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Sobrevolando por primera vez Nuakchot me quedé sorprendido de cuanta arena puede caber en una ciudad. Una vez puesto el pie en el suelo arenoso, la sensación era menos agobiante y a los pocos días ya todo parecía de los más normal.
Mi primer trabajo consistió en
dar clases en un curso de Máster de agroecología que organizaba la ONG catalana
Mon-3, junto con la Universidad de Barcelona. Durante mi estancia vivía en una
casa que habían alquilado a la ONG con la condición de mantener al guarda,
Mohammed, quien había perdido todos sus camellos en la sequía de los años 80
del siglo pasado. Arruinado, había vuelto a Nuakchot y el dueño de la casa lo
dejaba vivir en un cuartucho en el patio a cambio de que cuidara de la
propiedad.
Mohammed no hablaba ni papa de francés,
sólo hassanía, pero le gustaba mucho decir que si y era muy simpático. Algunas
veces venía alguien de la embajada y al no encontrar a ningún expatriado, le
decía a Mohammed que hiciera el favor de decirnos que llamáramos a nuestro
regreso. El le decía que sí y después, si te he visto no me acuerdo. Al tiempo,
por quejas de la embajada de que no respondíamos a sus recados se decidió hacer
algo. Con un amigo tuareg que hacía de traductor le dijimos que la próxima vez
que viniera alguien de la embajada le diera una libreta para que apuntara lo
que esa persona quisiera decirnos. Nos dijo que sí. La siguiente vez que vino
el funcionario de la embajada, en cuanto lo vio, lo dejó pasar y cerró la
puerta con llave. Le dio la libreta y prácticamente secuestrándolo, no le dejó
salir hasta que el hombre escribió algo en la libreta, sin entender nada. Una
vez la hoja garabateada y con el orgullo de la difícil misión cumplida,
Mohammed con una gran sonrisa, lo liberó.
Las hortalizas de los huertos de
Nuakchot, crecen sobre la propia arena y lo que necesitan es agua para
sobrevivir a las altas temperaturas que se mantienen a lo largo del año. Hay
pozos que los lugareños excavan para sacar el agua de riego, la que en muchos
casos tiene un alto índice de salinidad y que también puede estar contaminada
por la cercanía de los pozos sépticos de las casas. Eso hace que no sea muy
recomendable comer algunas verduras, sobre todo las de ciclo corto y de hoja,
como las lechugas y las que puedan entrar directamente en contacto con el agua
de riego, como los tomates.
Huerto en Nuakchot, con un
espantapájaros-cuarto
Muchos de los trabajos en los
huertos los realizan esclavos o antiguos esclavos, llamados Haratin. La
esclavitud se abolió en Mauritania en 1981 pero no fue declarada ilegal hasta
2007. Se cuenta que de forma informal todavía se sigue manteniendo ya que
muchas familias de los antiguos esclavos siguen entregando a sus hijos para
servir en las casas de gente más adinerada, a cambio de que les den un techo y
comida.

Los Haratin son moros
negros que son descendientes de esclavos, o ex esclavos. Aunque la esclavitud
fue abolida formalmente en Mauritania en 1960 y nuevamente en 1981, muchos
Haratin siguen subordinados a sus antiguos amos.
Mariama era con diferencia la mejor
estudiante de todo el Máster de Agroecología. Ella había sacado una beca para
ir a estudiar a Francia, pero su familia no la dejó ir por ser mujer. Era la
que más preguntaba, la más ávida de saber, quien cada día repasaba lo que
contábamos. Nos contaba que por eso se había apuntado al curso, para viajar con
nosotros, con lo que contábamos y con las diapositivas que mostrábamos.
Mariama en uno de los huertos de Nuakchot
Paralelamente se daban algunos
cursos de conservas para mejorar la seguridad alimentaria de las familias, para
mejorar sus recursos alimenticios en época de escasez. Una dificultad radicaba
en que, en estos cursos dirigidos a mujeres, el idioma resultaba a veces una
barrera casi infranqueable, dado que muchas no hablan francés, ya que no se les
enseña en la escuela. Uno de los profesores se pasó todo el curso hablándoles
de lo importante que es ahorrar, guardar, conservar, dándose cuenta al final
que esa parte, por los problemas del idioma, no la habían entendido.
Una muestra
de las conservas realizadas en el curso
Oualata es la última ciudad
mauritana antes de llegar a Mali. Está más allá del final de la carretera de la
Esperanza, tras la cual se deben recorrer todavía 200 km a través de pistas y
desierto. El gobierno mauritano tiene mucho interés en conservar la
habitabilidad de este lugar y promueve para ello algunos proyectos con donantes
internacionales. Esta ciudad es un centro cultural, histórico y religioso muy
importante ya que aquí se guardan algunos documentos antiguos, siendo el centro
de escuelas coránicas
más importante del mundo islámico.
Sus características
edificaciones, de adobe
rojizo, obtenido con una mezcla de mortero de barro, bosta de vaca, agua y
pigmento de oligisto,
le permitieron ser declarada Patrimonio de
la Humanidad por la Unesco
en 1996.
