir una textura increíblemente suave (el llamado chocolate fondant). 

Para los elaboradores artesanales de chocolate el conchado es uno de los procesos más importantes en su elaboración, como es el caso de Chocolates artesanos Isabel. “En él se eliminan los sabores ácidos y se refina la pasta de cacao, lo que contribuye a su calidad y untuosidad final. Nuestro conchado es largo, aproximadamente tres días dependiendo del tipo de cacao” https://chocolatesartesanosisabel.com/el-proceso-del-conchado-del-chocolate/.

En la segunda mitad del siglo XIX, las empresas que empezaron a producir chocolate y a mejorar sus técnicas se enfocaron en dos elementos. Primero, los precursores de la innovación en la industria chocolatera fueron parte esencial de un proceso tecnológico que se presentó en diferentes escenarios productivos en Europa Occidental y Estados Unidos, quienes desarrollaron la industria, pero también condicionaron el mercado del cacao. Las estructuras empresariales fueron las que facilitaron el dinamismo del negocio del chocolate, su rápida difusión y acceso a una población más amplia. Era una diversificación de productos que permitió nuevas mezclas, lo que dio un avance al consumo de chocolate, pasando de beber a comer un chocolate prensado y empacado. Hay un segundo elemento: la publicidad resaltó la importancia de la familia en la época y ya no mostró al chocolate como un lujo de la aristocracia, sino como un alimento nutritivo y saludable que brindan las madres a sus hijos para cuidar de ellos. Esto sumado a la presentación del chocolate en bloques con pastillas y el desarrollo de empaques, que abrió nuevas posibilidades para la difusión del producto y la adquisición de nuevos usos sociales.

Entre las primeras fábricas instaladas en España se encuentran los industriales y hermanos Nicolás y Fortunato Luca de Tena y Reina, que en 1860 iniciaron su elaboración en la ruta de Sevilla a Alcalá de Guadaira (zona industrial Torre Blanca).

En 1843 la familia Nogueroles inicia su industria chocolatera con el “xocolate a la pedra” en Villajoyosa. A inicios del siglo XX el reparto se hacía en caballerías con el chocolate transportado en unas cajas de madera. En 1933 habían ampliado sus fábricas y distribuía en toda España. Empleaban un hombre anuncio que repartía chocolate en los colegios. Tras la guerra civil, construyeron una nueva fábrica en las afueras de Gandía que empieza a funcionar en 1943 y que ya incluye la automatización de los procesos lo que les convierte en 1953 en el tercer fabricante de España por volumen de producción. A raíz de la crisis de 1982 y de la entrada de cadenas multinacionales europeas, en 1985 cierra la fábrica.


La llegada del cacao a África: cacao y esclavitud

A partir de 1800, Europa encontró razones morales y económicas para abolir y perseguir el tráfico de seres humanos, para asentar su comercio sobre otras bases y sobre otros productos. Se iniciaban las iniciativas de eliminar la esclavitud que se abolió en las colonias inglesas en 1838, en las francesas en 1848, en Estados Unidos en 1865, en Puerto Rico en 1873 y en Cuba en 1886. En 1888, a través de la Ley Áurea, se decretó el fin legal de la esclavitud en Brasil. Aunque oficialmente Portugal había abolido la esclavitud en 1876, la práctica del trabajo forzado continuó en sus posesiones coloniales.

El cacao se introdujo en África, donde no existía ni se conocía, a principios del siglo XIX. La introducción de nuevos cultivos provenientes de Brasil por parte de los portugueses, sobre todo del café, en 1789, y del cacao, alrededor de 1821, permitió el renacimiento de la economía de plantación y la recolonización en países como Sao Tomé y Príncipe, uno de los primeros lugares donde se estableció el cacao en el continente africano.

Las condiciones climáticas, la existencia de bosques tropicales que proporcionan la sombra que este cultivo necesita, establecían las condiciones ideales para su producción, así como sus suelos, ricos en materia orgánica en las zonas boscosas, además de la mano de obra esclava nativa disponible.

