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jueves, 21 de septiembre de 2023

Del cacao al chocolate. Ecuador (2)

 

Plantación de cacao en San Pablo, Ecuador (enero 2023)

La producción del cacao en Ecuador ha crecido considerablemente durante los últimos años, convirtiéndose en la más importante de América Latina. El Gobierno de Rafael Correa (2007-2017) reformó el marco institucional del sector y aplicó políticas de apoyo a los agricultores dentro de un sistema liberalizado. También hubo apoyo a los productores locales para que establecieran instalaciones de producción y desarrollaran marcas propias de chocolate.

Una de las condiciones básicas para las reformas en el sector del cacao fue la nueva Constitución, que entró en vigor en 2008 y que seguía un concepto heredado de la cultura indígena, el sumak kawsay (en castellano ‘buen vivir’). Esto condujo a un mayor compromiso con el desarrollo de estrategias que siguieran los principios sociales y ecológicos. El objetivo era preservar los ecosistemas y la biodiversidad, y promover la solidaridad, la justicia social y la reducción de la pobreza. El Gobierno apuntó específicamente a los pequeños agricultores para apoyarlos en salir de la pobreza. Entre otras cosas, había que incrementar la productividad y mejorar la cadena de valor. Además, se pretendía promover una industria competitiva de productos semiacabados y chocolate de alta calidad.

La mayoría de estos programas se llevaron a cabo entre 2012 y 2014 en lo que se llamó la minga (palabra kichwa que significa ‘reunión solidaria para hacer algún trabajo en común’). En poco tiempo, el rendimiento de los cultivos aumentó gracias a las mejoras en la poda de los árboles, la fertilización y la gestión de la sombra. Según Quiroz, Ecuador entró en el mapa mundial del cacao cuando se hizo un trabajo de renovación y rehabilitación (minga) con los productores. Pero en muchos casos, al no haberse dado continuidad en los años posteriores al mantenimiento adecuado de estas plantaciones, buena parte de este esfuerzo se ha perdido.

Distribución de donde se realizó la Minga del cacao

Como continuidad a los planes anteriores, el Plan de Mejora Competitiva del Cacao (PMC) que se firmó en junio de 2022 tiene la intención de duplicar la producción de cacao, lo que podría aumentar la sobreproducción en el mercado mundial.

Cómo se reparte el dinero

Según los cálculos realizados en el documento «Análisis de la cadena de valor del cacao» de 2021, la ganancia neta en 2019 en promedio para los 159 000 pequeños productores en Ecuador fue de 494 US$ y para cada uno de los veinticinco mayores exportadores de granos y productos fue de 995 356 US$, como ejemplo de los dos extremos de la cadena.

Esto muestra que la integración de la actividad de exportación por parte de los centros de acopio de productores asociados permitiría disminuir las inequidades de distribución de beneficios entre producción y exportación y entregar una mejor remuneración a los productores en relación con su contribución al valor agregado y el empleo.

La repartición del ingreso neto directo total del sector entre actores corresponde al 56 % para los productores, el 12 % para los comerciantes, el 20 % de los exportadores y el 11 % de la industria.

En la provincia de Los Ríos, doña Aurora riega mediante bombeo unas 5 ha de cacao con el consiguiente coste de combustible, que ella paga pero que no contabiliza como coste de producción. Paga jornales de 10 US$ por cuatro a cinco horas de trabajo para cosechar, abrir las mazorcas y poner los granos en baldes. Ella mezcla lo cosechado en las cuatro hectáreas de cacao nacional con los granos de una hectárea de CCN-51, ya que le pagan el mismo precio. Cuando lo lleva a vender fermentado y semiseco en la época de lluvia, le descuentan un porcentaje adicional de alrededor del 15 % del precio, que varía según quién esté en el puesto de compra. No sabe cuáles son sus costes de producción y cuando se le pregunta qué haría si el precio del cacao bajara a la mitad responde sin titubear que venderlo, ya que necesita el dinero para vivir, así sea poco.

Doña Aurora en su casa en la finca

Por lo general, las vainas y los granos de cacao de CCN-51 son más grandes que en las variedades tradicionales. Esto reduce el trabajo durante la cosecha y el tratamiento postcosecha. El CCN-51 es considerado por muchos actores como una opción eficiente para los agricultores, ya que aumenta la productividad y tiene el potencial de reducir costos.

El rendimiento por hectárea en Ecuador difiere mucho entre provincias y depende de la variedad. Algunas provincias que cultivan mayoritariamente CCN-51 registran rendimientos promedio de más de 1 t por hectárea mientras que, en otras regiones, que dependen mayoritariamente de las existencias de árboles viejos de la variedad nacional, están por debajo de los 200 kg. Las cifras no son del todo comparables, ya que la CCN-51 se cultiva principalmente en sistemas a pleno sol con una alta densidad por hectárea, mientras que la nacional suele crecer en sistemas agroforestales con un menor número de plantas de cacao por unidad de superficie. El predominio de CCN-51, que no es adecuado para los sistemas agroforestales, propicia un enfoque hacia los sistemas a pleno sol que conducen a una menor biodiversidad y requieren más insumos.

Algunas de las ventajas del cacao ecuatoriano se dan por las diferentes condiciones climáticas en las que se produce; está disponible todo el año y con capacidad para ofrecer calidad, y responde a la demanda cada vez mayor de requisitos ambientales, sociales y productivos frente a la producción africana. En el otro lado de la balanza encontramos que los costes de producción principales, como la mano de obra de alrededor de 20 US$ por día, son hasta tres veces mayores que en otros países del área y hasta diez veces mayores que en algunos países africanos. Los altos costos de producción comparados con otros países (país dolarizado, mano de obra, insumos) traen una pérdida de competitividad en relación con Perú y Colombia.

Injertando, Esmeraldas

Cuando se habla de rendimientos, en prácticamente todos los artículos consultados se habla de cuellos de botella en todos los eslabones de la cadena de valor del cacao, desde la producción hasta la postcosecha. A pesar de la gran cantidad de investigaciones en nuevos clones, en árboles de alto rendimiento, del apoyo técnico y edición de manuales que deberían conducir a una mejora en el cultivo, los rendimientos siguen siendo en promedio muy bajos, lo que debería llevar a pensar que algo falla en la cadena de transferencia tecnológica a los productores y que la investigación y su transmisión debería tener en cuenta más factores que el simple aumento de la producción. El promedio a nivel mundial está en alrededor de 0,44 t por hectárea, lo que es una cantidad muy baja si se tienen en cuenta todos los años de mejoras tecnológicas dedicadas a este cultivo, lo que las pone en cuestión. Posiblemente una de las varias razones sea que no siempre se cultiva el cacao en las zonas más adecuadas ni en las condiciones edafoclimáticas ideales. Cuando se habla de que ha habido incremento de la oferta de grano de cacao se debe al aumento de superficie de cultivo y muy poco debido a la mejora productiva, estancada en los rendimientos nombrados desde hace dos decenios.