Una de las
características edificaciones, restaurada
Si alguien quiere pasar calor le
recomiendo venir aquí en abril y sabrá lo que es bueno. En el proyecto agrícola
donde trabajamos mi amigo Carlos y yo, nuestro mayor problema era que a la hora
de abrir el riego por goteo, en cada gotero había un pájaro esperando por el
agua que salía y que era bombeada desde un pozo cercano. Estaban puntuales
desde las 7 de la mañana y mientras esperaban que saliera el agua iban
picoteando las plantas que se habían sembrado.
En un mercadillo de Mauritania,
encontré un reloj muy, muy barato. El mío se había estropeado hacía unos días.
Me lo compré pensando que por un precio tan barato poco podía salir mal. No
recuerdo cuánto me duró, bastante tiempo creo, pero sí que la marca era Cassio,
con 2 eses.
Cuando estás
en el desierto no hay como un turbante para protegerte del sol, el viento y de
las moscas.
Productor controlando el estado de fermentación del cacao
Ya desde muy pequeño me atrajo
África con la que a veces soñaba, seguramente influenciado por las brutales
imágenes de Biafra que en esa época se veían en la televisión.
Mi primer intento de atravesar el
continente fracasó en Argelia, antes de que me diera tiempo a cruzar el
desierto y a probablemente morir en el intento. No tenía mapas, ni dinero, ni
una bicicleta adecuada para realizar la travesía. Por suerte esta se rompió
antes de las etapas más largas, cuando ya estaba en El Golea. La ciudad de Tamanrasset
ha quedado en mi recuerdo, suspendida en el aire, como algo inalcanzable,
adonde hay que ir cuando debe ser y no cuando uno quiere.
Y el África negra, adonde quería
llegar, quedó también suspendida en mis sueños. Pero ahí sí surgió la
posibilidad de ir, en junio 1996, en una consultoría para hacer una prospección
de las posibilidades de cultivar productos ecológicos para exportar. En esa
época se casaba mi hermana pequeña, pero las ganas de ir África pudieron más
que las obligaciones familiares, y además, nunca me han gustado las bodas.
Viajé por todo el país con un
coche de la cooperación alemana y Osman, un chofer al que habían contratado
para que me acompañara y que gracias a ello tenía trabajo, por lo que me estaba
profundamente agradecido. Durante más de un mes, recorrimos gran parte del
país, primero el norte, visitando cooperativas y fincas agrícolas y luego
regresando por el centro.
Osman, con el que yo hablaba en
francés, era al mismo tiempo mi traductor ya que hablaba varias lenguas
locales. Un fin de semana, en que no tenía ninguna visita programada, le
propuse ir al poblado de su familia, que no quedaba lejos. Pensé que sería una
manera de conocer algo que no estaba previsto, fuera de mi ruta de trabajo
marcada. Cuando se lo dije me respondió con evasivas y que tenía que ir a
consultarlo. Al cabo de un par de horas volvió y me dijo que había ido a ver a
un oráculo que le dijo que no era un buen momento. Nunca supe si era verdad o
si simplemente me había dado una excusa para no ir. Una cosa más de las muchas
que no llegamos a entender en estos países.
El país era como un vergel, con
cultivos por doquier, creciendo entre las casas y los graneros, con prácticas
agrícolas que aquí hace años que se han perdido. Cuando les preguntaba qué
insectos les afectaban más en sus cultivos, me decían que sus problemas eran
los pájaros y los ratones. En algunos campos vi en una misma parcela hasta 7
cultivos diferentes, en una simbiosis difícil de alcanzar cuando se ha perdido
la cultura agrícola, combinado los cultivos de hoja, raíz y fruto, de forma que
todos daban sin molestarse uno a otro.
La deforestación en todo el país
era galopante y a día de hoy, se habla que ya sólo queda un 10% de territorio
cubierto por bosque. La culpa de ello, está repartida, entre lo que llamamos
desarrollo, la demanda creciente de café y cacao que sólo crecen en suelos
boscosos, la demanda de madera tropical, que lleva a una espiral para extraer
la madera preciosa seleccionada. Me contaron que para sacar un árbol de madera
preciosa, a veces hay que destruir toda una hectárea con árboles cuya madera no
es comercial, que quedan tirados pudriéndose en el suelo. El siguiente paso es
quemar los tocones de los árboles y todas las ramas, para después sembrar
plátanos que darán ingresos en un tiempo relativamente corto. Al mismo tiempo
darán sombra a los pequeños árboles de café o cacao que también se plantan y
que tardarán todavía 3 o más años en dar frutos, convirtiendo en plantaciones
lo que antes era selva. Es lo que aquí y allá se llama desarrollo, pero que
para el país, significa erosionar los suelos, volverlos infértiles, exportar la
materia prima, la cual es transformada en los países del norte (café, cacao,
algodón), que se les paga a precio de miseria y así, lo que parecía desarrollo,
acaba en más miseria.
