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martes, 12 de agosto de 2014

Semuc Champey




Este fin de semana me decidí por ir a Semuc Champey -donde el río se esconde bajo las  piedras-.







La subida al mirador es muy empinada y te saca las entrañas. Pero la vista de las pozas de color turquesa vale la pena. Hay un hotel a la entrada con unas cabañas super chulas por 25 euros la noche. Yo he dormido en otro, cerca del río en un dormitorio con 9 energúmenos ingleses donde la noche sólo me ha costado 5 euros.
Sentado en el pantalán, sintiendo la fuerza del río Cahabon, queriendo arrancar los pilares que le sostienen, sintiendo el rumor del agua cuando pego el oído a las maderas, escribí un par de capítulos de mi historia del barco.

Sumidero

En el restaurante, donde unos 40 comemos en 2 mesas es difícil no conocer a gente. Se oyen sólo un par de acentos en español, uno catalán y un poco de alemán. El resto son de Gringotenango (en Guatemala hay varias ciudades que terminan en –tenango, así que cuando hay mucho gringos así le llaman).

El fin de semana ha sido espléndido, para desgracia de los agricultores que necesitan imperiosamente el agua después de la desastrosa sequía que está afectando al país, pero para mí, este fin de semana no pudo ser mejor.

Los hijos del maíz se han olvidado de que tienen que compartir el cultivo con el bosque














Y la erosión ya se empieza a hacer visible






Y disfruté de los paisajes tan diferentes al corredor seco donde vivo


Poco a poco noto que me voy haciendo a Guastatoya y disfruto de las pequeñas cosas. Ayer mismo encontré por primera vez en 9 meses joghurt natural en el super donde suelo ir a comprar. Me alegré tanto que estuve a punto de abrazar a una señora que en ese momento pasaba por ahí aunque me retuvo el ver que su marido llevaba un pistolón de esos automáticos y cara de pocos amigos. Finalmente opté por ponerme en un rincón y echar una lagrimita sin que nadie me viera porque aquí los hombres tampoco lloran.



domingo, 27 de julio de 2014

Xela



Quetzaltenango

Y va otro fin de semana en que aproveché esta vez para irme junto con mi colega de trabajo, Neftalí, en bus a Quetzaltenango, también llamada Xela, a unos 200 km al oeste de Guatemala. Llegamos de noche, yo me fui al hotel a dormir después de la paliza de bus desde la capital y aproveché que en esta ciudad por su altitud (2367 msnm) hace frio y que uno tiene que dormir con mantas.

Valle de Almolonga

Al día siguiente sábado aproveché para ir en uno de los buses locales a Almolonga, una de las primeras ciudades donde se asentaron los españoles y que se considera la huerta de Guatemala (pomposamente también dicen de Centroamérica aunque no hay para tanto). Desde lejos la belleza de esas huertas tan bien cuidadas es impresionante, de cerca, viendo el uso tan intensivo que hacen del suelo, la inexistencia de curvas de nivel, los surcos a favor de la pendiente, la deforestación rampante y sobre todo la contaminación de las aguas con las que riegan te vuelven a la realidad. Pero estoy seguro que me gustaría más trabajar aquí con esta gente indígena tan laboriosa que con los mestizos pistoleros con los que me muevo en la zona donde estoy.
Mujeres indígenas frente al cementerio

Por la noche Neftalí, su mujer y una amiga me vinieron a buscar para ir a bailar. En Jinotega iba todos los jueves, aquí en Guatemala me puedo sentir contento si voy cada 3 meses, pero lo importante es que me lo pasé bien.
Compartiendo tortilla española con colegas de trabajo en casa

Al día siguiente volví a recorrer las zonas agrícolas de los alrededores, las casas coloniales del centro, di una vuelta turística con unos turistas canadienses y con guía en un tranvía reconvertido y poco más, para ir a adormir temprano y salir al día siguiente a las 4 de la mañana para llegar a la reunión que tenía ya concertada a las 8 de la mañana en la capital.






