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domingo, 10 de junio de 2018

Inle Lake





Los hombres y mujeres llevan una especie de falda (longhi) que les llega hasta los pies. En realidad, es como un saco sin fondo, donde una vez dentro se la ajustan al cuerpo en plan toalla. Seguro que para meditar en un templo es muy cómoda y es mucho más apropiada para el calor que los pantalones, pero para el trabajo de la vida moderna, en una obra o en el campo, es un engorro. Los hombres, cuando tienen que hacer algún trabajo de fuerza, se arremangan el longhi hasta la rodilla y la tela que han enrollado se la rebufan literalmente debajo de los huevos, en un movimiento rápido después de años de entreno y que se asemeja al movimiento que hacen los elefantes con su trompa cuando se introducen comida en la boca. A los 2 minutos ya se les ha caído el rebufo y vuelta a empezar y así todo el día.



La mejor manera que tengo de ver los lugares es ir en bici y eso hago tanto en Rangun, donde hago un recorrido con “Unchartered tours”, yendo a dos islas cercanas a la capital, como en Inle Lake, en el que voy por mi cuenta recorriendo sus bordes varias veces, admirándome del agua, los pescadores y los cultivos.


Mientras me paseo por el lago la gente no me hace mucho caso y siguen con sus faenas



El lago es el sitio que más me gusto y donde me podía haber quedado tranquilamente más tiempo. En los bordes del lago hay una maraña de canales, como si fuera una Venecia rural, donde la gente vive en casas de madera, bajo los cuales guardan sus largos botes de madera, y que están cerca de sus huertos flotantes.



Es increíble ver la gran cantidad de tomates que cada día remontan el canal de entrada a la ciudad, donde son puestos en cajas y distribuidos al resto del país. Este cultivo tiene la gran ventaja de que en época seca como ahora no necesita riego ya que sus raíces, al estar en el agua, pueden tomar la que necesiten, por lo que estos agricultores producen sin costes de bombeo ni sistema de riego, siendo competitivos frente a otros agricultores.




Son famosos los pescadores que cada uno en su bote, mientras va sacando las redes del agua, con el pie van remando para facilitarse la tarea.

En una excursión de medio día, en la que compartí el bote con una austriaca, nuestros barqueros eran dos niños de 14 y 12 años de edad, pero que lo manejaban como si tuvieran 30



Es famosos en el lago ir al mercado que va rotando semanalmente en 7 pueblos a su alrededor, a donde llegan los vendedores de los pueblos de las montañas a ofrecer sus productos y los lugareños vienen a comprar en sus botes.





Parte de la atracción turística son las mujeres jirafa, o long neck, una práctica que ya no se realiza desde hace varios años en algunas de las zonas montañosas alrededor del lago, pero que se sigue mostrando para los turistas






lunes, 4 de junio de 2018

Birmania (Myanmar)






Este país, Birmania, me quedó pendiente de mi último viaje hace 7 años, así como Chiang Mai, en Tailandia, así que aproveché para ver ambos lugares. Chiang Mai no me dio ni frio ni calor, en cambio Birmania, sí.

De Chang Mai a Myanmar fui en bus, lo que fue un regalo por lo bonito del paisaje comparado con la parte tan llanamente aburrida de Camboya donde vivo. Quería pasar el puente entre ambos países, 400 metros caminando, aunque nada que ver con el inigualable puente entre Panamá y Costa Rica. Pasar fronteras a pie suele tener algo de aventura, aunque en este caso todo fue como un guante. El oficial de inmigración en Myanmar fue muy amable y me regaló incluso un refresco.

Mi primer destino era Mawlamyne y no sabía si podría llegar en el día, pero si, nada más cruzar me conseguí un taxi compartido que voló por la carretera y llegó antes del anochecer a mi destino.
La carretera, en casi toda su extensión en construcción y mejora, antes era de una sola vía y para evitar atascos solo dejaban circular un día en un sentido y un día en el otro. Todavía siguen habiendo algunos pasos bastante precarios.




Por la noche ceno en un puesto del mercado nocturno, al borde del río, y me gusta la comida, lo que ya es buena señal. Aunque la ciudad tiene algunas casas coloniales de la época, no acaba de darme una idea de lo que inspiró a George Orwell y Rudyard Kipling a escribir sus famosos poemas en Myanmar.

