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miércoles, 6 de mayo de 2020

Descafeinamiento



Semi “descafeinado” todavía en Tenerife, adonde llegue ahora hace 1 mes después de pasar por Etiopía y Alemania, me pregunto si hice bien en venir o podía haberme quedado como alguno de mis colegas, pocos, que se han quedado allá en Togo. Aunque hay toque de queda por la noche, me cuentan que la gente sale y hace vida normal durante el día e incluso he visto por las redes que algunos de los restaurantes de extranjeros que habían cerrado están abriendo de nuevo. Así que estoy un poco sobre ascuas, pensando si volveré o no, y si es así, cuando será. El día antes de irme plante las tomateras del semillero que había hecho y no sé qué ha sido de ellas, no sé si las piñas ya están echando frutos, ni como han crecido mis plataneras y como le va a la gente que conocía. También encuentro a faltar mi enorme terraza con la hamaca, coger mi moto e irme a Kuma Konda o darle gas a fondo e irme por la perfecta carretera que va a Atakpame y a la vuelta pasar por el mercado a comprar verduras y las sabrosas piñas tropicales.
Mientras tanto tengo videoconferencias un par de veces a la semana con Togo y veo que en general les va bien, se mueven y hacen casi vida normal, entendiendo por normal, su forma de vida.

Aunque en teoría teletrabajo, me cuesta concentrarme y hacer algo productivo. No creo que las horas reales que le echo pasen de 10 horas a la semana. Trabajo en la programación a partir de noviembre de este año, en como mejorar la calidad del cacao, pero me doy cuenta que entre las cooperativas y nosotros, aunque ellos también tengan ordenador e internet, hay abismos entre nuestros mundos que nos cuestan mucho sortear. Y también me pregunto si trabajar en la calidad ahora tiene sentido, habiendo otras urgencias.  


Algunas mujeres de los productores de cacao utilizan la cáscara de la mazorca del cacao para quemarla y así conseguir la potasa para hacer jabón, de una forma muy tradicional y lleno de humo.


Otro trabajo que hacen exclusivamente las mujeres es el de extraer sal con un sistema muy costoso en tiempo y esfuerzo en las zonas húmedas de los manglares de la costa de Benín.


Una atracción turística cerca de Kpalimé es el poder ver miles de murciélagos en un valle donde pasan el día colgados de los árboles y poco antes del anochecer empiezan a volar en grandes bandadas, según nuestro guía, hacia el extranjero, para alimentarse de insectos. Al preguntarle concretamente que donde del extranjero, empezó diciendo que a Ghana, lo que parece lógico ya que esta a unos 10 km, luego animado dijo que a Benín (a unos 100 km) y ya embalado que también a Nigeria, cuyo punto más cercano está a más de 200 km. He leído que los murciélagos suelen ir a distancias no mayores de 40 km para alimentarse por la noche, pero supongo que, en la cosmovisión de estos pueblos, donde los murciélagos, según su historia, les permitieron refugiarse en sus cuevas de los Ashanti que los habían invadido desde Ghana y luego exterminarlos en un ataque sorpresa, es mucho mas encantador imaginar a los murciélagos volado en bandadas de miles a cualquier lugar que les apetezca que la cruda realidad.


La comunidad cobra una entrada de unos 5 euros, por la que te dan incluso un recibo. Luego unos guías intentan cobrarte primero precios totalmente fuera de contexto, que van rebajando a medida que no entras en su juego. Ahora ni unos ni otros van a tener ningún ingreso mientras la entrada de turistas al país siga estando cerrada.



En Togo es costumbre que cualquier organización que se precie haga calendarios de pared que regala a sus socios y amigos. Una cooperativa con la que trabajo habitualmente hizo también su preceptivo calendario y le puso unas fotos que hicimos un día que fui a dar una formación sobre hacer compost. Me sentí realmente orgulloso y honrado.



