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viernes, 18 de enero de 2013

Despedida


Esto no es Butuán
Y empiezo mis primeros días en Butuán, hechos de la rutina del trabajo y de irse acomodando a las costumbres locales. Cuando me preguntan algo, para decir que si hago como los filipinos,  levanto de forma ostentosa las cejas lo que significa eso, que sí.

Me he comprado una fiambrera para que no me den 3 bolsas de plástico cada vez que voy a comprar la comida. Me he acostumbrado a comer en la oficina, con mis compañeras de trabajo y compramos la comida en una comidería, algo muy típico aquí llamado carendería, donde puedes comer en unas mesitas pequeñas o bien te llevas la comida a tu casa o lugar de trabajo. Para ello usan unas bolsas pláticas transparentes, poniéndote el arroz hervido con una medida preestablecida en una de esas bolsas, luego usan un platito como medida de lo que pidas, normalmente carne y a veces pescado, que también vuelcan en otra bolsa y luego las dos bolsas las ponen en otra bolsa más grande para poderlo transportar. A mis compañeras de oficina les parece muy bien mi iniciativa medioambiental y primero pensé que lo tomaban como otra excentricidad de uno de estos extranjeros y pensaba que esto es como lo de género, está muy bien hablarle a los otros de estos temas, pero cuesta más aplicárselo uno mismo. A la semana siguiente fueron apareciendo cada una de ellas con su tuper y ahora ya dejamos de incorporar al menos 12 bolsitas de comida al día (bueno, algún día se les olvida) a la contaminación medioambiental. Gratamente sorprendido!


La ciudad de Butuán es aburrida y no hay nada especial que hacer. Lo más excitante es irse después del trabajo, cuando ya ha oscurecido, andando hasta un centro comercial (Gaisano Mall) que está a 1 km de distancia. Es excitante porque el tener que sortear los diversos obstáculos que hay en la acera tienes que pasarte a la carretera y ahí siempre hay la posibilidad de que alguno de los artefactos que circulan por ella te atropelle. Algunos días, a las 7 de la tarde ya estoy de vuelta, cenado y dispuesto para irme a la habitación y volverme a conectar a internet. Es lo que tiene contratar gente que es de fuera, que al aburrirse, trabajan incluso en las horas fuera de oficina. El aire acondicionado que hay por todas partes me tiene la garganta destrozada y a veces al hablar me sale una voz de niña con lo que cualquier día de estos me van a tomar por un ladyboy.

Lo de los eructos me sigue ocupando bastante ya que no me acabo de acostumbrar. Se los echan de todo tipo y colores, más flojitos y algunos desde el fondo más profundo del estómago. Yo entiendo lo que dicen de que los gases malos deben sacarse al exterior, como si la boca fuera un tubo de escape, pero no entiendo porque luego cuando estornudan se disculpan y dicen “excuse me”. Estoy algo confundido y estoy esperando a que alguien se tire un pedo para ver qué es lo que se hace en esos casos (y descubrir si eso es un segundo tubo de escape o se considera solamente como un ventilador), es sólo para saber, por si me encuentro en esa situación y saber si tengo que pedir disculpas, dar las gracias o aplaudir.

La despedida

La naturaleza alegre del ser humano está en el viaje y no porque piense que se va a encontrar con algo mejor más allá, lejos del sitio en el que vive, sino por huir del tedio de los días repetidos y, siendo osado, por huir del miedo, de esta carrera alocada hacia la vejez y la muerte en la que todos andamos inmersos.
Manuel Leguineche
Voy a compartir algunas de las razones de porque he decidido dejar de viajar y volver a llevar una vida más o menos normal, o sea trabajando y anclándome a una rutina. Pienso que el viajar sobre todo te abre la mente a otras culturas y otras formas de hacer y pensar. A veces pienso que me ha hecho más paciente, pero sólo un poco y que me ha ayudado a conocerme algo más (sólo un poco también, ya que la verdad es que me parece que después de tanto tiempo ya me conocía bastante).
En bici por Tonga

Durante los casi 5 años que trabajé en Nicaragua nunca me costó levantarme para ir a trabajar mientras que el otro día me dí cuenta que me costaba levantarme para seguir estando de vacaciones, cuando había decidido ir a ver un parque en Davao donde tienen algunos de los últimos ejemplares de las enormes águilas filipinas. Noto como que he perdido la ilusión por ver cosas nuevas y me cuesta sorprenderme como cuando empecé el viaje. También me ha pasado varias veces que me tenía que parar a pensar durante un buen rato en qué país estaba ya que al cambiar casi cada mes de país ya no me acordaba. Ahora que llevo más tiempo en Filipinas ya no me pasa.

También dejo el viaje porque siento que ya cumplí la mayoría de los sueños que tenía o bien vi que no eran tales. He sentido cierto deterioro físico-químico-económico y en algún momento del viaje, por primera vez en mi vida, he sentido que me he hecho mayor. A veces me he sentido fuera de lugar en alguno de los backpackers donde me he quedado. Creo que he cumplido los sueños que se pueden hacer con poco dinero, ahora voy a ver si hay alguno que sea más caro y me pongo a ello.

Durante algo más de 2 años he estado viviendo en mi mundo feliz, hecho de mar y peces de colores, de calor, pantalones cortos y chancletas, de sonrisas y pieles morenas, arena fina y cocoteros sin fin, donde el agua salada y el sol doran tu piel. He viajado desde septiembre de 2010 hasta enero de 2013 y entremedio he trabajado durante 3 meses. Durante este tiempo he estado en 18 países que no conocía, alguno de los cuales luego he repetido. He dormido en 50 islas, algunas tan grandes como Australia, Sumatra o Borneo y otras tan pequeñas como Gili Air o Malapascua.
Atun pescado enfrente de Madeira (el de la izquierda soy yo)


Sé que no dejaré de viajar porque de una u otra forma lo he hecho toda mi vida. Pero quizás ya no viajaré tanto tiempo seguido ya que calmé la sed que tenía de pasar de un sitio a otro, siempre mirando que otro país hay detrás de donde estoy.