La historia del cacao en África tiene justo ahora dos siglos, aunque realmente cobró importancia en los últimos 100 años en cuanto a volumen, como veremos en este y próximos capítulos. Era una estrategia a medio y largo plazo, en la que en esta relativa corta historia se ha alcanzado que más del 70% del cacao mundial se produzca en la actualidad en África del Oeste, en un cinturón que arranca en Sierra Leona y llega hasta Camerún, en una franja que se extiende a 10 grados al norte hasta 10 grados al sur de la línea del Ecuador, en el área del bosque tropical húmedo. El grueso de la producción se concentra en Costa de Marfil y en Ghana, los que han acabado monopolizando este cultivo a nivel mundial y donde, a raíz de su cultivo, ha disminuido drásticamente el territorio cubierto por selva tropical.

Los países del cinturón verde que se encuentran entre estas latitudes iniciaron su cultivo en los primeros años del siglo XIX. Algunos países como Liberia o Sierra Leona han tenido producciones fluctuantes, en función de la explotación en zonas más o menos fértiles. Por diversas razones algunos países fueron descendiendo su producción, como Guinea Ecuatorial que pasó de más de 40 mil tn exportadas en 1968 a menos de mil tn en la actualidad. La antigua isla española de Fernando Poo (actual Bioko), frente a la costa de Camerún, fue también una de las primeras colonias productoras de cacao de África.

En Sao Tomé y Príncipe, a finales del siglo XIX, el cacao había superado al café en volumen y valor y, desde entonces, fue siempre el principal producto de exportación de estas islas. En 1908 Sao Tomé se había convertido en el mayor productor mundial de cacao, que todavía hoy sigue siendo el cultivo más importante del país. En 1913, la exportación de cacao alcanzó su máximo en 36 500 toneladas. Pero, tras la I Guerra Mundial su producción disminuyó gradualmente, debido a la erosión de los suelos, las plagas de insectos y la creciente competencia de otros países productores en África.

Antigua hacienda de cacao en Sao Tomé

El incremento en la producción y consumo de chocolate en Europa requería de un abastecimiento constante de materia prima que permitiera atender una demanda creciente. Las ventas de empresas como Cadbury tuvieron un crecimiento promedio anual del 33% entre 1880 y 1895, así como un crecimiento en la fuerza de trabajo que pasó de 800 a 2600 empleados entre 1893 y 1899. Es decir, la nueva industrialización de las fábricas chocolateras en Europa, y posteriormente en Estados Unidos, llevó a un incremento de la producción intensificando el uso de materia prima que provenía de los países productores y de las colonias. Las importaciones en Europa de aproximadamente 36.000 toneladas de cacao en 1885 pasaron a más de 237.000 toneladas en 1914. Los países que tuvieron porcentajes mayores de crecimiento en la importación fueron Holanda, Alemania y Estados Unidos, convirtiéndose este último rápidamente en el mayor consumidor de cacao.

La dinámica de la política imperial buscó afianzar el acceso a los recursos que se demandaban cada vez más en las economías centrales como parte de la competencia industrial mundial. Esto benefició a los productores de chocolate al integrar la consolidación terrateniente y las nuevas tierras cultivables en África y en menor medida en el Caribe y Suramérica. A su vez, las políticas de comercio internacional favorecieron el avance de los imperios beneficiando a los empresarios con costes locales para el uso de bienes básicos y ampliando la compra de sus productos manufacturados por parte de la periferia. La red del comercio mundial aprovechó los puertos de Londres, Southampton, Liverpool y Bristol, que se convirtieron en los centros de acopio del cacao en Gran Bretaña; Bordeaux y Le Havre en Francia; Hamburgo en Alemania; Baltimore y Nueva York en Estados Unidos.