Y como tengo tiempo para reflexionar os cuento lo que pienso sobre la no pandemia ya que esto no es la pandemia. Si, esto no es la pandemia. La pandemia somos nosotros. Todas las medidas tomadas por el gobierno, con más o menos fortuna, son seguramente correctas en el corto plazo. El tomar distancias de unos a otros, las mascarillas, el no apelotonarnos en aceras, calles ni tiendas servirán por el momento.
Pero a medio o largo plazo esto no es una solución. Y es porque no abordamos el problema de fondo, de que la pandemia somos nosotros, no solo por la forma de vida de los que vivimos en países industrializados, sino por nuestro número. Somos demasiados, somos una pandemia y mientras no abordemos esto, nada cambiará ni nada volverá a ser normal. Así que a olvidarse de la nueva normalidad. Lo siento.



miércoles, 18 de marzo de 2020

Togo colonial - con suplemento coronavirus -

Esperando al corona en Kuma Konda

Hoy he salido de mi letargo “coronavirus” y me pongo por lo menos a escribir esto y ordenar un poco mis ideas. Llevo varios días sin trabajo (nuestra organización ha suspendido todas nuestras actividades en el país) leyendo cada 5 minutos el periódico digital e intentando entender lo que está pasando. Por ser persona de riesgo (lo de la edad no perdona) me han propuesto poder regresar a Europa, en alguno de los últimos aviones que salían hasta hoy, jueves. De momento me quedo y las razones, entre otras, más abajo.
Cuando todo esto acabe, todos seremos más listos, pero yo creo que también ya ahora se pueden aventurar algunas cosas. Somos demasiados en el planeta y si no es este virus será otro el que vendrá (no me refiero al otro virus de la Corona, que ese ya lleva tiempo aquí).

Ahora en Canarias ya no parece tan lejano lo de “que vamos a comer si hay una guerra”. Esto es como una guerra y las consecuencias de no poderse autoabastecer más que 3 días quizás se lleguen a ver pronto, por lo menos en algunos artículos.
Desde el punto de vista ético y moral seguramente se debe intentar evitar la muerte de cualquiera que se pueda evitar, aunque seguro que en algún momento se verá si se pone un límite en la edad. Al final es la economía la que manda y si no al tiempo.
Mis colegas togoleses de momento todavía se lo toman a broma y la OMS ha tenido que salir al paso para el conjunto de África diciendo que son falsas algunas teorías como que, comiendo ajo, bañándose con agua a 65 grados u duchándose con cloro, el virus no ataca. Si el virus llega aquí, esto puede ser bastante grave.

Pero los togoleses seguramente se lo toman menos en serio que nosotros porque están más acostumbrados a la muerte (esperanza de vida de 60 años) y porque al fin y al cabo nadie les hace tanto caso en otras enfermedades como en la malaria, así que porque va a ser diferente con el corona. Para ver porque lo relativizan, aquí algunos datos de la OMS (https://www.who.int/malaria/media/world-malaria-report-2019/es/)
-    La mayoría de los casos de malaria en 2018 se produjeron en la Región de África (213 millones o 93%), seguida de la Región de Asia Sudoriental con el 3,4% de los casos y la Región del Mediterráneo Oriental con el 2.1%.
-    En 2018, se estimaron 405 000 muertes por malaria en todo el mundo, comparado con 416 000 muertes estimadas en 2017 y 585 000 en 2010.
-    El 94% de todas las muertes por malaria en 2018 se produjo en la Región de África. A pesar de ser la región que albergó la mayor cantidad de muertes por malaria en 2018, también es la región donde se produjo 85% de la reducción de muertes conseguida globalmente en 2018, 180 000 muertes de menos en comparación con 2010.
Para que las cifras de muertes en Europa fueran similares a las de la malaria en África deberían morir este año unas 240 000 personas por el coronavirus y entonces estaríamos empatados. Si se pusieran a disposición de África parte de los 200 mil millones de España, el dinero que se robaron los bancos y parte de lo que van a poner los otros países para parar la crisis, aquí se podrían hacer maravillas, pero, no hay que olvidar, que entonces todavía seriamos demasiados. 