Actualmente (marzo 2023) el precio del cacao está en torno a los 2600 US$/t y en Ecuador se estima que si el precio baja hasta los 1700-1800 US$/t provoca el abandono de la actividad. El documento «Análisis de la cadena de valor del cacao» de 2021 estimó el coste ponderado por tonelada de cacao en un promedio de 1360 US$, fluctuando entre 1281 y 1678, según el tamaño de la finca.

Secaderos de cacao de Maquita en Manabí

El sector del cacao ecuatoriano depende casi exclusivamente de las exportaciones, de las que solo un 7 % se realizan a través de organizaciones de pequeños productores.

Durante mucho tiempo, las empresas de Estados Unidos fueron los mayores compradores de cacao ecuatoriano, lo que ha cambiado durante los últimos años. Actualmente el 52 % del mercado de exportación desde Ecuador está concentrado en Indonesia, Malasia y Holanda. El flujo de las exportaciones a Indonesia y Malasia (101 000 t) se relaciona en este caso con el peso de la empresa Olam (comercializadora mundial malaya con sede en Singapur), que concentra el 15 % de las exportaciones ecuatorianas, es decir, 40 000 t en 2019. Como Indonesia es también un importante productor y exportador de cacao a nivel mundial, esto significa que el cacao ecuatoriano es una materia prima para la industria de transformación asiática que probablemente abastece el mercado asiático. Indonesia ha reducido hasta un tercio su producción de cacao, al parecer por enfermedades aparecidas en los cultivos, por lo que necesita cubrir sus capacidades industriales instaladas importando de otros países.

La entrada en los últimos años de las empresas multinacionales en Ecuador ha hecho aumentar la agresividad en la compra de cacao por parte de los acopiadores, que intentan sacar del mercado a las empresas locales más pequeñas. En el país hay un total de 131 exportadores, de los que cinco son transnacionales, y han conseguido relegar a los últimos puestos a las empresas nacionales. Un ejemplo de ello es la Fundación Maquita, una organización con fines sociales creada hace más de treinta años y que busca beneficiar a los pequeños productores: ha pasado de ser el tercer exportador de Ecuador en el año 2012 a ocupar el decimoquinto lugar en 2022 y a reducir su nivel de exportación a una quinta parte en este período.

Muchos exportadores y comerciantes prefieren el CCN-51, ya que al tener los granos más grandes y de un tamaño uniforme, facilita la molienda. Hace diez años, se estimaba que la mayor parte del cacao exportado desde Ecuador seguía siendo CFA, pero el CCN-51 se ha hecho popular entre los agricultores que han replantado las plantaciones o han establecido plantaciones nuevas con esta variedad.

Fermentación y secado

Instalaciones de fermentación de la empresa Pacari, en Santa Rita

La calidad del grano empieza por la selección de mazorcas, maduras y libres de enfermedades, seguida por el proceso de fermentación de los granos, para eliminar el mucílago que recubre los granos, y su posterior secado. En conversaciones con productores, algunos dicen que prefieren vender en baba o escurrido (La expresión en baba puede referirse a grano fresco con mucílago, escurrido, parcialmente fermentado en sacos) porque eso les permite vender todo el cacao que tienen, no importa la variedad, incluyendo granos de mazorcas enfermas.

Uno de los mayores retos que se presentan es el secado de los granos, lo que en época lluviosa se dificulta si no se cuenta con las instalaciones adecuadas, como secadores de gas, con las que sí cuentan las grandes empresas acopiadoras. El secado en condiciones de alta humedad provoca que muchos de los granos presenten mohos, deteriorando la calidad del producto. Si además la fermentación no se ha realizado en las condiciones adecuadas, también se ve afectada. Por ello muchos productores prefieren vender el cacao en baba, con lo que además pierden el primer paso de la cadena de valor, aunque muchos aseguren que el precio pagado en baba se corresponde en la proporción de 1:3 con la pérdida de peso al realizar el secado.

Planta de cacao en un modelo agroturístico y agroforestal en la finca Picaflor

Hay datos que consideran que en promedio 2,75 kg de grano con todo el mucílago líquido, llamado «cacao en baba», equivale a 1 kg de cacao seco y que 2 kg de grano que conserva parte del mucílago, llamado «cacao escurrido» y que se acondiciona en sacos, equivale a 1 kg de cacao seco. Estas variaciones entre el peso al que entrega el productor y el peso final que tendrá el grano seco es uno de los márgenes con los que juegan los acopiadores para sacar beneficio de este proceso, en detrimento del productor. Solo las asociaciones comprometidas con sus asociados que pesan y registran el lote en el momento de la entrega y cuando el grano está seco, pagando en consecuencia, aseguran una real transparencia en el proceso.

El diferencial de precio baba/seco no proporciona un incentivo al productor para realizar una fermentación de calidad en finca, por lo que el pequeño productor prefiere vender en finca por el pago en efectivo e inmediato que hace el comerciante, y que resuelve su problema de liquidez en ese mismo momento. Tampoco es de desdeñar que los agricultores prefieren vender en baba, ya que durante el proceso de secado pueden producirse robos, lo que en algunas zonas puede llegar a ser habitual. La ventaja para los intermediarios al comprar en baba es que uniforman la fermentación y por lo tanto la calidad del grano.

El cacao puede seguirse considerando como moneda en Ecuador, ya que cualquier persona puede llevar a vender cacao, incluso en pequeñas cantidades, al mercado de intermediarios y convertirlo inmediatamente en dinero. Su uso como moneda ocurría desde la época anterior a la llegada de los españoles a América, cuando los granos de cacao eran de uso corriente entre los pueblos indígenas en el intercambio con mercancías, práctica que se siguió utilizando con la llegada de los españoles. Los granos fermentados y secos correspondientes a ocho mazorcas se pueden vender por alrededor de un euro.

Pequeña cantidad de granos de cacao puestos a secar en el distrito Playas de Oro, en Esmeraldas, probablemente por un niño.