Comercio por barco de cacao a finales del siglo XIX y principios del XX

Las empresas mercantiles hicieron de eslabón integrando el cacao con el chocolate, apoyando la exportación desde los países africanos (colonias europeas) y vinculándola con su transformación en los mercados europeos. Otras facilitaron créditos a los agricultores ejerciendo funciones de bancos mercantiles. Detrás de estas empresas había especuladores que participaron en la construcción de precios, aprovechando el incremento de la demanda por parte de los productores de chocolate y alejando a los agricultores de la intermediación.

La ruta del cacao tuvo como característica principal el cambio de los mayores productores de países independientes, como Brasil, Ecuador y Venezuela a territorios coloniales en África y Asia, así como la continuidad de los territorios de las Indias Occidentales y en países independientes en el Caribe, como Cuba, República Dominicana y Haití. La producción en 1885 estaba distribuida entre países independientes y territorios coloniales en un 66% y 34% respectivamente. Antes de la I Guerra Mundial (1914-1918), Ghana se consolidó como el mayor productor de cacao, pasando de una exportación ínfima en 1891 a 12.927 toneladas en 1908 que para 1914 ascendía a 53.750 toneladas.

En el mapa de producción cacaotera hubo un cambio drástico en un periodo muy corto, donde los países independientes pasaron a tener menos del 50% de la producción de cacao en 1914 y los territorios coloniales pasaron al 53% de la exportación global. Algunos productores de chocolate empezaron a enfocarse más en la materia prima procedente de África como los británicos y los españoles, mientras otros perdieron influencia en el mercado como los holandeses.

En contraste con el incremento en la productividad africana por la resistencia de los árboles de cacao, los territorios de las Indias Occidentales estaban reduciendo su competitividad en el negocio ante los problemas de infraestructura y el impacto de las plagas que afectaron el avance de los cultivos en el Caribe británico.

La inversión en infraestructura y las actividades comerciales fueron necesarias para poder integrar la materia prima al consumo creciente de chocolate, donde la política imperial y la diplomacia integraron las zonas de producción cacaotera con la fabricación de chocolate, a finales del siglo XIX. En África occidental francesa fueron construidos 20 000 km de carreteras en 1920, otros 60 000 km en 1930 y 100 000 en 1940 y cerca de 4 000 km de vías férreas. Seria falso pensar que todo esto fue hecho únicamente por buena voluntad, y no para servir a los intereses coloniales.

El consumo global de chocolate no tuvo en cuenta el origen del cacao, lo que hizo que la producción chocolatera se enfocara en tener la materia prima sin importar ni conocerse las características, la procedencia y los problemas que se presentaban en las regiones productoras. La calidad y aroma del cacao pasó a un segundo plano, siendo un bien destinado a un grupo masivo de consumidores.

Los europeos desarrollaron la agricultura en sus colonias, no bajo la forma de cultivos alimenticios sino de cultivos industriales, destinados a proveer de materias primas a los países del norte y proporcionar a los africanos un ingreso monetario que les permitía ser, a la larga, compradores de productos industriales y a la vez contribuyentes.

Cultivo de maíz en un poblado del norte de Togo

La agricultura africana en general desconoce los cultivos alternos y solo excepcionalmente practica el abono, producto de la alianza raramente practicada en África entre la ganadería y la agricultura. De esta forma la tierra se empobrece tan rápidamente que apenas si da una o dos cosechas o como máximo tres. No importa que el campo se agote, se busca otro en otra parte ya que no es espacio lo que falta. Este esquema se daba todavía a principios del siglo XX con una población cifrada por diversos autores en alrededor de 120 millones de personas, cuando toda África se encontraba bajo poder colonial, frente a los cerca de 1300 millones actuales (se ha multiplicado por 11) y donde la tierra es cada vez más un bien escaso.