Zona deforestada para sacar madera preciosa y posteriormente plantar cacao
Las mujeres normalmente se
asocian para tener más fuerza, para poderse ayudar y vender sus productos de
forma conjunta. Los hombres les dejan cultivar sólo los cultivos de
alimentación de la familia, de los que, en caso de tener excedentes, pueden
vender una parte para disponer de algo de dinero. Los cultivos que llaman de renta, o sea los que dan dinero porque se exportan, como el algodón. el
café y el cacao, son exclusivos de los hombres.
Grupo de mujeres asociadas en una cooperativa para cultivar y comercializar cacahuetes
El gruñón decide tomarse 3 semanas de vacaciones yéndose a una isla donde siempre se refugia, desde hace ya varios años, cada vez que se cansa de piratear. Allí pasea por la isla, desempolvando todos los caminos que siempre llevan al mar y atisbando a la princesa del swampo, a la que solo en contadas ocasiones se puede ver, con el sol reflejándose en las gotas de agua que le resbalan sobre su cuerpo moreno, un cuerpo de esos que danzan al caminar.
En ese viaje conoció a un hombre
que le contó de cuando desembarcó en un pequeño pueblo rodeado de ríos y
ciénagas, no lejos del gran océano. Solo se podía llegar por barco, por una
maraña de ríos tan cerca del mar que algunos se secaban con la marea baja. El
hombre más rico de ese pueblo tenía 9 hijos varones, varios negocios y vastas
extensiones de tierras, que como islotes se repartían entre los riachuelos.
Cuando al décimo intento nació su hija nada más conocer la noticia, fue derecho
a su bodega ordenando que se sirviera tanta bebida como cada habitante del
pueblo quisiera durante 3 días. Dijo que si cuando se moría alguien importante
se declaraban 3 días de luto, su hija se merecía 3 días de fiesta. Además, se
lanzaron cohetes y fuegos artificiales toda la noche, lo que provocaba una gran
algarabía porque los pájaros chillaron toda la noche y las luces que no se
apagaban. Los peces nadaban medio borrachos del alcohol que se desprendía de
los orines que los hombres vaciaban en cualquier esquina y que por efecto de la
gravedad y la infiltración iban a parar al río. La borrachera general fue tal
que todo el pueblo tardó otros 3 días en recuperarse hasta que hombres y
mujeres pudieran volver al trabajo.
Mientras en el barco la vida sigue y el “Zorro” se sube a la borda con el barco en movimiento caminando de un lado a otro, y no se cae gracias a su centro de gravedad tan bajo.
Para apoyar a los pobladores de
las islas por las que pasa el barco, el oficial mandó a construir unos tanques
de 1000 litros supuestamente para regar el pedacito de tierra que tienen pero
que en realidad no sirven para nada, más que para gastar dinero y hacer ver que
se está ayudando. La gente lo recibe agradecida porque un regalo es un regalo y
ya muchos están pensando en cómo adaptarlo a otras necesidades reales que
tienen y de las que los del barco no saben nada. El gruñón hace unos cálculos
para demostrar la inviabilidad de la medida y todos se le echan encima
acusándole de ser negativo. Al final no le queda más remedio que refugiarse en
la sentina del barco, donde el sudor le corre por todo el cuerpo,
cosquilleándole mientras graba surcos en la mugre de su piel.
La tan anunciada misión de
evaluación por fin ha llegado al barco y tras unos días en que pasan
escudriñándolo todo, hablando con cada uno de los tripulantes, finalmente
presentan su informe ante el comandante, el capitán, todos los oficiales y
todos los representantes del archipiélago de Cambio climático. Primero
presentaron los logros del barco, dijeron que parecía que iba en el rumbo correcto,
aunque había costado algo encontrarlo, que ahora todos los marineros están
sentados correctamente, que ya los habitantes de las islas cercanas parece que
no les tiran piedras al barco cuando pasa, y que recomendaban que el barco
siguiera su marcha por otros tres años más. Ya casi al final de su informe
también presentaron algunas debilidades del barco, como que no habían definido
una línea base, que el oficial había cambiado algunas de las propuestas que
existían desde un principio y que faltaba una estrategia en el rumbo. El
comandante, que estaba oyendo el informe, levantó una ceja, y preguntó que si
habían dicho lo que él había oído. Y aunque el oficial intentó arreglarlo dando
explicaciones inconexas sólo consiguió estropearlo todavía más. El gruñón, de
pura alegría por sentir que después de casi un año de agravios, por fin alguien
le daba la razón, mirando al oficial a los ojos, levantó lentamente una pierna,
la derecha, y lanzó un pedo, sonoro, que es una de las expresiones de la
alegría, y le dijo, ¡va por ti!. Ya después, cuando le preguntaban si esa
historia fue real o inventada, ya no se acordaba, pero dice que de todas formas
el gusto fue el mismo.