A las organizaciones de productores les resulta muy difícil establecer una relación a largo plazo con los agricultores, ya que estos tienden a vender sus productos al mejor postor cuando tienen necesidad de dinero. En general, la confianza en las organizaciones también es baja debido a las experiencias asociativas negativas que han tenido los productores en el pasado. Sin embargo, si se compara el sector cacaotero con otras cadenas, el hecho de que el cacao sea un producto comercializado a nivel internacional (y que los precios de mercado estén fijados) incluso llega a influir positivamente en los niveles de confianza entre los actores. Uno de los servicios que las cooperativas ofertan a sus asociados es el de la fermentación y secado.

El cacao de Ecuador sigue teniendo una gran reputación, pero los mercados están cambiando. Las empresas interesadas en cacao de alta calidad se quejan de que los granos de CFA no están bien fermentados y, como consecuencia, son de menor calidad, o que han sido mezclados con CCN-51, lo que no se considera CFA. Estos problemas crean un mercado en el que las empresas están menos dispuestas a pagar precios elevados por el cacao ecuatoriano. Además, algunas de las empresas que antes pagaban precios muy superiores a los del mercado mundial por el cacao de calidad reconocen que muchos clientes no notan la diferencia de todos modos. En consecuencia, han sustituido el CFA de buena calidad y alto precio por calidades inferiores o incluso por cacao que sigue siendo declarado CFA pero que puede contener grandes volúmenes de CCN-51 u otras variedades sin determinar.

En Ecuador es común ver ciertas cantidades de granos en los bordes de las carreteras, secándose directamente sobre el asfalto, lo cual afecta a su calidad, aparte de la contaminación por los escapes de los gases de combustión de los vehículos. En varias de las provincias productoras es habitual ver grandes secaderos en la zona intermedia de las autovías que soportan un elevado tráfico con la consiguiente contaminación, lo que abunda en lo dicho.

Camión pasando por la autovía en la provincia de Los Ríos, con cacao secándose en la mediana. Foto Alfonso Molera.

viernes, 8 de septiembre de 2023

Del cacao al chocolate. Ecuador (1)

 

Centro de acopio y transformación de cacao en Esmeraldas


Este documento, en 3 capítulos, está elaborado a partir de la estancia en Ecuador entre enero y febrero de 2023, con el apoyo de la Fundación Maquita y sus técnicos, quienes me facilitaron las visitas a agricultores/as y cooperativas, así como a centros de investigación y a diferentes instituciones, permitiéndome entender las condiciones en las que se produce el cacao en el país.


Evolución de las variedades de cacao. Imagen en el Museo Nacional del Cacao, Guayaquil. Foto Alfonso Molera.

La cuenca amazónica de Ecuador y Perú es considerada como el origen del cacao y contiene la mayor diversidad genética de esta especie. Se han encontrado vestigios de cacao en la provincia ecuatoriana de Zamora Chinchipe datados en 5300 años de antigüedad. Esta zona es tenida como uno de los lugares conocidos de domesticación del cacao más antiguos.

En el futuro inmediato se acercan cambios en el sector del cacao debido a que la Unión Europea, con la nueva regulación contra la deforestación (EUDR), aprobada en diciembre de 2022, obliga a que siete productos, entre ellos el cacao y sus derivados, cumplan esta normativa. Para ello, las empresas importadoras tienen que hacer una declaración de «diligencia debida»: a través de controles de geolocalización (trazabilidad) deben demostrar que se ha evitado la deforestación y la degradación forestal en estos cultivos. Aunque estas medidas son bienvenidas, en algunos casos se llega algo tarde, como en Costa de Marfil, que ya ha deforestado el 80 % de sus bosques primarios principalmente por el cultivo del cacao. Todo ello está provocando movimientos en las grandes multinacionales, en lo que parece que será la promoción del aumento de producción en países latinoamericanos, más capaces tecnológicamente para afrontar estos retos y con menores índices de deforestación, lo que seguramente acabará penalizando de nuevo a los productores africanos.

De un lado del sector están unas pocas multinacionales, que año a año reparten enormes beneficios a sus accionistas, mientras del otro lado los productores ven cómo los precios fluctúan, sin estar sujetos a ningún sistema que reconozca los costes de producción cuando bajan, lo que en muchos casos no les permite cubrir sus gastos mínimos. Algunas de las más importantes y grandes empresas multinacionales son Barry Callebaut (una quinta parte del cacao mundial es procesado por esta empresa), Ferrero, Mars, Mondelez, Olam, Hershey, Cargill, Nestlé, Lindt y Cadbury.

El precio del cacao es fijado en las bolsas de Londres y Nueva York, con base en una supuesta ley de la oferta y demanda, según las cantidades disponibles en stock y las cantidades producidas y vendidas. En realidad, esto no es así, ya que el precio forma parte de un sistema complejo de especulación, en el que intervienen brókeres y multinacionales que llegan a negociar hasta diez veces la cantidad de cacao producida en un año. Con estos movimientos se consigue influir en el precio a nivel mundial, aunque se pretende mostrar que es un producto sujeto al mercado libre.

Comparación entre precios actuales de 2023 y del mismo período del año pasado en US$/t. El precio del cacao parece que va a seguir subiendo de aquí a final de año (Estadísticas ICCO).

Como en cualquier otro cultivo, si el precio sube, los productores se animan a plantar nuevas áreas y a realizar un mejor mantenimiento para aumentar la producción. Si el precio baja, ocurre lo contrario, se abandonan los árboles y no se invierte en el cultivo. La diferencia está en que cuando el precio sube, las multinacionales ganan menos (aunque no pierden) mientras los productores reinvierten sus ganancias en mejoras. Al cabo de unos pocos años, el precio vuelve a bajar, supuestamente por la mayor oferta existente, y entonces las multinacionales vuelven a ganar mucho más y los productores quedan cautivos de las nuevas plantaciones, que tienen una vida útil de al menos veinticinco años, viéndose obligados a vender su producto al precio que se les oferta, sin importar cuál sea.

En los países productores no se promueve suficientemente la asociación de agricultores para hacer frente a esta situación, no hay una estrategia de país para encontrar otras vías, no se establece un sistema de precios interno, para favorecer y aumentar su consumo a nivel nacional, como un producto saludable y que favorece las capacidades cognitivas de niños y mayores, además de otras propiedades sobradamente demostradas. Excepto Brasil y en buena parte Colombia, la mayor parte de los países latinoamericanos se dedican a la exportación de cacao, con Ecuador a la cabeza, como si ello fuera algo de lo que sentirse orgulloso, cuando los gobiernos deberían, cada vez más, plantearse estrategias de soberanía y seguridad alimentarias.