Esos 15 años que tengo sin cotizar en mi vida laboral los pasé en buena parte viajando, o viajando-trabajando que es lo que más me gusta, como esos períodos trabajados en el campo, en la cosecha de fruta en Lérida o en el molino de aceite de L’Albi, con turnos de 12 horas, sin estar asegurado, los casi 3 años trabajados en Nicaragua en los 80 para una Fundación alemana, no cotizando ni aquí ni allá, viajando por Alemania en autostop en mi época de insumiso huyendo del servicio militar y de la cárcel en la España postfranquista, los meses que pasé en la Bretagne francesa visitando a Dominique, viajando en bicicleta por España, Italia y más tarde por el norte de África, trabajando en el barco de pesca Lajares de Los Abrigos, para aprender del mar y de las estrellas y aprendiendo sólo las rudezas de los que en ella trabajan, el viaje en velero a la península desde Canarias, cuando no me daban pasaporte y viajaba con la cartilla de marinero, estudiando agrónomos en La Laguna para poder llegar a trabajar en lo que más me gusta.

Entrevistando a la Comandante Leticia Herrera, (1986). Aquí soy el de la derecha, en el sentido de ubicación solamente.
Cuando viajas eres muy frágil, todo está en tu equipaje, dinero, tarjetas, ropa, recuerdos y direcciones. Me he cansado de tener mi vida en una maleta así que me he comprado otra. Creo que con eso de momento es suficiente para seguir tirando.
Esta es mi última anotación como blog de viajes y espero que la próxima ya sea sobre cooperación.


jueves, 3 de enero de 2013

Filipinas 3

Fin de año en Malapascua, mi isla favorita


Desde que una vez viajando en bicicleta por el desierto de Argelia me quedé sin comida y no pude dormir en toda la noche del hambre que tenía, siempre que viajo necesito saber que en cualquier momento puedo comer algo, aunque luego no lo haga. Traumas o manías que te quedan. Así que normalmente antes de irme al hotel o donde esté, siempre cargo algo de comida, por si acaso, lo que a veces en el país de las hormigas no es fácil.
Después de pasar 2 semanas intensas de trabajo de más de 12 horas diarias vuelvo a viajar y el gusano del estómago sigue ahí y se mueve sólo si hay retos, como Zamboanga, el dominio del moro, al sur de la isla de Mindanao. En el viaje en bus, con largos recorridos, más en tiempo que en kilómetros, aprovecho para estudiar inglés, aunque en realidad estoy repasando, al menos 1 lección cada día y como sólo son 142 pues en 5 meses acabo. Durante 3 días he viajado con un promedio de 6-7 horas cada día para hacer en total unos 700 km. Prefiero estas etapas cortas (para mí 6 horas en bus ya no son nada) y dormir en cada estación intermedia, en ciudades más o menos grandes, con la posibilidad de ver algo de la ciudad con la luz del día que no pegarme la paliza de un tirón o viajar en avión. El otro día hice un viaje de 2 horas en bus y me supo mal cuando llegué a mi destino ya que se me hizo corto el viaje.
En el norte de Mindanao, la gran mayoría son católicos y para cualquier pendejada se ponen a rezar, que si para iniciar unas charlas, que si para comer. La verdad es que entre esto y los eructos, prefiero estos últimos.
El peligro, según voy bajando al sur, no son los moros sino los triciclos. En Pagadian están muy contentos con su adaptación de los triciclos a la ladera en que está construida la ciudad, por lo que han construido unos triciclos inclinados, supongo que para hacer que el peso se desplace hacia atrás que es donde está la tracción de la motocicleta. Si en el resto del país los triciclos son incómodos aquí son el infierno y cuando van con 6 pasajeros a toda velocidad cuesta abajo piensas que quizás sea mejor ser secuestrado por el Frente Moro de Liberación.
Pagadián, donde me quedo la segunda noche, no tiene nada especial que ofrecer pero es agradable estar en una habitación limpia, con una cama grande y con conexión a internet. Por la mañana el desayuno, que está incluido, consiste en arroz blanco hervido, 2 rollitos de primavera grasientos y medio huevo revuelto, sin otra opción. Lo dicho, mejor ser secuestrado por el FML

Lo que me convence de que en este país se roba y mucho, es ver como en los buses cada 20 km, sin exagerar, se sube un controlador que revisa con el cobrador los tickets vendidos, lo que significa que si no se hiciera, la robadera sería inmensa. Lo que no se es quien controla a los controladores. Viajar en un bus de aire acondicionado vale entre 1 a 2 PHP por kilómetro, o sea entre 2 y 4 euros cada 100 km, lo que comparado con Malasia es un poco caro. En algunos trayectos cuentan con tele y además algunos con wifi dentro del bus. Los buses con aire ”condicionado” a lo que esté abierta la ventanilla, son algo más baratos.
Mientras viajo voy escrutando con los ojos todo lo que puedo ver e incluso lo que llego a imaginar. La imaginación va saltando sin control de atrás hacia adelante, intentando adivinar lo que harás en los próximos días, volviendo hacia atrás, rememorando viejos fantasmas.