Mawlamyne y vista de la cárcel construida por los ingleses


Ahora es temporada baja y todo el rato tengo la sensación de ser el único turista, tanto en el bus como en el hotel. Me cojo un motorista que por un precio módico me lleva a ver varias cosas, insistiendo en que vaya a los monasterios donde me dice que algunos extranjeros se quedan hasta 10 años meditando. Va a toda pastilla con su moto y cuando le digo que corre demasiado, sólo se ríe. Si vais y os contacta Mr. Zaw Win, que es como se llama, no os montéis con él.

Mr Zaw Win. Debajo del casco me asoma un trozo de cartón que el jodido me puso para que no se lo sudara y al final quedó hecho una pasta y mi frente toda entumecida !!

Mi primera impresión del país es de que está en plena construcción, casas y edificios por todas partes, así como nuevas carreteras y ampliaciones de las existentes. De aquí me voy a Mandalay porque todavía no tengo muy claro que hacer ni adonde ir. Me cuesta decidirme por los sitios famosos por las reliquias y templos budistas, que de todas formas están por todas partes, ya que ni entiendo esta cultura pasada, ni la presente, mayoritariamente budista, que te obliga a descalzarte en los templos y por otra parte no tiene ningún reparo en expulsar y matar a los rohingas de su país. En Mandalay es donde al parecer el movimiento anti musulmán es más fuerte, con uno de los líderes budistas de la ciudad al frente, aunque de esto yo no veo nada, sólo es lo que leo.

Uno de los caóticos puertos de Mandalay, donde te puedes embarcar hacia Mingun

Es la época más caliente del ano, y en Mandalay la temperatura llega a los 40 grados. Me alquilo una bicicleta y mientras pedaleo por la ciudad los labios se me quedan pegados cuando dejo de humedecerlos con la lengua.

Mawlamyne



Iba a ser la base para el buda mas grandel mundo y se ha quedado en una de las mayores aglomeraciones de ladrillos existente (Mingun)

Pájaro - león herido de muerte por la naturaleza (Mingun)
Y en Birmania volví a encontrarme con numerosos y enormes ejemplares de nim, dando sombra y bajo los cuales daba gusto tomarse un buen jugo de cana (Mingun)

sábado, 26 de mayo de 2018

Myanmar




Después de haber abandonado toda posibilidad de entender la escritura camboyana, que consiste en una serie de gusanitos que se retuercen y contorsionan para formar las diferentes palabras, en Myanmar, para que la gente se pueda entender leyendo, usan caracoles. Algunos de los caracoles están encerrados en cajitas, seguramente castigados por los militares por algo que no les pareció, como lo de los Rohingas.



Como no entiendo nada de los letreros, no sé si dicen hola o adiós. En otros, como en algunos templos, lo ponen además en inglés por si quieres donar alguno de los materiales para seguir construyendo el mayor buda del mundo (Mawlamyne)

Buda gigante cerca de Mawlamyne
Como no creo en las religiones (no me quiero extender en esto, que me pierdo) es quizás por lo que me fijo más en sus contradicciones que en sus posibles bondades. Todo lo que se base en creencias, tan fácilmente manipulables me resulta altamente sospechoso, tanto si son los supuestos pelos de Buda que están en algunas de las pagodas del país, como las imágenes talladas que milagrosamente aparecían en las costas latinoamericanas. Por eso casi no he visitado templos, al igual que no voy a iglesias ni catedrales, y si lo hago, es porque me llaman la atención arquitectónicamente.

Templo en Mingun
Prefiero y disfruto mucho más de andar entre la gente, retratarlos cuando no me ven, de sentarme a tomar un café y observarlos, de verlos pastorear un rebano (se llama así) de patos. Y siempre que me hablan de las Sagrada Escrituras, sean de la religión que sean, la biblia o cualquier otro documento escrito hace al menos un par de miles de años, siempre pienso que a todos ellos les falta una frase al final que los unifique: Y colorín colorado, este cuento se ha acabado.



Monje (Mingun)


Fumando (Inthein)



Volviendo del mercado (Inle Lake)

La próxima semana más ....

sábado, 14 de abril de 2018

Happy Khmer new year



El ano del perro

Estamos en el año 2562 según el calendario budista, hace poco celebré el 2018 nuestro y aquí el mes pasado fue el año 4715 de los chinos, y es que los camboyanos se apuntan a cualquier fiesta, ya que con su mezcla de culturas son un poco de todo, además de hacerles la fiesta a los turistas que vienen.