Y aquí va otra historia que escribí, esta vez en Nicaragua, entre la realidad y la ficción.
Maldito celular
Sergio es un gordo de Masaya, de oficio electricista. Aprendió este peque en los años de la revolución, con un grupo de alemanes que tenían un proyecto de algo de solidaridad y en el que se graduó después de 2 años de estudio y de realizar algunas prácticas. Todavía era “chavalo” y le gustaba eso de andar con los “cheles”, pero sobre todo las chelas, tan bonitas, aunque no le gustaba el que no se depilaban las piernas y los sobacos.
El otro día Sergio fue a comer carne asada a la placita de Monimbó, ahí donde Doña Ena. Ya se le estaba haciendo la boca agua y alargaba la mano para coger la comida, gallo pinto y carne asada envuelta en una hoja de banano, cuando sintió como un tironcito en el cinturón. Se “volteó a ver” pensando que era uno de sus amigos que lo andaba “fregando”. Entrecerró los ojos, maldita sea, otra vez se dejó las gafas en casa, y es que no le gustaba que la Gabriela lo viera con lentes, dice que lo hacen más viejo, y fijándose bien, vio a alguien, no lo reconocía, que se alejaba despacito, sin voltearse, con algo entre los dedos. Su mano, todavía extendida esperando la comida voló a su estuche del “celular” y sí, le faltaba el “chunche“, que aunque no andaba “minutos”, igual le servía por si la Gabriela le mandaba un mensajito y le decía: “andá, veníven” y él ya no hallaba como ir a su casa, ducharse rápido, ponerse su desodorante para oler bien y andar a “jalar” con su novia, y queriendo agarrarle la mano y más, que ella a veces no se deja. Pero el tipo se alejaba y parecía como que miraba de reojo. Cuando vio que el gordo se ponía en movimiento hacia él, la misma mano que quería tomar la comida, que notó que faltaba el celular, “ahorita” estaba levantada y señalándolo, empezó a correr y el gordo sin querer gritar porque necesitaba todo el aire que le daban sus pulmones para correr, la mano todavía levantada, tomando velocidad, pero ay, esa jodida piedra, quien la puso ahí, el gordo veía como el suelo se acercaba hasta que se dio el gran pencazo. Abrió los ojos mientras el dolor le bajaba de la boca y lo sintió en la punta de los dedos de los pies y luego volvió a subir, más rápido de lo que corría el ladrón y le golpeó el cerebro como si fuera un martillo, y la sangre le empezaba a llenar la boca. Ya la gente formaba un “molote”, que si andaba picado, que si era epiléptico, pero nadie vio lo que le había pasado. Sergio quería hablar pero no podía, la lengua era como una esponja que según se empapaba de sangre se iba haciendo más y más grande.
Sergio perdió como 40 “libras”, dice que por andar tomando comida con pajita, que casi se le partió la lengua, le quedó sólo agarrada por un “tuquito” y que el médico le dijo que la lengua no le iba a quedar muy bien pero que lo dientes los tenía perfectos,  ¡qué clase de mordida, esa¡ le dijo. Primero le cosió una doctora, pero se le infectó y lo tuvieron que volver a quitar el hilo y le cosieron de nuevo, que era por eso que llevaba 3 semanas sin comer su carne asada, ni tortilla, ni esos mangos cuyo jugo le resbalaba por el pecho. Sólo frescos y comida molida.

