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jueves, 12 de julio de 2012

Bula


De cómo viajar incluso en un lugar turístico
Bula (hola en fijiano)
Barca usada por los fijianos
Y desde Tonga me vuelvo a poner movimiento y ya lo noto en todo mi cuerpo, es como un hormigueo, o algo parecido a esa sensación que cuentan de cuando estás enamorado y unas mariposas aletean en tu estómago, lo cual es totalmente imposible, mientras lo que yo noto es como si unos escarabajos movieran al volar sus élitros, los interiores, mucho más suaves que los exteriores, duros y quitinosos, moviéndose por dentro de mi piel por todo el cuerpo, lo cual es mucho más verosímil que lo de las mariposas.
Me despido de Tonga, del driver de Toni’s Guest House, Peter, y de las ballenas con las que no he podido nadar. En el avión de Pacific Air también me despido de una pareja tongana que casi no cabían en sus asientos y me han tenido apretado todo el viaje contra la ventana del avión. Y es que estos asientos no están hechos para esta gente tan grande! Pero por suerte sólo 1 hora y media después aterrizábamos en Nadi, el aeropuerto internacional de Fiji, en la isla de Viti Levu. Un taxista me viene a buscar encargado por Fi y Api, el matrimonio en cuya casa me voy a quedar 2 noches bajo la modalidad de Couch Surfing. Me han pedido que en el duty free compre un par de botellas de ron (25 €), por lo que entiendo que esperan que sea mi “contribución” a su hospitalidad, por si se me olvida, así que cuando hacen un leve intento de pagarme les digo que no, que es un regalo y todos tan contentos. 
Cabana tipica

Esta familia vive en una comunidad histórica (Visisei) que parece ser que fue donde desembarcaron los primeros pobladores de Fiji, provenientes de las Islas Solomon. En la casa también están su hijo Api, su novia Finou y la sunshine de la casa, Kalesi, que con sus monadas y sus 3 años entretiene a todos a lo largo del día. Quedamos para ir al día siguiente a la finquita que tienen, de unos 1000 m2 trabajados, aunque es más grande y aprovechar para que yo les pueda dar algún consejo y de paso aprender lo que ellos hacen. El día discurre un poco a la fijiana, tardamos en salir, trabajamos un poco, miramos mucho, descansamos más, Finou hace la comida, comemos, nos echamos una siesta y ya va siendo hora de recoger e irnos. El terreno se inunda cada año por el desborde del río que pasa cerca, durante la época de lluvias de noviembre a abril, por lo que dicen que el agua trae sedimentos que abona la finca y así no tienen que utilizar ningún fertilizante. Ponemos mulching en la plantación de cassava (yuca) lo que parece que ya empieza a ser una práctica habitual en la zona. Por la tarde les enseño a pre germinar unas semillas de melón que querían sembrar directamente en el suelo y nos pasamos la tarde-noche viendo la tele. Al día siguiente por la mañana me pongo en camino hacia Suva, la capital de la isla, para poder seguir explorando otras islas. Ha estado bien compartir estos 2 días con esta familia aunque me parece que ya han hospedado a tanta gente que lo han mercantilizado un poco. De momento no voy a repetir la experiencia en Fiji ya que también exige un esfuerzo por tu parte estar en una casa de una familia compartiendo su forma de vivir y a veces sus estrecheces, aunque lo volveré a intentar en Vanuatu.
En bici

Api y Kalesi



De ahí me voy a Suva, la capital, donde me quedo en el backpackers con el pomposo nombre de Colonial Lodge. Su propietaria, Suzie, me lleva por la mañana a recorrer la ciudad aprovechando que va a llevar a sus 2 hijos a la escuela y a la vuelta pasamos por el Leroy Merlin local (aquí es indio, no francés) a comprar cosas para el hostal. Me encanta la parte india de Suva, con sus tiendas llenas de saris y completamente diferente a lo exiguo de las tiendas chinas en Tonga. Por suerte, después de la experiencia del año pasado al irme de Timor hacia Bali, no me entra la fiebre de comprar y me limito a mirar escaparates.
Tengo un problema, bueno, tengo varios, pero los iré contando de uno en uno para no aburrir. Escogí Fiji como mi siguiente destino después de Tonga por las conexiones que tiene este país con muchos otros países del área. Aunque sea un lugar turístico, sé que encontraré lugares fuera de ese circuito al igual que se encuentran en las isla Canarias. Si Canarias con sus 7.500 km2 y creo que alrededor de 10 millones de visitantes al año todavía tiene sitios por descubrir, como no lo van a tener este conglomerado de 332 islas (unas 110 habitadas), con una superficie total de 18.300 km2, 860 mil habitantes y sólo 300 mil turistas al año (datos tomados de LP de 2008). Viti Levu (Tierra grande) es la más extensa de las islas con 10.400 km2 y donde se encuentra la capital Suva. De momento estoy contento de mi decisión tomada en el último momento cuando ya casi estaba decidido a tomar el vuelo que tenía a Nueva Zelanda. Además parece ser de los países más baratos del área del Pacífico, gracias a las dotes comerciales de los indios, es tan bonito como pensaba y estoy casi consiguiendo bordear las zonas más turísticas.
Modernidad y tradicion

