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sábado, 14 de abril de 2018

Happy Khmer new year



El ano del perro

Estamos en el año 2562 según el calendario budista, hace poco celebré el 2018 nuestro y aquí el mes pasado fue el año 4715 de los chinos, y es que los camboyanos se apuntan a cualquier fiesta, ya que con su mezcla de culturas son un poco de todo, además de hacerles la fiesta a los turistas que vienen.

Con tanto descontrol de fechas realmente me siento en el futuro, así que miro para atrás y me pregunto qué hago aquí, mientras que en el normal ejercicio de coherencia que me caracteriza y de donde dije digo, digo Diego, estoy empezando a tramitar ya mi renovación de contrato para más allá de agosto de este año …. (ya no me atrevo a poner ningún número).

Pienso en lo de la coherencia y me digo que será que me hago mayor, lo que me recuerda a Ermengol, quien siempre me decía que cuando me levantara temprano, es que me habría hecho mayor. Pues efectivamente, así es.

Todo esto lo he decidido y pensado en las últimas dos semanas, después de regresar de mi corto viaje, primero a Catalunya, donde me emborraché de catalán y comida, y luego a Tenerife, con toda la cantidad de amigxs y la fiesta en la playa de Bajamar.


Nada más regresar a Camboya, me instalé en el apartamento que he alquilado en Siem Reap, con suelo de madera y piscina, dos cosas que me encantan. También he recuperado mi bicicleta china rojita, que dejé aparcada en Siem Reap y con la que vuelvo a salir todos los fines de semana a dar vueltas, a comprar, a ver el campo y también a la oficina cuando estoy aquí. Es verdad que es peligroso con la forma de conducir de aquí, pero intento alejarme del centro donde el tráfico es menos denso. También debo reconocer que, aunque me queje, la forma caótica de conducir de aquí tiene su encanto en el riesgo y que de alguna manera me atrae.

En Serei Sisophon, donde ahora trabajo 4 días a la semana y duermo tres noches, también me he cambiado de casa, de la mansión que tenía a un pequeño apartamento, donde la otra noche me visitó un geko que con sus sonidos estridentes no me dejaba dormir.

Siem Reap, donde duermo las otras 4 noches y paso el fin de semana, además de trabajar un día, normalmente los lunes en la oficina que tenemos aquí, tampoco es que sea una gran maravilla, pero me permite vivir en el anonimato que me gusta, ir a comprar al supermercado y escoger productos de mejor calidad que en el mercado normal, con los precios puestos y con algunos productos de Europa, aunque caros. Hoy quise comprar queso manchego y un taco de 150 gramos estaba a 5 euros. Me pareció algo abusivo. Lo compraré mañana. Y así es en los negocios de aquí, que florecen y aparecen por cualquier sitio de una semana a la otra, en un dinamismo difícil de entender en nuestro país. El análisis casero que hacíamos con un colega alemán es que los precios, aunque baratos, permiten obtener al dueño grandes beneficios ya que los salarios son mucho más bajos. Por ejemplo, mientras una comida sencilla puede costar unos 2 euros (o sea unas 4 veces menos que una comida de ese tipo en España), el cocinero recibe un salario de unos 70 euros, o sea al menos 10 veces menos que allá. Efectos colateralesUno de mis cometidos aquí es hacer la agricultura más sostenible. Por eso hemos empezado a fomentar con los agricultores de yuca, el plantar abonos verdes, como la Crotolaria, y un par de agricultores ya la han sembrado. Estas plantas deben incorporarse al suelo cuando empiezan a florecer, para que dejen todo el nitrógeno que han fijado. Si florecen, vuelven a consumir nitrógeno, y entonces pierden parte de su valor como abonado. Pero a la gente de aquí les encantan las flores, así que a un agricultor que ha plantado un gran campo, se le presentan vecinos del pueblo que se quieren hacer fotos entre las flores amarillas y les ha empezado a cobrar por cada foto 500 KHR, que son unos 10 céntimos de euro. La consecuencia es que no incorpora las plantas florecidas porque tiene clientela (hemos calculado que se han hecho unas 600 fotos en su campo) pero a cambio e ha ganado unos 60 euros, que son un 10% de sus costes de producción del siguiente cultivo. Ahora nos está pidiendo plantas de otros colores. Lo dicho, efectos colaterales e inesperados. 
 