Ya su Gabriela no lo llama, dice que lo anduvo llamando pero que él no le contestaba, ¡idiay! como le voy a contestar si estaba en el hospital, que si no llegó, pero como iba a llegar “mija” si no podía ni hablar con la lengua partida en dos, bueno que no llegue más, que hay otro muchacho en el barrio con el que está jalando, que a ella no le gusta estar sola. Sergio ya no es el que era, no sólo está más delgado sino que el ladrón, además de la lengua, le quebró el corazón.
Y aquí el cumpleaños


martes, 15 de julio de 2014

Panajachel

Mujeres indígenas en Santiago de Atitlán

Os pongo un par de fotos del Lago de Atitlán, de Panajachel y de Santiago de Atitlán, los 2 pueblos donde pasé el fin de semana, ya que he decidido visitar, antes de irme de Guatemala, todos los lugares que son bonitos en este país y que todavía no conozco. 
Vista de la bahía de Santiago de Atitlán desde Panajachel

Además aproveché para recuperarme allí de la infección intestinal que me ha dejado de momento con 5 kilos menos. En los peores días me acordé del chiste: ¿Doctor, me puedo bañar con diarrea? !Si tiene suficiente !!
Mujer indígena en Panajachel


Panajachel me despide con un terremoto de 6,4, el más fuerte que he sentido nunca. Toda la habitación se movía y por suerte cuando ya estaba a punto de salir corriendo a la calle desde el segundo piso donde estaba, poco a poco fue parando. Luego los aullidos de los perros indicaban que lo peor ya parecía haber pasado. 
Hombres indígenas en Santiago de Atitlán

En el camino de vuelta hacia mi lugar de residencia, a unos 200 km, me desespero viendo por la carretera las terrazas primorosamente trabajadas mientras donde vivo casi no hay agricultura. Ahí la gente vive de las remesas, del narcotráfico y el resto, seguramente de milagro. De camino, el volcán echaba humo, resoplando seguramente los rescoldos del terremoto. 

Panajachel desde el lago
Resoplando




lunes, 16 de junio de 2014

Muerte en tuc-tuc

Tuc-tucs en la calle principal de Guastatoya

Guastatoya es estadísticamente una de las ciudades más seguras de Guatemala. Según me decían unos trabajadores que hicieron unos arreglos en mi casa, como esta ciudad es pequeña y todos se conocen, cuando la gente se da cuenta de que ha habido algún robo, se ponen al acecho hasta que agarran al ladrón. Entonces le pegan un tiro y en una camioneta lo van a tirar a la cuneta de la carretera que va al Atlántico, y si puede ser, fuera de la jurisdicción del departamento, para que así siga manteniendo en las estadísticas la fama de tranquilo. Es lo que otro llamaba “es que aquí la gente está muy unida”. El otro día la tranquilidad se vio alterada porque mataron a un conductor de tuc-tuc. Al parecer hay bandas que vienen de la capital (estamos a sólo 73 km) y extorsionan a los conductores de tuc-tuc (quines normalmente no son los dueños de los vehículos) exigiéndoles el pago de 200 Quetzales (20 euros) a la semana. Esta cantidad significa que tienen que llevar a 66 pasajeros para pagar esta cuota de extorsión, lo que fácil significa más o menos un día de trabajo. Como al parecer hubo problemas en el pago, mataron a uno de ellos como aviso a los demás. El chofer que murió, estando herido, pudo arrebatarle la pistola a quien le disparó y mató a una chica que acompañaba al asaltante. Todo esto soliviantó los ánimos de la población así como de los conductores de tuc-tuc (yo calculo que debe haber unos 200 en Guastatoya) quienes al parecer agarraron la semana siguiente a uno de los supuestos miembros de la banda que venía a cobrar la cuota semanal. Para suerte de él lo entregaron a la policía mientras un grupo de exaltados fue a buscarlo para lincharlo. Hubo algunos disturbios y pude ver a la turba cuando mediante llamadas de celular y mensajes de boca en boca nada contrastados se comunicaban entre sí que habían agarrado a otro “bandido” en uno de los barrios y todos, a pie, en moto, tuc-tuc o vehículo se dirigían hacia allí dispuestos a lincharlo mientras algunos gritaban “lleven gasolina para quemarlo”. En Alemania un nigeriano que nos daba temas de seguridad antes de venir aquí nos aleccionaba de que en su país, cuando la turba quiere tomarse la justicia por su mano, embuten al que agarran en un par de neumáticos de coche y luego le prenden fuego. Una semana más tarde han vuelto a matar a otro conductor de tuc-tuc y los ánimos de la gente van a peor.
Mientras tanto el equipo de fútbol de la ciudad acaba de subir a la Primera división nacional, gracias al apoyo económico de la municipalidad, lo que le permitió, con el dinero de todos, fichar a un entrenador uruguayo y  a un par de jugadores latinoamericanos. Mientras, la otra cara de la moneda es que la ciudad no tiene sistema de drenaje de aguas pluviales por lo que cuando llueve medianamente fuerte las tuberías de aguas negras se colapsan con las aguas que le llegan de la lluvia y las aguas retornan a las casas, por lo que hay que estar atento y colocar un peso encima de la tapa del wáter para no encontrarse sorpresas. 