Otro problema es que sigo pasándome del presupuesto de 30 € por día que me había fijado. He estado pensando en eliminar también la cena pero no quiero que me pase como a ese payés que tenía un burro catalán, al que estaban acostumbrando a no comer y cuando casi lo consiguieron se les murió (ya sé que lo he contado varias veces pero es que no me sé otro de un burro catalán). Realmente lo de la comida, como dice mi amigo Winnie, está sobredimensionado, y sólo hay que ver a los tonganos o a los fast-food gringos como ejemplo. Mi amigo dice que el cuerpo humano es como una máquina de vapor que necesita una determinada cantidad de energía para realizar su trabajo. Si se le da más energía y encima no trabaja, entonces las válvulas empiezan a echar vapor, amenazando reventar y aparecen los primeros problemas. Así que aunque hay días que sí gasto bastante energía, caminando kilómetros y kilómetros, nadando horas y horas, o yendo en bicicleta, otros en cambio me los paso tumbado en la hamaca, leyendo, pensando, haciendo nada.
Vista de Savusavu

Pero íbamos al problema de verdad. Mucha gente piensa que me paso con lo del viaje y que en realidad estoy haciendo el vago. Nada más lejos de la realidad. Por un lado yo lo considero casi como un viaje de estudios ya que estoy estudiando inglés y para ello viajo hablando con la gente que me encuentro, aunque a veces siento que no avanzo mucho ya que hay gente que incluso lo habla peor que yo, pero no por eso les voy a negar la conversación. Por eso estoy pensando en volver a Filipinas, para volverlo a practicar de forma intensiva con la gente que conozco allá y que lo habla muy bien  y estudiarlo al mismo tiempo. Y es que realmente el tiempo no me alcanza para nada. Cuando viajo, todos los días tengo que programar lo que voy a hacer en las próximas horas y días, leerme la guía de viajes correspondiente para ver qué se puede hacer y tomar las decisiones pertinentes, aprenderme todos los nombres raros del siguiente pueblo, del hotel donde voy, del sitio donde me tengo que bajar del bus, preguntar cuando sale el siguiente bus o barco, lo cual lleva en estos lugares mucho más tiempo de lo que uno cree, buscar que comer, ver donde me voy a hospedar, ver si hay sitios más baratos una vez ya estoy hospedado, hablar con gente que te identifica como extranjero y quiere saber de dónde eres y adónde vas, conectarme a internet, lo que además de caro tampoco es tan fácil en estos países, ver si hay que lavar la ropa y si lo puedo hacer en el minúsculo lavamanos del hotel o finalmente me decido a darlo a lavar cuando estoy en un sitio un par de días, vigilar siempre que el equipaje esté seguro, que no me roben nada. ¿A que no parecía tanto, verdad? Pues no acaba ahí ya que además hay que ir a visitar museos, enterarte de la historia, muchas veces complicada, de estos países y de la que previamente no tenías ni idea, recorrer la ciudad o pueblo, ir a la oficina de turismo, a ver si tienen algún plano más detallado para evitar perderte con el planito que tú tienes, escribir en el blog, lo cual también lleva su rato ya que hay que buscar un lugar con wifi para poder conectar con tu propio portátil y así subir el blog a gmail. Cuando llega la noche estás agotado y muchos días no te quedan ganas de salir. Eso de salir tiene su cosa también. Aunque a veces quieres hacerlo, muchos lugares sólo se ponen interesantes a partir de las 11 de la noche o más tarde. Como te sueles levantar temprano, tipo 6 o 7 de la mañana ya que al dormir en dormitorios enseguida empieza el ruido por la mañana o también porque a esa hora se hace de día y empieza el calor, y como el resto del día toca hacer todas las actividades antes descritas, sin tiempo ni para la siesta, a las 10 de la noche ya no estás para salir y lo que quieres es irte otra vez a la cama. Sólo en contadas ocasiones he conseguido quedarme hasta tan tarde. O como ejemplo, mi viaje de Levuka a Savu Savu. La noche anterior a las 9 de la noche me avisan de que no me van a venir a buscar para ir a la isla donde tenía previsto ir ya que no hacen el viaje para un solo pasajero (problemas de viajar solo) así que me toca irme a dormir, aunque antes hay que hacer la maleta, porque a las 4 de la mañana me levanto para comprar el billete del bus que a las 5 de la mañana sale hacia la otra parte de la isla para tomar el barco. Después de 4 horas en barco con un mar encrespado y gente vomitando otra vez al bus par hacer tres horitas por una pista de tierra, llena de polvo y baches. En un cruce nos espera otro bus (la verdad es que lo tienen bien organizado) quien ya por una carretera asfaltada, pero también con baches nos llevará a Savu Savu, adonde llegamos a las 4 de la tarde después de 12 gloriosas horas de viaje. A esa  hora ya no te quedan ganas de fiesta, aunque después de cenar todavía acepto la invitación a beber kava con el dueño del Guest House y un irlandés hasta que literalmente me caigo de sueño.