 Hace unos días fui a un pueblo a unos 50 km de donde vivo. A la vuelta vimos como ponían tierra sobre un montón de sangre que había en la carretera y unos monjes empezaban sus plegarias. Otro muerto. Poco después vimos que había chocado un motocultor con una moto. Y al rato, un motorista, paró en el arcén y se cayó, ya que estaba completamente borracho, a las 12 del mediodía. Unos días más tarde moría cerca de este mismo lugar uno de los técnicos del gobierno con el que yo más trabajaba. Esto, para contrarrestar lo de la atracción del riesgo. 
Me sigue alucinando los medios de trasnporte 


                              Próximo destino: Islas del sur de Camboya y Myanmar

domingo, 4 de febrero de 2018

Camboya, si, Camboya no

Agricultora en uno de los campos de demostración

Ya llevo casi 18 meses en Camboya que se dice pronto. Dentro de poco ya toca decidir si quiero seguir 1 o 2 años más o si me voy con mi cuento a otra parte.

Toca sopesar entre la seguridad que significa quedarse en un sitio ya conocido y donde ya dominas las cosas cotidianas o la incertidumbre de una nueva aventura, un nuevo lugar, otro país y costumbres y otro ámbito de trabajo. Nunca sabes si lo que está por venir será mejor o peor aunque a este respecto he aprendido que todo es posible.

Pero quizás, porque ya empiezo a estar inmerso en darle vueltas a todo, es que me fijo más en la gente, en sus caras impertérritas sin mostrar emociones, su voz chillona, pero también en general su honestidad, su sonrisa constante.



Mi teoría de porque los camboyanos comen tanto y a tantas horas es que se debe a la época de los khmer rouge (1975-79) en que la mayoría de la población sufrió de hambre, ya que sólo les permitían 2 comidas al día. Este trauma quedó en su subconsciente y esa generación ha seguido enseñando a sus hijxs que hay que comer siempre que se tenga ocasión y tanto como se pueda. A medida que el nivel cultural y económico aumente, esta costumbre irá cambiando a actitudes más sanas y naturales.

Si siempre dije que en Nicaragua cada nicaragüense lleva un poeta dentro (un Rubén Darío chiquitito), en Camboya hay un pescadorcito en cada uno de ellos. La tierra, cuando es época de lluvias se convierte en un solo lago, con los arrozales encharcados y con canales que llevan agua de un lado a otro y por donde se mueven los peces. Ahora que es época seca y ha bajado el agua, niños, mayores y ancianos se meten en los charcos a buscar los últimos peces que quedan.


Ahora es tiempo de bodas y en cada esquina parece que se casa alguien. Ocupan media calle o la calle entera, según la importancia de la familia y no dejan dormir al vecindario, aunque a ellos no parece molestarles. Para los extranjeros son tan inaguantable los cánticos repetitivos amplificados por enorme altavoces a partir de las 5 de la mañana que algunos optan por irse a un hotel los 2 días que suele durar la boda. En mi caso, aunque a veces me despiertan, luego me vuelvo a dormir a ratos, aunque esta semana pasada fue horrible con una boda tras otra.



Muy a menudo sigo viendo accidentes en la carretera. Al mes mueren 150 camboyanos (y algún que otro extranjero) y 500 quedan heridos por accidentes de tráfico. Es mi preocupación más grande aquí, sobre todo cuando yo conduzco mi moto, pero también cuando voy en taxi o en bus. Esta semana el único semáforo de mi ciudad se ha estropeado. Si antes ya era difícil se cruce ya que sólo un 70% de los vehículos respetan el semáforo, ahora el caos es total, y aunque el tráfico es fluido no se respeta ya ninguna de las normas de circulación nuestras, ya que ellos las desconocen por completo.
Por eso, cuando vaya el mes que viene a España no voy a alquilar un coche ya que me he acostumbrado tanto a conducir en contra sentido y en los cruces en diagonal, que no creo que por unos pocos días valga la pena volver a reacostumbrarme.