Y como guinda, una historia que escribí hace tiempo en Colombia:


Guerrillero
Mi tío Ramón era guerrillero y nunca lo pudieron agarrar. Dicen que se hizo guerrillero por hambre y después ya fue costumbre, porque no sabía hacer otra cosa. También que tenía poderes y que sabía leer en el humo, como si sus espirales fueran letras encadenadas. Cómo, si no, se explica que nunca lo atraparan, y mira que lo intentó veces el ejército. Sí, mi tío tenía poderes y yo lo sé, porque aunque todavía era chiquito, lo vi con mis propios ojos y será algo que se me quedó grabado para siempre.
Fue en unas Navidades, me acuerdo bien. Yo estaba jugando con mis primos al chapalote, tirando piedras a los charcos y haciendo que rebotaran en el agua. Entonces oímos el silbido. Mi tío siempre silbaba cuando venía, primero oías el silbido y luego al rato, ahí estaba él, como apareciendo de la nada. Siempre era el mismo tono, largo y agudo, que se iba apagando como el tañido de un campana. Nos quedamos todos quietos, escuchando y viendo, sin movernos, pero mirando para todos lados, sólo con los ojos. Pasó un ratito. Y de pronto lo veías, vestido de verde olivo, alto, flaco y con una barba enmarañada que le llegaba al pecho. El cabello, negro, se escapaba largo y revuelto bajo la gorra caqui. A la espalda llevaba una mochila grande, hecha de esparto y que parecía a punto de reventar. Estaba clavado en el suelo, las piernas separadas y el barro pegado a los bajos de sus pantalones, paseando su mirada por el lugar, con los ojos entrecerrados. Sin decir nada entró a la casa, subiendo despacio los peldaños de madera. Nosotros entramos corriendo detrás, silenciosos, como hormigas en fila y nos sentamos en el suelo, expectantes. Tras dejar la mochila en el suelo, empezó, todavía de pie, a liar un cigarrillo de un tabaco oscuro y apestoso, cuyo humo ascendía desde su mano y lo envolvía. Cuando su mirada se posaba en mí, con esos ojos profundos y oscuros que reflejaban la selva en cada surco de su cara, sentía que me ardían las mejillas y un cosquilleo que me abrasaba hasta los dedos de los pies.
Por fin, después de mirarnos detenidamente y sin dejar de fumar, abrió su mochila y nos fue dando uno a uno nuestro regalo. La pelota fue para Gabriel, el tirachinas para Juan, los dados para Segismundo …… y al final, un pequeño juego de ajedrez para mí. A la casa se habían ido acercando otros niños del pueblo, todos conocían su silbido, y atisbaban por las rendijas de los tablones de madera. Del fondo de la mochila extrajo un puñado de caramelos que lanzó hacia fuera y de los que en un momento no quedó ninguno en el suelo, como si tuvieran la capacidad de evaporarse. De pronto se quedó quieto, mirando con fijeza el humo, y sin que supiéramos porqué, salió de la casa. Se fue andando, sin correr, hacia donde la gente del pueblo tenía sus plantíos, sobre todo de bananos y yuca. Ágil abrió la cerca y no había acabado de desaparecer cuando oímos el ruido de motores de un camión militar y varios jeeps que llegaron levantando una gran polvareda. Uno de los vehículos se paró frente a nuestra puerta, los guardias gritaban -¡¡¡todos al suelo¡¡¡- y amartillaban nerviosos sus fusiles. Todo era un correr de aquí para allá, los militares que no cesaban de gritar, los niños más pequeños llorando, los hombres echados en el suelo con las manos en la nuca y las mujeres a las puertas de sus casas. El guardia que estaba al mando, se puso de pie en el jeep y dijo;  - ¿dónde está Ramón?
Habló bajo, sin gritar como los otros, y volvió a repetir: - ¿dónde está Ramón, socabrones?. Si no me lo dicen mando a quemar esta mierda de pueblo con su gente dentro.
Nadie decía nada. Los niños, asustados, miraron hacía el plantío. Con un gesto el militar mandó a seis de sus hombres en esa dirección. Durante un rato solo se oyó el siseo de los machetes al rasgar el aire, cortando hojas de bananos e incluso alguna mata entera, que caía con un ruido sordo, como si dejara ir un quejido. Me pareció que pasó mucho tiempo pero otros dijeron después que sólo habían pasado unos pocos minutos hasta que los soldados volvieron. Sólo negaron con la cabeza mientras comían unos bananos maduros. El jefe nos volvió a mirar, despacio y todos bajamos enseguida la cabeza. Resopló un par de veces y finalmente diciendo –vámonos- él y sus hombres se fueron con la misma parafernalia con la que habían llegado.