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| Mapa donde se dibuja la línea base y que muestran claramente el rumbo seguido por el barco |
El día de la despedida de la misión de evaluación, en una cena que se les ofreció, el capitán, como en un olvido, no invitó al gruñón, aunque este, haciéndose el loco, llegó de todas formas, ya medio bebido, después de hablar estado tomando y hablando sobre libros, aventuras y amores con un pirata costarricense. Se sentó a la mesa, al lado de la gente que le cae mejor, se bebió unas cuantas cervezas más, hasta que, con la mirada perdida, vomitó en el plato y lo más dignamente que pudo, se levantó y se fue no sin antes mandarle una “butifarra” al capitán, más conocido como corte de mangas en los barcos de habla hispana.
En uno de los puertos en los que habitualmente
recalaba, una prostituta, a la que conocía de hacía tiempo y a la que invitaba
a unos tragos de vez en cuando, le contó que se había hecho puta porque en San
Luis, el pueblo de dónde venía, había visto a su padre trabajar de sol a sol,
en una tierra que no era suya, que arrendaba a uno de los terratenientes del
pueblo. Por cada tarea de tierra que arrendaban, tenían que entregar una arroba
de maíz o dos de frijol, según lo que sembraran y además dos días de trabajo
para el patrón, en la faena que este decidiera. Si eran dos tareas, entonces
eran cuatro días y así sucesivamente, hasta el día en que el hombre se murió de
viejo, de cansancio y desesperación.
Esperó a que el hijo del patrón
se hiciera hombre y que la conociera. Cada vez que la venía a ver le daba polvo
seco de su menstruación disuelto en el fresco de tamarindo que tanto le gustaba
y del que bebía casi un litro después de hacer el amor. Una noche en que estaba
completamente borracho, lo ató a la cama. Cuando despertó, le puso una mordaza
en la boca y le puso delante de su cara una foto de su padre. Poco a poco,
según se aclaraba su mente empezó a recordar y a ver en esa chica a la niña que
acompañaba a ese hombre viejo que trabajaba las tierras de su padre. Según le
iba pasando el cuchillo filoso por la cara y el cuello le dijo que por cada año
que llevaba muerto su padre le iba a hacer un corte en el cuerpo y lo iba a
dejar desangrar. Mientras el intentaba recordar cuando fue que se murió el
señor, ya la madera del piso se embebía de su sangre.
Mientras, el gruñón desgrana los
pocos días que le quedan y escribe su carta de renuncia. Sabe de otros barcos
que se acercan y ha decidido que va a abordar uno de ellos antes de que pasen
dos lunas llenas. El saber que, aunque se ganen pequeñas batallas, la guerra
está perdida, y viendo que finalmente nada cambia, decide que es el momento de
marchar, para luchar en otros mares. A lo lejos ya ve los barcos acercarse con
la banderas de al menos 3 países que puede reconocer …..
De pronto todos los acontecimientos se precipitan. Un enviado del armador pregunta al comandante sobre lo que el gruñón cuestionó, el comandante a su vez le pide cuentas al capitán y este, haciendo gala de su forma de ser despreocupada, reparte las culpas entre todos. El que tiene las peores cartas en esta repartición de hostias es el oficial, que, además, intentando tapar uno de sus desaguisados, manipuló un documento, lo que ha sido descubierto. Esto ya se considera un hecho grave y le comunican que se le hará un consejo de guerra.
Cuando llega el comandante al
barco hay una gran tensión ya que ha mandado poner una tabla sobre la borda del
barco. El consejo de guerra es sólo un paripé ya que ya está decidido que lo
van a lanzar por la borda, por ser el eslabón débil de la cadena al que le toca
pagar los platos rotos.
El comandante pide una espada y
pasea su mirada por todo el barco, viendo a los ojos de todos los que están a
bordo. Finalmente llama al oficial y le dice que se presente ante él. Uno de
los cocineros tira unos trozos de carne al mar para que los tiburones se vayan
acercando. Así cuando el cuerpo caiga al agua, su fin será rápido y menos
doloroso que estar horas esperando a que por fin un tiburón lo ataque. Le atan
según la costumbre marinera una cinta alrededor de los ojos y con la espada el
comandante le hace un corte en cada brazo, para que la sangre empiece a brotar
y atraiga a los tiburones. Antes de que lo empujen con la punta de la espada,
el oficial escupe sobre el barco y salta por sí mismo al agua.
Un barco se debe abandonar cuando
se hunde, porque está podrido o porque se está desmantelando, lo que igualmente
le lleva a hundirse. El gruñón decide que se va por lo último y que es hora de
abandonar el barco.
A lo lejos se ven las banderas y las
velas al viento de varios barcos que se juntan en este mar para seguir a sus
destinos. Siente que el viento que le da en la cara viene por la amura.
Cuando uno de los barcos pasa
cerca, se sube a lo más alto del palo mayor y agarrándose de una de las vergas
se da impulso y esperando el balanceo parejo de los barcos se avienta para
abordar el nuevo barco. Todavía en el aire ve de refilón como la bruja Lola y
el capitán consiguen clavar un alfiler en un muñeco y antes de caer desmayado
en la cubierta del nuevo barco siente una fuerte punzada en la espalda.
Mientras el barco acelera, la
distancia que le separa de su anterior destino es más cada vez más grande dado
que van en direcciones opuestas y siente que esta vez va lejos porque va despacio.