Togo colonial

Maestro alemán en Togo en 1899
A principios de 1900 en las colonias alemanas, entre ellas Togo, Namibia, Camerún o Tanzania, se intentó establecer un control sobre los nativos, en los que se les daba un número y debían usar un solo nombre. Esto resulto imposible dado que se cambiaban a menudo el nombre con el que se habían inscrito. A mí me parece que esto sigue en la actualidad ya que muchos de mis colegas tienen el nombre oficial en su cedula de identidad, luego el católico, además el nombre europeizado que usan para que sea más fácil para nosotros, el que se ponen en Facebook y en WhatsApp así que muchas veces no se con quién me estoy comunicando y siempre digo que si por si acaso.
Al colonizar estos países se intentó alfabetizarlos y transmitirles la cultural alemana, el establecer un sistema de servicio médico, medidas higiénicas, o la educación para el trabajo, lo que legitimaba la puesta en vigor de la legislación europea. Las misiones religiosas, protestantes y católicas, jugaron un especial papel en la colonización, a veces en contra, actuando contra la esclavitud y otras reproduciendo en su ámbito los modelos coloniales.
Al igual que ocurre en la cooperación, las misiones “peleaban” por clientes a los que evangelizar. Las misiones protestantes mantenían haber bautizado en Togo a 64 000 nativos antes de la primera guerra mundial mientras los católicos decían haber bautizado a 142 000. Obviamente pasa como en las formaciones que se dan en la cooperación, que por querer alcanzar cifras altas se deja de lado la calidad, y así se puede ver hoy el pastel de religiones que hay en África, mezcladas con sus variadas formas animistas, gracias a esa evangelización “express”.
Llegada de las monjas servidoras del santo espiritu en 1905 a Kpalime y casa donde se hospedaban 
Las misiones eran las encargadas de poner en marcha el sistema educativo, que hasta entonces se había basado prácticamente en la tradición oral, a excepción de las escuelas coránicas. Pero esta enseñanza se basaba sobre todos en enseñanzas practicas sobre labores agrícolas, lecturas rudimentarias de la biblia y algunas nociones básicas de la cultura europea. Las culturas locales no eran tenidas en cuenta, con la excepción de Togo, donde se enseñaba en Ewe. Solo se enseñaba a nivel de primaria, no había estudios secundarios y ni pensar en la universidad.
También Alemania quería establecer un sistema de comunicación básico con las habitantes de las colonias. Para ello se pretendía enseñar un vocabulario sencillo de 150 palabras, entre ellas trabajo, dinero, dios y los números del 1 al 12. Esto permitiría al colonizado, en un periodo corto de tiempo, cumplir sus obligaciones como un trabajador, porteador o sirviente útil. Todo ello debía contribuir además a que la frontera entre colonizador y colonizado quedara claramente establecida (extractos de “Historia colonial alemana, Sebastián Conrad, 2008”).
Pensando en que solo hace de esto 100 años, primero con los alemanes y luego los franceses que aportaron lo suyo también, me pregunto cuanto de todo ello influye todavía hoy en día en la forma de ser de los togoleses, de relacionarse con los blancos y que seguramente explica en parte su actitud en general servil y sumisa.

Cascada de Wli, la más grande de África del Oeste
Me decidí a ir a visitar esta cascada, famosa por ser la más alta de todo el África del Oeste y que está a 54 km de Kpalimé. Como no era época de lluvia no hubo problemas en hacer el recorrido en moto.