Todos nos quedamos donde estábamos, sin atrevernos a movernos, los hombres solo se incorporaron y se quedaron sentados en el suelo, mirando hacia el plantío. No se oía nada, ni siquiera la brisa que a esa hora de la tarde acostumbraba a levantarse, haciendo susurrar las hojas. Al cabo de un buen rato, se oyó un silbido largo y agudo y mi tío Ramón apareció, viniendo por el mismo sitio por donde lo habían buscado los soldados. Se acercaba caminando despacio y de nuevo volvía a fumar uno de sus apestosos cigarros. Traía la camisa hecha jirones y todo el pueblo lo rodeó e incluso algunos lo tocaron. El solo sonrió, cogió su mochila y se alejó despacio, deshaciendo el camino por el que había llegado. Todos comentaban que cómo había hecho para esconderse de los soldados, hasta que alguien dijo; -“pues no vieron como traía la camisa, carajo. ¿Es que no entienden?

domingo, 1 de junio de 2014

Perderse

Cruzando el río San Martin en el pueblo de Sayaxché, en Petén

Ya es lástima que en un país tan bonito como Guatemala me haya tocado trabajar en uno de los sitios más aburridos, lejos del mar y además en un programa que no acaba de arrancar y de encontrar su norte, que va girando cual brújula loca que acabe de entra en un campo magnético.

Además me parece que algunos de mis colegas están siguiendo este manual que dice que lo hizo la CIA para boicotear a los alemanes en la segunda guerra mundial. No sé si será verdad pero en todo caso me he encontrado a varias personas de estas en el camino. L aparte postiva sería tomarlo como la opción de que cuando uno quiere que las cosas salgan adelante, entonces hacer todo lo contrario. Ahí va:
¿Cómo sabotear reuniones?
  • ·    Insiste en hacerlo todo a través de “canales”. No permitas que se utilicen atajos que permitan decisiones expeditas.
  • ·     Haz discursos. Habla tanto como puedas y durante mucho tiempo. Ilustra tus argumentos con largas anécdotas y relatos personales.
  • ·   Cuando sea posible, deriva todos los temas hacia comités “para un mejor estudio y consideración”.
  • ·      Menciona temas irrelevantes tanto como te sea posible.
  • ·      Discute el significado de cada palabra en las actas y comunicaciones.
  • ·    Pide continuamente tener precaución, actuar sin prisa y no precipitarse en cosas que después pueden causarnos problemas.
  • ·      Reabre temas cerrados en reuniones anteriores y pide que se revisen.
  • ·      Preocúpate sobre la legitimidad de cada decisión. Pregunta cada vez si es este grupo el que está legitimado para decidir o si está en conflicto con la política de algún otro grupo.