Sobre ello Bertaux escribe que “el suelo de África es generalmente pobre en humus, en todo caso mucho menos rico que el de las Antillas, un paraíso para los plantadores. Las plantaciones solo prosperan excepcionalmente, en cambio son innumerables los triunfos parciales y los fracasos estrepitosos. El sol africano, la sequedad y allí donde llueve, la violencia de las lluvias tropicales que embarran el suelo, son factores que no favorecen el desarrollo de la vida bacteriológica que constituye el humus. La tierra cultivable en Europa occidental es mucho menos de lo que se cree un don de la naturaleza, sino que es sobre todo el resultado del trabajo continuado de los campesinos y del abono de su “ganado” (ganado en su doble sentido, también de ganancia sobre la tierra). Es la relación del humus lo que ata al suelo al cultivador. En cambio, no hay apenas creación de humus en África.

La noción de propiedad territorial ha sido llevada a África por los europeos; hasta entonces la detentación del suelo no tenía valor y permanecía precaria.

Mapa de África de 1913 donde prácticamente todo el continente estaba colonizado


viernes, 9 de septiembre de 2022

Cacao III – Botánica y aspectos agronómicos

 Cacao III – Botánica y aspectos agronómicos

Árbol de cacao en jardín particular de Sao Tomé 

Características y variedades

Theobroma pertenece a la familia Malvaceae (que comprende plantas como el hibiscus, las malvas o el algodón) y comprende 22 especies. Todas las especies crecen bajo el dosel de bosques tropicales lluviosos. El área de distribución natural se extiende desde la cuenca del Amazonas por el sur hasta la región meridional de México. Su centro de diversidad se encuentra en la región amazónica en lo que hoy es Brasil, Perú, Ecuador, Venezuela y Colombia.

Las especies de este género son árboles ramificados con hojas simples y con un fruto indehiscente carnoso (mazorca).

Se trata de un árbol o arbusto semicaducifolio de hasta 12 m de altura, aunque en cultivo se mantiene normalmente a 4 - 8 m. Las flores son hermafroditas y de 10 a 20 mm de diámetro. El fruto es una baya grande (vaina o mazorca), protegida por una cáscara exterior dura y gruesa, púrpura o amarillo en la madurez, de 10 a 20 cm de largo y de unos 7 cm de ancho, de 200 a 1000 gr de peso. Las semillas, entre 20 y 50, son café-rojizas, ovadas, ligeramente comprimidas, de unos 20 a 30 mm de largo, 12 a 16 mm de ancho y 7 a 12 mm de grosor, distribuidos en 5 a 8 surcos longitudinales. La vaina suele madurar entre 4 y 6 meses después de la floración. Los mejores rendimientos observados pueden ser de hasta 150 vainas por árbol y año aunque lo normal suele ser 30-40. A diferencia de la mayoría de los frutos, las vainas son indehiscentes y permanecen adheridas al árbol.

La especie Theobroma cacao comprende una gran variedad de formas y poblaciones muy diferentes. La especie se origina probablemente en la parte superior del territorio amazónico, pero fue domesticada en Mesoamérica. En general, los árboles mesoamericanos se distinguen por sus vainas largas, puntiagudas, verrugosas, blandas y profundamente estriadas, que contienen semillas con cotiledones blancos; mientras que los sudamericanos tienen vainas duras, redondas y con aspecto de melón, y las semillas tienen cotiledones violáceos. Estas dos subespecies se conocen como variedades criolla y forastera, respectivamente. Conservan su capacidad para cruzarse y dar híbridos fértiles, cosa que no harán con ninguna otra especie de Theobroma.

Las formas de cacao se clasifican tradicionalmente en tres grupos genéticos: Criollo, Forastero y Trinitario. Las variedades criollo y forastero, y sus híbridos, proporcionan la materia prima para la industria moderna del chocolate. El criollo es producido por un árbol que produce menos vainas con menos semillas y es más susceptible a más enfermedades. Se cultiva porque posee un sabor y un aroma de los que carecen las semillas del forastero, más resistente y productivo. Los plantadores y procesadores de cacao modernos prefieren el forastero, que hoy en día proporciona más del 80% de la cosecha mundial de cacao.