domingo, 8 de julio de 2012

Tonga final


En Tonga me volví a pasar del presupuesto gastándome de media 40 euros al día, sin tener en cuenta el billete de avión. En cambio en Nicaragua, gracias a que Ongawa me pagaba la estancia y las comidas, a la generosidad de mis amigos Winnie y Gerda que me acogieron en su casa y a que el billete de avión me lo pagué con los puntos de Iberia que tenía acumulados, los gastos fueron mucho menores. Los gastos resumidos son:


Billetes
Gastos en el país
Promedio total
Nicaragua (80 días)
438 €
715 €
14 €
Tonga (25 días)
1206 €
998 €
88 €
Nicaragua:          Vuelo Iberia Tenerife-Madrid-San José
                               Vuelo Managua-Corn Island-Managua
Tonga:                  Vuelo Managua-Los Ángeles
                               Vuelo Los Ángeles – Nueva Zelanda
                               Vuelo Nueva Zelanda-Tonga
                               Vuelo Tonga – Nueva Zelanda (este billete lo tiré, hacía demasiado frio en NZ)

Hay más fotos de Tonga que se pueden ver en picasa:

Y me voy volando a Fijiiiiii

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viernes, 6 de julio de 2012

Un poco de añoranza de Nicaragua


De cómo moverse en Nicaragua

Tratar de moverse en Nicaragua es algo que se convierte en el punto central para cualquiera que venga a este país, que influye en su día a día, en el trabajo, en la puntualidad, en su vida. Al principio de llegar, en 2006, cuando viajaba en bus después del trabajo e iba de Managua a Masaya había pequeños trancones y tardaba casi una hora en llegar a mi destino, lo que me hizo acelerar la búsqueda de una casa en Managua.
Ir en bus tiene sus desventajas, sobre todo la incomodidad, aunque no hay comparación con los años 80, en que se convertía en pura aventura. En aquella época el parque de vehículos se iba deteriorando a ojos vista, había que ir innovando, como en Cuba, ya que el boicot económico de los yanquis no permitía importar repuestos. Además como el precio del pasaje era muy barato, al estar subvencionado, los buses iban repletos y más de una vez me quedé en tierra ya que no quería ser uno más de los que iban colgados de cualquier parte. La parte buena que tiene ir en bus, además de ser un medio de transporte mucho más ecológico y racional, es que puedes ver más de cerca a la población de este país, que es la que suele o debería ser la receptora de nuestra ayuda. Desde tu coche particular, muchas veces aunque los mires, no los ves.
Hay buses de todas las marcas, tipos, tamaños y colores. De día te asustan con sus bocinas y sus parachoques oxidados y amenazantes. Por la noche parecen una mezcla de platillos volantes con fuegos artificiales y si encienden todos los focos que llevan te pueden dejar ciego para un buen rato. Luego están los busitos que van de una ciudad a otra, a los que llaman los interlocales, o también más popularmente los “intermortales” ya que en caso de accidente no sobreviven muchos, al ir a tope de capacidad de gente, a tope de velocidad y de frenada, o sea a todo lo que dé. En éstos voy a la ida, de Masaya a Managua. Suelo sentarme de espaldas al sentido de la marcha porque ya se sabe, ojos que no ven, corazón que no siente.
A la vuelta voy en los buses amarillos, los de “School” que se ven en las películas americanas, que van parando a cada rato y tardan mucho más. Mucha gente va durmiendo en el bus y no me extraña, ya que sólo el hecho de viajar en estas condiciones es agotador.
En algunos buses obligan a sentarse a tres personas en asientos destinados sólo a dos. Si vas de pie tienes que ir algo agachado porque das con la cabeza en el techo o bien no ves la carretera, con lo que nunca sabes muy bien dónde estás (por lo menos yo) o cuando es el momento de bajarte.
Taxi lleno con pasajero en el portapaquetes

Ahora en el bus no hay tanto contacto físico como antes, cuando iban mucho más llenos. Este medio sigue siendo un lugar interesante para observar a la gente y oír sus conversaciones. Yo recomendaría que todos los cooperantes,  por lo menos una vez (durante una semana) al año fueran en bus a su trabajo, a su casa, a hacer sus mandados y así se bajarían de su nube, o mejor dicho de su Toyota. Es increíble lo rápido que uno se acostumbra a ir en coche y a pasar de los peatones. Además el cambio de mentalidad es automático: cuando vas a pie te acuerdas de la madre de todos los conductores, vas a 1000 rpm atravesando las calles y esquivando motos y bicicletas. La adrenalina va a toda velocidad y tus dos ojos te parecen insuficientes. Cuando luego agarras el coche ya te olvidaste de tu otra personalidad como peatón y te conviertes en una persona soberbia, que conduce con los cristales subidos para que no te molesten los niños que piden limosna o los limpia cristales, naturalmente además con el aire acondicionado puesto. Cuando ves a un peatón lo ignoras y además no le das paso, ni cuando hay un paso de cebra y eso por 2 razones. La primera porque no te da la gana, porque la calle es tuya y el que va en coche eres tú, no él. La segunda, porque en caso de que pares, el no va a cruzar, ni cuando se lo indiques con la mano ya que cree que le estás engañando para atropellarlo en cuanto se descuide y cruce la calle. Además por añadidura no te ganarás el reino de los cielos con esta acción, sino la mayor pitada que hayas oído nunca, además de insultos varios de los demás conductores, por ir en contra de las reglas del grupo al que perteneces. También es posible que provoques varios accidentes en cadena al frenar inesperadamente para dejar pasar al peatón. Así que poco a poco te vas haciendo al modo nica, o sea, cuando veas cruzar un peatón acelera un poco para que no se duerma cruzando la calle, lo cual contribuye a mantener a este pueblo despierto y en forma, y quizás no ganarán en una olimpiada pero en supervivencia en la calle son los campeones.
Bus amarillo