Con tanto descontrol de fechas realmente me siento en el futuro, así que miro para atrás y me pregunto qué hago aquí, mientras que en el normal ejercicio de coherencia que me caracteriza y de donde dije digo, digo Diego, estoy empezando a tramitar ya mi renovación de contrato para más allá de agosto de este año …. (ya no me atrevo a poner ningún número).

Pienso en lo de la coherencia y me digo que será que me hago mayor, lo que me recuerda a Ermengol, quien siempre me decía que cuando me levantara temprano, es que me habría hecho mayor. Pues efectivamente, así es.

Todo esto lo he decidido y pensado en las últimas dos semanas, después de regresar de mi corto viaje, primero a Catalunya, donde me emborraché de catalán y comida, y luego a Tenerife, con toda la cantidad de amigxs y la fiesta en la playa de Bajamar.


Nada más regresar a Camboya, me instalé en el apartamento que he alquilado en Siem Reap, con suelo de madera y piscina, dos cosas que me encantan. También he recuperado mi bicicleta china rojita, que dejé aparcada en Siem Reap y con la que vuelvo a salir todos los fines de semana a dar vueltas, a comprar, a ver el campo y también a la oficina cuando estoy aquí. Es verdad que es peligroso con la forma de conducir de aquí, pero intento alejarme del centro donde el tráfico es menos denso. También debo reconocer que, aunque me queje, la forma caótica de conducir de aquí tiene su encanto en el riesgo y que de alguna manera me atrae.

En Serei Sisophon, donde ahora trabajo 4 días a la semana y duermo tres noches, también me he cambiado de casa, de la mansión que tenía a un pequeño apartamento, donde la otra noche me visitó un geko que con sus sonidos estridentes no me dejaba dormir.

Siem Reap, donde duermo las otras 4 noches y paso el fin de semana, además de trabajar un día, normalmente los lunes en la oficina que tenemos aquí, tampoco es que sea una gran maravilla, pero me permite vivir en el anonimato que me gusta, ir a comprar al supermercado y escoger productos de mejor calidad que en el mercado normal, con los precios puestos y con algunos productos de Europa, aunque caros. Hoy quise comprar queso manchego y un taco de 150 gramos estaba a 5 euros. Me pareció algo abusivo. Lo compraré mañana. Y así es en los negocios de aquí, que florecen y aparecen por cualquier sitio de una semana a la otra, en un dinamismo difícil de entender en nuestro país. El análisis casero que hacíamos con un colega alemán es que los precios, aunque baratos, permiten obtener al dueño grandes beneficios ya que los salarios son mucho más bajos. Por ejemplo, mientras una comida sencilla puede costar unos 2 euros (o sea unas 4 veces menos que una comida de ese tipo en España), el cocinero recibe un salario de unos 70 euros, o sea al menos 10 veces menos que allá. Efectos colateralesUno de mis cometidos aquí es hacer la agricultura más sostenible. Por eso hemos empezado a fomentar con los agricultores de yuca, el plantar abonos verdes, como la Crotolaria, y un par de agricultores ya la han sembrado. Estas plantas deben incorporarse al suelo cuando empiezan a florecer, para que dejen todo el nitrógeno que han fijado. Si florecen, vuelven a consumir nitrógeno, y entonces pierden parte de su valor como abonado. Pero a la gente de aquí les encantan las flores, así que a un agricultor que ha plantado un gran campo, se le presentan vecinos del pueblo que se quieren hacer fotos entre las flores amarillas y les ha empezado a cobrar por cada foto 500 KHR, que son unos 10 céntimos de euro. La consecuencia es que no incorpora las plantas florecidas porque tiene clientela (hemos calculado que se han hecho unas 600 fotos en su campo) pero a cambio e ha ganado unos 60 euros, que son un 10% de sus costes de producción del siguiente cultivo. Ahora nos está pidiendo plantas de otros colores. Lo dicho, efectos colaterales e inesperados. 
 

 Hace unos días fui a un pueblo a unos 50 km de donde vivo. A la vuelta vimos como ponían tierra sobre un montón de sangre que había en la carretera y unos monjes empezaban sus plegarias. Otro muerto. Poco después vimos que había chocado un motocultor con una moto. Y al rato, un motorista, paró en el arcén y se cayó, ya que estaba completamente borracho, a las 12 del mediodía. Unos días más tarde moría cerca de este mismo lugar uno de los técnicos del gobierno con el que yo más trabajaba. Esto, para contrarrestar lo de la atracción del riesgo. 
Me sigue alucinando los medios de trasnporte 


                              Próximo destino: Islas del sur de Camboya y Myanmar

domingo, 4 de febrero de 2018

Camboya, si, Camboya no

Agricultora en uno de los campos de demostración

Ya llevo casi 18 meses en Camboya que se dice pronto. Dentro de poco ya toca decidir si quiero seguir 1 o 2 años más o si me voy con mi cuento a otra parte.