Instrucciones para directores y supervisores para sabotear el trabajo:
  • · Malinterpreta las órdenes o haz preguntas interminables o mantén una larga correspondencia sobre estas órdenes.
  • ·   Al asignar trabajo, asigna el trabajo poco importante primero. Asigna el trabajo importante a los más ineficientes.
  • ·     Exige un trabajo perfecto en aquellos que no sean importantes.
  • ·     Al formar nuevos trabajadores, da instrucciones incomprensibles.
  • ·   Para bajar la moral, elogia a los trabajadores ineficientes y promociónalos de forma inmerecida. Discrimina a los buenos trabajadores y quéjate de su trabajo.
  • ·      Mantén reuniones cuando haya trabajos más importantes que hacer.

 ¿A que tienes la sensación de haber estado trabajando alguna vez junto a agentes entrenados por la CIA?
Cay Baboon, en los Cayos Perlas del caribe nicaragüense, un lugar donde perderse de la CIA y de cualquiera

Anuncio: Próxima aparición de la historia por capítulos “Navegando rumbo al archipiélago de Cambio Climático”. 

viernes, 11 de abril de 2014

Medio Ambiente F.C.

Casa en Río Dulce
Desde hace tiempo voy a la búsqueda de copiar alguna idea de las multinacionales para aplicarla a los proyectos en los que trabajo. Me gustaría tener el éxito de la Coca Cola que es consumida hasta en el último rincón del mundo, de los teléfonos móviles, que uno encuentra no importa si es en la selva o en el desierto. Hasta ahora no lo he conseguido ya que no vendo bebidas aunque en lo de la tecnología todavía tengo esperanzas ya que si uno desarrolla algo bueno, la gente lo acepta.
Lo último que se me ocurre para ver que puedo sacar es a través del fútbol, algo como Medio Ambiente Fútbol Club. En Guatemala el fútbol se vive de una forma increíble. Cuando mi acento español me delata, la primera pregunta es saber de dónde soy. Cuando les digo que de Barcelona, automáticamente asumen que soy hincha de este equipo y la mayoría me empieza a contar las excelencias y hazañas de este equipo y ya se establece una pequeña corriente de amistad. Cuando les digo que vivo en Tenerife, eso ya les interesa menos, sólo a los que saben que Pedrito es de allí o bien por el famoso hermano Pedro, que está enterrado aquí, y del que se saben su vida y milagros. También me he encontrado alguno que de entrada me dice que no podremos ser amigos ya que él es del Madrid (en general el fútbol aquí es asunto de hombres aunque alguna fanática también me he encontrado). Yo los intento despistar diciéndoles que en realidad no me gusta el fútbol, ante lo que ya me miran un poco raro, pero para compensar luego les digo que en realidad soy de todos los equipos menos del Real Madrid, con lo que al cabo de un rato, cuando lo han procesado, los hinchas del Barcelona me vuelven a sonreír.