Paco con su hija, en su casa
Con Paco me encuentro en la carretera donde me ha venido a esperar. Paco es un santanderino que ha viajado por 12 años en bicicleta por América y Asia y que lleva viviendo ya 11 años en Zamboanga. He contactado con el por medio de Couchsurfing y enseguida me ha enviado un correo invitándome a su casa. La primera noche nos tomamos los 3 litros de cerveza Red Horse que ha comprado mientras escuchamos bachata, al ritmo de Frank Reyes, lo que con la ayuda del alcohol me hace dudar de si estoy en la República Dominicana o en Mindanao. Al día siguiente oyendo hablar chabacano ya me sitúo de nuevo. Me quedo 2 noches en su casa, durmiendo en el suelo de madera, lo que hará que durante 2 días después me sigan doliendo los huesos. Su mujer, una artista del barro y de la cocina, hace figuras de barro a semejanza de los visitantes que pasan por ahí y cuando se pone a cocinar, de la nada saca una comida sabrosa, sea en la casa o en la cascada donde fuimos el último día. Paco es un personaje bien curioso, con sus propias ideas sobre la libertad y lo que está bien y mal, pero al fin y al cabo todos somos unos personajes a nuestra manera. Después de 2 días en su casa decido seguir mi camino.

Lo del chabacano, el idioma que se sigue hablando sólo en esa parte de Filipinas es bien curioso, al parecer es un remanente del tiempo de los españoles en Filipinas que a través de los mejicanos contratados en esa época, arraigó en la población local. Como era algo diferente del castellano, es que lo llamaron chabacano. Hoy en día todavía se puede entender algo así como un 25% de las palabras que dicen, aunque comentaba Paco que se va contaminando con palabras inglesas y de las lenguas locales. Que nadie se haya ocupado en serio de este idioma (o dialecto) es un ejemplo de la manera de hacer española, incluso en los tiempos cuando el dinero sobraba. La gente de Zamboanga, en sus folletos dirigidos al turismo se definen como la Asia’s Latin City. El alcalde de Zamboanga, Celso Lobregat, desciende de una familia catalana (incluso la carretera principal lleva este apellido), mientras muchos letreros están en castellano o chabacano.
Navidades en Zamboanga a todo color

De Zamboanga vuelvo a remontar hacia el norte, sin atreverme a visitar las islas más musulmanas del sur dado que la posibilidad de un secuestro, aunque sea remota, existe y finalmente he decidido que no me apetece, que seguro que sólo dan arroz por la mañana para desayunar. Paco también me desaconseja ir hacia Cotabato por carretera ya que a veces hay atentados. Unos días después leo en el periódico que una bomba explota en un bus de ese trayecto y hiere a 4 pasajeros.
Así que me decido a hacer de turista normal y me decido por pasarme a la isla de Cebú, donde voy a hacer freediving a Moalboal, con Wolfgang como instructor, un austríaco con el que compartí casa hace un año en Cebú. En esta disciplina se trata de sumergirse el mayor tiempo y a la mayor profundidad posible, sin ayuda de ningún equipo más que las aletas, el tubo y las gafas. He sido con diferencia el peor de los 5 que tomábamos parte en el curso lo cual me ha frustrado un poco pero también me ha enseñado donde están mis límites. Aunque al final me dan un diploma, creo que he suspendido. 

Los mínimos esperados eran aguantar 2 minutos la respiración en la piscina y bajar al menos a 10 metros en el mar. No he conseguido ni lo uno (1 min 28 segundos) ni lo otro (8 metros) y Wolfgang me decía que en mi caso es un bloqueo mental. Lo que me faltaba. Como consolación me regala unas gafas de buceo que usan los pescadores locales con madera y plástico y que parece que realmente funcionan. Algo es algo, aunque hubiera preferido bajar un par de metros más y aguantar algunos segundos extras. Paso por Cebu City, la ciudad que me transforma , por Malapascua, mi isla preferida y vuelo hacia Davao, para ir en bus hacia Butuan y volver a empezar a trabajar. Aunque faltan los detalles parece que voy a quedarme trabajando unos 4-6 meses en esta isla, Mindanao.

Ya no me queda mucho más por contar más que de momento este va a ser el último viaje. En los últimos meses no sabía dónde ir, no sentía la misma ilusión que al principio, hay cosas que ya no me atraen y por eso pienso también que de momento voy a dejar de viajar, en el sentido de no hacer otra cosa. Cuando pienso a donde me gustaría ir ahora, pienso en Jamaica y las Islas Caimán, pero no se trata de ir saltando de una parte del mundo a la otra, así porqué sí. Me apetece conocer mejor este país desde otra perspectiva y dentro de unos meses decidir adonde ir. Si vuelvo a viajar por largo tiempo creo que lo haré de otra manera, no porqué ahora no me haya gustado, sino porque siempre hay que avanzar, cambiar air cosas, mi eterna manía de mirar detrás de cada esquina que veo.
Cuando me ponga a trabajar otra vez el 7 de enero en Mindanao ya consideraré acabado este viaje y seguiré trabajando. Con ello cerraré este blog y estoy pensando en empezar otro sobre cooperación, a ver qué tal se me da. Todavía estoy a la búsqueda de que nombre ponerle.
Cooper Ando
COCOS PA TI              COmo COoperar Sin Perderse Al Tercer Intento
COSER                        COoperando Sin Excesivos Recursos
ATASCO                      Algunas Tímidas Anotaciones Sobre COoperación
ASCO                          Anotaciones Sobre COoperación

Se aceptan sugerencias (se pueden poner en Comentarios del blog)