El cultivo del cacao se ve como una de las alternativas a los efectos del cambio climático, especialmente porque se puede producir en sistemas agroforestales en tierras erosionadas o dedicadas a pastos, y se ha convertido en una opción para sustituir plantaciones ilícitas como la coca en las zonas donde se cultiva. En muchos de estos países se afirma que el cacao ayuda a disminuir la pobreza con la generación de empleos, aporta a la conservación de los recursos naturales y el medio ambiente y contribuye a la seguridad alimentaria, aspectos que hay que cuestionarse si son ciertos en el modelo actual.

Mayores países productores de cacao

En el período de 2006 a 2016, la superficie cultivada en Latinoamérica ha aumentado en más de 377 000 ha, hasta los 1,8 millones de hectáreas existentes en el año 2018, debido a que en ese decenio el precio subió desde los 2000 US$/t hasta los 3000 US$/t, aumentando su producción de 400 000 t a cerca de 700 000 t/año. Esto se explica también por la tendencia de las multinacionales a promocionar el incremento de la producción en otros países diferentes a los africanos, evitando así las iniciativas de estos, hasta ahora infructuosas, de aumentar los precios, basándose en su dominio de la producción mundial.

Este es un panorama que, con las particularidades de cada país, pero con pocos cambios en lo esencial, se da en todos los países productores.

El sector del cacao en Ecuador

Este sector ha sufrido muchos cambios en Ecuador a lo largo del tiempo y ha sido de importancia económica desde la época de la colonia. Los colonizadores españoles controlaron durante siglos el comercio del cacao, cuya exportación se inició desde 1593; y después, alcanzada la independencia, los inversores y las plantaciones a gran escala siguieron gobernando el mercado. Se considera que fue una de las fuentes más importantes para el financiamiento de las luchas de la independencia de Ecuador (1800-1822). A partir de ese momento algunos propietarios de plantaciones y comerciantes formaron la élite financiera y política del país. A lo largo del siglo XIX se formaron inmensas haciendas destinadas casi exclusivamente a la producción de cacao. En el año 1904 la costa ecuatoriana ocupaba el rango de mayor productor y exportador mundial de este producto. A principios del siglo XX, el sector del cacao tuvo problemas con la aparición de dos enfermedades, la escoba de bruja y la monilia, que provocaron una bajada en la producción e hicieron que perdiera su hegemonía en favor del banano. Por ello, las grandes extensiones se disgregaron, pasando en su mayoría a manos de pequeños y medianos productores.

Museo del cacao de Guayaquil

Actualmente el cacao se cultiva en el 20 % de la superficie total agrícola y aporta aproximadamente el 9 % del PIB agrícola del país. El sector cacaotero ecuatoriano genera en toda su cadena aproximadamente 390 000 empleos directos y está constituido sobre todo por pequeños productores, siendo el tercer país productor a nivel mundial.

A principios del siglo XXI, este sector se basaba principalmente en pequeños agricultores que trabajaban en sistemas agroforestales con bajos rendimientos. La mayoría de los árboles de cacao eran de la tradicional variedad nacional y los rendimientos por hectárea eran bajos. Aunque el nacional constituía la columna vertebral de la gran reputación del cacao ecuatoriano, la mayoría de la cosecha no se vendía a los precios que se suelen pagar por el cacao de alta calidad. Parte del problema era que el mercado no pagaba precios diferenciados, pero también había deficiencias en el proceso de postcosecha en las plantaciones y comerciantes que mezclaban granos de diferentes variedades.

De la producción ecuatoriana aproximadamente el 86 % se destina a la exportación y el 99 % de los productores disponen de un área menor que 10 ha. Los grandes productores con fincas de más de 20 ha tienen solo el 5 % del total en superficie, aunque representan el 30 % de la producción. Se considera que de cada 3 ha de cacao depende una familia.

El cacao se cultiva en unas 140 000 fincas, aunque los datos referentes a las superficies difieren entre sí. Un estudio reciente indica que la superficie cosechada fue de 547 000 ha en 2022. Esto significa que cada finca, en promedio, tiene un poco menos de 4 ha de tierra cultivada con cacao. Según la zonificación agroecológica y económica para su cultivo en Ecuador, hay 581 000 ha con una potencialidad alta y más de un millón de hectáreas con potencialidad media, por lo que es posible seguir incrementando su superficie. La producción de grano seco, que alcanzó las 300 000 t en 2021, ha crecido a una tasa promedio anual del 15 % desde 2014.

Producción en Ecuador

La mayoría del cacao en Ecuador se cultiva en las provincias costeras de Guayas, Los Ríos, Manabí y Esmeraldas, donde los agricultores venden su cosecha a pequeños comerciantes o a subsidiarias de empresas multinacionales. En las zonas remotas, los agricultores dependen en gran medida de los comerciantes y tienen pocas o ninguna posibilidad de negociar. Según diferentes datos solo entre el 5 y el 20 % de los agricultores están organizados en alguna asociación o cooperativa.

En Ecuador se cultivan diferentes variedades de cacao, pero la producción está dominada por dos principales: el nacional o CFA (cacao fino de aroma), con el 43 % de la superficie y el 28 % de la producción en 2017, y el cacao clonal CCN-51 (colección Castro Naranjal), de alto rendimiento, resistente a las principales plagas, pero sin las características aromáticas de las variedades tradicionales, el cual se encuentra en el 57 % de la superficie y tenía el 72 % de la producción en 2017. El CCN-51 fue desarrollado en los años sesenta en Ecuador y se trata de un cruce de diferentes variedades, que incluye componentes de CFA.

Las diferencias en rendimientos de ambas variedades en la provincia de Manabí, en un estudio realizado en 2017, fueron en promedio de 793 kg/ha para el CCN-51 y de 450 kg/ha para el nacional. Esta diferencia de un 76 % de incremento en la producción de CCN-51 no se ve compensada por un precio superior para el grano de nacional, por lo que la tendencia es sembrar cada vez más CCN-51.

Hay quienes apuntan a que el futuro del cacao en Ecuador pasa por mejorar la calidad y el cultivo de las variedades tradicionales criollas, con marcados sabores florales y sabores intensos que se mantienen por mayor tiempo en el paladar. Pero esto de momento sigue siendo un nicho, que en el caso de Ecuador apenas representa un 2 % de su comercio, mientras las grandes empresas transformadoras camuflan las deficiencias gustativas de variedades más productivas, pero de menor calidad, con productos como la vainillina sintética que uniforman el sabor final. Los agricultores que producen el cacao de mejor sabor, aceptando a menudo una menor productividad y una mayor vulnerabilidad a las enfermedades, en su mayoría no son recompensados con precios diferenciales.