En las autovías de 2 carriles, normalmente muchos de los coches conducen por la izquierda. Esto es así porque el peligro siempre viene de la derecha, en el amplio sentido de la palabra. En el medio hay un pequeño jardín de separación de los carriles que van en sentido contrario y por la derecha, en el arcén, es por donde puede aparecer un perro, un peatón (bolo o no), una vaca, un coche sin luces si es de noche, una bici zigzagueante, y por eso los coches aunque vayan a 40 km/h, van por la izquierda. Si quieres adelantarlos tienes que hacerlo por la derecha, exponiéndote a todos los peligros antes apuntados. Así que cuando voy en vehículo de Managua a Masaya, que son exactamente 27 km, más o menos, me la paso haciendo zigzag, ya que algunos coches, aunque parezca mentira, también van por la derecha. Voy adelantando por aquí y por allá con las antenas súper puestas, ya que cualquier vehículo puede hacer cualquier maniobra en cualquier momento. Esto obviamente también te obliga a estar siempre bien despierto, en fin, el concepto de “chispa” que ya conocemos.
Luego hay enormes trancones, porque de todos es sabido que como más carreteras se construyan, más vehículos salen a la calle. Además el nivel de vida del país está subiendo y eso fomenta la compra de vehículos. También están todos los coches de los organismos de cooperación, de los organismos internacionales, de los ministerios (que a su vez a veces se compran con fondos de cooperación), de los ministros, de los diputados.....
El nicaragüense no tiene una gran educación vial, sino que es muy intuitivo y se mueve por su instinto. Además cuando te pide paso busca siempre el contacto visual. Cuando un conductor quiere incorporarse a tu carril desde una calle perpendicular, si no lo miras, puedes hacer como que no lo has visto, aunque sea un camión enorme, pintado de rojo y tocando la bocina. En ese momento en que el conductor consigue que lo mires, ya estás perdido y tienes que darle paso, es como un código no escrito, es más bien mirado.
En las carreteras que están en mal estado, con enormes baches, para saber quién es el conductor hay una regla: si no capea los baches es extranjero. Si encima va a toda velocidad, el carro no es suyo, más bien de una ONG.
En ese caos circulatorio que es Managua, a pesar de todo, hay un orden en el desorden, o sea, que uno se va acomodando al tráfico, o como dicen, aquí se navega, no se conduce. Los baches te hacen hacer el efecto ola, los taxis que se paran de repente te provocan el efecto volantazo, al igual que cuando intentas evitar con tu barca una ola de frente, el juego que tiene el volante después de haber pasado innumerables baches hace que tu vehículo dé ciertos bandazos como en el mar, cuando es bajada dejas el cambio libre, como si fueras cabalgando a favor del viento en una ola inmensa....
Foto que no tiene nada que ver pero que me gusta


Para leer y ver más sobre Nicaragua:

https://drive.google.com/file/d/0B-fAizR2Kbe4eWM4RUJDQ2tiQTQ/view?usp=sharing

jueves, 5 de julio de 2012

De como descubrir que existen más paraísos


Barco azul a Eua

He vuelto a Tongatapu después de pasar unos días en la isla Eua, en otro paraíso llamado Hideaway (www.kalianet.to/hideawayeua; www.eua-island-tonga.com). Como dijo el papa, el paraíso es un estado imaginario que realmente no existe (se extendió algo más pero yo no pienso darle cuerda), aunque yo creo haberlo visto un par de veces, pero quizás en realidad sea un estado interior. Cuando llegábamos a la isla en el barco azul una ballena se cruzó en nuestro camino soltando un chorro de agua como saludo. Caminando por la isla y sus bosques pude ver una plantación de café entre una plantación de pinos, al red shining Parrot (también llamado koki o kaka por los nativos) y una manada de caballos salvajes.
Islote deshabitado


Los últimos días los he pasado en la isla de Tongatapu sin hacer gran cosa, yendo a las islas circundantes, como Pongaimatu y Atata, paseando por el centro de Nuku’alofa, estudiando inglés en el bachpackers, yendo al puerto a ver los veleros, especialmente un espectacular 4 mástiles de Sudáfrica, yendo a ver un espectáculo artístico por la noche donde se presentaba la historia tongana mediante los bailes de las mujeres (bailan moviendo las manos, no las caderas, eso parece que es en Tahití) y los combates de los guerreros tonganos, muy orgullosos de ser la única nación del Pacífico que nunca ha sido colonizada.
Ahora que ya me estoy yendo de Tonga empiezo a entender algunas cosas y a conocer algunos sitios, como un restaurante indio donde te sirven un abundante pollo o cordero al curry con arroz por sólo 2,5 euros con música india amenizando la comida, la cual me encanta, both, o el Sabrina’s Chicken Take Away, con abundante carne por sólo 3 euros.
Bar en Pongaimatu