Los colorful jeepneys

domingo, 16 de diciembre de 2012

Mindanao

Buscadores de oro


Caminar por cualquier ciudad filipina, aunque sea pequeña como Butuán, es un infierno. Muchas veces no hay aceras y cuando las hay están ocupadas por vendedores, por vehículos o parecen hechas para competiciones de salto ya que tienen rampas, escaleras y desniveles diversos. Las lluvias frecuentes además dejan charcos enormes en las cunetas que tienes que ir sorteando ya que vas caminando por la calle, no por la acera y además los vehículos que pasan también te pueden salpicar al pasar. Cruzar la calle es posible sólo gracias a que los vehículos circulan lentos y puedes pasar entre ellos. La mayoría son triciclos, en realidad motocicletas a las que le han añadido una carcasa casera para acomodar una cantidad increíble de gente. El precio dentro de la ciudad de un triciclo es de 8 pesos (0,15 €) y la gente aquí se monta en ellos alegremente aunque sea para que los lleven 100 m. Lo único que justifica tomar un triciclo es el calor inclemente que hace en las horas diurnas y que al tener que andar por la calle, no tienes sombra que te cobije. Las medidas de estos artefactos están hechas tomando a un filipino medio, tirando a pequeño. Para cualquiera que entre en ellos y que tenga una o más tallas que la de ese filipino estándar se golpeará la cabeza contra el borde superior al entrar, contra el techo una vez dentro y luego las rodillas con varias esquinas que hay. Por eso yo, a pesar del calor, de los charcos, de los vehículos que te pasan rozando, evito montarme en un triciclo como si fuera la peste.
Esperando que pase la lluvia

Cuando llegas a Filipinas te dan automáticamente y de forma gratuita un visado por 21 días. Si vas a estar más tiempo, lo puedes prorrogar por otros 38 días, esta vez ya pagando la cantidad de 65 euros. Para ello tuve que ir a la oficina de inmigración en Butuán, en un edificio sórdido, feo y maloliente no lejos del centro. La ventaja de estos lugares pequeños es que no te ponen muchas pegas ni te hacen preguntas así que rellené mi formulario y me dijeron que volviera en 1 hora con los 65 euros ya que el jefe todavía no había llegado a pesar de ser las 9,30 de la mañana. Regresé a las 11, dándole un poco más de tiempo al jefe que efectivamente ya estaba. Una funcionaria comprobó los papeles y me puso el visado en el pasaporte, mientras otro jugaba en el ordenador a un juego de marcianos online y el otro veía en la tele un partido de la NBA. Eso sí, cuando la funcionaria terminó, le dio mi pasaporte al otro funcionario (el de la NBA) que lo llevó a la mesa del jefe, ya que aquí cada uno tiene su cometido. Una vez todo listo y habiendo pagado, el jefe puso su firma en el pasaporte y hasta el 17 de enero me puedo quedar en el país. Luego, pagando otros 80 euros me lo alargarán por otros 2 meses.
Aunque estoy a sólo 100 km de donde ocurrieron la mayor parte de los muertos a causa del tifón Pablo en Mindanao, veo las noticias sobre ello en la tele al igual que seguramente todos vosotros, como si fuera muy lejos. Y es que donde estoy la sensación es que no ha pasado nada mientras al ver las imágenes parece que lo que se ve sea en otro país. Lo que me queda claro ahora que ya he estado en el campo, visitando partes del proyecto en el que colaboro, es que la deforestación y el desorden medioambiental (minería descontrolada, intervención en los ríos) aseguran que esto volverá a ocurrir. Leí las declaraciones del gobernador de la zona devastada que decía que la culpa no era de la deforestación ya que en esa zona ya no quedan árboles. Supongo que se refería a que la culpa no era suya porque cuando asumió el mandato ya estaba deforestado, lo cual no le quita parte de la culpa al no hacer nada para revertir la situación.
Un carabao o búfalo de agua trabajando

Mientras, un par de días más tarde, estando en la oficina sentimos un leve movimiento de las sillas, todos nos quedamos mirando y luego supimos que había sido un terremoto de 5,5. Todo el mundo siguió trabajando tranquilamente ya que parece que suele ser algo habitual y dicen que hay uno cada semana. Vamos a ver.
Todos los pueblos y ciudades medianamente grandes por donde paso están llenos de casas de empeño, bancos y farmacias, lo cual es típico de los sitios pobres. Es curioso ver como la automedicación, ya que poca gente se puede permitir ir al médico, es algo habitual de la gente sin recursos, que ven en las medicinas la solución a sus males. Los bancos y las casas de empeños, pero sobre todo los primeros, como ha quedado demostrado, también te ayudan a hacerte más pobre.
La gente con la que trabajo está muy interesada en saber más de otros países ya que la mayoría de ellos nunca ha salido de Filipinas y tampoco de Mindanao. Me da un poco de vergüenza contarles cosas que a veces me preguntan con mucho detalle sobre la forma de vida de los españoles ya que, como siempre, tengo el problema de pensar que yo no soy representativo de la forma de pensar de 47 millones de españoles y que además a lo tonto, ya llevo 7 años sin vivir allá, por lo que cada vez se menos de nuestra forma de vida.
Lo mejor de mi estancia aquí, es que me obliga a practicar inglés, a aprender nuevo vocabulario cada día, a pronunciar mejor (ya digo uaifai para el wifi) y a que estoy conociendo este país y este pueblo desde otro lado como hasta ahora.
Después de casi tres semanas de trabajo me voy de vacaciones ya que aquí todo el mundo se va también y me incorporaré de nuevo el 7 de enero. En este tiempo voy a seguir trabajando con calma, a ratos, en el informe que tengo que presentar y esto me da tiempo para pensar a fondo en algunas de las posibilidades que veo en el programa. Me pongo en camino hacia Zamboanga, adonde tardaré 3 días en llegar en bus. Lo podría hacer más rápido pero no tengo prisa y voy a hacer travesías de máximo 8 horas por díay si me gusta el lugar de la parada intermedia me quedaré un día o dos. De momento el camino a Cagayán de Oro ha sido muy bonito, costeando la mayor parte del tiempo, con muchos campos recién plantados de brotes de arroz, intensamente verdes
Otro carabao