Hace unos días fuimos  a ver unas minas artesanales de zafiros, en la frontera con Tailandia. El propietario del terreno donde se han encontrado zafiros alquila parcelas de unos 10 m2 a buscadores artesanales quienes metidos en el fango van extrayendo tierra, que después en unos cajones con malla van lavando hasta que quedan pequeñas piedras, entre las que se pueden encontrar pequeños zafiros. Por la pinta que tienen no parece que sea un buen negocio

Buscando zafiros



En las cascadas de Pailin encontramos esta Mantis con forma de hoja

sábado, 2 de diciembre de 2017

BANDA – SULAWESI


Después de un viaje algo aburrido duermo en Ambon en el homestay de Michael, al lado del aeropuerto. Por la mañana me consigue una moto con chofer que me lleva hasta el puerto de Tulehu para embarcarme hacia las islas Banda. Son unos 40 km montado en una vespino con la maleta y un indonesio conduciendo a toda leche. Como a la misma hora sale también el barco para la isla de Saparua, donde hacía tiempo que quería ir, en algo poco típico para mí, cambio de planes y me voy a esta isla. Me viene bien estar un par de días tranquilo para recuperarme del golpazo aunque al final me acabo yendo a pasar el día con unos franceses a una isla desierta, Molana, que está genial con un coral magnífico y miles de peces. Al día siguiente me alquilo una moto y doy la vuelta a la isla. Aunque la isla es bonita casi no tiene infraestructura por lo que se hace difícil moverse por ella. Un paraíso todavía por ser descubierto!!
Descubriendo Saparua en moto
Por la mañana veo en el hotel las noticias en la tele y aunque no entiendo nada de indonesio, no dejan de repetir Catalonia y Puigdemont. Ahora, algunos indonesios cuando les digo que soy de Barcelona ya no sólo me hablan de fútbol sino también del intento de independencia.
A la vuelta de la isla, como llego otra vez al puerto donde sólo dos días a la semana sale un barco para las islas Banda, esta vez, también en el último momento, me decido a ir y consigo llegar a Pulau Hatta ya por la tarde. Allí me alojo en la misma cabaña que la otra vez, donde el pescador Supri, quien cuando se toma un par de cervezas, o incluso sin, trae su guitarra y se pone a cantar, lo que convierte mi cabaña en el centro de reunión de esta parte de la isla.
Supri amenizando
En mi primera inmersión en la isla, un trigger fish me ataca traicioneramente por la espalda y me muerde en el tobillo. Como llevo unos escarpines de neopreno no me hace herida aunque me deja marcados los dientes. Durante los siguientes 2-3 días estas bestias me intentarán morder varias veces hasta que consigo dominar a que profundidades se mueven y por donde nadar. Todo y así, casi consiguen amargarme al tener que estar siempre mirando para atrás por si no has visto a alguno. Quizás una solución sea adaptar un retrovisor a las gafas de buceo. A pesar de ello, me lo paso tan bien en el agua que en algún momento pienso que en mi vida anterior debí ser al menos un pulpo o similar.
La bestia
Aunque mi idea al venir a las islas Banda era bucear con botella para ver tiburones martillo, al final decido que no lo voy a hacer. Después de oír a los otros buceadores no me apetece estar una hora en el azul, esperando para ver un par de tiburones martillo durante un par de minutos.
En esta isla me encuentro al fin con un par de españoles y nos tomamos unas cervezas juntos. Cuando salen de mi cabaña, que está a 1 metro sobre el suelo, como los escalones son desiguales en altura, los dos se caen aunque por la poca altura y por ser el suelo de arena no se hacen daño. La chica queda con la cara emplastada en la arena.  Nos descojonamos de la risa, ellos también, e intentamos averiguar si la caída fue por los escalone so por las cervezas. Por la noche, solo en la cama, no puedo parar de reírme.
Al día siguiente por la mañana, una gringa de California con la que hablé un par de veces, me pide si puede entrar en un momento a mi cabaña para ir al baño. Le digo que sí y al salir, charlamos un rato sobre de donde somos, de dónde venimos y adónde vamos. Cuando se despide, me dice que es de Sausalito, me olvido de avisarle de las escaleras y dicho y hecho, se gira y como un sausalito se pega una leche igual contra el suelo como los demás, dejando la cara marcada en el mismo sitio que la española. En ese momento no me río, pero después, y sobre todo cuando vienen los españoles por la noche, no nos podemos aguantar. Incluso barajamos la idea de poner una cámara oculta e invitar a más gente a mi cabaña.
Nunca se sabe cómo vas o regresas de una de estas islas pequeñas. Los españoles se van con el barco público, que cuando le da no sale, como el día en el que yo me voy, por lo que lo hago con un bote que pasa por ahí de casualidad. Mi contribución al medio ambiente en la isla ha sido que he pasado una semana con un barril de unos 50 litros de agua dulce, de la que me ha sobrado agua para usar en el wáter. Y es que de tanto estar en el agua nadando no hace falta bañarse, digo yo.