Cruzando la pista de aterrizaje en Foa
L@s tonga@s no tienen problemas de contacto físico como nosotros y por eso suelen dormir, separados entre sexos, juntos sobre unas mantas en el suelo en las casas. Eso lo pude comprobar además cuando venía hacinado en el barco desde Hapai y prácticamente dormí abrazado a unos osos que se estiraron a mi lado. Además comparten la mayoría de las cosas cotidianas, sobre todo la comida. Cuando vi que todas las tiendas y supermercados estaban en manos de los chinos pensé en lo que todos piensan en España, en la temible invasión china que se instala en cualquier parte. Viendo lo cerca que estamos aquí de China no es difícil imaginar que esta es su área de influencia. Pero la razón es que si un tongano pone una venta de comida se arruina ya que si le viene un familiar o vecino y no le puede pagar, no le puede negar la comida. Así que los chinos asumen este desagradable papel ya que parapetados detrás de su verja, si no pagas, no hay comida. Supongo que otra razón es sus relaciones comerciales que hacen que tengan una buena red de suministro por lo que en sus tiendas se encuentran muchos producto enlatados o embolsados y procedentes del área asiática. Por eso no es de extrañar que cuando las revueltas del 2006 en la capital ardieran sin razón aparente un gran número de establecimientos de chinos, supongo que para sacar la frustración acumulada después de varias negativas de venderles productos sin dinero. Donde sí parece que todos los vendedores son tonganos es en el mercado de productos frescos, no sé porque.
La vida está tan cara aquí que al final no solamente he seguido saltándome la comida al mediodía sino que incluso he acabado durmiendo en un hospedaje de backpackers, compartiendo un dormitorio con 2 checos y haciéndome yo la comida, lo que tiene como resultado que me hincho a macarrones y arrastrando mi paquete de nescafé instantáneo. Algunos precios en los supermercados son por ejemplo, 3,5 €, por 1 botella de 500 cc de aceite vegetal,  2 € por 1 paquete de macarrones de 500 gr y 1,5 € por 6 huevos. Lo que he aprendido viajando es como menos tiquismiquis seas, mucho mejor. Yo me adapto a lo que hay y si no hay tiempo para comer, pues no se come y a veces, si hay que comer cuatro veces, pues se come cuatro. Mi lema es, come cuando puedas que luego no sabes lo que te encontrarás.
Cerdos marinos, escarbando en la playa de Atata

Paseando por la playa y por querer saludar a un hombre que estaba sentado no me fijé en el suelo y le dí con mi pie descalzo, mejor dicho con mi dedo de en medio, a una piedra y ví varias estrellas de golpe y del golpe. El dedo se me puso enseguida morado pasando por todas las tonalidades del arco iris, igual a los que he visto en el país y mi única preocupación era no habérmelo roto, lo que por suerte parece no ser así.
Si volviera a Tonga, después de todo lo que conozco  (me queda la espinita de las islas Niua) lo haría en la época donde sea seguro poder nadar con las ballenas (agosto -octubre) y también para disfrutar más de la isla Uoleva. 
Pastor en traje y chancletas arreeando a un fiel a la iglesia


Lo que menos me ha gustado es la religiosidad de este pueblo, llena de prohibiciones como en cualquier otra religión que se precie. Tampoco me está gustando mi dependencia de internet (correo electrónico, blog) que a veces puede condicionar lo que hago y adónde voy. Recuerdo como contrapunto a esto mi viaje en bicicleta, hace años, por Marruecos y Argelia, en lo que fue mi primer intento iluso de dar la vuelta al mundo, sin tener contacto con nadie durante al menos un par de meses (¡lo siento mamá!).

Isla Atata


Taro en isla de Foa

martes, 26 de junio de 2012

De cómo irse del paraíso sin sufrir daños irreparable


Mi hamaca
Cuando llegamos por la tarde al puerto de la isla de Lifuka nos vienen a esperar Finou y Noa, a los que habíamos llamado desde Vava’u para que nos llevaran a la isla de Uoleva. Nos dicen que no es posible ir este día por las olas que hay pero que podemos quedarnos a dormir gratis en su casa esa noche. Me toca dormir con Lukas en una cama matrimonial, lo cual sobrevivimos sin mayores problemas. Todo sea por ahorrar. Al día siguiente compramos algunas provisiones y esperamos a un moño de chicas (2 francesas y 2 alemanas) que también van a la isla. Por fin a las 12 del mediodía salimos y al cabo de ½ hora en lancha llegamos al paraíso, Taiana Beach Resort. A pesar del pomposo nombre en realidad es una playa desierta, 4 cabañas destartaladas y unas hamacas desperdigadas al cuidado de Kalafi y su perro Papi. Kalafi es el marido de Taiana y padre de Finou. Para Kalafi traigo desde Nuku’alofa unas luces LED que me dio el gringo Mark para que las instale en una cáscara de coco. Con Lukas nos vamos a descubrir la isla y le damos la vuelta completa por la playa en 3 horas exactas, más o menos. 