Un par de kilómetros antes de llegar a la cascada está el puesto fronterizo de Yikpa de Togo. Te ponen el sello de salida sin ningún problema ni pedir nada a cambio. Después viene 1 km de tierra de nadie y se llega a la frontera de Ghana. Allí un gendarme te mira el pasaporte hoja por hoja y cuando no encuentra el visado lo vuelve a repasar con toda la parsimonia. Le dije que solo quería ir a la cascada y me dijo que sí, pero que para entrar a Ghana hace falta tener un visado (la entrada a la cascada está a 1 km de la frontera). Como era navidad, me dijo si yo tendría esa circunstancia en cuenta y que, si era así, un pequeño obsequio sería bienvenido. En ese momento opte por el pragmatismo y le pregunte que de cuánto puede ser el obsequio. Me dijo que 5 000 CFA (8 Euros) y sin rechistar los puse sobre la mesa ya que me esperaba que fuera más y además no me había pasado más de una hora tragando polvo sobre la moto para regresar así sin más. Él y su jefe, que vino a participar en el teatro, creo que también se dieron cuenta de que podían haber pedido más, pero estoy seguro que esta comedia se repite cada día y depende de cada ocasión que el precio varíe en más o menos. Obviamente no te dan un recibo por el obsequio. El gendarme se quedó mi pasaporte para asegurarse que volviera. A todo esto, hay que decir que en todo momento fueron muy amables.
Así que seguí hasta la entrada de la cascada donde hay una recepción donde te explican los tres recorridos que hay, el corto (el que yo hice), el circular viendo dos cascadas y el largo que dura algo más de 3 horas.


El precio que pague por la caminata corta de 30-45 minutos (ida), por un camino bien cuidado y agradable fue de 20 GH, o sea unos 4 euros, lo que incluye el guía, que se llamaba Jonathan, un joven de 16 años que no explicaba mucho, aunque no dejaba de hablar diciendo entre otras cosas que su madre le dijo que nunca le robe a los turistas (¡ay, si no fuera por las madres!). Le di al final 1000 CFA, no porque se los hubiera ganado, sino para que se callara.
La cascada es realmente alta y uno se puede bañar, aunque el agua estaba algo fría. De regreso, al lado de la recepción, había varias tiendas de artesanías y un restaurante por si uno tiene hambre. De nuevo en la frontera, recogiendo mi pasaporte sin problemas, me despedí de los gendarmes diciendo que volvería con unos amigos, de lo que me dijeron que se alegraban y que ahí estarían esperando. Ahora que ambos conocemos los precios no hay problema.
Para volver cambié de ruta y fui por un camino de tierra que no es recomendable para coches y por la que incluso con la moto tarde una eternidad.

Foto de viejos cazadores de Benín, una estirpe y saber que se va perdiendo


miércoles, 19 de febrero de 2020

Le Benin - el país del vudú



Además de que no se le escapaba ninguna señal de vudú, por pequeña que fuera, mientras los pescadores intentaban atrapar a los peces, la autora de esta foto también se especializo en atrapar a los pescadores tirando sus redes.

Casa vudú en Grand Popo
Desde un inicio, nada más llegar a Benín, el vudú fue a nuestro encuentro. Lo encontramos bailando en las calles del Grand Popo, con unas figuras en que según su tradición no se sabe si dentro hay un hombre o un animal y luego lo fuimos viendo por todos los rincones de los sitios que visitamos.
Siembra de manglares en Grand Popo

De ahí nos fuimos a Cotonou, una ciudad a la que cuesta encontrarle el encanto, aunque nosotros lo encontramos en casa de Pepa y Arturo, que nos dieron las pistas necesarias para seguir explorando el país.


Cualquier lugar es bueno para echar una cabezadita. A la sombra del jardín de la antigua casa del gobernador en Porto Novo, estos dos benineses no se lo han pensado. Esta ciudad, difícil de recorrer a pie, tiene algunas plazas que han sido renovadas, poniendo de nuevo en valor la cultura vudú, que desde hace pocos años es también religión oficial en Benín.