Otros apuntan a que una alianza entre Perú, Colombia y Ecuador, con el fin de comercializar juntos cacao de calidad, sería una alternativa viable si consiguieran superar a nivel de país las rivalidades y antagonismos políticos que los separan.

La venta del grano la realizan los productores directamente o por medio de intermediarios a diferentes tipos de mercado, que van desde minoristas hasta bodegas mayoristas del mercado local. Estas a su vez venden a acopiadores de asociaciones, exportadores y mayoristas. El diferencial de precio en cada uno de estos pasos fluctúa entre el 10 y el 20 % aproximadamente, por lo que el precio que recibe el productor es en promedio de un 70-80 % con respecto al precio referencial de cacao en la bolsa.

Secaderos de cacao de un gran productor en Manabí

Los intermediarios aseguran diferentes funciones en la cadena: transporte, fermentación, secado y la logística de abastecimiento que conecta los productores a los exportadores o a las industrias de chocolate. También son identificados como responsables de algunos problemas: sus altos márgenes comerciales, los bajos precios pagados a los productores, la ausencia de manejo de la calidad o el uso de balanzas trucadas. Así, por ejemplo, a nivel de los pequeños productores y en zonas remotas los intermediarios pagan el cacao a un precio muy bajo, mientras en otras zonas bloquean las tentativas de comercialización directa de los productores, llegándose a contabilizar a veces hasta seis niveles de intermediación, lo que baja la competitividad de la cadena. Por otra parte, los intermediarios aseguran servicios como la colecta de cacao en zonas aisladas, o algunos servicios adicionales que pueden ofrecer a los productores como créditos o abastecimiento en productos esenciales, además de tomar riesgos al desplazarse con dinero en efectivo por zonas rurales. En muchos casos, los intermediarios son o han sido productores agrícolas, hijos de agricultores, o están activos en las mismas zonas de producción donde habitan. De la importancia que ha alcanzado el cacao en Ecuador da fe el que en 2006 había algo más de mil intermediarios, que en 2019 han pasado a ser alrededor de cinco mil.

Ecuador dispone de una industria de molienda muy pequeña. La sobrecapacidad de las fábricas de molienda en el mercado mundial dificulta el establecimiento de una industria de este tipo y su funcionamiento de forma rentable. El mercado nacional del chocolate es pequeño debido a la relativamente escasa población (17,5 millones en 2022) y al bajo consumo anual de cacao por habitante, de 300 gramos (datos de Anecacao), aunque otros lo estiman hasta en 800 gramos, lo que no permite que la creación de una industria de fabricación de chocolate a gran escala sea lucrativa. La producción local de molienda y de chocolate es baja en comparación con los estados vecinos, ya que solo entre un 5 y un 10 % de la cosecha se procesa en el país.

Según James Quiroz, investigador del Instituto Nacional de Investigaciones Agropecuarias (INIAP), la relación en la producción entre CCN-51 y nacional es de 2,5 a 1. La producción depende en un 80 % del manejo que se le dé y de la zona agroecológica en la que se encuentre, pudiendo variar en una proporción de 2 a 1, de mejor a peor zona. Apunta que en la actualidad la investigación está orientada a la búsqueda de perfiles aromáticos y productivos dirigidos a grandes empresas. Para el futuro las grandes compañías buscan sabores para las nuevas generaciones, para hacer un chocolate sin aditivos; «es la tendencia a lo natural», dice. En el INIAP esperan sacar en un período de diez años nuevas variedades con altos rendimientos y que tengan una elevada clasificación en la escala aromática.

Calendario de cosecha de cacao en diversas zonas



martes, 22 de agosto de 2023

Luwuk e islas Banggai (isla Peleng

 

Puerto de Leme Leme con las tripas de algunos barcos al descubierto

Sin tener ninguna información de adonde voy y como voy a ir, dejo mi pequeña maleta en el hotel de Luwuk y me voy caminando con una mochilita hasta el puerto. Allí tengo un diálogo de besugos para averiguar de donde, hacia donde y a que hora salen los barcos. La gente no habla inglés y lo que es peor, yo no hablo indonesio. Con el traductor DeepL del teléfono conseguimos medio entendernos y les doy las gracias por su paciencia y por aguantar todas mis preguntas. Al final me entero que hay dos puertos y que estoy en el equivocado. Me monto en una moto con motorista y me voy para allá.

Paisajes que me encuentro por el camino

Mi meta es ir a la isla Peleng, a Danau Paisu Pok, un sitio que todos nombran y que parece ser el destino turístico de esta isla. El viaje en barco tarda 3 horas y nada más llegar, una enfermera que iba echada cerca de mi (aquí no hay asientos sino literas con colchonetas) y que habla algo de inglés, me dice que la siga y me lleva a la única pensión (llamadas homestay) que hay en Leme Leme, que es como se llama este pueblo. En esta isla sólo hay luz de 6 de la tarde a 6 de la mañana. Pregunto para alquilar una moto y algo más tarde llega un señor que me trae su moto particular y me la alquila por 6 euros. Me doy una vuelta por el pueblo caminando y soy la atracción. Todo el mundo me llama míster, algo que sufriré también en Luwuk. No se de donde les viene esto, todos, sin excepción, te saludan, te dicen míster, y luego nada más, ya que no saben inglés. Alguno que sabe algo más, te pregunta de dónde eres y resulta más efectivo decir de Barcelona que de España, ya que es más conocido por el fútbol.

Todas las distancias se dan con el signo más o menos

Lo de la moto siempre es de las mejores experiencias en Indonesia. Me reconocen como extranjero ya que pedí un casco, algo que los hombres en esta isla no llevan, sólo las mujeres. La carretera es bastante estrecha, con paisajes exuberantes, palmerales sin fin, algunas plantas de cacao, yuca, plátanos y mucho bosque. Casi no hay tráfico así que me tengo que concentrar para conducir por la izquierda, lo que de vez en cuando se me olvida.


Llego a Danau Paisu Pok y la foto muestra porque es tan famoso. Para hacerle los honores me baño y como es agua dulce que viene de la montaña, me choca lo fría que está. Mi intención es seguir recorriendo con la moto hacia otras zonas, pero el día amenaza lluvia, así que voy regresando hacia Leme Leme, adonde llego justo antes que el cielo se descargue torrencialmente.