Criollo

Las formas Criollo fueron probablemente las primeras variedades domesticadas y hasta la mitad del siglo XVIII esta era la forma de cacao más frecuentemente cultivada. El cacao Criollo comprende árboles delgados y los frutos tienen una pigmentación rojiza, muestran signos de depresión endogámica y, frecuentemente, más bajos rendimientos y mayor susceptibilidad a plagas. El cultivo comercial se desarrolla principalmente en las áreas de origen, en Venezuela, México, Nicaragua, Guatemala y Colombia. El 5 al 10 % de la producción mundial de cacao se origina de las formas Criollo.

Forastero

Las formas Forastero son originarias de la cuenca superior del Amazonas y comprenden las formas de cacao que no son Criollo ni de origen híbrido. Se caracteriza principalmente por su fruto verde, una cubierta del fruto (pericarpo) gruesa, un mesocarpo fuertemente lignificado, semillas redondeadas y ligeramente aplanadas y cotiledones de color violeta. La mayoría del cacao que se cultiva en Brasil, África Occidental, América Central y el Caribe pertenece a este grupo. Con cerca del 80% de la producción mundial de cacao, el grupo de cultivares Forastero es el grupo comercialmente más importante.

Trinitario

Estas formas de cacao son de origen híbrido entre las formas Criollo y Forastero, las que desde mediados del siglo XVIII han surgido en los territorios de cultivo de cacao. El grupo es correspondientemente muy heterogéneo genéticamente y, morfológicamente, muy polimorfo, no siendo posible delimitarlo a través de características comunes. Las plantas son normalmente muy robustas con frutos verdes o pigmentados y con semillas violeta claro a violeta oscuro. El 10 al 15 % de la producción mundial de cacao se origina en las formas Trinitario.


Se estima que mundialmente alrededor del 70% de los árboles de cacao son cultivares tradicionales y sólo cerca de un 30% son variedades seleccionadas. Como cultivares tradicionales se consideran todas las formas de cacao que se cultivaban hasta alrededor de 1950. En los años 30 y 40 se realizaron colectas extensivas en la porción superior del territorio amazónico que fueron utilizadas como bases para un programa de propagación (principalmente en Trinidad y Tobago). Los cultivares que se desarrollaron ahí se han expandido mundialmente.

Biología floral

Las primeras flores aparecen en el tallo de las plantas de cacao uno o dos años después de que el tallo se ha lignificado. Las flores forman inflorescencias que se originan a partir de botones axilares de las hojas caducas. Las plantas adultas de cacao pueden, dependiendo de las condiciones climáticas, producir flores y frutos durante todo el año, cuando no se presentan periodos secos extremos u oscilaciones térmicas muy pronunciadas. Normalmente, las plantas muestran uno o dos periodos de mayor fructificación a lo largo del año. El cacao produce una gran cantidad de flores, de las que sólo un 0.5 a un 5% son polinizadas y producen frutos. Se calcula que de las 10.000 flores que puede llegar a producir cada árbol, sólo 20 ó 30 son polinizadas y se convierten en vainas de cacao. Casi el 60 % de las flores cae después de 48 h sin ser fertilizadas.

Se ha estado fomentando en algunos países la polinización manual, la cual es muy laboriosa y sólo se puede efectuar en unas pocas horas del día, en que la humedad es la adecuada. No parece una actividad rentable desde el punto de vista económico si hay que pagar a una persona que realice este trabajo, pero si lo puede ser cuando se realiza por mano de obra familiar en una pequeña explotación ya que aumenta el número de flores polinizadas por árbol que se convertirán en frutos (observación personal).