A las 6 de la tarde, ya de noche y después de cenar, nos vamos todos a dormir, y es que cuando no hay luz, no hay mucho que hacer. Al día siguiente después de 12 horas de sueño, despertándome sólo un par de veces para asegurarme de que el mar seguía ahí, tuve una charla matutina con Kalafi. Se puso a contarme como cuando con 8 años (tendrá ahora unos 60 años) se embarcó a escondidas en el barco de su padre para ver como cazaban ballenas, práctica que prohibieron por esa época. Según él, las enfermedades como la diabetes y la presión alta vienen a raíz de haber prohibido la caza de estos animales, cuya carne recuerda con vehemencia y se puede apreciar literalmente como se le hace la boca agua al recordar sus desayunos, comidas y cenas con este manjar. Cuenta que cuando cazaban una ballena venía gente de las otras islas cercanas en barcas a llevarse carne, que había suficiente para todos. Ahora la comida viene de fuera, con químicos (se debe referir a los instant noodles!) y por eso la gente se enferma. Dice que en su isla no se echa ningún químico a las plantas. En otra parte de la isla cría unos 50 cerdos los que se alimentan casi exclusivamente de cocos y raíces del bosque y que vende a unos 60 dólares cada uno en Nuku’alofa dos veces al año, en junio y diciembre, cuando hay unas reuniones de religiosos (la de ahora es de los metodistas). Después le ayudé a plantar un árbol, una especie de casuarina.
El volcán Kao al fondo

Con Lukas comparto una cabaña que otra vez sólo tiene una cama de matrimonio. Le pedí a Finou si podían poner otra cama y ponen un colchón chiquito y delgadito. Le propongo a Lukas echar la cama a suertes o bien que yo pago 25 TOP y el 20 TOP por noche, jugando con sus estrecheces económicas y finalmente acepta. Me siento un poco perverso pero a cambio he dormido como un ángel, de tal forma que por la mañana deseaba que fuera otra vez de noche para dormirme otra vez.
Desde Uoleva se puede ver la isla volcánica de Kao (1048 msnm), el punto más alto del país, en cuya cercanía fue donde ocurrió el famoso motín de la Bounty (28 de abril de 1789). El capitán Brigh y sus 18 marineros fieles desembarcaron en la isla vecina de Tofua, donde los nativos mataron a uno de ellos, obligándolos  a volverse a hacer a la mar, sin poder aprovisionarse de agua dulce, llegando finalmente después de un periplo de 6.500 km a la isla de Timor.

El coral “hard” enfrente del Taiana es bastante bonito, similar a lo que se ve en Timor pero no alcanzando ni de lejos su magnificencia ni su gama de colores verdes.
El domingo (17 junio) ha sido el día perfecto para pasarlo en Uoleva. He colgado la hamaca que traigo cargando todo el viaje, he hecho fotos, he ido a hacer snorkel, he estudiado inglés, me he leído todo lo que quería saber sobre Samoa (adonde finalmente no iré), ¡que más se puede pedir¡ y después de exactamente 4 meses me he puesto a repasar y ordenar mis apuntes de inglés de Malta. Empiezo a estar listo para volver a Filipinas.

Aquí es el mundo al revés. La gente te dice que hace más frío porque el viento viene del sur y en cambio como más al norte, más calor. Aunque ahora en invierno (recordad que esto es el hemisferio sur) hace una buena temperatura y no llueve, se pasa la mitad del día nublado. Nunca pensé que en islas tan llanas, con alturas máximas de 3 metros, se pudieran acumular tal cantidad de nubes.
Playas sin fin

La última noche en la isla hicimos un fuego en la playa, éramos 12 personas de 8 países diferentes, un canadiense contando historias y tocando la guitarra, una belga tarareando, un argentino cantando la bamba. Una noche irrepetible, por eso, entre otras cosas, toca irse.
El viaje de vuelta en el vómito naranja, aunque sigue siendo tranquilo no tiene comparación con el de ida en cuanto al número de pasajeros. Viajo con las 2 chicas alemanas y 2 francesas que estaban en Uoleva y decidimos acomodarnos en la parte más inferior del barco, un lugar cerrado, con tele, sin ventanas y con el aire acondicionado a toda pastilla. Lo elegimos porque cuando subimos al barco estaba vacío, pero media hora más tarde lo descubren otros pasajeros y acabamos hacinados. Cuando intento ir al baño por la mañana casi no puedo pasar ya que hay gente durmiendo en las escaleras, en los pasillos, uno de los baños está inundado de agua y estoy convencido que vamos sobrecargados con bastantes más de los 400 pasajeros que están previstos que pueda llevar este barco. Por suerte hace buen tiempo y el mar está tranquilo que si no, no me fiaría de estar en la parte baja y no me quiero imaginar cómo sería un accidente, como el que hace 3 años le costó la vida 88 pasajeros en el barco que se hundió haciendo esta misma ruta.
El vómito naranja en el puerto de Vava'u
Y aquí, el sol también se pone


Cuando estoy a punto de irme de Lifuka descubro que Magda, la dueña polaca del café Mariner’s le gusta jugar al ajedrez. Nos da tiempo sólo a jugar 2 partiditas, que gano, y me voy
.
Bye, bye, Uoleva

sábado, 23 de junio de 2012

Comida


Llevo unos pocos días de viaje y ya he cogido el ritmo para volver a mi dieta y peso habitual, o sea, desayunar y cenar más o menos bien mientras al mediodía me como cualquier cosa para engañar el hambre.