Como la predicción del tiempo amenaza lluvia también para el día siguiente decido regresar a Luwuk además de que la pensión es tan básica que duermo mal, algo raro en mí. He pasado aquí dos noches y me pregunto si ha valido la pena. El no hablar indonesio te limita muchísimo y te vuelve a la realidad de la ficción vivida en las islas Togean. Al día siguiente, por la mañana me monto en el barco y mientras espero que zarpe, veo no muy lejos una manda de delfines haciendo cabriolas en el aire y nadando en círculos.

Mi barco en Leme Leme esperando para zarpar

Una práctica habitual en Indonesia es utilizar dinamita para pescar por lo que hay lugares en que los corales están completamente destruidos. A todo ello hay que añadir que todo lo que sea residuo, orgánico o no, se tira al mar, lo cual se puede apreciar especialmente en los puertos. La ventaja de los lugares donde hay turismo es que ahí no se permite y además están utilizando estructuras que sumergen en el mar para fomentar que los corales se reproduzcan. Algo bueno tiene que tener el turismo.

Luwuk

Cuando regreso a Luwuk decido que ya es hora de volver a caminar ya que aquí, al ser una ciudad relativamente grande no pienso bañarme en el mar dado que está claro adónde va a parar toda la porquería. De mi hotel al centro hay 5 kilómetros, así que decido hacerlos andando.

Vista de Luwuk desde mi hotel

n esta ciudad, como en todas las ciudades de Indonesia que conozco, caminar y mirar es imposible, ya que puedes caerte por un agujero, tropezar con algo en el suelo, pisar un charco de agua putrefacta, tienes que subir y bajar continuamente de la acera en caso de que haya, sortear vehículos aparcados o puestos de vendedores ambulantes que te obligan a caminar por la carretera, todo ello como si fuera una carrera de obstáculos en el que eres el único competidor y el premio es llegar. La llamada de míster sigue estando a la orden del día, las motos te pitan para ofrecer llevarte y también los taxis. Y es que aquí nadie camina como pude comprobar en todo el recorrido en que sólo vi a un indonesio caminar y era para cruzar la calle de su tienda a lo que parecía su casa. Si no se ve, no se cree. Para cualquier cosa cogen la moto, aunque sea para hacer 50 metros. Además, la gasolina está muy barata, a unos 70 céntimos de euro.

En la ciudad no hay mucho que hacer y después de dar varias vueltas y hartarme de pitidos y místeres, me paro en el mercado donde me encuentro a dos motoristas jugando al ajedrez. Me quedo un rato viéndolos jugar y cuando me ofrecen echar una partida rehúso ya que juegan muy bien y me ganarían seguro. A pesar del calor ambos siguen llevando toda la parafernalia de guantes y pañuelo que normalmente llevan para que no les dé el sol y por eso tienen ese aspecto tan curioso.


Fumar es un deporte nacional y está permitido en todos los lugares, también en sitios cerrados como coches, barcos y restaurantes. No hay que olvidar que no hace tantos años en España también era así. La pregunta es cuánto tardarán en cambiar este tipo de hábitos, sobre todo los peores como la gran cantidad de plásticos que desechan y tiran a cualquier lugar, acabando en el mar. También el uso de insecticidas y herbicidas, que se escriben prácticamente igual que en español, parece que se hace sin excesivo control.


Una cosa que me gusta de los indonesios en general es que son gente buena, tranquila y me parecen en su mayoría muy honestos. Otra cosa es en sitios como en la hedonista y explotada Bali, donde el turismo masificado ha echado a perder a muchos de los lugareños. Esta sería la otra moneda del turismo, tal como lo tenemos en Canarias.

Indonesia es el cuarto país del mundo por población y el 14º por superficie, en las 6 mil islas habitadas. La esperanza de vida es de 67 años, por eso la jubilación, por lo que me contó una amiga a la que reencontré después de haberla conocido hace 11 años en Yakarta, es a los 58 años.

Puesto callejero de comida que surgen por doquier por la noche

Me voy con la sensación de que deberé volver, por un lado, con contactos para averiguar más sobre el cacao a lo que le he dedicado poco tiempo. Y por otro lado para seguir explorando tantas islas que me quedan por ver. ¡Pero tendré que aprender aunque sea un indonesio básico antes!


Selamat Datang: bienvenidos a Leme Leme

sábado, 19 de agosto de 2023

Malenge y Kadidiri

 

Viajando hacia Malenge en el ferry 

De nuevo cogemos el barco lento que nos recoge en nuestra isla y se dirige hacia Dolong, la última isla en su largo recorrido desde Ampana, viaje que hace un día de ida y otro de vuelta, menos los viernes, que es su festivo. La penúltima parada es Malenge, nuestro destino. En el barco ya vas conociendo gente, un par de españoles, algunos franceses, holandeses, que se van quedando desperdigados por las islas donde vamos parando, los indonesios con los que cuesta relacionarse y nos observan sonriendo.

Llegamos a Malenge y la primera noche me quedo en una cabaña que no me gusta mucho, pero al día siguiente me cambio a la cabaña presidencial que sólo cuesta 6 euros más y estoy encantado.

Cabaña presidencial

A las Togean se debe venir si lo que quieres es nadar en un acuario, con peces y pececitos y unos corales increíbles. Los verdes de los corales me recuerdan a los de Timor del Este y las gorgonias que hay en un puente cercano son las más grandes, coloridas y bonitas que he visto en mi vida. Me recuerda algo que leí, que es como si a una niña le hubieran dado una paleta de colores y se hubiera dedicado a pintar el fondo.

Para rematar, esta vez consigo ver el pez mandarín, que no es más grande que mi pulgar, que vive escondido en unos corales amarillos donde desaparece cuando te acercas y sólo sale a partir de las 4 y media de la tarde, cuando ya el sol no le da de lleno. A pesar de lo pequeño que es, cuando lo consigues ver entiendes porque le llaman mandarín, ya que tiene los colores de los desfiles festivos chinos. Otra novedad que consigo ver es una pareja de caballitos de mar, que me sorprenden por lo grande que son, ya que me los imaginaba más pequeños. Los dueños del lugar están super excitados porque han visto los dos caballitos de mar entrelazados por la cola y esperan poder tener pronto descendencia (un holandés los filmó y todos pudimos ver el acto). Como no teníamos internet no pudimos confirmar si esa era la manera de reproducirse o si es que estaban bailando, pero ahora que si tengo, he visto que es exactamente así como lo hacen.