Y colorín colorado, este cuento se ha acabado
Hay una reunión mensual, donde
entre los asistentes hay una mujer, de nombre Aladina, que mes a mes consigue
venir cada vez más guapa que a la reunión anterior. Una vez es su ropa
ajustada, otra sus ojos grandes a los que aplica un fondo blanco, o su melena
que deja suelta. Cuando sus ojos negros como el azabache le miran, el siente
como si le atravesaran dos dagas como las que lleva al cinto. Sólo la ve un día
al mes, siempre el tercer miércoles y a menudo se descubre contando los días
que quedan hasta volver a verla.
Como ya no resiste más, un día la
aborda antes de la reunión y le dice que no se siga poniendo tan guapa, que lo
va a derretir. Ella se lleva la mano a la cintura porque no sabe si es una
broma, pero cuando ve sus ojos, se ruboriza y no dice nada. Él le dice que si
no fuera por ese ojo que lleva tapado, el muñón de la mano izquierda y de los
20 años de más que le lleva, que, si no fuera por eso, ahora mismo la raptaría
para que cabalgaran juntos las olas de los mares que le quedan por descubrir.
Ella le aguanta la mirada y lo recorre de arriba abajo deteniéndose en su
bragueta, sopesando los pros de lo que intuye y los contras de los años, el
muñón y el cuenco del ojo vacío. Finalmente, con una sonrisa se da la vuelta y
él sabe que la ha perdido, pero también que ha hecho lo que todo pirata que se
precie hace, decir lo que piensa claro y de frente.
El gruñón ya sabe que algún
cambio grande se va a producir y que le queda poco tiempo, bien porque el mismo
tome la decisión o porque la tomen por él como consecuencia de todo lo que se ha
puesto en marcha. La cuerda se ha estirado tanto que acabará por romperse, la única
pregunta es de qué lado.
Ha empezado a empacar sus cosas,
porque sabe que sus días en el barco están contados. Se ha vuelto a poner a
estudiar inglés todos los días por si le toca salir de estampida a un lugar
donde solo hablen eso o algo peor.
En los últimos días pasa inquieto
por todo ello y por las noches, enfebrecido, mientras todos duermen, alcanza a
garabatear las notas de este diario a la tenue luz de una vela y con una letra
que al día siguiente, incluso a él le cuesta entender. Duerme con la libreta y
la pluma entre las sábanas, para no perder ni una de las ideas que se le
ocurren en el duerme vela. Cuando piensa en lo que hará cuando abandone el
barco se imagina el dedicarse a escribir, para luego darse cuenta de que
necesita a personajes como el capitán ya que sin él no es nada, literariamente
hablando.
En la reunión clandestina que se
ha tenido en el camarote de los marineros sin la presencia del capitán,
aprovechando que éste ha tenido que ir a otro barco llamado Costa Rica, se
empieza a elaborar la estrategia que se usará cuando se hable con él. Hay quien
propone medidas drásticas como matarlo y luego contestar sus correos como si
siguiera de viaje. Se descarta inmediatamente. Otro propone pagarle un curso
intensivo para que aprenda a decir que no.
Hay quien dice que para ahorrar dinero, se le haga escribir 100 folios
reciclados a mano con letra de tamaño 10 la palabra “no”. Se descarta para no
gastar tanto papel y tinta.
También en el guirigay que se
produce algunos se preguntan cómo se ha llegado a esta situación y alguien
comenta que el oficial lo ha hipnotizado. Algunos entienden que se dijo que lo
ha idiotizado y se produce una pequeña confusión hasta que se aclara el
término, agravada porque unos dicen que esta palabra se escribe con h y otros
que sin, lo que alarga interminablemente la discusión.
Todos los marineros han estado en
otros barcos, han conocido otros capitanes y han participado en numerosas
batallas, pero todos coinciden que nunca habían visto un capitán tan desastre.
Proponen llamarle Capitán Desastre, pero la idea tampoco prospera.
Tanto empeño que puso el capitán
en que la tripulación formara equipo, finalmente lo ha conseguido ya que
incluso los que se llevaban mal y no se hablaban se han unido contra él, viendo
que es la única forma de parar sus desmanes. El capitán ha intentado ganarse a
la gente con regalos e invitaciones a comer, a cargo de la cuenta del armador
claro, pero ni así ha conseguido comprar las voluntades de todos los de su
equipo, excluido al “Potro” que le sigue siendo fiel como un caballo domado.
Una de las máximas del capitán es
que quiere que el trato entre todos los miembros del equipo sea respetuoso
aunque ya se sabe que los marineros son gente ruda, acostumbrada a peleas
pendencieras pero también capaces de los actos más nobles cuando se trata de
defender a sus compañeros de batallas. En las discusiones no se andan con
chiquitas lo que molesta al capitán, quien les llama la atención por
irrespetuosos mientras uno de ellos le dice que más irrespeto es gastarse el
dinero del pueblo en conferencias inútiles invitando a todos sus amigos
zánganos de la élite y en consultorías que no cumplen con los términos descritos
en el contrato. Finalmente, un marinero de los más callados, le dice, mire
señor capitán, hasta ahora nunca había hablado pero ya que me he decidido, y
eso sí, con la venia y con todo el respeto que usted pide y que me merece su
cargo, le quisiera decir que usted se ha cagado en el barco y ahora dígame
usted; ¿quién va a limpiar esta marranada?.