Toca sopesar entre la seguridad que significa quedarse en un sitio ya conocido y donde ya dominas las cosas cotidianas o la incertidumbre de una nueva aventura, un nuevo lugar, otro país y costumbres y otro ámbito de trabajo. Nunca sabes si lo que está por venir será mejor o peor aunque a este respecto he aprendido que todo es posible.

Pero quizás, porque ya empiezo a estar inmerso en darle vueltas a todo, es que me fijo más en la gente, en sus caras impertérritas sin mostrar emociones, su voz chillona, pero también en general su honestidad, su sonrisa constante.



Mi teoría de porque los camboyanos comen tanto y a tantas horas es que se debe a la época de los khmer rouge (1975-79) en que la mayoría de la población sufrió de hambre, ya que sólo les permitían 2 comidas al día. Este trauma quedó en su subconsciente y esa generación ha seguido enseñando a sus hijxs que hay que comer siempre que se tenga ocasión y tanto como se pueda. A medida que el nivel cultural y económico aumente, esta costumbre irá cambiando a actitudes más sanas y naturales.

Si siempre dije que en Nicaragua cada nicaragüense lleva un poeta dentro (un Rubén Darío chiquitito), en Camboya hay un pescadorcito en cada uno de ellos. La tierra, cuando es época de lluvias se convierte en un solo lago, con los arrozales encharcados y con canales que llevan agua de un lado a otro y por donde se mueven los peces. Ahora que es época seca y ha bajado el agua, niños, mayores y ancianos se meten en los charcos a buscar los últimos peces que quedan.


Ahora es tiempo de bodas y en cada esquina parece que se casa alguien. Ocupan media calle o la calle entera, según la importancia de la familia y no dejan dormir al vecindario, aunque a ellos no parece molestarles. Para los extranjeros son tan inaguantable los cánticos repetitivos amplificados por enorme altavoces a partir de las 5 de la mañana que algunos optan por irse a un hotel los 2 días que suele durar la boda. En mi caso, aunque a veces me despiertan, luego me vuelvo a dormir a ratos, aunque esta semana pasada fue horrible con una boda tras otra.



Muy a menudo sigo viendo accidentes en la carretera. Al mes mueren 150 camboyanos (y algún que otro extranjero) y 500 quedan heridos por accidentes de tráfico. Es mi preocupación más grande aquí, sobre todo cuando yo conduzco mi moto, pero también cuando voy en taxi o en bus. Esta semana el único semáforo de mi ciudad se ha estropeado. Si antes ya era difícil se cruce ya que sólo un 70% de los vehículos respetan el semáforo, ahora el caos es total, y aunque el tráfico es fluido no se respeta ya ninguna de las normas de circulación nuestras, ya que ellos las desconocen por completo.
Por eso, cuando vaya el mes que viene a España no voy a alquilar un coche ya que me he acostumbrado tanto a conducir en contra sentido y en los cruces en diagonal, que no creo que por unos pocos días valga la pena volver a reacostumbrarme.



Hace unos días fuimos  a ver unas minas artesanales de zafiros, en la frontera con Tailandia. El propietario del terreno donde se han encontrado zafiros alquila parcelas de unos 10 m2 a buscadores artesanales quienes metidos en el fango van extrayendo tierra, que después en unos cajones con malla van lavando hasta que quedan pequeñas piedras, entre las que se pueden encontrar pequeños zafiros. Por la pinta que tienen no parece que sea un buen negocio