En el lago Ganvie, uno de los sitios de visita turística obligada, la gente no quiere ser fotografiada, quizás por alguna creencia y también porque están hartos de que todo el mundo les saque fotos como si fueran monos de feria como nos lo demostraron claramente estos dos niños. En el lago se vive de la pesca, de los criaderos de gambas y del pequeño comercio que se realiza en piragua. El turismo todavía incipiente, podría ser importante una fuente de ingresos si se organiza bien, lo que visto lo visto, es poco probable. Además, nunca he visto tantos niños trabajando como en este país, lo que tampoco es un aspecto que el turista aprecie.


De herencia en Ganvie nos quedó Boniface, un guía que nos recomendaron. Nos llevó a ver a un rey local al que tuvimos que darle dinero, regalo lo llaman ellos. Le di 3 euros por el ratito que estuvimos con él y además un consejo de cómo mejorar la situación de su pueblo plantando tomates según el ejemplo que vi en un lago de Myanmar. Cuando ya nos íbamos a ir me llamo haciendo intención de querer hablarme al oído y yo creí que me quería agradecer el consejo que le había dado, pero el susurro fue que si no le podía añadir algo más de dinero para sus consejeros, así que tuve que apoquinar otros 3 euros. Me fui con la impresión de que todos los reyes son iguales, no sirven para nada y además viven de los demás sin trabajar. Y eso que Benín es una república¡!


Desde ese día Boniface no ha dejado de bombardearnos con mensajes de amor, amistad, de buenos días y buenas tardes de forma incansable, aunque no se le conteste.


Después de haber estado varias veces en los lagos de Camboya, con sus pueblos flotantes, no me impresionaron demasiado las casas sobre palafitos, más que los equilibrios de algunas casas por mantenerse y los mercados ambulantes en piraguas.
Este lago es muy poco profundo por lo que las piraguas no usan remos sino pértigas para impulsarse y los pescadores muchas veces van caminando y tirando las redes.

Abomey
Abomey fue la cuna del reino de Dahomey y los restos que quedan de sus palacios valen la pena verse. Aunque los guías se esfuerzan en explicártelo todo, la cantidad de datos, los nombres que te dicen en su lengua local como si tu pudieras retenerlo, hace que al final ya no sepas que rey estaba dónde ni cuándo. Una sencilla hoja con los datos más básicos seria de mucha ayuda, pero aquí todavía prevalece la transmisión oral del conocimiento.



En Ouidah, otra visita obligada es la casa de las pitones, donde unos 60 ejemplares son venerados por sus habitantes como parte de sus creencias del vudú, que al contrario de lo que se cree y como nos explicaron, se trata de una religión como cualquier otra, que ofrece dadivas a sus dioses para pedirles cosas, ni más ni menos como se hace en la mayoría de las religiones. La magia negra y los alfileres en los muñecos es la contraposición al bien, como existe también en otras religiones.


Lo que si me gusta de África en general y en este caso de Benín en particular es la profusión de colores en todas las cosas. En Ouidah, una ciudad que se puede pasear en su núcleo urbano, en la Fundación Zinsou, su café y su tienda te ofrece cultura, arte y mucho colorido.
Desde la ciudad se puede hacer a pie el mismo recorrido que hicieron los esclavos hasta la puerta del no retorno, de donde eran embarcados hacia los enclaves de esclavos en América del sur. El árbol del olvido, el antiguo fuerte portugués, la puerta del no retorno, son algunos de los vestigios que se pueden ver y dan una dimensión de la sangría a la que fueron sometidos estos pueblos, primero en las guerras entre las diferentes tribus y después, en su venta como mercancía a los esclavistas europeos.