En el bote comparo mis pies con los de mis vecinas. Las uñas no las cambio.
Antes de irme, vendo a un precio simbólico a Rifki, el hijo de Supri, mi hamaca que tanto le gustó. Desde Bandaneira, después de otras 7 horas en barco hasta llegar a Ambon, me voy otra vez tras una hora en moto hasta el homestay de Michael.
Al día siguiente vuelo a Makassar y me voy en taxi a coger un bus hasta Bira, mi último destino. Allí me alquilo una moto y me recorro parte del litoral y me embobo viendo los enormes barcos de madera que construyen aquí, verdaderas obras de arte.
Bira, con sus playas de palmeras me recuerda al litoral norte de Mozambique, camino de Tanzania, con sus colores, palmeras, cabras y mar turquesa, todo lo que en su momento tan poco pude disfrutar.

Palmeral deBira
 
El barco público de Hatta a Bandaneira: aunque no parezca, siempre caben más pasajeros
Construcción de barcos de madera en Bira


  

Próximo destino: A saber ¡!

jueves, 23 de noviembre de 2017

RAJA AMPAT (4 reyes) - INDONESIA

Wayag
Vuelvo a algunos sitios en los que ya estuve en abril de este año, y me encanta recorrer los lugares ya conocidos, con el sudor corriendo desbocado por la espalda, volver a comer en el mismo puesto callejero de entonces, con la boca quemándote por el sambal, la salsa picante que le ponen a todo, pero a la que no me puedo resistir.
Por fin, me embarco en el barco de Deni, el Adventurer (ver en Facebook: Deni rajaampat), somos 7 turistas y 5 de tripulación. Serán 10 días de islas y agua, de bucear y sumergirte en aguas cristalinas, de vivir en acuario perpetuo, sin más que hacer mirar el mar, regurgitar el pasado y escupir el futuro (en realidad escribí en mi cuaderno ”repasar el pasando y dibujar el futuro” pero no hay que pensar que al final escribo lo que primero que pienso, ).

Barco Adventurer
A lo largo del viaje los delfines se cruzan varias veces con nosotros, a su antojo, jugando a veces con el barco, alejándose cuando intento nadar entre ellos. Entre Waisai y Gam, en lo que llaman el pasaje, la corriente arrastra a parte de nuestro grupo y el bote tiene que ir a rescatarlos. Nuestra secuencia de dormir – comer – nadar – comer – nadar – dormir no se interrumpe ningún día.
A pesar de que cada noche dormimos al lado de una isla diferente, siempre lo hacemos en el barco. Reunido con el consejo de administración del club “100 islas plus” decidimos que el barco no cuenta como isla, así que me quedo con el mismo número que tenía.
Aunque en nuestro viaje pasamos 2 veces la línea del ecuador y nos bañamos en un sitio donde ésta está marcada, no noto la diferencia entre el sur y el norte. Cerca de ahí paramos en una isla donde acaban de tirar restos de pescado al mar y mientras nado cerca de la orilla 5 tiburones black tip van dando vueltas alrededor mío esperando algo más.

Islas del Ecuador
En Wayag, el sitio álgido de nuestro viaje donde todos quieren ir, tras una pequeña escalada podemos ver las vistas que han hecho famoso este lugar. Lo mejor es que pasamos ahí casi 2 días sin cruzarnos más que con 2 barcos y disfrutamos de la magia del lugar.
El viaje para mí ha sido un refresco del francés ya que durante todas mis vacaciones me cruzaré todo el tiempo con franceses que hablan un pésimo inglés, así que aprovecho para practicar y a veces traducirle en este viaje a los holandeses que no hablan francés. Para rematar todos los libros que leo son en alemán por lo que el lio idiomático es tremendo.