Buscando zafiros



En las cascadas de Pailin encontramos esta Mantis con forma de hoja

sábado, 2 de diciembre de 2017

BANDA – SULAWESI


Después de un viaje algo aburrido duermo en Ambon en el homestay de Michael, al lado del aeropuerto. Por la mañana me consigue una moto con chofer que me lleva hasta el puerto de Tulehu para embarcarme hacia las islas Banda. Son unos 40 km montado en una vespino con la maleta y un indonesio conduciendo a toda leche. Como a la misma hora sale también el barco para la isla de Saparua, donde hacía tiempo que quería ir, en algo poco típico para mí, cambio de planes y me voy a esta isla. Me viene bien estar un par de días tranquilo para recuperarme del golpazo aunque al final me acabo yendo a pasar el día con unos franceses a una isla desierta, Molana, que está genial con un coral magnífico y miles de peces. Al día siguiente me alquilo una moto y doy la vuelta a la isla. Aunque la isla es bonita casi no tiene infraestructura por lo que se hace difícil moverse por ella. Un paraíso todavía por ser descubierto!!
Descubriendo Saparua en moto
Por la mañana veo en el hotel las noticias en la tele y aunque no entiendo nada de indonesio, no dejan de repetir Catalonia y Puigdemont. Ahora, algunos indonesios cuando les digo que soy de Barcelona ya no sólo me hablan de fútbol sino también del intento de independencia.
A la vuelta de la isla, como llego otra vez al puerto donde sólo dos días a la semana sale un barco para las islas Banda, esta vez, también en el último momento, me decido a ir y consigo llegar a Pulau Hatta ya por la tarde. Allí me alojo en la misma cabaña que la otra vez, donde el pescador Supri, quien cuando se toma un par de cervezas, o incluso sin, trae su guitarra y se pone a cantar, lo que convierte mi cabaña en el centro de reunión de esta parte de la isla.
Supri amenizando
En mi primera inmersión en la isla, un trigger fish me ataca traicioneramente por la espalda y me muerde en el tobillo. Como llevo unos escarpines de neopreno no me hace herida aunque me deja marcados los dientes. Durante los siguientes 2-3 días estas bestias me intentarán morder varias veces hasta que consigo dominar a que profundidades se mueven y por donde nadar. Todo y así, casi consiguen amargarme al tener que estar siempre mirando para atrás por si no has visto a alguno. Quizás una solución sea adaptar un retrovisor a las gafas de buceo. A pesar de ello, me lo paso tan bien en el agua que en algún momento pienso que en mi vida anterior debí ser al menos un pulpo o similar.
La bestia
Aunque mi idea al venir a las islas Banda era bucear con botella para ver tiburones martillo, al final decido que no lo voy a hacer. Después de oír a los otros buceadores no me apetece estar una hora en el azul, esperando para ver un par de tiburones martillo durante un par de minutos.
En esta isla me encuentro al fin con un par de españoles y nos tomamos unas cervezas juntos. Cuando salen de mi cabaña, que está a 1 metro sobre el suelo, como los escalones son desiguales en altura, los dos se caen aunque por la poca altura y por ser el suelo de arena no se hacen daño. La chica queda con la cara emplastada en la arena.  Nos descojonamos de la risa, ellos también, e intentamos averiguar si la caída fue por los escalone so por las cervezas. Por la noche, solo en la cama, no puedo parar de reírme.
Al día siguiente por la mañana, una gringa de California con la que hablé un par de veces, me pide si puede entrar en un momento a mi cabaña para ir al baño. Le digo que sí y al salir, charlamos un rato sobre de donde somos, de dónde venimos y adónde vamos. Cuando se despide, me dice que es de Sausalito, me olvido de avisarle de las escaleras y dicho y hecho, se gira y como un sausalito se pega una leche igual contra el suelo como los demás, dejando la cara marcada en el mismo sitio que la española. En ese momento no me río, pero después, y sobre todo cuando vienen los españoles por la noche, no nos podemos aguantar. Incluso barajamos la idea de poner una cámara oculta e invitar a más gente a mi cabaña.
Nunca se sabe cómo vas o regresas de una de estas islas pequeñas. Los españoles se van con el barco público, que cuando le da no sale, como el día en el que yo me voy, por lo que lo hago con un bote que pasa por ahí de casualidad. Mi contribución al medio ambiente en la isla ha sido que he pasado una semana con un barril de unos 50 litros de agua dulce, de la que me ha sobrado agua para usar en el wáter. Y es que de tanto estar en el agua nadando no hace falta bañarse, digo yo.

En el bote comparo mis pies con los de mis vecinas. Las uñas no las cambio.
Antes de irme, vendo a un precio simbólico a Rifki, el hijo de Supri, mi hamaca que tanto le gustó. Desde Bandaneira, después de otras 7 horas en barco hasta llegar a Ambon, me voy otra vez tras una hora en moto hasta el homestay de Michael.
Al día siguiente vuelo a Makassar y me voy en taxi a coger un bus hasta Bira, mi último destino. Allí me alquilo una moto y me recorro parte del litoral y me embobo viendo los enormes barcos de madera que construyen aquí, verdaderas obras de arte.
Bira, con sus playas de palmeras me recuerda al litoral norte de Mozambique, camino de Tanzania, con sus colores, palmeras, cabras y mar turquesa, todo lo que en su momento tan poco pude disfrutar.