Lago Ganvie



martes, 10 de diciembre de 2019

Costa de Marfil

Mural en Abijan

Tuve que ir a Costa de Marfil por trabajo y por primera vez he viajado a otro país sin prepararme el viaje. Ya en el aeropuerto de Abijan, después de varios recordatorios de la obligatoriedad de traer el visado y de amenazarme con devolverme a Togo con el mismo avión, yo creo que gracias a que llevaba el pasaporte de servicio alemán y a mi simpatía natural, me dieron un papel para que al día siguiente fuera a buscar el pasaporte a la central de la policía. Una vez allí y cuando vieron que no traía la foto que siempre hay que llevar para estas ocasiones y seguramente pensando que era tonto, me entregaron el pasaporte y sin pagar visa ni nada me pude ir. Final feliz con algunos sudores¡!



Yo ya estuve en Costa de Marfil en 1996, esa vez con visado y ahora, de nuevo en Abijan, la capital económica de Costa de Marfil, 23 años después no reconozco nada. El tráfico se ha convertido en un problema, los altos edificios están por todas partes, están construyendo un bulevar al lado del mar impresionante y los coches grandes y de lujo están por doquier. En las jornadas a las que asisto hay prevista una salida a visitar una cooperativa y un productor de cacao. Una vez salimos del lujoso centro de Abijan, empiezan a aparecer las barriadas de techos de zinc y una vez llegamos a la zona rural, ya nada se diferencia de la Togo rural, con la misma pobreza y calles sin asfaltar.



La primera vez que estuve en Costa de Marfil me llamo la atención la cantidad de camiones cargados con enormes troncos que circulaban por la carretera. A pesar de que este país ya es considerado como prácticamente deforestado, quedando solo los reductos de áreas protegidas y los bosques sagrados, todavía pude ver en un rato varios camiones cargados de troncos, lo que indica que la tala sigue.   



En Togo el calor ha venido igual que se fue, si es que se fue alguna vez, unido a cortas lluvias, que refrescan para luego apretar de verdad. Y así sera hasta mayo. En mi casa de Kpalime me siento a comer y a veces me olvido de poner el ventilador. Al poco rato el sudor corre desbocado y sus cosquillas en la espalda me recuerdan el olvido.

Kosi, un artista que hace los batiks que mas me gustan, me dice que antes de que llegue el Harmattan, el viento que viene del desierto, viene una lluvia fuerte que es la ultima de la temporada. Kosi me cae bien, y lo voy a ver cuándo subo a Kuma Konda, aunque no le compre nada. Pero esta vez no me pude resistir y le encargué otro pescado ya que el primero lo escogió una amiga, así que no me queda mas remedio que comprar otro. Me dijo que nunca hace ninguna obra igual, lo que también me parece bien.



A menudo pienso en que significó para este país tantos años de esclavitud, llevando a tanta gente esclavizada a trabajar a América. Sobre la reparación de este crimen contra la Humanidad de la esclavitud y que los países occidentales se niegan a debatir leo esta frase en “El planeta futuro” de El País en noviembre “El crimen de la esclavitud es irreparable; la reparación, aunque sea imposible, sigue siendo un derecho, dicho por la ex ministra de Justicia de Francia.

Estoy leyendo Afrikanische Totenklage: Der Ausverkauf des schwarzen Kontinents, algo así como “la venta del continente negro” de Peter Scholl-Latour, otro libro denso y lleno de datos que muestran cuales son las razones que han llevado a este continente a seguir en este nivel de subdesarrollo, analizando desde mediados del siglo pasado hasta principios del actual.

En mi vuelo a España se veia el Niger en Mali, surcando las dunas del desierto

Y para saber mas del cacao bio en Togo:




miércoles, 30 de octubre de 2019

La cuenta atras

Camino de Kuma Konda y debajo del monte Kloto, en un camino algo apartado de la carretera, hay este precioso árbol y una casa abandonada

Aunque llevo solo unos días en Togo y ya no me acuerdo de Tenerife, ni de mi piso ni de mi baño, que se quedo a medio hacer cuando me fui. No sé si esto es una ventaja o no.