En el barco no hay internet, no funcionan los teléfonos, no hay hora, tele, sin zapatos, sin máquina de afeitar…
Pianemo es otro de los lugares espectaculares que tenía pendiente de la otra vez y cerca de allí nadamos en Melissa’s Garden (en honor a la mujer de Max Aubert). Los corales y los grandes peces, tiburones incluidos, son impresionantes.

Pianemo
Un día mirando por la borda vi un pez grande que estaba a la popa del barco, pendiente de lo que salía del baño. El reciclaje parecía perfecto si no fuera porque los tripulantes del barco se dedicaban a pescar en los ratos libres y después comíamos lo que habían obtenido.
El último día, sería por la tristeza de irnos, me despisto al bajar las escaleras del barco, resbalo y lo hago pegando con mis costillas sobre cada escalón hasta el último. Aunque no me rompo nada, el dolor me acompañará todo el tiempo (fíjate que ahora al recordarlo me vuelve a doler). En el barco, en realidad lo que más me dolió en el primer momento fue el amor propio.

Los lugareños se desplazan en botes bastante precarios

Y sus casas también parecen bastante precarias


Y en mi despedida el cielo se incendió

sábado, 7 de octubre de 2017

Laos - el país del millón de elefantes

Y es que cuando veo un elefante no puedo evitar las ganas de montarme en estos enormes animales

Este mes ha sido un mes de visitas, primero Maru y su amiga Susana y después Winnie y Gerda, mis amigos que viven en Nicaragua.

Fiesta en casa con los colegas de trabajo y Maru y Susana

Con las primeras pasé un par de días agradables en Siem Reap y luego en mi casa, con un fiestón con los colegas de trabajo y acabando en un karaoke. Después de embutirlas en un taxi rumbo a la frontera tailandesa, me tocaba prepararme para ir a Laos.

El impresionante Ta Prom, de visita obligada

Y de ahí a Laos, que es un país pequeño pero muy alargado. Ya estuve en este país en agosto de 2011, lo que siempre es una ventaja porque reconoces sitios y no tienes que descubrir absolutamente todo. En Luang Prabang fuimos a montar en elefante y a bañarnos en el río. 

Baño colectivo en el Mekong

Realmente yo quería ir a la zona donde el Mekong se ensancha y crea toda una serie de islas, a las que llaman 4 thousend islands. Allí pasé 3 estupendos días, yendo en bicicleta por la isla, pasando puentes de madera semiderruidos, viendo los arrozales y el Mekong embravecido cuando llega a unos raudales que son los que no permiten su navegación. Finalmente también pudimos ver, aunque de lejos y no tan bien como en Kratie, los pocos delfines de agua dulce que todavía quedan en este río-

Paseando en bici por los campos de arroz en la isla de Don Khong

Ya de regreso, mientras iba en tuk-tuk de la oficina que mi organización tiene en Phnom Penh hacia el aeropuerto, trayecto en el que se tarda una hora para hacer 12 kilómetros, aunque a veces todavía puede ser mucho más tiempo, pude observar el tráfico y combinarlo con mi propia experiencia conduciendo una moto en Sisophon y con lo que veo en el día a día en la carretera, con lo que he elaborado estas reglas básicas que le servirán a cualquiera que quiera conducir en Camboya