Flor de cacao en Togo

La polinización es relativamente inespecífica, pudiendo ser realizada por varios insectos, por ejemplo, trips, hormigas, áfidos y mosquitos pequeños. Después de una polinización exitosa, la fructificación se inicia dentro de las 36 horas siguientes, los pétalos caen y después de 72 horas los ovarios ya están hinchados. La autoincompatibilidad puede manifestarse incluso unas semanas después de la fructificación, llevando a la caída de los frutos. La duración del desarrollo del fruto es de 150 a 180 días hasta que está totalmente maduro y depende principalmente del cultivar y la procedencia.

Propagación generativa

La forma más fácil y económica de propagar el cacao es por medio de semillas. Las semillas maduras tienen, sin embargo, sólo un corto periodo viable y no se deben secar. Las semillas se sacan del fruto carnoso, por lo general, inmediatamente después de la cosecha y se siembran en viveros sombreados. Una desventaja de la propagación por semillas es la predominancia de la polinización cruzada y la resultante variabilidad resultante entre individuos. Algunos cultivares (Amelonado y algunas formas de Criollo) son, sin embargo, autocompatibles y pueden ser propagados con identidad varietal a través de semillas.

III Agronomía

De la producción a la poscosecha

La temperatura y la precipitación son los factores más importantes para el desarrollo óptimo de las plantas de cacao. Las plantas reaccionan en forma muy sensible a la cantidad de agua en el suelo y son susceptibles a la sequía. El cultivo requiere lluvias uniformemente repartidas a lo largo del año de un total de 1500 a 2000 mm. Las temperaturas mínimas medias son de 18 a 21 °C, las máximas de 30 a 32 °C. Las temperaturas mínimas absolutas son de 10 °C. Bajo condiciones climáticas como, por ejemplo, las de África occidental, el cacao puede resistir periodos secos de hasta 3 meses (con precipitaciones menores a 100 mm).

La planta joven del cacao necesita sombra, a menudo proporcionada por cultivos como los plátanos y las bananas. En África occidental, el método más común es la plantación en bosques raleados o en remanentes de bosque y se mantiene más o menos la estructura natural del bosque. La composición botánica de los árboles de sombra es, por lo tanto, compleja y diferente en cada región. Se cultiva en combinación con árboles frutales, especies arbóreas madereras y con leguminosas arbóreas. Se asume hoy en día que el cultivo intercalado y el manejo forestal, más allá de la función de sombreado, disminuye la aparición de enfermedades del cacao, mantiene la fertilidad natural del sistema de producción, compensa los periodos secos y fomenta el mantenimiento de la biodiversidad. El cultivo de cacao en monocultivos, es decir, cultivos intensivos sin sombreado, se realiza especialmente en África occidental sobre bosques talados o terrenos de barbecho. La instalación de las plantaciones se efectúa normalmente con sombreado temporal con matas de plátano o diversas leguminosas diversas.

La planta es susceptible de sufrir plagas y enfermedades, por lo que se tiende a abrir nuevas zonas de bosque al cultivo, donde los beneficios de un suelo fértil y la ausencia de acumulación de plagas y enfermedades ofrecen importantes ventajas frente a la plantación en terrenos previamente utilizados por el cacao u otros cultivos. En suelos agotados, las plagas y las enfermedades atacan a las plantas envejecidas, y el rendimiento disminuye. Además, la reducción gradual de las precipitaciones desde mitad del siglo pasado ha favorecido los ataques de plagas (miridos), que provocan el marchitamiento de las ramas y frutos.

Aplicación de compost en finca ecológica de cacao

El cacao es muy adecuado para su adopción como parte de un sistema de cultivo mixto con cultivos alimentarios, especialmente los que proporcionan sombra a la planta joven, y por ello puede adoptarse con una alteración mínima de los sistemas tradicionales. Se necesita mucha mano de obra para desbrozar el bosque, para el hoyado y plantación, así como la posterior limpieza de malas hierbas y la poda de formación antes de que los árboles den sus frutos, lo que empieza a los tres años, siendo plenamente productivos a los cinco hasta al menos otros 20 años.