Ya de vuelta en Kpalimé me pongo a cuidar mis tomates asalvajados y también he conseguido comerme unos cuantos pepinos.

Y hoy, 31 de octubre, empiezo la cuenta atrás, ya que me queda justo un año de contrato en Togo. Ya he empezado a hacer planes para el día después, una de las cosas que más me gusta, planificar el durante y el después. Primero quiero volver a Tenerife y luego ya veré, seguir haciendo cosas que me gusten.
Una de las cosas que más me preocupa después de mi estancia en Tenerife, es lo de los viajes del Imserso, a los que he visto que mis amigos, ya jubilados, se apuntan alegremente. No puedo pasarme la vida riéndome de los viajes del Imserso, para luego hacer como que no me acuerdo, por baratos que sean. Así que ya aviso, si llegado el momento alguien me ve en un viaje de esos, ello será una clara señal de mi decadencia definitiva.
Después de mi experiencia en las recientes obras en el baño de mi casa he pensado que igual puedo yo hacer una buena parte de las futuras obras que quiero acometer ya que, para hacerlo mal, yo también puedo y además no me cuesta dinero.



Mis amigos catalanes me dicen que cuando vuelva dentro de un año, ya Catalunya será independiente, pues vamos a ver. En todo caso nos lo pasamos bien recordando viejos tiempos y viendo a gente que hacia mucho que no veía.



Mientras, ya de vuelta aprovecho toda ocasión para ir a Lomé y pasármelo bien con mis otros amigos, casi todos hispano parlantes

Vivien, Juan, Giacomo, Marta, Silvia y Juan y Andrés, que hizo la foto
Con Silvia y Kika aproveche para ir al mercado de Hedzranawoe (que todos llamamos Jarana Guey por razones obvias). Allí se puede comprar cualquiera de los productos, ropa y calzado que en Europa tiramos en los contenedores de ropa usada y que aquí se revenden a precio de risa (si sabes regatear) y que en algunos casos son lavados, cosidos, remendados y puestos a punto por una corte de trabajadores, en un mercado sucio y maloliente, que debe albergar más de mil personas, por decir una cantidad, trabajando en él.


Togo es como Nicaragua hace 30 años. Tuve el otro día un "deja vu" cuando estaba reunido con miembros de una cooperativa. Es el mismo bajo nivel de formación, la misma falta de medios e infraestructuras, solo que con 30 años de diferencia. No me desanimo, pero tendría motivos para ello. Y ellos más ¡
Aunque me queda un año de trabajo aquí, veo el futuro de este país como el de este busito sobrecargado y a punto de tumbarse y caerle a alguien encima.




Por suerte las palmeras y los colores de este país siempre me devuelven al plano optimista




jueves, 5 de septiembre de 2019

Sao Tome a pie y en vehículo



Praia Jale
Aunque la predicción del tiempo en mi teléfono decía que iba a llover no le hice caso ya que hacía sol, así que me alquile una moto en la capital que, curiosamente, valía lo mismo que la bici. Eso sí, mientras la bicicleta era nueva, la moto era un poco desastre y en realidad no es una moto de alquiler, sino que la agencia llama a algún conocido y le pide la moto y se reparten de alguna manera las ganancias. Al final del día llegue a mi destino, pero medio empapado. Aunque ya habían pasado 2 días de mi excursión en la bici todavía tenía agujetas, aunque es un dolor agradable, de sentirse bien.
Con la moto me recorro las playas del sur, a cual más bonita, a las que llego más fácil que si fuera en coche ya que las pistas están llenas de piedras y baches.