  • ·         Los camiones y buses grandes tienen preferencia sobre cualquier otro vehículo y en cualquier situación y circunstancia. Tocan la bocina y pasan sin aminorar la velocidad. Te toca apartarte siempre.
  • ·         El orden establecido en la carretera es que primero es el camión (todopoderoso), después viene el coche (signo de poder), le sigue el tuk-tuk, (imprevisible, puede hacer cualquier maniobra y por eso también es temido) las motos (son fuertes por la cantidad que son), las bicicletas (cada vez más en desuso y el último en el escalafón sobre ruedas), el peatón (no eres nadie, creo que la palabra peatón no existe en khmer)
  • ·         Si alguien te sale de un camino rural mientras vas por la carretera principal, te toca frenar ya que vienes por detrás y le has visto (no te hagas el/la loco/a)
  • ·         La bocina se toca para avisar, no para intimidar, igual que las luces para asegurarte que el otro te ha visto y que puedes seguir haciendo burradas y adelantar en doble línea o similar.
  • ·         Nunca te enfades al volante, ni insultes, por grande que sea la imprudencia del contrario. Si lo haces, es que eres extranjero.
  • ·         Nunca te pares por ningún motivo, el movimiento es la base del sistema de circulación en Camboya. Si te paras, probablemente causarás un accidente.
  • ·         Si vas conduciendo es obligatorio hablar por teléfono, no importa el tipo de vehículo que conduzcas. Así además das impresión de estar muy ocupado.
  • ·         En cualquier vehículo sin techo sobre el conductor, este está obligado a llevar casco de moto (por ejemplo en un camión de 20 toneladas al que le han cortado el techo de la cabina). Si vas en tuk-tuk y el conductor tiene un parasol de plástico por encima de su cabeza, no tiene que llevar casco. El casco sólo es obligatorio para el conductor de la moto, no para los restantes 4 o 5 ocupantes.
  • ·         Cuando conduzcas en sentido contrario, sea por cortas distancias o por varios kilómetros, debes respetar la regla de que como te vienen todos de frente, debes pasar por la izquierda (o sea por la derecha de ellos). Si rompes esta regla, también causarás un accidente.
  • ·         Cualquier maniobra está permitida, cualquiera si, cualquiera que te puedas imaginar y que no te puedas imaginar, mientras lo hagas despacito, como en la canción, pasito a pasito, que todos te vean.
  • ·         Aunque tengas un Bentley de cien mil dólares (y hay varios) te tocará igual hacer cola junto con camiones, coches de menor categoría, tuk-tuks, motos, bicicletas e incluso algún peatón en las congestionadas calles de Phnom Penh. No te compres un Bentley.


PRÓXIMO DESTINO: INDONESIA (Raja Ampat again)

sábado, 9 de septiembre de 2017

Monzones



Hoy el monzón me ha engañado. Después de una fuerte lluvia al mediodía, parecía que eso había sido todo por hoy. He salido más tarde a dar una vuelta en bicicleta y cuando me he querido dar cuenta, a sólo 1 km para llegar a mi casa, la lluvia me ha dejado calado hasta los huesos.
Los domingos suelen ser de excursión en bicicleta a pocos kilómetros del centro de la ciudad, por los diferentes barrios descubriendo panaderías francesas, viendo la parte de atrás de los hoteles de lujo, las zonas rurales con las casas flotantes o alzadas sobre pilotes



Hace unos días cumplí 59 años. Nunca pensé que llegaría tan lejos. Después de la cuarta o quinta cerveza, en algún momento perdí la cuenta, pensé que ahora toca vivir la vida como si se fuera a acabar. También acabo de cumplir 1 año en Camboya. Me queda un año más de contrato y luego, quien sabe.



Facebook ha cambiado la forma de comportarse de la gente en Camboya y les tiene completamente absortos. Los técnicos asisten a cursos donde no aprenden nada porque están pendientes de su cuenta de facebook, policías de tráfico se quedan sentados en sus garitas absortos en sus móviles mientras los coches y motos se saltan el semáforo en rojo, horas de trabajo de los funcionarios perdidas sentados frente al ordenador viendo facebook mientras hacen ver que trabajan, vendedores que no te hacen caso pendientes del último post, conductores de tuk-tuk viendo combates de boxeo en su móvil mientras potenciales clientes pasan de largo, las masajistas sentadas frente a sus salones de masaje que no te lanzan el habitual reclamo, tan pendientes de sus móviles.