Una vez apaciguados los murmullos
que se producen tras la intervención del marinero, mientras todos los ojos se
posan en el capitán esperando su respuesta, éste empieza a temblar y abriendo
mucho los ojos se lleva la mano al corazón. Mientras unos corren buscando a un
médico otros dicen <quizás sea mejor así para todos> pero poco a poco
parece que se va recuperando y al parecer no ha sido nada grave, nada más que
pura flojera de no saber cómo enfrentar la situación. Los marineros lo miran
con cara de pocos amigos, resoplando alguno fuerte por la nariz, mientras le
traen un vaso de agua. Otros dicen que no ha sido un ataque al corazón sino un
ataque a la conciencia, mientras los que estaban más apartados dicen que eso es
imposible por 2 razones; una porque todavía no está determinado que la
conciencia sea un órgano tangible del cuerpo humano y otra porque
independientemente de lo que sea, está demostrado que el capitán no tiene
conciencia, en todo caso tendrá inconsciencia, todo ello entre fuertes
risotadas, empujones y en voz tan alta que el capitán no tiene ningún problema
en oír todo lo dicho.
Al fondo se oyen las palabras de
rebelión a bordo, motín, si se puede, si podemos…….
El día que se conocieron fue como cualquier otro. No hubo relámpagos, ni terremotos, ni siquiera un eclipse de sol, por lo que nada hacía presagiar lo que iba a suceder. Lo que empezó con cierta timidez fue ganando en atrevimiento. Los inicios, siempre expectantes y atrayentes permiten descubrir al otro, descubrirse a sí mismo y perfilar las personalidades. Pero la vida en un espacio reducido como un barco, por grande que sea, no es fácil y los lugares donde escaparse no abundan. Si las obligaciones del uno y del otro no coinciden, lo que antes era fiesta ahora se convierte en frustración.
Ella nunca pudo sobreponerse a
haber nacido y sido criada en un país y en una sociedad mojigata y castradora.
El peso de las costumbres sociales y las imposiciones familiares pesaban más
que lo que pudiera sentir en el bajo vientre y cuando por tanto tiempo se ha
apartado y encerrado la pasión es difícil recuperarla. El, acostumbrado a
navegar, le cuesta sentirse retenido en tierra, agravado porque el tiempo,
ahora su mayor enemigo, se le escapa entre los poros de su cuerpo.
Y es que los amores piratas
tienen ese algo que les permite saltar del beso robado a la búsqueda de la
chispa que permite seguir navegando por mares desconocidos.
Entre los marineros hay un pirata
viejo, con la cara surcada de arrugas y cicatrices, tan confundidas que no se
sabe dónde empieza una y acaba la otra. Afirma que las arrugas son una por cada
mujer que conoció y las cicatrices por cada puerto en el que desembarcó, y por
ello, en su versión pirata del amor dice, sin el mínimo atisbo de duda, que, si
tiene que elegir entre la muerte y estar enamorado, indiscutiblemente prefiere
la muerte.
http://edukred.blogspot.com/2014/06/poesia-estaba-un-pirata-viejo-de.html
Sobre el tema hay opiniones para
todos los gustos, y los marineros se ponen a hablar y discutir sobre el amor.
Chespir dice que cuando está enamorado es cuando mejor escribe, que las
palabras le salen a borbotones, atropelladas, y que no le da tiempo a reflejar,
enfebrecido, todo lo que le pasa por la cabeza, mientras otro comenta que
enamorado es capaz de inventar el mundo cada día, y el gruñón que también
quiere opinar y empieza a hablar de los ojos, su tema preferido, se ve interrumpido
cuando le avisan que le toca ir a moderar una reunión.
Normalmente le toca moderar las
reuniones de un grupo de oficiales de diferentes instituciones que tienen la
orden de ayudar a encontrar el mejor camino para llegar al archipiélago de
cambio climático. Pero una cosa es recibir una orden y otra es la forma de
cumplirla. El perfil medio de estos oficiales es, con raras excepciones,
bastante similar. Por lo general intentan llegar tarde a la reunión que se fija
durante una mañana cada dos meses. Algunos llegan y al poco, cuando ya han
tomado café, desaparecen con alguna excusa más o menos creíble, y muchas veces
sin excusa, a la francesa. Hay reuniones a las que no asisten, pero en la
siguiente reunión, se creen en el derecho de preguntar y cuestionar todas las
decisiones que se tomaron en la reunión anterior. Normalmente pasan el rato
cuchicheando y con cara de que todo lo que se propone les parece mal. Cuando
hacen una propuesta siempre es para que la ejecute otro. Normalmente sus
propuestas no suelen ser muy prácticas, son laboriosas de ejecutar y
obligatoriamente deben quedar pendientes para la próxima reunión. O bien
sueltan un discurso que aburre a todos y ya nadie se acuerda del punto del que
se estaba hablando. Así, a veces, parece que se pongan de acuerdo para que en
una sesión uno, en otra sesión otro, introducir una ponencia de este tipo cada
uno, para que de dos meses en dos meses vaya pasando el año y al final no se
haya hecho nada. Tal pareciera que estuvieran expresamente entrenados para ello.