Campo de fútbol en Guastatoya, con farola en el centro para que los "ilumine"
Algunos hacen caso omiso de lo que les diga y asumen que ser nacido en Barcelona es sinónimo de ser hincha del Barsa y me hablan del próximo clásico y quien va a ganar la champions.  Hay un guardia de seguridad en el dentista al que voy que cuando me ve ya me viene a recibir a la puerta y me hace los comentarios pertinentes sobre el último partido y el próximo del Barcelona, incluidos los pronósticos de quién ganará. Un día que estaba esperando el taxi, le dije que me parecía increíble el fanatismo que hay en Guatemala por unos equipos que no son de aquí y donde no juega además ningún guatemalteco. Le conté, ya embalado, que el otro día vi a un chico que llevaba el escudo del Real Madrid tatuado en el brazo. Yo pensé que pondría una expresión de sorpresa pero sólo se sonrió y me dijo, eso es nada, hubiera visto a mi sobrino, era un fanático del Real Madrid, se desvivía por ver los partidos y jugaba al fútbol muy bien. Murió el año pasado con 26 años. Yo le pregunté que si había sido por un accidente, y me dijo que no, que le pegaron un balazo en un bar donde hubo una pelea. Su madre hizo que en la lápida del cementerio le grabaran el escudo del Real Madrid.
Y así voy haciendo amigos y algunos enemigos gracias al fútbol y a las pasiones que levanta. Y a mí en realidad no me interesa, lo único que quiero es que la Liga la gane el mejor, eso  sí, mientras no sea el Madrid.

Mientras en la Liga de fútbol en Guatemala el otro día suspendieron el partido en Guastatoya por amenazas de muerte al trío arbitral, y aquí, las amenazas suelen ir en serio.

La chica que limpiaba en mi casa se ha ido, no sé muy bien porqué, pero ahora viene la señora que le cuida a ella la niña. Con estas mujeres me pasa como a mi amigo Manolo, que antes de que venga la señora, limpio la casa para que no la encuentre sucia, que contrasentido no.

Y mañana me voy de vacaciones a Corn Island....................
Caminando desde Río Dulce a Livingston por la selva



sábado, 1 de marzo de 2014

100 días en Guatemala

Mural en mi linda Masaya

Yo me olvido del pasado igual que tacho los días que pasan sin parar.
No solo no me gusta Guastatoya sino que además me amargan las iglesias que salen como hongos por todas partes. Hay dos iglesias en la esquina opuesta de mi calle que consiguen con la suficiente potencia de altavoces entrar con sus cánticos en mi casa. También la casa de mis vecinos se convierte por arte de magia y por medio de un poster que pegan en la ventana los viernes en un tabernáculo y en este caso, sin altavoces, también me llegan sus voces celestiales. Nunca he oído que la palabra de Dios tenga que ser transmitida a gritos pero así parece que lo entienden algunos. Voy a decirles lo que me contó Blanca, que hace poco en Nicaragua me decía toda convencida que los 10 mandamientos se los dio Moisés a los israelitas, no a las nicaragüenses o a los guatemaltecos. 
Guastatoya tiene un supermercado, la Despensa, que tiene los mismos productos baratos y de baja calidad que los que vendían en Pali en Jinotega, ya que son de la misma cadena. A veces me desconsuelo de ver la poca oferta que hay. Como cuando no encuentro ningún queso de los que me gustan. Por suerte, como ahora ando algo enamorado, no tengo mucha hambre y con cualquier cosa me conformo.

Con mi reloj fresita en mis vacaciones en Belice (no me atrevo a llevarlo
en Guastatoya)