Con Maru, de visita

Esta semana he ido a Oddar Meanchey, bordeando toda la frontera terrestre de la parte noroeste de Camboya con Tailandia. De fondo estaba la montaña que separa ambos países, con bosques de un verde lujurioso y relativamente conservados, dado que esta parte no está del todo desminada. En la carretera, de pronto, el conductor ha dado un frenazo y hemos salido corriendo a ver si cogíamos una serpiente grande que acababa de pasar la carretera. En el mercado las compran vivas por unos 20 dólares para luego freírla. No la encontramos y me alegré. En esta parte no hay muchos extranjeros así que me siento como un mono de feria cuando salgo a la calle. La gente no tiene reparos en señalarte con el dedo y decir en voz alta “barang”, la expresión khmer para extranjero. Las madres cogen a los niños y les enseñan a que te diga bye, bye, así que después de ir al puente a ver el agua pasando a toda velocidad me he retirado dignamente hacia el hotel, antes de que perdiera la paciencia espiritual que estoy aprendiendo en las clases de yoga.

Along Veng en Oddar Meanchey, al fondo las montañas frontera con Tailandia

Pues sí, pensé que ya que estaba en Asia y dada la edad que tengo, ya era hora de darle al yoga. Me parece más apropiado hacer yoga aquí que en San Jaume d´Enveja, digo yo. He encontrado un sitio que me gusta, donde hasta ahora he tenido un profesor estadounidense y dos profesoras de Singapur, y donde me hacen sudar la gota gorda estirándome los músculos, ensenándome a respirar, que yo pensé que después de tantos años haciéndolo ya sabía y a aguantarme sobre una sola pata sin perder el equilibrio mientras te van poniendo retos cada vez más difíciles como mirar hacia arriba o cerrar los ojos. En fin, como me van los desafíos voy a por ello y me voy a aguantar sobre una pata aunque la próxima vez me tenga que traer mi aleta de buceo.
El otro día estaba en una conferencia que se impartió en camboyano (yo fui pensando que habría traducción). Mientras me dedicaba a mirar las fotos de la presentación e intentar imaginar que es lo que dirían esos símbolos camboyanos, en la fila de atrás no dejaban de hablar y estuve a punto de girarme y decirles que no me dejaban oír, cuando me di cuenta que no tenia sentido

El contraste entre lo tradicional y la modernidad al borde del Mekong en Phnom Penh


Ya llevo 103 islas en mi CV. No sé si ahora ir a por las 200, por islas no será en esta parte del mundo y por ganas tampoco. El próximo destino es Laos y hay ahí unas islas en medio del Mekong ……


Próximo destino: LAOS

viernes, 21 de julio de 2017

Cambios



Después de 10 meses en Camboya, he decidido tener un pequeño cambio de aires. Para ello he alquilado un pequeño apartamento en Siem Reap, muy cerca del centro, que me permite cambiar de vida los fines de semana, ir al cine, a comer a restaurantes diferentes, comprar en supermercados donde hay cosas que me gustan e incluso salir por la noche. Todavía no sé si me gustará tener que hacer 100 km en cada sentido los viernes para ir para allá y otros tantos al regresar los lunes por la mañana. Pero de momento lo he alquilado por 4 meses y luego ya veremos. Y para los/as que me visitan, significa que tienen dos sitios donde quedarse.
Mis vecinos son este criadero de cocodrilos, de los que me separa solo un delgado tabique en la parte del patio. No hacen nada de ruido y se pasan el día con la boca abierta al sol o en el agua.


Hace un par de semanas pasé un fin de semana en Bangkok, el día y la noche comparado con mi ciudad y supongo que final desencadenante de mi decisión de cambiarme a un lugar con más vida. Aunque no todo lo hace el lugar sino también las circunstancias.
      En una calle del barrio chino de Bangkok: !!Hasta las circunstancias de los huevos ¡!

En mi trabajo soy responsable, entre otras cosas, de la calidad de los cursos que damos, como en este de la foto, después de lo que llamamos ToT, o sea Training of Trainers y donde hay tanto técnicos del Ministerio de Agricultura como de las ONG locales con las que trabajamos. Como se puede ver, hay pocas mujeres.


Por fin me he comprado una bicicleta en Siem Reap, con la que puedo ir a comprar, pasear por la ciudad, descubrir nuevos rincones y quizás lo más importante, ser invisible a los conductores de tuc-tuc que ahora ya no me ven como potencial cliente y no me preguntan cada 3 pasos si quiero que me lleven en vez de caminar bajo el inclemente sol. Solucionado ¡!




     Y de tranquilos pasan a agresivos cuando cada 2 semanas les tiran pescado