El tipo de comida y la forma de comer en este país es un verdadero problema con la consecuencia de que hay gente bastante obesa. Un ejemplo de ello era el anterior rey que pesaba 210 kg y en un esfuerzo que debía servir de ejemplo a su pueblo llegó a bajar hasta los 135 kg, o sea que perdió 75 kilos en poco tiempo, haciendo dieta y ejercicio.
Cuando la gente habla de pelear con alguien, en vez de decir que le van a pegar dicen que se lo van a comer, lo que parece que les gusta especialmente de la parte de su historia antigua. Está documentado que al último misionero que se comieron en Tonga fue en 1806, aunque todavía se comentan casos de canibalismo que hubo en años posteriores.

Comen sobre todo pollo que envuelven en papel de plata y que cuecen con el calor de las piedras puestas encima de brasas en un hoyo que hacen en el suelo y tapado con hojas de plátano. Lo suelen acompañar con pan o yuca. Su plato especial, el de las grandes ceremonias y festividades, es el cochinillo asado, al que ensartan en un palo y ponen a asar encima de las brasas. Cuando viajan, por ejemplo en barco, comen al estilo fast-food (aunque Tonga es uno de los pocos países del mundo donde no existe ningún McDonald’s ni otra transnacional de comida rápida) usando para ello unos vasitos de noodles instantáneos (chinos) que tienen varios sabores. En el ferry yendo para Ha’apai lo he probado y son bastante líquidos, picantitos y efectivamente con sabor a pollo como ponía en el envase. El contenido es de 300 cc y vale aproximadamente 1 euro. Otros llevan unas cestas tejidas con hojas de coco en la que llevan comida para toda la familia e incluso para invitar a otros.
Respecto a la comida, una broma tongana dice que los extranjeros comen hasta que están llenos y que ellos lo hacen hasta que se cansan.

Canastita de comida en el barco

El cerdo es el animal por excelencia del país, se les encuentra por cualquier parte ya que muchas veces corretean libres buscando su comida, siendo también uno de los motivos de accidentes automovilísticos. Mote, el dueño de Noa Guest House, se queda a dormir en  un verdadero chamizo en su finca al lado de los cerdos ya que dice que le sirve para desestresarse de la vida en la capital (23.000 habitantes) lo que demuestra que el concepto de estrés puede ser muy diferente según donde se esté. Yo por lo menos nunca había estado en una capital de país tan desestresada como esta.




Los dueños del Adventure Backpackers en Vava’u, Forster y T., ambos de Inglaterra, nos invitaron a Lukas y a mí a la isla de Mala, a pasar el día. Al día siguiente, con la excusa de que yo podría aconsejarles en su huerto casero nos llevaron a su casa y nos invitaron a una cena con una ensalada gigante y pescado con verduras al horno, al estilo inglés. Delicioso. Para compensar les dije un par de cosas sobre su huerto que ella ya sabía y metí un par de veces las manos en la tierra y el compost, para al menos ganarme la cena. El huerto en sí consiste solamente en 3 bancales de unos 3 m de largo por 1 de ancho.

Hay una tradición en Tonga que se practica en otras islas del Pacífico que consiste en llamar a los tiburones, recitando cánticos antiguos mientras golpean el agua con unos collares hechos de cuencos de coco. Cuando el tiburón se acerca al bote le pasan una cuerda alrededor de la cabeza y lo aporrean hasta matarlo. En el cumpleaños del rey se le ofrecen estos animales y en 1965 llegaron a ofrecerle 40 tiburones.

Cuando me voy de Lifuka veo como tienen una tortuga de las más grandes que he visto puesta sobre su caparazón para llevarla a comerla a la capital, a la conferencia religiosa que hay. 