Foto de un pez mandarín tomada de internet

Me dejo convencer para ir en un bote con otros extranjeros a otros sitios de buceo con tubo, que al final no me parecen más bonitos que los que hay al lado de Malenge. Para comer vamos a una playa, esta si, preciosa, desde donde se puede ir caminando hasta un lago interior donde hay medusas que no pican. Esto se debe a que cuando se formó el lago, quien sabe hace cuantos miles de años, las medusas no habían todavía desarrollado su sistema de defensa. Al no estar en contacto con el exterior ya que recibe el agua salada por intrusión marina, hay miles de medusas que nadan todo el día de arriba para abajo y que cuando te tocan son inofensivas. Otro ejemplo de la teoría de la evolución de las especies.

El regreso en el barco se me hace interminable y me alegro de volverme a tumbar en mi hamaca, mientras saludo a la pareja de Gran Canaria, Santi y Claudia, que ya me encontré en el anterior viaje en el barco y que ahora también han recalado aquí.


En la parte de atrás de las cabañas, donde se come, hay una especie de lago, que fue elegido como la portada del libro sobre Indonesia de Lonely Planet. He intentado imitarla con mi foto.

No hay internet, no hay teléfono, no hay tele y sólo hay corriente de 6 de la tarde hasta las 12 de la noche, aunque por mí, después de cargar el portátil, a las 9 ya la podrían cortar, porque a esa hora me duermo para levantarme a las seis para ir a saludar al mandarín. Es como volver atrás en el tiempo, aunque sea por unos días pero es interesante ver como cambia tus hábitos.

Esta isla también es conocida por su puente de madera de 1 km de largo que comunica 2 pueblos bajau. Fue un proyecto del gobierno que lo construyó junto con unas cabañas de turismo, pero el proyecto ha quedado abandonado y el puente se va deteriorando, con muchos tramos donde para pasar hay que balancearse sobre finos bambús que la gente va poniendo para reponer las maderas rotas y que utilizan sobre todo los niños para ir a la escuela. Mientras, los bajau van de un lado a otro en sus destartalados barquitos.


Por la noche, sobre las 7, sirven la cena y es el momento de socializar y hablar todos los idiomas que uno sepa, aunque al final el inglés es el que predomina, como lengua común. En la mesa hay holandeses, francesas, canarios, un catalán y Mattías, que sacó la foto.

Me he hecho una pequeña herida en el muslo con un coral, que enseguida se infecta. Además me he torcido el tobillo jugando al ping pong, con lo que voy medio cojeando todo el día, menos en el agua. Menos mal que llevo un par de medicinas caducadas en mi equipaje, que tengo de mis anteriores trabajos, así que me voy curando lo uno y lo otro y parece que todavía funcionan.


Entre cuatro decidimos contratar a un pescador bajau, para acompañarlo en su pesca. La idea es que vamos con el en la barca hasta su lugar de pesca y luego mientras baja a pulmón con su arpón, nosotros desde arriba lo vemos. La técnica que tienen para bajar hasta el fondo, a unos 10 m en su caso, es admirable y normalmente llegan a aguantar hasta 6 minutos bajo el agua. Llevan guantes y se aferran a un coral, quietos, esperando que pase un pez para dispararle. Por desgracia, nuestro pescador se alegró tanto del encargo y del dinero que le íbamos a pagar que la noche anterior se emborrachó con el famoso arak y estaba pagando las consecuencias ya que no aguantaba en la inmersión. Al cabo de un par de horas dimos por terminada la experiencia con sólo un ejemplar arponeado y con la impresión de que tienen esta zona bastante esquilmada ya que no se veían casi peces de un tamaño medio.

Kadidiri

La gente, o sea los turistas, hacen aquí lo que se llama Island hopping, o sea, van de una isla a otra, quedándose un par de días en cada una. Por eso, cuando la gente con la que había coincidido en Malenge deciden marcharse, yo también lo hago y decido irme a la isla Kadidiri, al mismo lugar donde me quedé hace 10 años. Dicen que segundas partes nunca fueron buenas y así fue.


Así como los bungalows de las anteriores islas destacaban por su sencillez, Kadidiri Paradise destaca porque construido muchas cabañas nuevas, algunas de lujo, ofrecen internet y tienen unas instalaciones que superan el nivel de la mayoría. Intento quedarme en otro hotel que está al lado, Lestari, mucho más sencillo pero está lleno y no me queda más remedio que quedarme en este. Recuerdo más o menos donde estaba la cabaña en la que me quedaba, lo pequeño que era todo y me quedo sorprendido de lo que ha crecido. Para mi ha perdido su esencia, pero por el tipo de turistas que veo aquí creo que a la mayoría les gusta. A pesar de todo, alguna de la gente con la que hablo se queja de que hay ratas en las habitaciones. Alguna gente está horrorizada y aunque yo no las he tenido en ningún lugar en esta ocasión, sé lo molesto que es cuando las oyes royendo algo por la noche.


A pesar de ello, el fondo marino en cuanto a los corales -más de quinientas especies diferentes-  y peces que puedes ver, es maravilloso. Desde el pantalán puedes ver a los pequeños tiburones de punta negra que vienen a comer a los corales, desde pude ver también un pulpo que se camuflaba perfectamente con el entorno y nadando me encontré con una manta águila de tamaño considerable.


Veo a un francés que está jugando al ajedrez y cuando me pongo a mirar me dice que podemos jugar más tarde. Quedamos para después de comer y en el total de 8 partidas que jugamos entre ese día y al siguiente quedamos empatados. Como es mejor jugador que yo me quedo contento.

Conozco a un grupo de 4 catalanes, una pareja y sus respectivas hermanas, que han contratado un bote para el sábado para ir a Bunta, que queda a mitad de camino hacia Luwuk el cual también es mi destino. Aunque se que estas aventuras pueden salir mal en caso de que haya mal tiempo o falle el motor del barquito, al final me decido y así compartimos gastos. La experiencia sale bien ya que el motor no se estropea y el mar acompaña siendo un espejo. Al llegar a Bunta ya hay un coche que nos está esperando para llevarnos a Luwuk. El chofer con una mano va mandando mensaje por el whatsapp y con la otra fuma y conduce, mientras también se encarga de deleitarnos poniendo canciones románticas en su radio. Finalmente le decimos que no puede conducir y mandar textos a la vez y nos hace caso, aunque de castigo nos quita la música.

Rumbo a Bunta

Con este viaje gano un día para ir a las islas Banggai, por las que siento curiosidad ya que no salen en las guías turísticas.