La recolección también requiere mucha mano de obra. Los agricultores cortan las vainas de los árboles, lo que debe hacerse con cuidado, con un cuchillo afilado o unas tijeras de podar, para no dañar los cojines florales que son estructuras especializadas que agrupan las flores del cacao, que si se dañan evitará que al año siguiente vuelvan a florecer y por lo tanto a producir frutos.

A continuación, se abren las vainas con mazos de madera, para no dañar las semillas y se saca la pulpa viscosa que envuelve las semillas. Los intentos de mecanizar el proceso han fracasado porque los sistemas de corte suelen dañar las semillas. Una vez cosechadas, las semillas se someten a un proceso de dos fases para prepararlas para la venta: la fermentación y el secado. Estos procesos inician la transición del grano de cacao amargo al sabor tradicional del chocolate.

Hay diversos datos sobre la extracción de nutrientes por planta, en función de la cantidad de cosecha obtenida y obviamente del tipo de suelo. Para una producción de 1000 kg/ha el aporte de Nitrógeno (importante para el crecimiento y la formación de hojas y ramas) debe estar entre 30 a 40 kg/ha, el fósforo entre 5 y 8 kg/ha, de 40 a 86 kg de potasio, 5 a 13 kg de calcio y 2 a 10 kg de magnesio.

Poscosecha

Día de cosecha en finca ecológica Kekeli (Togo)

La cosecha y los procesos de poscosecha son decisivos en la calidad del cacao y deben ser realizados de forma inmediata y muy controlada. El aroma y contenido de polifenoles de los productos del cacao no dependen únicamente del cultivar, sino también, en gran medida, de la fermentación, el secado y el posterior tostado. Los procesos de poscosecha no controlados pueden llevar a granos germinados o mohosos y con ello a una alta pérdida de calidad. La poscosecha comprende la fermentación, el secado y el almacenamiento de los granos de cacao. La forma como se llevan a cabo estos procesos puede ser muy diferente entre distintos agricultores y depende del lugar y de las condiciones climáticas. A través de la fermentación no sólo se forman los aromas importantes, sino que también se previene la germinación de las semillas, se remueven los restos de fruto y se ablanda la testa (la testa es la más externa de las dos capas que constituyen el episperma o tegumento que rodea a la semilla), lo cual facilita el procesamiento posterior. Durante la fermentación, la masa de los granos de cacao se dispone de tal manera que por un lado están bien aislados y el calor se conserve, mientras que, por el otro lado, sea posible la ventilación. El proceso de fermentación tarda de 5 a 7 días y su duración depende del cultivar, de la temperatura ambiente y el perfil de temperaturas, así como de la calidad de los granos.

La fermentación comienza con las levaduras y bacterias presentes que descomponen la parte carnosa del fruto alrededor de las semillas y transforman los azúcares en alcohol. En los primeros dos días la fermentación sube la temperatura, generalmente, hasta 40 - 45 °C. Los granos deben revolverse regularmente (cada día o cada dos días), de modo que se asegura una fermentación y temperatura uniformes. El estado de la fermentación se puede determinar a través del fraccionamiento o corte de algunos granos. Las semillas que se han fermentado por demasiado tiempo tienden a tener un sabor amargo y olor a amoniaco. La fermentación a pequeña escala puede ser realizada por cada agricultor en cestas, cajas u hojas de plátano. Las fermentaciones más grandes o en estructuras cooperativas, se realizan en cajas de almacenamiento cuando los montos de cosecha son mayores.

Secado artesanal de cacao en Sassanou (Togo)


 


Sabías que:

  • ·       hace 200 años ni se conocía ni existía el cacao en África,
  • ·       que el cacao y la esclavitud llevan varios siglos íntimamente ligados
  • ·         sabías que cada vez que comes chocolate………

Esto y más en los próximos capítulos