Algunos días, cuando no sopla
mucho viento, algunos marineros se ponen a pescar tiburones. El piloto JojoJo
siempre está atento y se mantiene cerca, con un palo de grandes dimensiones en
sus manos. Cuando suben a alguno de los escualos a bordo que todavía tira
dentelladas a todo lo que esté cerca, el sólo pregunta, ¿Un golpe o dos golpes?
El marinero de turno mira al animal y según el tamaño le receta una u otra
cantidad de golpes, después de lo cual el tiburón ya quedé frito para siempre.
Al parecer el capitán finalmente
se ha dado cuenta de que no sabe cómo encontrar el rumbo y que necesita la
ayuda de todos por lo que comunica a la tripulación que ha contratado un
experto que les enseñará la mejor manera de marcar la dirección correcta
<para que cada uno de nosotros sea capaz de encontrar el camino, evitando el
voltejear[1]
continuo> dice. El curso crea mucha expectación y en este caso el experto es
realmente muy bueno. Enseña a los marineros a aprender, lo cual no es poco
importante ni menos difícil y les cuenta muchos ejemplos, como que en un país
que le llaman del áfrica subsahariana hay un presidente que hace lo que se
llama dictadura del desarrollo que consiste en que se obliga por ejemplo
a las mujeres a realizar cursos de empoderamiento, a los jóvenes a estudiar
oficios prácticos, todo por decreto, de forma dictatorial y que parece
funcionar y contribuir realmente al desarrollo y es que al parecer el
presidente de este país estudió en un país del norte y dice que sabe lo que hay
que hacer.
Aparte de todas estas historias,
los marineros también se dan cuenta de que una parte del taller que reciben en
realidad está dirigida a preparar a la tripulación para responder a las
preguntas que hará una comisión evaluadora que envía el armador y de la que ya
se ha anunciado su llegada para abril. De nuevo la tripulación se siente
engañada y manipulada por el capitán quien se muestra muy satisfecho con su
maniobra. Al parecer, dado el poco avance del barco y lo poco que hay para
mostrar, el capitán quiere que se golpee el agua con el remo para hacer mucho
ruido y se den bordadas[2]
aunque no se avance mientras con ello se consiga que la comisión tenga una
impresión satisfactoria.
Posteriormente, en una reunión con la contraparte, se da a conocer el presupuesto que queda disponible para este año y todos se quedan sorprendidos de que quede tan poco dinero, incluso parece que el propio capitán, cuando ha sido el quien alegremente ha despilfarrado en gastos caprichosos en algunos casos, empavesando[3] el barco por un lado y en gastos del oficial en otros, ese dinero que parecía que nunca se iba acabar. Lo que el capitán todavía no sabe es que la tripulación ha enviado una carta al responsable de la comisión de asuntos internos del armador …….
[1]
VOLTEJEAR: Navegar con viradas
sucesivas, por no poder realizar la derrota a un solo rumbo.
[2]
BORDADA: Distancia navegada entre
dos viradas consecutivas cuando se navega voltejeando.
[3]
EMPAVESAR: Formar empavesadas;
engalanar la embarcación.
En los barcos del armador los remeros tienen diferente titulación. Los que son del lugar donde navega habitualmente el barco se llaman remeros técnicos y los que vienen del país del armador se llaman remeros temáticos. Estos últimos tienen como función asesorar y enseñarles el oficio a los marineros del país adonde se dirige el barco. Como el gruñón es marinero temático le ha tocado de contraparte un oficial, al que no le gusta mucho trabajar. Es el típico funcionario que se las sabe todas, que siempre aparece en la foto, que deja el trabajo para los demás, siempre tiene una excusa para cuando no ha hecho lo convenido, que suele tener muy buenos modales, que prioriza sus intereses personales a los inherentes a su puesto de trabajo y si uno observa bien, verá que cuando se aleja deja detrás de sí una estela como la de los caracoles al desplazarse, lo que le ha valido el sobrenombre de “baboso”. Como es oficial, enseguida ha delegado todo en un remero que está a su cargo, porque dice que de remero a remero todo es más fácil y se entienden mejor. El único problema de este remero, llamado Cruz, es que no tiene muchas luces, o como dicen en Canarias, en términos marineros, le falta un agua. Un día contó que hace unos años tuvo un accidente de coche y que estuvo tres días inconsciente por conmoción cerebral. Finalmente se recuperó, pero parece que de la cabeza no tanto. Como Cruz tenía pendiente las vacaciones se ha ido todo el mes y el gruñón se ha quedado sin trabajo. Mientras, su contraparte, el oficial le dice <no te preocupes, ahí vamos haciendo>, pero no pasa nada, para su desesperación.