Y para terminar por hoy, como nadie me ha preguntado por qué he pasado de Facebook, lo cuento. Por un lado me aburría leer muchas de las cosas que los demás ponían y pensaba a cuantos no les interesaría o les aburriría lo que yo ponía. Después pensaba que no me gustan las cosas que crean adicción y creo que Facebook lo es. Veo a mucha gente y sobre todo niños en este país totalmente enganchados, consultando a cada momento en sus móviles la última tontería puesta en Facebook. Estoy seguro que los de Facebook, cuando consideren que hay suficientemente gente enganchada empezarán a cobrar, aunque sea una cantidad mínima, así que por si acaso yo ya me he borrado antes. Cuando me di de baja me mandaron una carta igual que el documento que me enseñaron en el obispado cuando también me di de baja de esta organización, diciendo que en cualquier momento que decida cambiar de opinión, volveré a ser bienvenido.
Con agricultores

lunes, 10 de diciembre de 2012

Fotos Malasia / SriLanka




Barcos en Mersing, Borneo

Para ver más fotos de Malasia: https://picasaweb.google.com/alfonso.molera/Malasia
Para ver más fotosde Sri Lanka: https://picasaweb.google.com/alfonso.molera/SriLankaNov2012

viernes, 7 de diciembre de 2012

Filipinas

Zona rural


Llego de nuevo a Filipinas después de un agotador viaje desde Sri Lanka con una larga escala en Singapore. Y vuelve a llover a cántaros, aunque la época de lluvias debería ya haber pasado.
En muchos de los países del sudeste asiático es habitual que la gente se eche eructos en cualquier momento del día, sin que eso parezca importarle a nadie. A mi me parece que es una cultura china y que debe tener que ver con la salud intestinal. Como dice mi amigo Manolo de Arucas, es mejor perder un amigo que un intestino. A mí tampoco me molesta especialmente, sólo cuando me toca de cerca, como por ejemplo cuando te están dando un masaje y estás boca abajo y oyes el eructo y no sabes si te ha caído en la espalda o en una pierna. A veces vas en taxi y si por casualidad el taxista está haciendo la digestión te ameniza con un par o tres eructos, incluso en una carrera corta.
He venido a Cebú para practicar una semana más de inglés, aunque esta vez no me gustó ya que me pusieron a una chica norteamericana con nulas capacidades didácticas y digo yo, que para enseñar un idioma hace falta algo más que sólo hablarlo. Pero como era poco tiempo pasó volando, y de ahí me fui a Butuán, al norte de la isla de Mindanao, donde voy a colaborar como voluntario con una ONG española en los proyectos que tiene aquí, uno a punto de terminar y otro que está a mitad. En ambos voy a valorar el impacto y la sostenibilidad de algunas de las actuaciones realizadas y espero que de esta experiencia aprendamos todos. Yo seguro que voy a aprender y de hecho ya estoy aprendiendo un montón de este país y su gente desde otra perspectiva, y espero que yo les pueda aportar una visión diferente, sobre todo al equipo local de la ONG.

Para aguantar el horario extenso de una de las reuniones a las que asisto (me gustaría ver a algunos de los técnicos de Nicaragua aquí) que se sigue a rajatabla desde las 8 de la mañana hasta las 7 de la tarde con solamente 1 hora para comer, ponen un vídeo con un baile una vez por la mañana y otra por la tarde que todos se ponen a seguir alegremente desde los más jóvenes hasta los más mayores de una forma totalmente desenfadada, a lo que le llaman energizer, para desentumecer los huesos, los músculos y la mente. Es como si en Nicaragua, concretamente en Jinotega, se pusieran a bailar el caballito en medio de una reunión.  Al final, ya me lo temía, me ha tocado bailar una especie de cha-cha-cha con el resto del equipo  de la ONG con la que trabajo. Los técnicos tienen un montón de facilidad para las presentaciones y soltura a la hora de hablar. Ahora cuando me toque ir al campo ya veré si se corresponde con la realidad lo que cuentan.
Al ir al campo y comer donde come la gente de aquí, aprecio un poco más la comida de este país. Hoy he comido Humba, una carne de cerdo riquísima, aunque lástima del arroz tan soso que le ponen. Uno del equipo local ha insistido en que aprenda alguna palabra del idioma local, visaya, y me ha enseñado a decir “tariké”, que por las risas de los demás debe ser una guarrada aunque él me decía que significa “rezar”.
La calma poco antes del tifon
Nada más llegar al pueblo donde me voy a quedar una semana anunciaron la llegada del super tifón, Pablo, el que se preveía como el más fuerte y destructivo de los aproximadamente 20 que tocan a Filipinas cada año. La gente aquí parecía tomárselo a broma y no parecían estar muy preparados, primero porque nunca ha habido un tifón que llegue por este lado de Mindanao y la atraviese como está previsto. Antes de la llegada, hay una calma en el cielo lleno de nubes mientras la gente está sentada enfrente de sus casas viendo la vida pasar. Al final, este ha sido uno de los sitios más seguros ya que el centro del tifón ha pasado por aquí y eso resulta en que los vientos son menos fuertes que en la periferia. En otras zonas del país han sido menos afortunados y la última noticia que he oído es que había ya 400 muertos. Mientras los políticos filipinos en la ONU piden que se tomen medidas contra el cambio climático, no parecen mirar hacia dentro de su país donde la pobreza y el desorden medioambiental favorecen estos desastres.