Vista de Vava'u




viernes, 22 de junio de 2012

Tongan@s


La gente en Tonga es muy amable. Te sonríen a menudo y te saludan al cruzarse contigo en la calle, te intentan ayudar cuando les pides algo. Entre ellos también pasan buenos ratos riéndose y aunque no entiendo lo que dicen, por lo corto de las frases, no parece ser algo muy agudo, lo que van repitiendo constantemente, provocando cada vez más risas.
Como (casi) siempre, en este viaje tampoco me he atrevido a ir hasta el final, en este caso ante el reto de ir a las islas Niu’a, al norte de Tonga ya que no sabía cómo podría volver. He decidido llegar sólo a la mitad del trayecto que hacía el barco, hasta el grupo de islas Vava’u, adonde llego después de 24 horas en un ferry moderno (aunque le llaman el vómito naranja porque parece que se mueve mucho cuando hay mal tiempo y porque su color es naranja), en un viaje bastante tranquilo desde Nuku’alofa. La mayoría de la gente se ha bajado en las islas anteriores ya que, al parecer por el féretro que traían y la forma de vestir, iban a un entierro, algo que reviste una gran importancia en este país. También la mayoría de los extranjeros se han quedado aquí, entre ellas las insoportables italo-argentinas que ya volaron conmigo en el avión desde Nueva Zelanda.
En el barco me encuentro a Lukas, un checo de 26 años, recién licenciado como ingeniero mecánico en su país y que está viajando y trabajando en Nueva Zelanda por 1 año, con la famosa working and holiday visa. En Vava’u compartimos dormitorio en el Adventure backpackers, el cual recomiendo (www.visitvavau.com/backpackers) y además haremos algunas excursiones juntos. Desde esta isla mando una postal, en realidad una excusa para comprar un par de los sellos con animales y plantas que tienen en el bonito edificio de Correos.

Féretro y acompañantes


En Vava’u, isla principal de un grupo que se encuentra a unos 275 km al norte de Tongatapu, uno tiene la impresión de estar en una colonia extranjera. Por la calle que bordea el mar pasan un montón de rubios, que o bien viven en los yates anclados en el puerto, son voluntarios de alguna ONG o tienen algún negocio relacionado con los turistas (cafés, restaurantes, internet, tiendas) y con los que es fácil entablar conversación. En cambio es más difícil entrar en contacto con los locales más allá de una breve conversación al viajar juntos en el barco o con alguno de los que trabaja en el hospedaje donde te quedas.
Oficina de turismo en Vava'u

Cementerio tongano
Junto con Lukas decido volver en barco a Ha’pai, adonde llegamos a la isla de Lifuka tras 7 horas de viaje. Lo bueno de viajar con un tío es que no pierdes el tiempo con pensamientos extraños. Justo antes de llegar a la isla unos delfines pasan nadando rápido delante del barco.
Muchos hombres y mujeres visten faldas negras en este país. Algunos llevan unas esteras alrededor que son una muestra de respeto hacia la sociedad y que se usan también en ceremonias, aunque sólo se las ponen en público y se las quitan cuando están en su casa, ya que parece algo bastante incómodo de llevar. Los chicos y las chicas van también con faldas y una pequeña estera alrededor de la cintura, lo que les sirve de uniforme, siendo los diferentes colores de la falda distintivos de la escuela a la que pertenecen. Las escuelas suelen ser religiosas y algunas tienen un nivel bastante alto comparadas con otras por lo que algunas familias se cambian de religión para que sus hijos/as puedan tener una mejor educación. Un ejemplo más del mercantilismo de las religiones. Tanto algunos hombres como mujeres suelen ponerse por las mañanas una flor en el pelo (frangipangi).
De vez en cuando, en tiendas o en hoteles, te encuentras a alguno de los “fakaleti”, una continuación de una antigua tradición polinesia que consiste en que si una mujer tiene muchos hijos y pocas hijas, escoge a uno de ellos para que le ayude en las tareas de “mujeres” como cocinar y limpiar la casa. Son aceptados en la sociedad y al parecer muchas veces admirados por su “estilo”.

Correos en Vava'u
Yendo en el barco la gente no tira nada por la borda, al contrario de la gente en Nicaragua, Filipinas y Vietnam, por poner 3 ejemplos de baja conciencia marítimo-ambiental, y eso que Tonga tiene mar para dar y regalar, unos 700.000 km2.
No acabo de entender de qué viven esta gente. En el barco me he encontrado a una mujer de la isla de Vava’u que llevaba 17 años trabajando fuera para enviar dinero a su familia y que no había vuelto a su país en todo este tiempo. Viendo el nivel de vida y los precios que hay aquí no se entiende como pueden mantenerse en este ritmo, aunque alguien me ha dicho que la gente invierte en los hijos, a los que luego manda a trabajar fuera para que los mantenga. Muchas familias tonganas al parecer viven de las remesas y de la ayuda exterior. Algunos van a trabajar a Nueva Zelanda o Australia a recoger fruta, allá se compran un coche de 3ª o 4ª mano que son muy baratos y al parecer están bien cuidados y los mandan para Tonga, además de que con el dinero ganado ayudan a la familia e invierten en mejoras en la casa. Cada ciudadanos varón de Tonga, cuando alcanza la edad de 16 años recibe 3,36 ha de terreno cedidos por el rey, lo que le sirve para sembrar, mantener a sus cerdos y proveerse de la yuca, mandioca  y cocos que necesitan para la familia.

Pasajeros en el barco
Un día fui andando por la playa recorriendo un buen tramo. Para regresar lo hice por la carretera para tener otras vistas y seguir paseando. De cada dos coches que pasaban uno paraba y me preguntaba que si quería que me llevaran hasta el pueblo y eso que yo no hacía ninguna señal para ello. Realmente amables ¡








Ministerio de ...