Praia piscina
Como mi teléfono me vuelve a decir que lloverá algo los próximos días, esta vez le hago caso y cuando toca devolver la moto después de dos días, la cambio por un jeep Suzuki, que vale 40 Euros. La verdad es que no se en que se basan para poner los precios ya que no le veo mucho sentido.
Como la predicción fue de verdad, el coche me permitió moverme, aunque lloviera, ya que así podía apuntar hacia donde escampaba.
Los 2 últimos días en Sao Tome me quede en una Roça que es como les llaman a las haciendas que tenían los portugueses. Ahí coincidí de nuevo con Daniel el gaditano y una pareja de franceses simpáticos.

El gaditano enseñando a tocar las palmas a los niños. Me decía que pillan el ritmo enseguida
Desde allí me recorría en coche la parte oeste de la isla o me iba por la tarde a pasear a pie, sobre todo a otra Roça que se llama La Generosa, subiendo un repecho y donde había un bar, fuera del cual me sentaba a tomar algo, a escuchar su música africana y a ver pasar la vida.



Recorriendo la isla me fijo en todo lo que puedo como por ejemplo en las escuelas que están en mejor estado que en Togo, ya que por lo menos tienen puertas y ventanas con cristales.

Escuela cerca de Madalena
La pesca que se realiza desde la costa es muy artesanal, con pequeños botes a los que cuando hay viento le ponen unas velas a base de sacos.  No sé si la pesca puede ser uno de los intereses de los chinos en su presencia en la isla o también de empresas españolas. En internet leí sobre denuncias de corrupción ligadas a empresas de nuestro país. En cuanto a los chinos, con decir que tienen una enorme embajada en un país tan chiquito como Sao Tome creo que lo dice todo. En la capital conocí a un chico que había estado en Guinea Ecuatorial y que por eso hablaba muy bien español. Me dijo que trabajaba con una empresa china que no hacía nada más que esperar a que saliera algún contrato de obras de su país para ejecutarla.


Las playas, como más alejadas de los pueblos y ciudades, más bonitas y desiertas son. Esta llamada la piscina es de una belleza especial, aunque la marea alta y el oleaje no me dejaron meterme muy adentro. El gaditano me invito a ir a dar una vuelta con una barca de un pescador para ir a ver ballenas. Cuando vi la barca, al pescador y el estado de la mar, le dije amablemente que no, gracias, que no tenía ganas de mojarme. ¿O será que me estoy haciendo mayor?



La palma africana se acerca al pico Cão Grande como si fuera un monstruo que se arrastra con vida propia y no fuera una empresa con propaganda de agricultura tropical sostenible quien lo hace avanzar. Esta sea posiblemente ambientalmente una de las mayores sombras de Sao Tome.

El pico y el monstruo
Algunas casas, aunque sencillas y en madera, destacan con sus colores vistosos y las vistas que tienen. En general recorriendo la isla por los caminos en los que solo podía viajar con la bicicleta, vi que la mayoría de las casas tienen más un estilo europeizado que africano y, por lo tanto, al menos desde fuera no dan esa impresión de desaliñadas y apedazadas como en Togo.

Casa cerca de Ribeira Afonso
Pero si algo también hacen en Sao Tome es cosechar el vino de la palma o mejor dicho ordeñar la palmera para que el jugo resultante, después de destilarlo les dé un licor con el que les gusta emborracharse, como este hombre en lo alto de la palmera. Yo me contentaba con emborracharme de estos bosques lujuriosos.


Las haciendas que tenían los portugueses también se hicieron en sitios privilegiados, muchas veces con vistas impresionantes al mar y en terreno volcánicos fértiles para el cultivo de café y cacao, como esta en que me quede los dos últimos días y disfrute como un enano de ir a la playa, caminar por caminos y veredas e irme hasta el fin de la carretera con el coche y empacharme de cacaoteros.

Hotel Roça Monte Forte, donde se cultiva cacao biológico al lado del mar (y entonces que hago yo en Togo en vez de estar aqui ?)
Estoy listo para volver¡!



Y el que quiera ver las restantes 200 fotos que tengo, o que venga a verme, o mejor, que se vaya a Sao Tome.