Aunque siempre he tenido una gran sensación de seguridad en Filipinas, lo que veo en la calle me hace pensar que este no es un país tan seguro. Hay guardias armados vigilando las tiendas, los hoteles, restaurantes y centros comerciales. También vi como a la chica que trabaja limpiando las habitaciones en el hotel donde me quedo, cuando salía del mismo el guardia de seguridad le registraba el bolso para evitar que se lleve nada.
Algo que me ha sorprendido es que la gente aquí casi no se saluda cuando llega a un sitio ni se despide cuando se va y los hombres no se dan la mano cada 5 minutos como en Nicaragua. Yo que era conocido en Nicaragua porque no me gustaba dar la mano a cada rato aquí casi lo encuentro a faltar ya que nadie me la da. Y es que los extremos nunca son buenos.
En Filipinas todavía me quedan algunos sitios por ver (Banaue y sus campos de arroz) y algunas islas que visitar (Camotes) además de volver a la isla Pescador, lo que espero hacer en el tiempo que me quede por aquí.

jueves, 22 de noviembre de 2012

Sri Lanka (2)

Pescador en playa de Mirissa, al estilo tradicional
Sri Lanka no me acababa de gustar y con el paso de los días, poco a poco le voy cogiendo cariño. Al final me ha costado hasta irme. A pesar de ello para mí ha sido una avanzadilla para imaginarme como es la India y sé que ahora me va a costar todavía más decidirme a ir a ese país. No me gustan las congestiones de gente y aquí he visto varias, así que me imagino que en la India es peor.
En este país, por lo que he visto y he comentado con otros, parece que es un destino para mujeres blancas que buscan o una pareja estable o una aventura con un sri lankés bien parecido (los beach boys que les llaman aquí). Choca, después de ver a tantos blancos con asiáticas en Tailandia o Filipinas, que aquí sea el revés, pero porqué no, si los unos tienen derecho, las otras también. En todo caso se ve menos sórdido que cuando es al revés. Desde que estoy aquí me llama la atención la cantidad de mujeres no asiáticas que viajan por este país o solas o en grupito (o moños como diría Harmhel), quizás sea por lo anterior.
En Ella, mi siguiente estación tras Kandy, me encanta pasear por las vías del tren, al igual que hace la gente del lugar, caminando a pasitos cortos de traviesa en traviesa, donde en los bordes descubro enormes extensiones de cultivos de hortalizas, que parecen jardines de lo bien cuidados, con sistemas de riegos por canales como los que se han hecho en el proyecto en el que yo trabajaba en Nicaragua. Viendo la forma de cultivar que tienen me acabo de convencer de que alguien que le pone tanto cariño a su tierra, no puede ser mala gente.

Llueve la mayor parte de la tarde y de la noche. Miramos todos en internet y anuncian lluvias para los próximos 3 días así que decidimos (Lena, una alemana que conocí en Ella y Tibor y Eva, una pareja suiza-alemana) irnos hacia el sur, a ver un parque nacional donde se puede hacer un safari. Alquilamos un taxi entre los 4 y como era de esperar, hace un sol que raja las piedras. Llegamos cerca del parque y nos buscamos un hotelito más o menos. Por la tarde nos vamos caminando hacia el lago y nos encontramos con un elefante al borde de la carretera donde se para un montón de gente y le tira mazorcas de maíz, ñames, plátanos y mangos que el va comiendo con su trompa increíble mientras sigue su dieta de 200 kg de hierbas al día.

Con una población de 21 millones de habitantes y una superficie de 65.000 km2, Sri Lanka es una isla que no cuesta recorrer. Las distancias son relativamente cortas aunque los trenes y buses con sus bajas velocidades de crucero tardan bastante en llevarte de un lugar a otro. Los tuc-tuc también se atreven con distancias medias aunque yo no lo he querido probar ya que en la ley de la selva que es la conducción en este país tienen todas las de perder frente a buses y camiones. He leído que mi biblia, la Lonely Planet, ha elegido este país como uno de los 10 mejores destinos turísticos para 2013 y no me extraña. Tras el final de la guerra en 2009 el turismo no deja de crecer (800 mil turistas en 2011) atraídos como yo por el exotismo del país, sus playas, la posibilidad de hacer safaris y todo ello por precios muy por debajo de lo que cuestan actividades similares en otros países. Por 8 euros la noche se consiguen habitaciones aceptables con baño, por 1 euro se puede comer un buen plato de arroz con pollo al curry y por 2 euros puedes viajar 400 km en tren en 3ª clase, eso sí, tardando unas 7-8 horas y con el peligro de tener que ir de pie todo el rato. Si a cualquiera de estos conceptos se le añaden 1 o 2 euros, se pueden conseguir mejores habitaciones, viajar en segunda (tarda lo mismo pero hay algo menos de gente) y comer en sitios más finos.
En el tren hay unos asientos reservados para los clérigos. Obviamente son los más espaciosos así que me siento allí. Y es que al fin y al cabo, si alguien me pregunta le puedo decir que soy un apóstol de la apostasía, de los pantalones cortos y de las cholas. En los buses también hay asientos para discapacitados y para mujeres embarazadas. En este caso me senté en el de las embarazadas que con mi maleta a cuestas es como si lo estuviera.