Y ya las cartas están echadas. Hace
unos días habló con el comandante y le contó que las bancas de los remeros
estaban mala colocadas desde el principio, que las órdenes que se recibían eran
contradictorias y que algunos de los científicos no hacían el trabajo para los
que se les pagaba. Le dice que hay contratos que no se han cumplido y que
estaría bien que se revisaran. También que él no quiere trabajar en un barco
que no tiene un rumbo claro y definido. El comandante se tenía que ir de viaje
y le dijo que a su vuelta hablaría con el capitán. Así que el gruñón aprovechó
para pedirle al capitán irse por unos días a un barco que navegara también
hacia el mismo archipiélago de cambio climático pero que ya estuviera más
adelantado. Sabía que debía aprovechar ahora ya que no sabe qué le espera
cuando regrese y el capitán y el comandante hayan hablado.
Este viaje va en contra de las
reglas del armador ya que este sólo contrata marineros que ya sepan bastante, y
por lo tanto no los manda a que vayan a otros lugares a aprender, o en todo
caso deben hacerlo acompañando a algún contraparte para que sea este el que aprenda.
El capitán como se sabe bastantes trucos tramposillos consigue que desde la
central se autorice el viaje y manda al gruñón a un barco que se llama Perú y
de paso se libra de el por unos días. Este se queda esperando hasta el último
momento a que cancelen su viaje por si el capitán habla con el comandante, pero
no, e incluso el capitán al despedirle le abraza deseándole buen viaje.
El trabajo en este barco Perú
consiste en ir un en bote pequeño por ríos navegables visitando comunidades de
indígenas. Le da la impresión de que navega con un rumbo definido y con un
capitán que sabe adónde va.
En el viaje, en una de las
comunidades lo coronaron príncipe indígena por un día (se ha difuminado la cara
del gruñón para preservar su identidad)
Cuando regresa todo contento de su experiencia y pensando que se han acabado los malos rollos, oye de varias historias que han pasado en estos días en que estuvo fuera. Una de éstas ocurrió entre el ratón y uno de los pilotos, al que llaman “JojoJo” por su parecido con Santa Klaus porque es muy tranquilo y bonachón, grande como un oso y con unos brazos que tienen el mismo diámetro que la cintura de la “Miss”. Cuando oye cantar a los Tigres del Norte, sus ídolos, sonríe mientras la saliva empieza a mojar la comisura de sus labios y los ojos se le empequeñecen y toman un brillo especial. Al parecer un día de estos, el ratón, en una discusión a causa de las vacaciones de JojoJo le faltó al respeto, llamándolo viejo gordo. Ahí, a este hombre de principios a la antigua y de honores narcos se le empezó a subir y multiplicar la sangre, llegándole hasta la cabeza, se levantó despacio mirando desde su gran altura al ratoncillo que se iba empequeñeciendo y acercándosele despacio lo agarró con su mano, sólo usando sus dedos pulgar e índice, y apretándolo contra la pared lo levantó medio metro del suelo para ponerle sus ojos a su misma altura. Y entonces, despacio, sin ponerse nervioso, casi susurrando le dijo que eso sí que no, que esta era la última vez que le faltaba al respeto. Por suerte, cuando ya al ratón se le estaba bajando toda su sangre a los pies, una de las mujeres que trabajan en administración, los vio y llamó a JojoJo, para decirle que lo soltase inmediatamente ya que se juega el puesto cuando la rata se recupere y se lo cuente a la bruja Lola. El oso lo fue bajando poco a poco y en cuanto la rata tocó tierra se zafó[1] y se puso fuera de su alcance ya que una cosa es provocar al oso y otra dejar que lo destroce. Sus ojos, algo fuera de sus órbitas por el apretón, sacaban chispas y le costaba trabajo tragar saliva. Se fue retirando de espaldas aunque todos saben que sólo recula para preparar su venganza. De todas formas, en estos días algunos comentan, que cada vez que el oso mira al ratón, al poco le aparece a este una pequeña mancha en la parte delantera de sus pantalones.
Por otro lado el “Potro” sigue
haciendo comentarios de como él entiende la vida, como cuando pasamos por un
auto-hotel y dice, “aquí pasé mi última luna de miel” mientras se pasa la
lengua por los labios o bien cuando habla de género dice que la arboladura[2]
del barco está al 50%.
Cuando se le pide al capitán que
visite personalmente las diferentes zonas del barco, este hace instalar unas
televisiones gigantes en las diferentes oficinas y propone hacer reuniones por video
conferencia. La tecnología falla muchas veces y los micrófonos dan retorno, por
lo que cuando el capitán empieza la reunión y dice hola, se oye “la, la, la,
la, la” como si fuera una canción de eurovisión.
En esos días que llaman navidad, el
armador ordena a todas las flotas echar el ancla. Por eso no ocurre nada en
diciembre y todo se acumula para enero.
[1]
ZAFAR: Liberar
algo que estaba sujeto (un nudo, un cabo, un ratón...).
[2] ARBOLADURA: Conjunto
de palos y vergas de que consta un barco.