Palmeral deBira
 
El barco público de Hatta a Bandaneira: aunque no parezca, siempre caben más pasajeros
Construcción de barcos de madera en Bira


  

Próximo destino: A saber ¡!

jueves, 23 de noviembre de 2017

RAJA AMPAT (4 reyes) - INDONESIA

Wayag
Vuelvo a algunos sitios en los que ya estuve en abril de este año, y me encanta recorrer los lugares ya conocidos, con el sudor corriendo desbocado por la espalda, volver a comer en el mismo puesto callejero de entonces, con la boca quemándote por el sambal, la salsa picante que le ponen a todo, pero a la que no me puedo resistir.
Por fin, me embarco en el barco de Deni, el Adventurer (ver en Facebook: Deni rajaampat), somos 7 turistas y 5 de tripulación. Serán 10 días de islas y agua, de bucear y sumergirte en aguas cristalinas, de vivir en acuario perpetuo, sin más que hacer mirar el mar, regurgitar el pasado y escupir el futuro (en realidad escribí en mi cuaderno ”repasar el pasando y dibujar el futuro” pero no hay que pensar que al final escribo lo que primero que pienso, ).

Barco Adventurer
A lo largo del viaje los delfines se cruzan varias veces con nosotros, a su antojo, jugando a veces con el barco, alejándose cuando intento nadar entre ellos. Entre Waisai y Gam, en lo que llaman el pasaje, la corriente arrastra a parte de nuestro grupo y el bote tiene que ir a rescatarlos. Nuestra secuencia de dormir – comer – nadar – comer – nadar – dormir no se interrumpe ningún día.
A pesar de que cada noche dormimos al lado de una isla diferente, siempre lo hacemos en el barco. Reunido con el consejo de administración del club “100 islas plus” decidimos que el barco no cuenta como isla, así que me quedo con el mismo número que tenía.
Aunque en nuestro viaje pasamos 2 veces la línea del ecuador y nos bañamos en un sitio donde ésta está marcada, no noto la diferencia entre el sur y el norte. Cerca de ahí paramos en una isla donde acaban de tirar restos de pescado al mar y mientras nado cerca de la orilla 5 tiburones black tip van dando vueltas alrededor mío esperando algo más.

Islas del Ecuador
En Wayag, el sitio álgido de nuestro viaje donde todos quieren ir, tras una pequeña escalada podemos ver las vistas que han hecho famoso este lugar. Lo mejor es que pasamos ahí casi 2 días sin cruzarnos más que con 2 barcos y disfrutamos de la magia del lugar.
El viaje para mí ha sido un refresco del francés ya que durante todas mis vacaciones me cruzaré todo el tiempo con franceses que hablan un pésimo inglés, así que aprovecho para practicar y a veces traducirle en este viaje a los holandeses que no hablan francés. Para rematar todos los libros que leo son en alemán por lo que el lio idiomático es tremendo.


En el barco no hay internet, no funcionan los teléfonos, no hay hora, tele, sin zapatos, sin máquina de afeitar…
Pianemo es otro de los lugares espectaculares que tenía pendiente de la otra vez y cerca de allí nadamos en Melissa’s Garden (en honor a la mujer de Max Aubert). Los corales y los grandes peces, tiburones incluidos, son impresionantes.

Pianemo
Un día mirando por la borda vi un pez grande que estaba a la popa del barco, pendiente de lo que salía del baño. El reciclaje parecía perfecto si no fuera porque los tripulantes del barco se dedicaban a pescar en los ratos libres y después comíamos lo que habían obtenido.
El último día, sería por la tristeza de irnos, me despisto al bajar las escaleras del barco, resbalo y lo hago pegando con mis costillas sobre cada escalón hasta el último. Aunque no me rompo nada, el dolor me acompañará todo el tiempo (fíjate que ahora al recordarlo me vuelve a doler). En el barco, en realidad lo que más me dolió en el primer momento fue el amor propio.

Los lugareños se desplazan en botes bastante precarios

Y sus casas también parecen bastante precarias


Y en mi despedida el cielo se incendió