Los tuc-tuc están por todas partes y son como los mosquitos, que cuando parece que los vas a atrapar con tus manos se acaban escurriendo entre medio de los dedos y así lo hacen éstos entre los buses y camiones que circulan por la carretera.
El safari que hice con mis colegas de viaje aunque fue corto me gustó y si volviera a este país intentaría ir al parque Yala, donde al parecer es uno de los mejores para ver leopardos en el mundo. El problema es que todavía no tienen a gente formada y los guías o conductores que te llevan a veces se acercan mucho a los animales, como nos pasó a nosotros que al acercarnos a un bebé elefante su madre y acompañantes no les gustó y se nos echaron encima. Otro ejemplo de ello lo tuve en Mirissa, donde se puede ir a ver a la ballena azul que pasa aquí varios meses del año pero que también es objeto de una persecución atroz por los barcos con turistas, al fin y al cabo, ex pescadores reconvertidos a guías turísticos, lo que en algún momento tendrán que regular.
Lo que no me gusta tanto es que prácticamente todos los precios son negociables (menos los del tren o bus) pero siempre tienes la sensación de que te están cobrando de más o que tú te estás aprovechando de su necesidad. A lo largo del viaje he conseguido descuentos del 100% y todo y así no sabes si estás pagando el precio justo, si es que existe. Casi no he ido en tuc-tuc ya que sus conductores te intentan cobrar siempre de más y aunque a veces la diferencia sea de 1 euro me da rabia ir con alguien que acaba de intentar estafarte, aunque sea por esa pequeña cantidad.
Me han impresionado los puertos con sus barcos de pesca multicolores y el esfuerzo de los pescadores que despliegan enormes redes en el mar para recogerlas desde tierra, coincidiendo siempre que los vi en que las cantidades eran ridículas para repartir entre todos los que habían tirado de las redes. Algo que me gustó es que le piden a los turistas que ayuden y a cambio les dejan hacer fotos, lo que me parece un trato justo.

Me pasé muchas horas viajando en tren, mirando por la ventana, viendo en la costa las casas destruidas por el tsunami de diciembre de 2004 (donde murieron 30.000 personas, algunas en los trenes, intentando escapar después de haber sobrevivido a la primera ola), y sustituidas por casitas de madera y plástico, viendo a las parejas que se acurrucan entre las piedras que en forma de terraplén aguantan por un lado las vías del tren y por el otro el mar, colocándose en los agujeros que quedan entre las piedras grandes y tapados por un paraguas de doble propósito, protegerlos del sol y de las miradas indiscretas.

Los últimos días los paso en la playa de Mirissa, un lugar tranquilo, de surferos locales (que al mismo tiempo son beach boys, o al revés) donde me quedé en un hotelito que tenía un jardín al borde del mar, donde me pasaba horas con mis ya amigos suizos, Tibor y Eva, charlando, mirando las olas, paseando por la playa y echando alguna partidita de ajedrez de vez en cuando, que para eso vine aquí, para hacer realidad mis sueños.
He contado como siempre mis gastos en este país, descontando mis primeros 4 días ya que mi amigo Norbert me invitó al hotel donde él se quedaba. Así que en este país si se puede viajar por debajo de la media del mileurista.

Media (€)
8,8
12,7
2,2
5,5
29,2
14 días
Comida
Dormir
Transporte
Actividades
Media total/día

Mi rincón en la playa de Mirissa


viernes, 16 de noviembre de 2012

Sri Lanka (1)

Playa de Unawatuna

Cuando me bajo del avión en Colombo el día está gris y además está lloviendo, lo cual me quita las pocas ganas con las que hoy venía. Cuesta arrancar de nuevo con un nuevo país, con nuevos nombres a cual más complicado, nuevos lugares y todo por aprender. Acostumbrado ya a la puntualidad, limpieza y desarrollo tecnológico de Singapore y Malasia, me choca la suciedad y destartalamiento de los transportes públicos aquí. Pero luego me digo que he ido en cacharros peores y todo vuelve a estar más o menos en orden. También me choca la poca amabilidad de la gente comparado con los malasios, todo atenciones. Después de coger un bus que me saca del aeropuerto, tomo el bus 187 que efectivamente me lleva al centro. Los buseros son iguales en todas partes, o por lo menos en este tipo de países. Cuando le toca salir, ya que tienen un horario y el siguiente bus de esa ruta ya lo está atosigando para que se vaya, solo sale unos metros de la estación y se queda 15 minutos esperando a más clientes fuera. Luego, como tienen un horario para llegar, justo para evitar esto que hacen y son multados si llegan más tarde a la estación final, el bus entra en un carrera desenfrenada tocando la bocina, sacando a los tuc-tuc’s (aquí les llaman three wheelers) motos y coches pequeños de la carretera, parando lo justo para que la gente se baje y arrancando luego a toda velocidad. Siempre me maravillo de que al final no hayamos tenido ningún accidente y hoy vuelve a ser un día de estos. 

De la estación de buses me voy a la estación central de tren (Fort Railway Station), que en un día soleado puede que luzca antigua y atrayente, pero hoy, con todo mojado es cualquier cosa menos bonita. No entiendo nada de lo que dicen en los altavoces y los trenes no llevan ninguna indicación de adonde van. Como con el tiempo he aprendido a preguntar lo hago un par de veces y averiguo que el que viene con media hora de retraso es mi tren. El suelo está mojado pero el tren, aunque lleno de gente está más o menos. Cada vez que para en una estación, después, al arrancar, da como unos estornudos, arrancando poco a poco y a saltitos, oyéndose como todos los goznes sufren y chirrían, pero ahí va, saliendo de una estación hasta llegar a la siguiente que en mi caso al cabo de media hora es la de Monte Lavinia. El viaje en total a lo largo de unos 45 km y en unas 3 horas me ha costado 115 Rupias, un poco más de medio euro. Es muy fácil convertir rupias en euros ya que 1 euro vale más o menos 166,386 rupias, lo mismo que el cambio de la peseta, así que mil rupias son 6 euros. En Monte Lavinia, donde normalmente no se me habría perdido nada está mi amigo Norbert, quien ha venido a reunirse con las empresas que le suministran productos de caucho ecológico para su empresa en Alemania. Me ha invitado estos días a su hotel donde me paso los siguientes tres días. El domingo nos vamos a pasear por la playa y al cabo de una hora ambos tenemos una pequeña insolación, yo en el pecho y Norbert en la espalda. En la playa había muchos peces muertos, algunos de tamaño considerable y que parecían que estaban todavía frescos para comer, pero habían sido traídos por la marea y los cuervos les estaban comiendo los ojos. Por lo que he leído en Sri Lanka también está muy extendida la costumbre de pescar con dinamita y esa podría ser la explicación de esos peces que la marea había traído a tierra después de muertos.