Atrás se queda el pantalán


 

jueves, 17 de agosto de 2023

De Ampana a Poya Lisa

 

Embarcadero de Ampana con barcos de madera

En el embarcadero de Ampana, con Mattias nos alegramos de haber optado por la opción más lenta pero mucho más colorida de los barcos de madera. Además, somos los únicos extranjeros, lo que hace que toda la atención de la gente local se centre en nosotros. Parece que el resto de turistas escogen la opción del speed boot, que sale de otro puerto. En el barco podemos ir sentados en el techo, aunque Mattias lo pagará con una pequeña insolación en la cara y unas rodillas rojas como tomates. Mientras esperamos la salida, van cargando el barco con cajas, sacos de verduras y motocicletas, sin la cual un indonesio no es tal.

Poblado de pescadores Bajau cerca de Ampana

No me puedo resistir a poner las imágenes del puerto, donde el color del agua, de las casas sobre pivotes, donde viven los pescadores de la etnia Bajau, las palmeras de fondo, todo me parece como postales que se mecen al vaivén de la brisa del mar.

Caseta de pescadores

Por fin salimos, la mar está como un plato y el día sin viento. Cerca de la costa hay una caseta en el mar, para pescar donde hay más fondo.

El barco va a su ritmo, parando en algunos pueblos donde la descarga de las mercancías hace que el viaje se ralentice. En el trayecto vemos a alguna mujer completamente cubierta con velo, tanto viajando en el barco como en los pueblos, también niñas a las que acostumbran desde pequeñas, y aunque uno intenta ser respetuoso con las costumbres ajenas, cuesta imaginar que ellas se conformen con esta situación, más viendo a tanto turista desinhibido. Si además tenemos en cuenta el calor todavía se hace más difícil de imaginar que no se sientan dentro de su ropaje como en una cárcel en semilibertad vigilada.

Embarcadero de Poya Lisa

Al mediodía llego a mi destino, una isla que se llama Poya Lisa (se puede constatar en internet), mi isla número 123. Y en honor a la verdad debo decir que la isla es la poya y además es lisa, ya que su máxima altura no debe tener más de 5 msnm. 

En el embarcadero hay un banco de sardinas pequeñas residentes y por debajo se mueven algunos peces más grandes que la gente del lugar intentan capturar, en lo que se pueden pasar horas. Cuando buceas dentro de un banco de estos, pierdes la noción del espacio ya que de forma sincronizada se apartan cuando te sumerges y te envuelven según vas avanzando y dejas de saber donde está arriba y abajo, hasta que vuelves a salir a la superficie.

Mi cabaña con puesta de sol, hamaca en el balcón y suelo de madera. ¡Que más se puede pedir!

Vista del embarcadero desde mi cabaña. Al fondo el pueblo de Bomba

Hay unas cuantas cabañas desperdigadas en una superficie que no creo que llegue a media hectárea. Es algo alargada y yo me he cogido una que está en el punto más alto y que tiene vistas al amanecer y a la puesta de sol. Un lujo que sólo cuesta 3 euros más que otras que sólo tienen una vista.

Mattías, el austríaco, es bastante simpático y parlanchín y con el que, aunque le doblo la edad, nos entendemos muy bien. En la isla nos recibe Abo, una mujer indonesia que trabajaba en el mismo lugar donde me quedé la otra vez que vine a las Togean en 2012. Tiene una risa tan bonita que intento hacer algo el payaso para verla y oírla reírse. Quedamos que nos haga de guía en un trayecto por el bosque y que nos enseñe algunas plantas de cacao, lo cual, junto con su risa es suficiente para hacerme feliz. La excursión por lo que ellos llaman la jungla, pero que no deja de ser un bosque con algunos frutales comestibles, está muy bien. En el trayecto nos enseña cómo se produce azúcar de una palma que se encuentra en la zona y plantas de cacao que están semi abandonadas. Como hay algunos frutales que no dan frutos, cojo un palo y les doy unos golpes, lo que a Abo le hace mucha gracia. Le explico la parte científica pero no se si queda muy convencida. El año que viene debería dar frutos pero yo ya no lo sabré, esperemos que si.

Abo enseñándonos una sustancia que se recoge de un árbol que antes utilizaban para alumbrarse

La isla (la llamaré así para no repetir el nombre), con marea alta se convierte en dos. Sólo estamos nosotros dos y un alemán por lo que no hay problema para entendernos perfectamente. Georg, el alemán, lleva algunos años viajando en bicicleta por el mundo, aunque para venir aquí la ha dejado en Yakarta. Tenemos luz de 6 de la tarde a 6 de la mañana, gracias a la conexión con la isla Bomba, que está cerca, todo un lujo por estos lugares. Como nos parece que el pueblo principal de Bomba está cerca nos vamos Mattias y yo nadando. Llegamos agotados y la gente nos dice que en los manglares que hemos pasado hay cocodrilos, aunque al parecer atacan más bien de noche. El mes pasado parece ser que mataron a 2 locales en un pueblo cercano. Así que, por si acaso, buscamos por el pueblo a alguien que nos regrese en bote a nuestra isla y le pagamos generosamente.

Embarcadero cercano a Wakai, donde avisan de la presencia de cocodrilos

Cerca de donde estamos vemos este enorme pájaro, pendiente de cazar algo en el agua. Yo pensé que era una garza grande pero mi amigo Fran, que es el que entiende de esto y a quien le mando la foto, me dice que es un Ibis.

Ibis

Todo esto es muy bonito, pero en realidad es una ilusión. Todo lo que haces al cabo del día es tirarte en la hamaca, lavar las gafas de buceo, ir a comer 3 veces al día, nadar entre corales y dormir como un lirón por la noche. Las comidas están incluidas en el precio del bungalow ya que las islas donde están estos pequeños complejos, están deshabitadas y no hay donde ir a comer ni comprar nada. Creo que lo hacen así porque quieren separar a los turistas de las poblaciones, mayoritariamente musulmanas, y así mantenerlas alejadas de la influencia y costumbres libertinas occidentales. El precio de todo incluido por día y persona es de 25 a 30 euros. Lo dicho, una ilusión.

Como tanto Mattías como Georg quieren irse a otra isla y no quiero quedarme solo, decido también irme, aunque pienso que quizás me arrepienta ya que estoy muy a gusto aquí. Por suerte no es así. Decidimos en el último momento con Matías irnos a la isla Malenge, mientras que Georg va a Kadidiri, donde ya estuve en mi anterior viaje.


Parte del poblado de la isla Bomba, con los islotes de Poya Lisa al fondo


Rumbo a Malenge