Ya tengo una mujer que limpia en mi casa. Le pregunté cuanto me cobraba y me dijo que no sabía, que es lo que se suele decir a los extranjeros preguntándoles luego que cuánto ofrece. Después de preguntar un poco cuales eran los precios le ofrecí 2,5 Euros/hora y ya me di cuenta por su rápida respuesta de que le pagaba más de lo que es normal, el doble o más. Pero no me importa, me lo puedo permitir y no me importa revolver un poco el avispero del mercado doméstico local. El problema de contratar a alguien aquí es que enseguida le parece poco surtido tu arsenal químico de limpieza y te hacen una lista de todo lo que les hace falta. Así que le dejé dinero para que comprara ella todo lo que necesitara y ahora ya estamos preparados para librarle una guerra química a los mismos EEUU. Se llama Nuenjuly Mishell, sólo el nombre, y si, si, no es un error ya que tengo su DPI delante y algún día le preguntaré que significa su primer nombre y quien fue el desalmado que se lo puso. En todo caso cuando entro a mi casa huele a limpio.
En mi piso en Tenerife como no me gusta limpiar intentaba hacer lo menos posible, sólo 1 vez a la semana. Así que limpiaba una habitación cada semana, eso sí, a fondo y luego me pasaba 3 semanas intentando ensuciar lo menos posible esa parte de la casa. Cuando limpiaba el baño los siguientes días iba a casa de los amigos y preguntaba si podía ir a l baño.
Normas de los garifunas para los chapines (guatemaltecos)


100 días en Guatemala
Ahora llevo unos 100 días en Guatemala, día más, día menos. Me propuse hacer un primer balance en este tiempo, como si fuera cualquiera de esos políticos electos y la verdad es que no he llegado a ninguna conclusión determinante, así que me he dado 100 días más. ¡Ventajas de ser yo mismo quien me fiscalizo!
De todas formas ya voy viendo algunas cosas que tengo en cuenta para este segundo centenar de días.
Vivienda: mi casa es grande, bonita y espaciosa, pero le falta un jardín con un palo de mango para colgar mi hamaca. Es caliente durante el día y refresca un poco por la noche. De momento cuando ponen música religiosa los vecinos la minimizo sobreponiendo mi música con el pequeño altavoz que me dejó de regalo Rosa.

Mi pequeño jardín

El pueblo es aburrido, sin nada que hacer ni entre semana ni los días de fiesta. No hay ningún restaurante que resalte sobre otro ni nada interesante que hacer. Lo poco que de momento he iniciado es ir los sábados a las 9 de la mañana, antes de que llegue la marabunta a nadar a las piscinas del parque acuático. Uno o dos días a la semana voy con Neftalí, mi compañero de trabajo a jugar al tenis de mesa, en las instalaciones donde entrena el equipo olímpico de Guatemala. Ni decir que no les llegamos a la altura del zapato pero hacemos lo que podemos.
Una vez al año hay un desfile hípico, para las fiestas de  enero, donde viene gente pudiente, finqueros grandes de varias partes del país a mostrar sus caballos. Al mismo tiempo muestran sus grandes pistolas y así no es de extrañar que Guatemala sea uno de los países más violentos de Centroamérica si a cualquier descerebrado le dejan llevar impunemente un arma.
Los fines de semana son demasiado cortos para ir a cualquier lugar ya que cualquiera de los mares me queda al menos a 5-6 horas en coche, así que de momento planeo las vacaciones y los fines de semana largo para escaparme.
Cuando vine acá, pensaba que venía a una especia de Jinotega, pero ya en estos pocos días me he dado cuenta de que Jinotega no hay más que una. Aquí no hay farmacias donde jugar al ajedrez, ni casas antiguas estilo colonial, ni gente que con su amabilidad te alegren el día.
El trabajo, quizás por estar empezando no acaba de cumplir mis expectativas y de momento los grandes medios de mi empresa se gastan en temas administrativos y no en los técnicos. Damos ejemplo de derroche a nuestras contrapartes y les pedimos ajuste presupuestario. El equipo con el que trabajo es bueno y me entiendo bien con ellos, lo que es una suerte visto lo visto.

El fin de semana los borrachitos se caen en cualquier lado,
como este enfrente de mi lugar habitual de trabajo


Y una cosa que tengo que cargarme en mi cuenta y que hasta ahora parece que no me hubiera dado cuenta, es que me gusta más ser capataz que peón y de momento me cuesta un poco asumir este nuevo rol.