Cuando Norbert se regresa para Alemania yo me dirijo hacia el sur, a la playa de Unatawuna, donde paso un par de días sin que haya nada que me emocione, aunque visito la cercana ciudad de Galle, con un impresionante fuerte fortificado de la época de los holandeses y me entretengo viendo el esfuerzo de los pescadores tirando de la red desde la playa. Lo mejor de aquí es que tengo wi-fi en la habitación y entre otras cosas, pude hablar con la organización que trabaja en Filipinas y con la que hay la posibilidad de trabajar a partir de finales de noviembre. Aprovecho que no tengo nada que hacer y por 300 rupias (1 euro y medio) me corto el pelo en una barbería donde tienen incluso aire acondicionado. Si sacara cuentas de lo que me ahorro con estas cosas casi que me sale mucho más barato el viajar que el quedarme en casa. De Unawatuna me decido a seguir recorriendo un poco el país y me voy a Kandy, también en tren. 

Esta ciudad que está a unos 500 m de altura tiene un jardín botánico muy famoso, que al visitarlo me decepciona un poco. Aunque tiene una colección de céspedes interesantes, unas palmeras espectaculares y también un orquidiario, está todo tan cuidado que es un poco kitch. Hay árboles llenos de unos murciélagos gigantes que sobrevuelan el área para acabar colgándose de alguna de las ramas. Cuando intento buscar un lugar para sentarme a la sombra me doy cuenta de que todos están ocupados por jóvenes parejas por lo que me quedo sin sentarme. Algunas parejas se sientan a la sombra de algunos árboles y un guarda con un silbato se encarga de ahuyentarlos cuando parece que la temperatura sube demasiado. Por lo que ya no paso, es por ir a visitar un enorme templo que está enteramente consagrado a un diente de Buddha. Al parecer fue lo único que se salvó después de su incineración y ha sido custodiado desde entonces y trasladado varias veces de lugar, incluso realizándose una réplica para evitar el robo del original, con lo que ya no se sabe si lo que se custodia es el original o la réplica. Esta ciudad, que en las guías describen como fresca, verde y apacible, donde puedes verte sorprendido por un elefante volviendo a casa después del arduo trabajo, lo que habrá sido así hace unos años, aunque en la actualidad es ir y venir de gente, de buses que se te echan encima, que además salen de diferentes estaciones, ninguna calle está señalizada por lo que nunca sabes dónde estás, los tuc-tuc continuamente te chistan ofreciéndote sus servicios, en fin, que no veía la hora de irme de aquí, por lo que a los 2 días me voy temprano a la estación de tren de Kandy. Tomo un tuc-tuc que me cobra 250 rupias (1,5 €) por los 2 km que no me apetece hacer cargado con la maleta. El tren en 2ª clase que tarda 7 horas en recorrer los 130 km vale 240 rupias, o sea lo mismo que el tuc-tuc que ha tardado 10 minutos. Me tomo un café y una pan dulce en la cafetería antes de salir que me cuesta 90 rupias (0,5 €). Por el camino me alimento de las pastas que compré ayer, de unos 100 gr de cacahuetes salados y de leer el Lonely Planet. Llego a la estación de Ella donde un tuc-tuc me cobra 100 rupias (0,55 €) por llevarme a mi hotel, a unos 500 m de la estación. Por la habitación, muy sencilla, con baño en la habitación y agua caliente, me cobran 1000 rupias (5,5 €). La cena, deliciosa, con un montón de platitos de vegetales para añadir al arroz con jugo de piña y café incluidos, todo lo cual cuesta 5 euros. Así que un día como hoy, transportado, cenado y dormido me ha salido por menos de 15 euros. El día de mi llegada en Ella fue de lo más entretenido. Primero me he ido a Ella Rock, una montaña cercana caminando por la vía del tren. Te vas encontrando a gente, algunos niños que te quieren hacer de guía, algún otro extranjero de excursión, gente que va o viene a las plantaciones de hortalizas que hay a lo largo del rio. Después de preguntar un par de veces encuentro el camino que va hasta la cumbre. Mientras subo veo huellas de jabalíes que han revuelto el terreno y a una norteamericana y una rusa que van bajando, acompañadas por un guía. Ambas se extrañan que yo vaya solo, sin guía. A la vuelta, me encuentro a la rusa que no quiere volver en tuc-tuc a su hotel y me pregunta si puede caminar conmigo. Me cuenta que es periodista y que trabaja para un periódico independiente ruso. He quedado a la 1 del mediodía con Lena, una alemana que está en mi mismo hotel para ir a ver una plantación y fábrica de té. Como es domingo al parecer hoy no se puede visitar y decidimos, junto con una pareja suiza, irnos compartiendo taxi a ver una cascada de agua que está cerca de aquí. Y es que compartiendo gastos las cosas son más fáciles.